El hombre y su temor por el futuro (2 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Fortísima ola de calor mató en la India más de 70 seres humanos el año pasado. Terremoto en China le quitó la vida a varias personas. Terremoto en Japón y posterior tsunami provocado por este lesionó a cerca de 28 residentes de la zona afectada. Noticias como estas son algunas de las cosas que hacen temer a muchos con respecto a la futura existencia del ser humano en la Tierra, de la vida terrestre en todos sus aspectos y hasta del planeta mismo.

Y es que es cierto: parece que estuviéramos encaminados a una terrible colisión con algo que todavía no se sabe en concreto qué es, pero de la cual no vamos a salir bien librados. Me parece oportuno hablar, entonces, aquí, de la segunda manera en que muchos creen que el planeta Tierra entero o la vida que hay en él pueden desaparecer dentro de poco. Me refiero a erupciones solares gigantescas.

En el Sol se producen siempre impresionantes tormentas magnéticas. Cuando las ráfagas de partículas energéticas que dichas tormentas despiden hacia el sistema solar llegan a la Tierra, afectan algunas actividades humanas y ocasionan espectaculares auroras boreales. Un buen ejemplo de cuán vulnerables somos los seres humanos a esto es el famoso apagón ocurrido en Quebec, Canadá, que ocurrió en el mes de marzo del año 1989. El 10 de marzo de ese año, una descomunal llamarada solar llamada por los científicos X8-X15 generó lo que se conoce como una eyección de masa coronal que impactó la magnetosfera 54 horas después, es decir, la noche del 12 de marzo, y que a las 2 y 44 de la madrugada del día siguiente ocasionó uno de los mayores apagones de los que se tenga constancia, esta vez, en toda la provincia canadiense de Quebec, y que duró 12 horas. El portal nuevatribuna.es dice que todo pasó en menos de dos minutos y que las auroras boreales como consecuencia de dicha tormenta se vieron en latitudes tan al sur como Florida y Cuba. El portal en cuestión dice que tras el fenómeno nocturno gran cantidad de personas se despertaron sorprendidas “en casas heladas en pleno invierno canadiense, y desayunaron sin electricidad ni comunicaciones, desconcertadas” y ‘sin siquiera poder imaginar qué era lo que había ocurrido’. Por supuesto, esto de lo cual acabo de hablar ni siquiera se le acerca a la tormenta solar ocurrida en 1859 y a la que se le conoce como evento Carrington, tormenta solar que acabó con los sistemas de telégrafos en América del Norte y Europa, y que no trajo peores consecuencias para el ser humano porque aún no se dependía tanto de la tecnología como ahora.Ahora bien, las estrellas como el Sol “pueden aumentar su luminosidad en cuestión de horas en más de un cien por ciento. Los astrónomos dicen que eso se debe a erupciones fuera de lo normal millones de veces más intensas que las comunes”. El científico Michio Kaku comentó finalizando enero del pasado año que “una gran llamarada solar que termine golpeando la Tierra acabaría con satélites y paralizaría las centrales eléctricas”. Eso lo leí en nuevatribuna.es. Y Rosa Gil dijo en 2004 que una erupción solar gigantesca, impredecible e imposible de controlar, por supuesto, encendería la atmósfera terrestre como una bombilla fluorescente y, obviamente, liquidaría a la entera humanidad.

¡Cuán vulnerables somos los seres humanos a los efectos sobre el planeta Tierra de las tormentas solares! Foto: NASA.

El hombre y su temor por el futuro (1 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

