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El hombre y su temor por el futuro (1 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

El daño que el ser humano se ha estado haciendo a sí mismo y el que le ha estado haciendo al planeta Tierra ha llegado a ser de tal gravedad que se ha vuelto a pensar en que, en el futuro cercano, nuestro hogar terrestre y la vida que este sustenta desaparecerán para siempre. Para muestra un botón: la película Un día después de mañana. Este excelente filme vuelve a tocar el delicado tema de la extinción humana por el pase de factura que la Tierra nos realiza por haber, nosotros, trastocado sus delicados procesos climáticos. Es más, ahora se habla hasta de las diez maneras en que los expertos creen que la Tierra y la vida que hay en ella pueden desaparecer. Hace ya varios años, la periodista Rosa Gil, utilizando como fuente un sitio llamado elmundo.es, hablo de ellas en un artículo que escribió para la revista Dominical del diario venezolano Últimas Noticias. Vamos a recordarlas leyendo de cosas que dicen al respecto artículos que conseguí en la revista La Atalaya del 15 de junio de 1998 y en la Selecciones del Reader’s Digest de febrero de 2001.
Rosa Gil dijo a mediados de 2004 –la época en la que escribió su artículo– que la primera manera en que los expertos creen que la Tierra y la vida que hay en ella pueden desaparecer es el impacto de un asteroide. El artículo de la Selecciones dice que hace ya unos años el astrónomo Dave Balam, cincuentón para la época, y miembro del departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Victoria, del Comité Consultivo Federal sobre Meteoritos e Impactos y de la Fundación Internacional de Vigilancia Espacial, se encontraba en el Observatorio Astrofísico Dominion de Victoria, Canadá, cuando recibió un mensaje urgente de su colega Jim Scotti, del equipo de detección de asteroides Vigías del Espacio, de la Universidad de Arizona en Tucson, Estados Unidos. El mensaje era referente a que se había descubierto un asteroide, el 1994XM1, del tamaño de una gran casa, que avanzaba a 108.000 kilómetros por hora y que podía chocar con la Tierra en Rusia o en Canadá en unas pocas horas. Aunque eso no ocurrió ni aquella noche del 8 de diciembre de 1994 ni al otro día, pues el objeto errante pasó a más de cien mil kilómetros del planeta, los científicos dicen que el peligro de los llamados Objetos Cercanos a la Tierra es real, pues desde 1980 hasta el año 2000, el equipo de Vigías del Espacio había ubicado más de 30.000 asteroides y cometas desconocidos, de los cuales 211 son considerados Objetos Cercanos a la Tierra.
Rosa Gil cuenta que hay pruebas científicas de que grandísimos asteroides bombardearon la Tierra y la Luna hace cientos de miles de millones de años, evaporando los océanos y creando cráteres inmensos, además de que hace menos años, un choque similar desapareció casi todas las especies planetarias. Ella dice que un encuentro con un solo asteroide de entre 10 y 15 kilómetros de diámetro nos metería en un enorme problema. De hecho, leí en alguna parte que el aerolito que hace miles de años chocó con la Tierra en el desierto de Arizona era de solo 30 metros de diámetro y, con todo y eso, formó un cráter de 1,2 kilómetros de diámetro. ¡Impresionante! En este mismo orden de ideas, La Atalaya dice que en 1994, Paul Davies, científico que para ese año ejercía como profesor de la Universidad de Adelaida, Australia, escribió Los últimos tres minutos. En el primer capítulo de este libro, titulado El fin del mundo, describió un panorama de lo que sucedería si un cometa colisionara con la Tierra. Miren esto:
“Una fuerza equivalente a 10.000 terremotos sacude el planeta. La onda expansiva de aire desplazado barre la superficie del globo, aplastando los edificios y pulverizando todo lo que encuentra a su paso. El terreno llano que hay alrededor del punto de impacto se eleva en un anillo de montañas líquidas de varios kilómetros de altura, dejando al descubierto las entrañas de la Tierra en un cráter de 150 kilómetros de ancho. […] Una enorme columna de detritos polvorientos se extiende en abanico hacia la atmósfera y oculta la luz del sol por todo el planeta. Sustituye la luz solar el siniestro y parpadeante resplandor de mil millones de meteoritos, cuyo calor abrasa el terreno, al caer del espacio a la atmósfera el material desplazado”.
¡Qué les parece! La Atalaya sigue comentando que Paul Davies enlaza luego este panorama imaginario con lo que se ha predicho de que el cometa Swift-Tuttle chocará con nuestro planeta, y advierte de que si bien no es probable que eso ocurra pronto, opina que tarde o temprano este cuerpo viajero o un objeto similar se encontrará con la Tierra. Concluye de esta manera por los cálculos que muestran que existen unos 10.000 objetos de un tamaño de 500 metros o más cuyas órbitas cruzan el camino de nuestro hogar planetario.

Una fuerza equivalente a 10.000 terremotos sacudiría el planeta Tierra si un cometa colisionara con él. Ilustración: Internet.

Se murió Brown

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Ayer miércoles 12 de febrero se estuvieron cumpliendo 6 meses del día en el que el mundo del fútbol mundial recibió con enorme tristeza la noticia de que había fallecido el exfutbolista argentino José Luis Brown. El “Tata”, como cariñosamente se le conocía, fue el autor del primer gol que el seleccionado argentino de fútbol marcó en la final del Mundial de Fútbol de México 86. Mayormente se le conocía por eso. Había nacido en Ranchos, Buenos Aires, el 11 de noviembre de 1956. Siempre se destacó por ser un defensa central que entregaba todo en la cancha. Así se le recuerda. Tenía 62 años cuando falleció.

José Luis Brown hizo su debut deportivo en la máxima categoría del fútbol argentino en 1975 con el club Estudiantes de La Plata. Para este tiempo hacía rato que jugaba en las divisiones inferiores de ese equipo. Llegó a alcanzar el rango de capitán de Estudiantes, y con ese club logró ganar el Torneo Metropolitano de 1982 y el Torneo Nacional de 1983. En este último año firma con el club Atlético Nacional de Medellín, que para ese tiempo era dirigido por el uruguayo Luis Cubilla, y allí, en Colombia, juega hasta su regreso a las pampas argentinas en 1984. Un año después comienza a jugar en Boca Juniors, y un año más adelante pasa un corto tiempo en el Deportivo Español, desde donde viaja a Francia para jugar en el fútbol de ese país. Luego emigra al fútbol español para jugar con el Real Murcia. En 1989 regresa a Argentina para jugar en ese año y en el siguiente con el Racing Club de Avellaneda. Con el equipo nacional de su país jugó un total de 36 partidos. Su logro deportivo más grande fue justamente ganar con su selección, dirigida por Carlos Salvador Bilardo –el técnico del cual Brown llegó a decir que era un obsesionado con que sus jugadores se apegaran al pie de la letra a su libreto– el Mundial de Fútbol de México 86, marcando, como ya se dijo, el primer gol de dicho juego, en el que Argentina finalmente se impondría a Alemania Federal 3 a 2. Como técnico estuvo en varios clubes: en algunos, como el primer director, y en otros, como auxiliar del primer entrenador. Algunos de ellos fueron Los Andes, Boca, Almagro y Nueva Chicago. También dirigió al Atlético Rafaela, al Ben Hur de Rafaela, a las divisiones menores de Estudiantes de La Plata, al Ferrocarril Oeste, al seleccionado argentino de fútbol de 17 años y, en el extranjero, al Blooming de Bolivia.

José Luis Brown, con la camiseta de su club más querido: Estudiantes de La Plata. Foto: Internet.