El daño que el ser humano se ha estado haciendo a sí mismo y el que le ha estado haciendo al planeta Tierra ha llegado a ser de tal gravedad que se ha vuelto a pensar en que, en el futuro cercano, nuestro hogar terrestre y la vida que este sustenta desaparecerán para siempre. Para muestra un botón: la película Un día después de mañana. Este excelente filme vuelve a tocar el delicado tema de la extinción humana por el pase de factura que la Tierra nos realiza por haber, nosotros, trastocado sus delicados procesos climáticos. Es más, ahora se habla hasta de las diez maneras en que los expertos creen que la Tierra y la vida que hay en ella pueden desaparecer. Hace ya varios años, la periodista Rosa Gil, utilizando como fuente un sitio llamado elmundo.es, hablo de ellas en un artículo que escribió para la revista Dominical del diario venezolano Últimas Noticias. Vamos a recordarlas leyendo de cosas que dicen al respecto artículos que conseguí en la revista La Atalaya del 15 de junio de 1998 y en la Selecciones del Reader’s Digest de febrero de 2001.
Rosa Gil dijo a mediados de 2004 –la época en la que escribió su artículo– que la primera manera en que los expertos creen que la Tierra y la vida que hay en ella pueden desaparecer es el impacto de un asteroide. El artículo de la Selecciones dice que hace ya unos años el astrónomo Dave Balam, cincuentón para la época, y miembro del departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Victoria, del Comité Consultivo Federal sobre Meteoritos e Impactos y de la Fundación Internacional de Vigilancia Espacial, se encontraba en el Observatorio Astrofísico Dominion de Victoria, Canadá, cuando recibió un mensaje urgente de su colega Jim Scotti, del equipo de detección de asteroides Vigías del Espacio, de la Universidad de Arizona en Tucson, Estados Unidos. El mensaje era referente a que se había descubierto un asteroide, el 1994XM1, del tamaño de una gran casa, que avanzaba a 108.000 kilómetros por hora y que podía chocar con la Tierra en Rusia o en Canadá en unas pocas horas. Aunque eso no ocurrió ni aquella noche del 8 de diciembre de 1994 ni al otro día, pues el objeto errante pasó a más de cien mil kilómetros del planeta, los científicos dicen que el peligro de los llamados Objetos Cercanos a la Tierra es real, pues desde 1980 hasta el año 2000, el equipo de Vigías del Espacio había ubicado más de 30.000 asteroides y cometas desconocidos, de los cuales 211 son considerados Objetos Cercanos a la Tierra.
Rosa Gil cuenta que hay pruebas científicas de que grandísimos asteroides bombardearon la Tierra y la Luna hace cientos de miles de millones de años, evaporando los océanos y creando cráteres inmensos, además de que hace menos años, un choque similar desapareció casi todas las especies planetarias. Ella dice que un encuentro con un solo asteroide de entre 10 y 15 kilómetros de diámetro nos metería en un enorme problema. De hecho, leí en alguna parte que el aerolito que hace miles de años chocó con la Tierra en el desierto de Arizona era de solo 30 metros de diámetro y, con todo y eso, formó un cráter de 1,2 kilómetros de diámetro. ¡Impresionante! En este mismo orden de ideas, La Atalaya dice que en 1994, Paul Davies, científico que para ese año ejercía como profesor de la Universidad de Adelaida, Australia, escribió Los últimos tres minutos. En el primer capítulo de este libro, titulado El fin del mundo, describió un panorama de lo que sucedería si un cometa colisionara con la Tierra. Miren esto:
“Una fuerza equivalente a 10.000 terremotos sacude el planeta. La onda expansiva de aire desplazado barre la superficie del globo, aplastando los edificios y pulverizando todo lo que encuentra a su paso. El terreno llano que hay alrededor del punto de impacto se eleva en un anillo de montañas líquidas de varios kilómetros de altura, dejando al descubierto las entrañas de la Tierra en un cráter de 150 kilómetros de ancho. […] Una enorme columna de detritos polvorientos se extiende en abanico hacia la atmósfera y oculta la luz del sol por todo el planeta. Sustituye la luz solar el siniestro y parpadeante resplandor de mil millones de meteoritos, cuyo calor abrasa el terreno, al caer del espacio a la atmósfera el material desplazado”.
¡Qué les parece! La Atalaya sigue comentando que Paul Davies enlaza luego este panorama imaginario con lo que se ha predicho de que el cometa Swift-Tuttle chocará con nuestro planeta, y advierte de que si bien no es probable que eso ocurra pronto, opina que tarde o temprano este cuerpo viajero o un objeto similar se encontrará con la Tierra. Concluye de esta manera por los cálculos que muestran que existen unos 10.000 objetos de un tamaño de 500 metros o más cuyas órbitas cruzan el camino de nuestro hogar planetario.

Una fuerza equivalente a 10.000 terremotos sacudiría el planeta Tierra si un cometa colisionara con él. Ilustración: Internet.

Se acerca el fin de la política mundial

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Dentro de poco menos de 4 meses –el próximo 8 de mayo– se estarán cumpliendo 75 años del fin de esa cosa horrenda que se conoce como el Holocausto, y hace unos días, el 27 de enero, se cumplieron 75 del día en que las tropas soviéticas liberaron a los prisioneros que los nazis tenían confinados en el campo de concentración que habían construido en el municipio polaco de Auschwitz. En el momento en que los soviéticos llegaron a ese horrendo lugar, se puede decir que los 7.500 prisioneros que estaban allí se estaban preparando para morir, pues esa hubiera sido su triste suerte de no haber sido por el arribo de estos.

Con la palabra holocausto se define al genocidio que se llevó a cabo en Europa en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial por el régimen nazi de Alemania. Se tiene como época de su inicio oficial el otoño del año 1941, mientras que se dice que alcanzó su punto máximo en la primavera de 1942. Siempre se ha escuchado que en el tiempo que duró se asesinó sistemáticamente a 6 millones de judíos, aunque ahora se sabe que esa es una cifra simbólica, pues parece que en esa porquería que inventaron los políticos nacionalsocialistas alemanes de la época realmente murieron 11 millones de judíos, entre ellos, un millón de niños, de los cuales se dice que 4 millones fueron exterminados en Auschwitz. ¡Qué desastre!

¿Quiénes eran realmente los que estuvieron detrás de esta locura? El nazismo era el fascismo como lo practicaba el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes bajo el mando de Adolf Hitler, y fascismo no es otra cosa que la forma de gobierno dictatorial caracterizada por el intervencionismo de la economía, la regimentación social y una forma de nacionalismo agresivo. El fascismo fue una forma de hacer política que tomó fuerza en Europa –más concretamente en Hungría y en Rumania– y en Japón en la década de los años treinta del siglo pasado. Entre otras cosas, del fascismo se pudiera decir que eleva al Estado por encima de toda autoridad; de hecho, un filósofo alemán de apellido Hegel llegó a enseñar que el Estado ocupaba una posición de supremacía tal, que se esperaba que cada individuo entendiera que era su deber supremo convertirse en su leal apoyador. También es necesario decir que el fascismo es una forma de gobernación humana que glorifica la guerra. Otro filósofo alemán –Heinrich von Treitschke– llegó a decir que la guerra era una necesidad y que eliminarla del mundo, “además de ser profundamente inmoral” –cita que se toma de una revista confiable–, implicaba quitarle fuerza al alma humana. ¡Qué locura!

Otro filósofo alemán, Friedrich Nietzsche, que contribuyó grandemente en crear una variante de fascismo netamente alemana, habló de crear una élite de superhombres. Algunos ideólogos nacionalsocialistas le tomaron la palabra y entonces tomaron fuerza de manera definitiva el racismo y el sentimiento antijudío propios del fascismo alemán que desembocó en la tragedia de la cual se acaba de hablar. ¿Qué elementos adicionales hicieron surgir el nazismo alemán? Sin duda alguna, la derrota militar que sufrió Alemania en la Primera Guerra Mundial y el colapso económico que experimentó como consecuencia de esta, además de las ideas de Charles Darwin sobre la evolución y la supervivencia del más apto. Esto último contribuyó mucho a la manera de pensar de los nazis con respecto a la eliminación de los seres humanos que ellos consideraban débiles, inferiores, un obstáculo para el avance de su propia sociedad; de hecho, en esa espantosa máquina de la muerte que era el campo de Auschwitz –algunos dicen que era una cosa difícil de describir con palabras– a partir del 20 de mayo de 1941 los niños y mujeres débiles que llegaban allí –según los nazis, materia inútil– eran enviados de una vez a las cámaras de gas, o les inyectaban fenol o los incineraban vivos. En cambio, las personas que ellos consideraban feas, los gemelos y los enanos, eran destinados a ir a las manos del macabro científico nazi Josef Mengele, para que él los sometiera a dolorosos experimentos buscando el perfeccionamiento de la raza aria.   