Brown jugó en el Mundial de México porque le tocó ser el sustituto del lesionado defensor Daniel Alberto Passarela, titular indiscutible del puesto. El “Tata” contó no hace mucho tiempo que la mañana del día en que su selección jugaba contra Corea del Sur –dos de junio– él venía del restaurant en el que le tocaba ir a desayunar al plantel cuando se cruzó en el camino a su habitación con Bilardo. Se dieron los buenos días y cada quien siguió su camino. Segundos después Bilardo se para y lo llama. Cuando Brown se da la vuelta Bilardo le dijo: “Brown: hoy jugás”. Y siguió adelante. El jugador, sorprendido por aquello, continuó hacia su habitación, se lanzó a la cama, abrazó la foto que tenía cerca de sí de sus hijos y rompió a llorar. ¡Había llegado su momento! En la final de esa Copa del Mundo no solo marcó el primer gol, sino que jugó buena parte del partido con una grave lesión en el hombro. Yo, que estaba por cumplir 14 años de edad cuando el Mundial comenzó, lo recuerdo claramente. Son famosas las palabras que le dirigió al médico del seleccionado de su país cuando se discutía lo de su salida del juego: “Ni se te ocurra sacarme. No salgo ni muerto”. Con respeto, pero también con mucha decisión. Los que lo conocieron dicen que así era Brown. Diego Armando Maradona siempre se ha prodigado en loas acerca del papel que jugó el “Tata” Brown en el gran Mundial que hizo Argentina en México. Cuando él ya estaba enfermo le escribió, entre otras cosas, esto, según lo dio a conocer el diario deportivo Clarín: “Vos nunca te quejabas de nada. Aunque sabías que no ibas a ser titular en México, te entrenabas durante los viajes, en los pasillos de los aviones, para recuperar tu rodilla. Pero eras vos el que nos dabas fuerzas a todos nosotros, y no al revés. ¿Te acordás lo que te decía antes de cada partido? `Dale, que si vos jugás bien, yo juego bien´”.

Brown, a punto de marcar el gol más importante de su vida, flanqueado por algunos de sus compañeros: Diego Armando Maradona, Sergio Batista y Oscar Ruggeri. Foto: Internet.

El “Tata” Brown había estado hospitalizado desde el 25 de diciembre de 2018 producto de una enfermedad degenerativa que hizo estragos muy rápidamente en él y de la cual nunca se recuperó. Desde aquí, desde este lugar de los Andes venezolanos, enviamos nuestras condolencias a toda su familia y amigos. Escuché en los días en los que murió Brown unas palabras que dijo Oscar Ruggeri respecto a la muerte de su amigo. Evidentemente muy entristecido por lo que había pasado con el “Tata”, declaró para la televisión en esos días que a él le consolaba pensar en que tanto Brown como José Luis Cuciuffo –compañero de ellos en el seleccionado campeón en México, muerto en un accidente de caza en diciembre de 2004– estaban en el cielo. Queremos decirle al señor Ruggeri con todo respeto, y con las mejores intenciones del mundo, que no, que los que mueren no van a ningún otro lugar a seguir viviendo como espíritus allí. Los escritos sagrados dicen que los muertos se sumen en un estado de inconsciencia absoluto, total, que se sumen como en un sueño muy profundo, que están descansando, pero que podemos tener esperanza con respecto a ellos, porque dicen aquellos escritos que los que se nos fueron no se nos fueron para siempre, que aunque a muchos les cueste creerlo, al debido tiempo de Dios –y ese tiempo está muy cerca– ellos van a volver a vivir. ¡Que esa esperanza les dé el consuelo que tanto todos ellos necesitan en estos momentos!   

62 años de edad tenía el “Tata” Brown para
el momento de su fallecimiento. Foto: Internet.

Se acerca el fin de la política mundial

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Dentro de poco menos de 4 meses –el próximo 8 de mayo– se estarán cumpliendo 75 años del fin de esa cosa horrenda que se conoce como el Holocausto, y hace unos días, el 27 de enero, se cumplieron 75 del día en que las tropas soviéticas liberaron a los prisioneros que los nazis tenían confinados en el campo de concentración que habían construido en el municipio polaco de Auschwitz. En el momento en que los soviéticos llegaron a ese horrendo lugar, se puede decir que los 7.500 prisioneros que estaban allí se estaban preparando para morir, pues esa hubiera sido su triste suerte de no haber sido por el arribo de estos.