Es muy lamentable que hayan pasado los años y que, con todo y eso, la humanidad haya demostrado que no ha aprendido las lecciones que nos deben haber dejado tragedias como esta que nos ocupa en este momento. El hombre no ha terminado de entender que la política, en todas sus formas y variantes, en vez de ser la solución a los problemas de siempre del ser humano, lo que ha hecho es potenciarlos. Ningún proyecto político tiene en sus manos la solución de tales problemas, como sí tiene entre ellas el enorme poder de magnificarlos hasta niveles indecibles. La gente sincera, que anhela que se viva distinto aquí en la Tierra, entiende que toda forma de hacer política debe ser arrancada de raíz de la faz del planeta para que ese sueño pueda ser realidad. ¡Se espera con anhelo ese cercano día!   

Los políticos nazis no tuvieron escrúpulos en matar en campos de exterminio como el de Auschwitz, y de otras maneras, a cerca de un millón de niños. Foto: Internet.

El hombre no erradicará el hambre en 2030

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

El miércoles 26 de junio del año pasado por la mañana, temprano, se escuchó hablar a un entrevistado en el canal alemán DW de los sueños de muchos bienintencionados de ver erradicada el hambre del mundo entero para el año 2030. Lo tristemente interesante de la entrevista fue la contradicción en la que cayó el señor al que se entrevistaba, representante de cierta organización, cuando la periodista de turno le preguntó si era posible alcanzar esa anhelada meta en el año en cuestión, es decir, dentro de solo 10 años. El señor dijo que sí, que sí era posible, pero que primero había que dedicarse a combatir el problema del cambio climático y los factores que habían ocasionado crisis como las que enfrentaban, por ejemplo, Venezuela y los países africanos, es decir, en pocas palabras, la política. ¡Tamaña tarea!

¿Por qué en Caminos de América se piensa que la meta en cuestión es imposible de alcanzar por parte del ser humano para dentro de solo 10 años? Porque para que ese hermoso sueño pueda ser realidad para ese año, la política y el mal uso de los recursos de la Tierra tienen que desaparecer primero del mundo entero. Y resulta que… para que esas dos lacras puedan esfumarse de acá –del mundo entero–, primero tienen que desaparecer del corazón humano los vicios que las ocasionan: la codicia, el egoísmo, la envidia, el ansia de tener poder sobre otros –que a fin de cuentas, se cimenta en las tres primeras cosas– y otros defectos que están profundamente enquistados en el ser interno de la mayor parte de la gente. ¿Qué iniciativa enteramente humana puede llevar a cabo ese cambio? Ninguna, absolutamente ninguna. ¡Se puede escribir eso!

Debe quedar claro que el problema del hambre en el planeta no tiene absolutamente nada que ver con la capacidad de este para producir comida. A finales de los pasados años 70 el libro La vida sí tiene propósito informó de algo que se ha confirmado y reconfirmado muchas veces desde esa época para acá: la Tierra tiene capacidad natural para producir alimento en abundancia para sostener a muchísima gente (38.000 millones de personas). ¡Eso es muy cierto! Pero, mientras haya políticos en la Tierra, el alimento que esta gigantesca casa global produce a manos llenas no llegará a quien más lo necesita, y un triste ejemplo de que eso es una verdad absoluta –pues sí hay verdades absolutas– es lo que muchos gobiernos africanos hacen con la gran cantidad de grano que se cosecha en los territorios que ellos gobiernan: la venden a países extranjeros para obtener las divisas que necesitan para comprar el armamento con el que pelean las guerras estúpidas que necesitan pelear para mantenerse en el poder, sabiendo que su población civil requiere con carácter de urgencia ese grano para no morir de eso, de hambre, de hambre.

El hambre sí será erradicada pronto del planeta, pero no por parte del ser humano –él no tiene capacidad para hacerlo–, y será erradicada justamente después de que sean eliminadas para siempre de raíz las cosas que la causan, entre ellas, la política. ¡Hay razones de mucho peso para seguir soñando con ello!

Para que el hambre desaparezca de la faz del planeta, primero tienen que desaparecer, obviamente, las cosas que la causan, entre ellas, la política. Foto: Internet.  

Después de todo no me equivoqué: ¡esto se cae a pedazos!

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

El pasado 21 de abril escribí que era triste para mí, en un día que tantos buenos recuerdos me trae, hablar de las noticias horribles con las que habíamos comenzado ese día en el mundo entero. Me refería a que, preparándome en casa ese domingo para ir a la parte norte del municipio en el que vivo, aquí en Trujillo, en los Andes venezolanos, a dar la conferencia La vida sí tiene propósito, me enteré a través del canal alemán de noticias que vemos en la casa que en Colombo, la capital de Sri Lanka, unos terroristas, aprovechándose de lo que muchos hacen en ese país en un día así –descansar e ir a los templos para los ritos propios de la celebración católica conocida como Domingo de Resurrección–, habían hecho explotar casi de manera simultánea en algunos de esos templos, en 3 hoteles cinco estrellas y en lo que aquí en Venezuela llamamos una posada, una serie de bombas que habían dejado como horrendo resultado 180 muertos y una cantidad impresionante de heridos, muchos de los cuales se encontraban en un estado tan grave que uno sabía que en las siguientes horas varios de ellos fallecerían. Entre los muertos había 35 turistas extranjeros. Cuando salí de la casa ya iba enterado de la gran cantidad de mensajes de condolencia que empezaban a llegar de todos lados dirigido a las autoridades y a los pueblos de ese país en vista de la tragedia que acababan de vivir.

También dije ese día –el artículo fue publicado en la noche del lunes veintidós de abril– que lo que acababa de ocurrir en Sri Lanka hacía imposible que yo me retractara de lo que había estado diciéndole a muchos últimamente respecto a que la sociedad humana, tal como la conocemos hoy, estaba llegando a un punto de no retorno por parte de ella, que ya había colapsado, que no estaba en el borde del desastre sino en el medio de este, que la gente tenía que terminar de convencerse de que no era normal lo que estaba pasando en el mundo entero. De hecho, en vista del rumbo que habían seguido tomando los acontecimientos, meses después volví a pronunciarme sobre la situación mundial en un artículo breve al cual titulé justamente así: No es normal lo que está pasando en el mundo. El tiempo ha pasado, estimado lector, y, lamentablemente, se ha probado que yo no estaba equivocado.

En el artículo al cual estoy haciendo referencia –lo titulé ¡Se cae a pedazos esta civilización!– hablé, como una de las muchas pruebas que tenemos a la mano que indican que nuestros tiempos y nuestro mundo son tenebrosamente especiales, del espantoso genocidio de Ruanda en el año 1994. Hacía unos días que se habían cumplido 25 años del comienzo de esa tragedia humana –ya estamos a punto de que se cumplan 26–, pues fue a partir de la trágica muerte del presidente en funciones de ese país en un accidente de aviación el 6 de abril que comenzó la pesadilla que dejó como resultado la muerte en 100 días, mayormente a garrotazos y a machetazos, de un millón de personas, entre ellas, 11 soldados belgas, muchos hutus moderados y cientos de miles de indefensos tutsis –incluidos muchísimos bebés–. Hasta sectores de la población civil de ese país que siempre habían evitado tomar parte en los conflictos entre hutus y tutsis, como el neutral grupo religioso conocido como los testigos de Jehová, fueron golpeados duramente en esa horrenda carnicería humana, pues cerca de 460 de sus miembros, entre hombres, mujeres y niños, también fueron asesinados sistemáticamente. Familias enteras, completas, de esa organización, desaparecieron. ¡Cómo las potencias mundiales, Rusia incluida, o la hipócrita Organización de Naciones Unidas, no hicieron nada para evitar esa tragedia cuando ya se olía que esta venía en camino! Porque no pueden decir los organismos mundiales de inteligencia que a nadie le pareció raro que poco tiempo antes de que la tragedia comenzara alguien desde Kigali, la capital ruandesa, mandara a pedir a China quinientos mil machetes “para arar la tierra”. Si para arar la tierra lo que se necesitan son tractores u otras herramientas, no tantos machetes. Claro, como en el subsuelo ruandés no hay grandes reservas de gas y petróleo, no era problema de ellos que esos “negritos” se mataran como lo hicieron hasta que el Frente Patriótico Ruandés tomó el control de Kigali. Dirían que no era problema de ellos.