Con la palabra holocausto se define al genocidio que se llevó a cabo en Europa en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial por el régimen nazi de Alemania. Se tiene como época de su inicio oficial el otoño del año 1941, mientras que se dice que alcanzó su punto máximo en la primavera de 1942. Siempre se ha escuchado que en el tiempo que duró se asesinó sistemáticamente a 6 millones de judíos, aunque ahora se sabe que esa es una cifra simbólica, pues parece que en esa porquería que inventaron los políticos nacionalsocialistas alemanes de la época realmente murieron 11 millones de judíos, entre ellos, un millón de niños, de los cuales se dice que 4 millones fueron exterminados en Auschwitz. ¡Qué desastre!

¿Quiénes eran realmente los que estuvieron detrás de esta locura? El nazismo era el fascismo como lo practicaba el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes bajo el mando de Adolf Hitler, y fascismo no es otra cosa que la forma de gobierno dictatorial caracterizada por el intervencionismo de la economía, la regimentación social y una forma de nacionalismo agresivo. El fascismo fue una forma de hacer política que tomó fuerza en Europa –más concretamente en Hungría y en Rumania– y en Japón en la década de los años treinta del siglo pasado. Entre otras cosas, del fascismo se pudiera decir que eleva al Estado por encima de toda autoridad; de hecho, un filósofo alemán de apellido Hegel llegó a enseñar que el Estado ocupaba una posición de supremacía tal, que se esperaba que cada individuo entendiera que era su deber supremo convertirse en su leal apoyador. También es necesario decir que el fascismo es una forma de gobernación humana que glorifica la guerra. Otro filósofo alemán –Heinrich von Treitschke– llegó a decir que la guerra era una necesidad y que eliminarla del mundo, “además de ser profundamente inmoral” –cita que se toma de una revista confiable–, implicaba quitarle fuerza al alma humana. ¡Qué locura!

Otro filósofo alemán, Friedrich Nietzsche, que contribuyó grandemente en crear una variante de fascismo netamente alemana, habló de crear una élite de superhombres. Algunos ideólogos nacionalsocialistas le tomaron la palabra y entonces tomaron fuerza de manera definitiva el racismo y el sentimiento antijudío propios del fascismo alemán que desembocó en la tragedia de la cual se acaba de hablar. ¿Qué elementos adicionales hicieron surgir el nazismo alemán? Sin duda alguna, la derrota militar que sufrió Alemania en la Primera Guerra Mundial y el colapso económico que experimentó como consecuencia de esta, además de las ideas de Charles Darwin sobre la evolución y la supervivencia del más apto. Esto último contribuyó mucho a la manera de pensar de los nazis con respecto a la eliminación de los seres humanos que ellos consideraban débiles, inferiores, un obstáculo para el avance de su propia sociedad; de hecho, en esa espantosa máquina de la muerte que era el campo de Auschwitz –algunos dicen que era una cosa difícil de describir con palabras– a partir del 20 de mayo de 1941 los niños y mujeres débiles que llegaban allí –según los nazis, materia inútil– eran enviados de una vez a las cámaras de gas, o les inyectaban fenol o los incineraban vivos. En cambio, las personas que ellos consideraban feas, los gemelos y los enanos, eran destinados a ir a las manos del macabro científico nazi Josef Mengele, para que él los sometiera a dolorosos experimentos buscando el perfeccionamiento de la raza aria.   

Es muy lamentable que hayan pasado los años y que, con todo y eso, la humanidad haya demostrado que no ha aprendido las lecciones que nos deben haber dejado tragedias como esta que nos ocupa en este momento. El hombre no ha terminado de entender que la política, en todas sus formas y variantes, en vez de ser la solución a los problemas de siempre del ser humano, lo que ha hecho es potenciarlos. Ningún proyecto político tiene en sus manos la solución de tales problemas, como sí tiene entre ellas el enorme poder de magnificarlos hasta niveles indecibles. La gente sincera, que anhela que se viva distinto aquí en la Tierra, entiende que toda forma de hacer política debe ser arrancada de raíz de la faz del planeta para que ese sueño pueda ser realidad. ¡Se espera con anhelo ese cercano día!   