También traje a colación, como pruebas de que lo que está pasando en el mundo entero no es normal, el derribo de las torres del Centro Mundial del Comercio en Nueva York en septiembre de 2001, lo embadurnadas de violencia que están la sociedad venezolana, las ciudades brasileñas, los pueblos centroamericanos, la sociedad mexicana. De este último país –México– nos llegó en esos días la noticia de que 40.000 personas no aparecían por ningún lado allí, y que en sus morgues se hallaban sin identificar 26.000 cuerpos humanos de los cuales aparentemente nadie se acordaba. Hablé, además, de los casos de Libia y Siria, naciones en las que bandos en conflicto están dispuestos a lo que sea con tal de aferrarse o asirse del poder, así ese “lo que sea” implique baños de sangre de dimensiones insospechadas en los que pierden la vida mucha gente inocente, entre ellos, muchísimos niños. Y dije que no era parte de un mundo normal que como nunca antes en la historia humana tantas personas se estuvieran moviendo por el planeta en busca de lugares en los que se pudiera vivir en mejores circunstancias que las que los rodeaban en sus países de origen. Y por último, me referí a la guerra en Yemen y al peligro de que en ese país 5 millones de niños puedan morir de hambre por culpa del bloqueo al cual lo han sometido por razones políticas Arabia Saudita y sus aliados y, por supuesto, entre otras indeseables cosas, hablé de la anormalidad de los incendios que estaban asolando desde hacía unos años para acá grandes regiones de los Estados Unidos de América, de España y de Portugal.

¡Cuánto se ha agravado la situación mundial en el último año! ¿No les pareció extremadamente raro el incendio de la Catedral de Notre Dame? ¡Cuántas cosas aún más raras han estado pasando en el mundo últimamente! ¿Y el aumento de los desastres llamados naturales? En el artículo que escribí posteriormente al de abril, y al cual titulé No es normal lo que está pasando en el mundo, hablé de los voraces incendios que estaban consumiendo la selva amazónica y que, aparte del incalculable daño ecológico que estaban ocasionando, habían generado una grave crisis política en Brasil. También me referí a los impresionantes incendios en las Canarias, en España, que estaban arrasando con cientos de hectáreas de valiosos y hermosos bosques y ocasionando la evacuación de miles de personas, a pesar de que se les estaba combatiendo con cientos de bomberos y con varios hidroaviones. Además, hice referencia al sangriento bombazo de Afganistán de mediados del pasado agosto y a los tiroteos ocurridos en varios lugares de los Estados Unidos que se llevaron por delante la vida de varias personas.

Pero el colmo es lo que se nos ha venido encima últimamente. Asombra lo de la conmoción social en Ecuador, Bolivia, Colombia, Chile, París, Irak y el Líbano. No puedo creer lo de la horrenda magnitud de los incendios en Australia. ¡No lo puedo creer! Hace unos días expertos dijeron que esa locura de fuego que ha estado asolando ese hermoso país había acabado con la vida de mil millones de animalitos, entre silvestres y domésticos, y con la de casi 30 personas. También impresiona muchísimo lo de la última crisis entre Irán y Estados Unidos. La forma en la que el presidente estadounidense Donald Trump ordenó sin consultarle al Congreso de su país la muerte en Irak de un poderoso general iraní, el derribo de un avión ucraniano en el cielo de Teherán por militares iraníes con dos misiles tierra-aire que fueron lanzados por accidente, el retiro del apoyo que el pueblo iraní le estaba dando a su gobierno en el conflicto con Estados Unidos cuando se dieron cuenta de que dicho gobierno les estaba mintiendo en cuanto a la tragedia del avión, tragedia en la que murieron 176 personas, y pare de contar, es una muestra de que no exagero cuando le grito al mundo entero que esto se cae a pedazos, que esto no tiene vuelta atrás, que no pudo el ser humano con sus problemas de siempre, que esto se fue a pique, que están orinando donde no se debe los que siguen gastando dinero en foros y reuniones de todo tipo pensando que el ser humano va a revertir el problema del cambio climático, el de la despiadada competencia comercial entre las potencias y el de las estúpidas guerras como las que se pelean en el norte de Siria y en Libia, entre otras tragedias que por sí solos los miopes y egoístas seres humanos no vamos a resolver. Solo Dios puede con esto. El sistema tiene los días contados. ¡Vienen tiempos mejores!   