Los políticos nazis no tuvieron escrúpulos en matar en campos de exterminio como el de Auschwitz, y de otras maneras, a cerca de un millón de niños. Foto: Internet.

Esplendorosos días de junio y julio

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Hoy es domingo 2 de febrero. Hace unas semanas finalizó un año más y… comenzó uno nuevo. Por estos lados del planeta, Andes venezolanos, se anda quejando mucho la gente en estos días porque nos quedamos esperando la agradable temperatura propia de estos lugares en esta época. Calor es lo que ha estado haciendo por acá por la baja montaña de esta parte del occidente de Venezuela. ¡Y lo que nos espera! Estamos en los meses secos, pero en el horizonte se vislumbran la humedad y el calor sofocantes propios de mediados de año, una época de intensa radiación solar y de los dos periodos lluviosos que se dan por estos predios. Pero… aunque mediados de año es una época muy calurosa aquí en Venezuela y en muchas otras regiones del planeta, también es una época de amaneceres y atardeceres esplendorosos, de cielos despejados, de días ventosos, así como también de mucho deporte y de buenos recuerdos. Y uno se concentra en eso, en lo bueno de esos meses, que incluye, por supuesto, eso, mucho y muy buen deporte, para sobrellevarlos año tras año, como lo hicimos el pasado 2019. Sí, hace rato que se fueron junio y julio de 2019, pero, en el caso de los que nos gusta el deporte, dejaron en la mente de uno recuerdos muy buenos, razones para esperar con gran expectación los acontecimientos deportivos que se celebrarán en el siguiente verano estival, que se acerca rápidamente.

El pasado dos de junio, el ecuatoriano Richard Carapaz, corredor del equipo de ciclismo Movistar, se convirtió en el segundo ciclista latinoamericano y primero de nacionalidad ecuatoriana en  ganar con todas las de la ley el Giro de Italia, una de las tres más grandes carreras de ciclismo del mundo entero –las otras son el Tour de France, o como se le dice comúnmente en español, Tour de Francia, y la Vuelta a España–. ¡Qué gran alegría para toda Latinoamérica y, sobre todo, para Ecuador! Carapaz, de 26 años de edad, y conocido en su país como la “Locomotora del Carchi”, había ganado en Colombia en 2015 la Vuelta de la Juventud, y ahora da en la mesa un golpe de autoridad, pues gana el Giro apenas en la segunda oportunidad que tiene de participar en esta importante prueba. Es cierto que todos los países del continente americano están muy lejos de alcanzar el nivel que tiene actualmente el ciclismo colombiano, el cual de la mano de hombres como Nairo Quintana, Egan Bernal, Fernando Gaviria, Rigoberto Urán, Sergio Higuita, Darwin Atapuma, los dos Henao y Chávez ha vuelto a la cima del ciclismo mundial, pero el triunfo de Carapaz en Italia, y los que él va alcanzar en los meses y años por venir, son una muestra del gran potencial de crecimiento que tiene el ciclismo ecuatoriano, en un país con una topografía similar a la de su vecino Colombia, ideal para que se formen en él grandes escaladores.

Richard Carapaz celebrando su triunfo en el pasado Giro de Italia. Foto: AFP.

Pasaron los días respecto a la fecha en la que Carapaz consolida su triunfo en Italia y llega el 9 de junio, día en que se jugó la final masculina del Roland Garros, el Abierto de Francia, uno de los cuatro torneos tenísticos más importantes del año y del mundo. El español Rafael Nadal le gana la final a Dominic Thiem y se lleva para su casa el triunfo suyo número 12 en este gran torneo que se juega en pistas de tierra batida (Ashleigh Barty había ganado en la rama femenina). ¡Qué impresionante! Final que juega Nadal en París… final que gana, aunque el mes siguiente no pudo hacer lo mismo en Wimbledon, en Inglaterra, otro de los cuatro grandes eventos del tenis mundial, pues perdió una de las semifinales con Roger Federer, quien posteriormente sería derrotado en la final por el serbio Novak Djokovic. En la rama femenina, Simona Halep haría que se quedara con el subcampeonato la gran tenista estadounidense Serena Williams. A propósito, acaban de ganar el Australian Open, en sus respectivas ramas, la joven tenista estadounidense Sofia Kenin y el servio Novak Djokovic.

Ashleigh Barty y el español Rafael Nadal con los trofeos que los acreditan como los campeones de la pasada edición del Roland Garros. Foto de Ashleigh Barty: Kai Pfaffenbach (Reuters).
Simona Halep y Novak Djokovic, campeones, en sus respectivas ramas, de la edición 2019 de Wimbledon, otro de los cuatro grandes torneos de tenis del año. Foto de Simona Halep: Andrew Couldridge (Reuters).

Mientras eso pasaba en el tenis, en Brasil se jugaba la Copa América de fútbol, el torneo de selecciones más antiguo del planeta. La selección nacional local se quedó con el primer lugar del evento derrotando en la final a Perú tres goles a uno. Sí, Brasil fue el campeón, pero dejaron muy buen sabor de boca el trabajo que sigue haciendo Oscar Washington Tabarez con la selección uruguaya de fútbol, el que está comenzando a hacer Carlos Queiroz con la selección Colombia, los progresos que ha conseguido la Argentina de Messi de la mano de Lionel Scaloni y, sobre todo, el gran proyecto del argentino Ricardo Gareca con  la gran selección peruana de fútbol. Es candidato firme Perú para el campeonato de la Copa América de este año 2020. ¡Escríbase eso! Es candidato firme Perú a salir campeón de la siguiente Copa América si se sigue trabajando como hasta ahora.

¡Qué gran trabajo está haciendo el director técnico argentino Ricardo Gareca con la selección peruana de fútbol! Foto: Internet.

Finalmente… el Tour. Estaba totalmente justificado el gran narrador de ciclismo argentino Mario Sabato para irse en llanto el pasado domingo 28 de julio cuando con una infinita emoción narraba el final de la última etapa del Tour de France, cuando narraba como Les Champs Elysées, la avenida principal de París, eran testigos del primer triunfo absoluto que un ciclista colombiano conseguía en la más importante prueba de ciclismo del mundo entero, el Tour, el Tour de France, la Vuelta a Francia en bicicleta. Sí, Egan Bernal se convertía en esa gran tarde parisina, con solo 22 años de edad, en el primer colombiano y primer latinoamericano en ganar esa prestigiosa prueba, escribiendo así uno de los capítulos más gloriosos de una vuelta ciclística de otro mundo que tiene mucho más de un siglo de existencia. Debe prepararse el mundo del ciclismo mundial para disfrutar de todos los emocionantes momentos que el ciclismo colombiano le va a prodigar en los tiempos que están por venir, porque lo que Bernal hizo en el Tour solo es un asomo de lo que él, Quintana y los demás están por hacer. ¿Fueron esplendorosos, entonces, los pasados días de junio y julio del año que recién acaba de finalizar? ¡Que saque el lector sus propias conclusiones!  

El ciclista colombiano Egan Bernal, a la izquierda de la foto, atraviesa la línea de meta de la última etapa del Tour de France de la mano de Geraint Thomas, campeón de la edición de 2018. Foto: Guillaume Horcajuelo (Efe).
La joven tenista estadounidense Sofia Kenin y el serbio Novak Djokovic, flamantes campeones del Australia Open de este año. Foto de Sofia Kenin: Getty Images.