Impresionante fotografía que ilustra muy bien la increíble magnitud de los incendios ocurridos en las Canarias, España. Foto: Internet.
Según los expertos, mil millones de animales, entre domésticos y silvestres, murieron en los devastadores incendios de Australia. Foto: Internet.
La voracidad de los incendios en Australia es una clara prueba de que no es normal lo que ha estado pasando en el mundo entero. Foto: Internet.

Hace 30 años cayó el Muro

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

El pasado 9 de noviembre se cumplieron, como bien lo dice el título de este artículo, 30 años del momento en que comenzó la caída de esa vergüenza humana que ha llegado a conocerse como el Muro de Berlín, barrera llamada por los comunistas Muro de Protección Antifascista, y por sus contrarios, Muro de la Vergüenza. Y digo que se cumplen 3 décadas del momento en el que el Muro comenzó a caer porque así fue: el derribamiento de la sección que se echó abajo inicialmente comenzó la noche del jueves 9 de noviembre de 1989 y finalizó el viernes 10, 28 años después de ser construido el Muro. ¿Por qué se puede decir que la caída del Muro de Berlín a finales de 1989 fue un acontecimiento de gran trascendencia en la historia humana? Hay que hacer justamente un poco de eso, de historia, para encontrarle respuesta a esa importante pregunta.

En el transcurso de esa otra vergüenza humana conocida como la Segunda Guerra Mundial, tres de las potencias políticas “ganadoras” en esa espantosa contienda –Estados Unidos, la Unión Soviética y Gran Bretaña– unieron fuerzas para frenar el avance en el mundo entero de la Alemania gobernada por los nacionalsocialistas, cosa que en efecto consiguieron. Pero al término de ese conflicto bélico quedó en evidencia que, como ocurre a menudo en el sucio mundo de la política, la alianza a conveniencia no iba seguir tras la eliminación del enemigo en común, y comenzó a mirarse con malos ojos lo que se había convenido de dividir a la derrotada Alemania en varias zonas de ocupación, 4 exactamente, administradas militarmente por las tres potencias ya mencionadas más Francia, y en compartir su capital, Berlín. Los soviéticos pronto comenzaron a mostrarle al mundo su deseo de ver a todo Berlín gobernada a la manera comunista, mientras que los otros tres “aliados” querían un tipo de administración diferente. En 1948 se hizo evidente que no se iban a poner de acuerdo nunca en este tema –la Biblia dice que en el tiempo del fin los hombres serían no dispuestos a ningún acuerdo, y la clase política mundial es especialista en eso– y rompieron definitivamente. En ese año, en junio, los soviéticos comenzaron un bloqueo del tráfico terrestre de la parte occidental de Berlín para cortar el abastecimiento de ese sector de la ciudad y obligar a los países occidentales a renunciar a sus derechos políticos en esta. Para paliar las consecuencias del bloqueo soviético, Estados Unidos y Gran Bretaña crearon un puente aéreo con el que se transportó a la ciudad dos millones trescientas mil toneladas de carbón, alimento y otros suministros en 279.114 vuelos. Prácticamente así comenzó la Guerra Fría entre la Unión Soviética y la potencia mundial angloamericana.

Un año después, 1949, se fundaron dos Alemanias: la República Federal de Alemania, o Alemania del Oeste, y la República Democrática Alemana, o Alemania del Este, con administración comunista. Berlín ahora tenía dos gobiernos distintos y dos monedas, y la brecha económica entre los ciudadanos de los dos sectores se fue ensanchando notoriamente a favor de los que vivían en el sector occidental de la ciudad. En junio de 1953 estalló una huelga en Berlín oriental, seguida de manifestaciones en toda Alemania del Este, contra el sistema comunista de gobierno debido a la subida de los precios de muchos productos. Los soviéticos, a petición de las autoridades locales, enviaron tropas para reprimir las manifestaciones. Cierta revista dice que Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña se limitaron a proteger sus respectivos sectores y, entonces, “la frontera entre las anteriores zonas soviética y occidental se convirtió en una línea divisoria entre el Este y el Oeste”.