El hombre no erradicará el hambre en 2030

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

El miércoles 26 de junio del año pasado por la mañana, temprano, se escuchó hablar a un entrevistado en el canal alemán DW de los sueños de muchos bienintencionados de ver erradicada el hambre del mundo entero para el año 2030. Lo tristemente interesante de la entrevista fue la contradicción en la que cayó el señor al que se entrevistaba, representante de cierta organización, cuando la periodista de turno le preguntó si era posible alcanzar esa anhelada meta en el año en cuestión, es decir, dentro de solo 10 años. El señor dijo que sí, que sí era posible, pero que primero había que dedicarse a combatir el problema del cambio climático y los factores que habían ocasionado crisis como las que enfrentaban, por ejemplo, Venezuela y los países africanos, es decir, en pocas palabras, la política. ¡Tamaña tarea!

¿Por qué en Caminos de América se piensa que la meta en cuestión es imposible de alcanzar por parte del ser humano para dentro de solo 10 años? Porque para que ese hermoso sueño pueda ser realidad para ese año, la política y el mal uso de los recursos de la Tierra tienen que desaparecer primero del mundo entero. Y resulta que… para que esas dos lacras puedan esfumarse de acá –del mundo entero–, primero tienen que desaparecer del corazón humano los vicios que las ocasionan: la codicia, el egoísmo, la envidia, el ansia de tener poder sobre otros –que a fin de cuentas, se cimenta en las tres primeras cosas– y otros defectos que están profundamente enquistados en el ser interno de la mayor parte de la gente. ¿Qué iniciativa enteramente humana puede llevar a cabo ese cambio? Ninguna, absolutamente ninguna. ¡Se puede escribir eso!

Debe quedar claro que el problema del hambre en el planeta no tiene absolutamente nada que ver con la capacidad de este para producir comida. A finales de los pasados años 70 el libro La vida sí tiene propósito informó de algo que se ha confirmado y reconfirmado muchas veces desde esa época para acá: la Tierra tiene capacidad natural para producir alimento en abundancia para sostener a muchísima gente (38.000 millones de personas). ¡Eso es muy cierto! Pero, mientras haya políticos en la Tierra, el alimento que esta gigantesca casa global produce a manos llenas no llegará a quien más lo necesita, y un triste ejemplo de que eso es una verdad absoluta –pues sí hay verdades absolutas– es lo que muchos gobiernos africanos hacen con la gran cantidad de grano que se cosecha en los territorios que ellos gobiernan: la venden a países extranjeros para obtener las divisas que necesitan para comprar el armamento con el que pelean las guerras estúpidas que necesitan pelear para mantenerse en el poder, sabiendo que su población civil requiere con carácter de urgencia ese grano para no morir de eso, de hambre, de hambre.

El hambre sí será erradicada pronto del planeta, pero no por parte del ser humano –él no tiene capacidad para hacerlo–, y será erradicada justamente después de que sean eliminadas para siempre de raíz las cosas que la causan, entre ellas, la política. ¡Hay razones de mucho peso para seguir soñando con ello!

Para que el hambre desaparezca de la faz del planeta, primero tienen que desaparecer, obviamente, las cosas que la causan, entre ellas, la política. Foto: Internet.  

Después de todo no me equivoqué: ¡esto se cae a pedazos!

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

El pasado 21 de abril escribí que era triste para mí, en un día que tantos buenos recuerdos me trae, hablar de las noticias horribles con las que habíamos comenzado ese día en el mundo entero. Me refería a que, preparándome en casa ese domingo para ir a la parte norte del municipio en el que vivo, aquí en Trujillo, en los Andes venezolanos, a dar la conferencia La vida sí tiene propósito, me enteré a través del canal alemán de noticias que vemos en la casa que en Colombo, la capital de Sri Lanka, unos terroristas, aprovechándose de lo que muchos hacen en ese país en un día así –descansar e ir a los templos para los ritos propios de la celebración católica conocida como Domingo de Resurrección–, habían hecho explotar casi de manera simultánea en algunos de esos templos, en 3 hoteles cinco estrellas y en lo que aquí en Venezuela llamamos una posada, una serie de bombas que habían dejado como horrendo resultado 180 muertos y una cantidad impresionante de heridos, muchos de los cuales se encontraban en un estado tan grave que uno sabía que en las siguientes horas varios de ellos fallecerían. Entre los muertos había 35 turistas extranjeros. Cuando salí de la casa ya iba enterado de la gran cantidad de mensajes de condolencia que empezaban a llegar de todos lados dirigido a las autoridades y a los pueblos de ese país en vista de la tragedia que acababan de vivir.