Motivados por el estilo de vida del que se disfrutaba en Berlín occidental, en 1960, unos 200.000 alemanes escaparon del Este al Oeste mayormente por Berlín occidental, cosa que provocó que la mañana del 13 de agosto de 1961 trabajadores y militares comenzaran a levantar un muro buscando dejar de perder gente valiosa que también hizo que, de repente –como está pasando aquí en Venezuela producto de la emigración causada por los problemas sociales y económicos del país–, familiares y amigos quedaran separados, solo que, en el caso de los berlineses, esa separación se dio a pesar de vivir a solo metros los unos de los otros. ¡Qué asquerosa es la política! Según cierta publicación, 80 personas perdieron la vida intentando cruzar ese muro en el tiempo en que este existió. Según otra, 192 fueron los fallecidos. La Fiscalía de Berlín dice que el saldo fue de más de 200 –allí se incluyen a los 33 que murieron al pisar las minas que se habían colocado cerca de la barrera–, mientras que el Centro de Estudios Históricos de Postdam dice que fueron 125 los muertos. Leí por allí que el intento fallido de cruzar el Muro más famoso del cual se tenga constancia es el de alguien llamado Peter Fetcher, quien llevó a cabo su intento con un tal Helmut Kulbeik. Este señor sí lo logró, pero Fetcher fue herido a disparos y murió desangrado a la vista de varios periodistas del lado occidental. Eso ocurrió el 17 de agosto de 1962. Algunos dicen que este lamentable episodio inspiró la canción Libre que tan famosa se hizo en la voz del gran cantante español Nino Bravo. Casi dos años y medio después de su construcción, a los habitantes del sector occidental se les dio un permiso de solo un día para visitar a sus familiares del sector oriental de la ciudad, y en los años setenta, producto de negociaciones entre la Unión Soviética y las potencias occidentales, se permitieron llamadas telefónicas y visitas entre uno y otro lado de la ciudad.

Las reformas que empezó a impulsar Mijail Gorbachov dentro de los límites de la Unión Soviética contribuyeron a que, a mediados de 1989, miles de ciudadanos de Alemania del Este se refugiaran en las embajadas de Alemania Federal en varias naciones del este de Europa, atestándolas y volviendo insostenible la situación, alcanzando esta su punto más álgido en septiembre de 1989. En octubre y noviembre más de un millón de ciudadanos de Alemania del Este llevaron a cabo manifestaciones en Berlín oriental, Leipzig y otras ciudades pidiendo que se les escuchara. Las autoridades ceden y… permiten que se derribe el muro. Die Zit, periódico alemán citado en la revista a la cual me acabo de referir, dijo esto: “En 1989 la historia del mundo fue sacudida hasta sus mismos cimientos; no fueron potencias las que la cambiaron, sino personas”. La demolición completa del Muro dio inicio en 1990.

Ciertamente, no puede el ser humano gobernarse a sí mismo con éxito, y la tragedia que significó la construcción del Muro de Berlín lo ilustra muy bien. Dice la Biblia que para que el transitar del hombre en la Tierra hubiera sido diferente a cómo ha sido todo este tiempo, él tenía que colgarse de su Creador, de alguien superior, para que las cosas fueran distintas a lo que han sido hasta ahora. Ya lo he escrito por allí: mientras no se destierren del corazón del ser humano la ambición, la estrechez de miras, el egoísmo y eso de gobernar a otros a cómo dé lugar para disfrutar de las ventajas que eso reporta, no será el mundo diferente a lo que ha sido hasta ahora. Ningún ente político, ninguna manera humana de gobernar va a hacer realidad nuestros sueños de ver al planeta convertido en un mundo mejor. Miremos lo que pasó en Berlín. En la parte que gobernaban los estadounidenses y sus aliados continuó habiendo problemas. Entre otros, una de mis revistas favoritas los alista así: “revueltas estudiantiles, terrorismo y escándalo político”. En la parte que gobernaban los comunistas, “problemas económicos”, y no de poca gravedad, y “una contaminación muy extendida”, otro fenómeno típico de los países gobernados de esa manera. ¡Vemos! Ni unos ni otros pueden, nadie puede, aquí abajo nadie puede. Seguimos soñando, entonces, con el día cercano en el que, quienes tienen todo el derecho de hacerlo, derriben todos los muros que en el mundo se han levantado, y que impiden que la gente pueda hermanarse definitiva y permanentemente. ¡Puede ser mañana!  

Noviembre de 1989. Feliz reencuentro frente a esa vergüenza humana que fue el Muro de Berlín. Foto: Internet.