También dije ese día –el artículo fue publicado en la noche del lunes veintidós de abril– que lo que acababa de ocurrir en Sri Lanka hacía imposible que yo me retractara de lo que había estado diciéndole a muchos últimamente respecto a que la sociedad humana, tal como la conocemos hoy, estaba llegando a un punto de no retorno por parte de ella, que ya había colapsado, que no estaba en el borde del desastre sino en el medio de este, que la gente tenía que terminar de convencerse de que no era normal lo que estaba pasando en el mundo entero. De hecho, en vista del rumbo que habían seguido tomando los acontecimientos, meses después volví a pronunciarme sobre la situación mundial en un artículo breve al cual titulé justamente así: No es normal lo que está pasando en el mundo. El tiempo ha pasado, estimado lector, y, lamentablemente, se ha probado que yo no estaba equivocado.

En el artículo al cual estoy haciendo referencia –lo titulé ¡Se cae a pedazos esta civilización!– hablé, como una de las muchas pruebas que tenemos a la mano que indican que nuestros tiempos y nuestro mundo son tenebrosamente especiales, del espantoso genocidio de Ruanda en el año 1994. Hacía unos días que se habían cumplido 25 años del comienzo de esa tragedia humana –ya estamos a punto de que se cumplan 26–, pues fue a partir de la trágica muerte del presidente en funciones de ese país en un accidente de aviación el 6 de abril que comenzó la pesadilla que dejó como resultado la muerte en 100 días, mayormente a garrotazos y a machetazos, de un millón de personas, entre ellas, 11 soldados belgas, muchos hutus moderados y cientos de miles de indefensos tutsis –incluidos muchísimos bebés–. Hasta sectores de la población civil de ese país que siempre habían evitado tomar parte en los conflictos entre hutus y tutsis, como el neutral grupo religioso conocido como los testigos de Jehová, fueron golpeados duramente en esa horrenda carnicería humana, pues cerca de 460 de sus miembros, entre hombres, mujeres y niños, también fueron asesinados sistemáticamente. Familias enteras, completas, de esa organización, desaparecieron. ¡Cómo las potencias mundiales, Rusia incluida, o la hipócrita Organización de Naciones Unidas, no hicieron nada para evitar esa tragedia cuando ya se olía que esta venía en camino! Porque no pueden decir los organismos mundiales de inteligencia que a nadie le pareció raro que poco tiempo antes de que la tragedia comenzara alguien desde Kigali, la capital ruandesa, mandara a pedir a China quinientos mil machetes “para arar la tierra”. Si para arar la tierra lo que se necesitan son tractores u otras herramientas, no tantos machetes. Claro, como en el subsuelo ruandés no hay grandes reservas de gas y petróleo, no era problema de ellos que esos “negritos” se mataran como lo hicieron hasta que el Frente Patriótico Ruandés tomó el control de Kigali. Dirían que no era problema de ellos.

También traje a colación, como pruebas de que lo que está pasando en el mundo entero no es normal, el derribo de las torres del Centro Mundial del Comercio en Nueva York en septiembre de 2001, lo embadurnadas de violencia que están la sociedad venezolana, las ciudades brasileñas, los pueblos centroamericanos, la sociedad mexicana. De este último país –México– nos llegó en esos días la noticia de que 40.000 personas no aparecían por ningún lado allí, y que en sus morgues se hallaban sin identificar 26.000 cuerpos humanos de los cuales aparentemente nadie se acordaba. Hablé, además, de los casos de Libia y Siria, naciones en las que bandos en conflicto están dispuestos a lo que sea con tal de aferrarse o asirse del poder, así ese “lo que sea” implique baños de sangre de dimensiones insospechadas en los que pierden la vida mucha gente inocente, entre ellos, muchísimos niños. Y dije que no era parte de un mundo normal que como nunca antes en la historia humana tantas personas se estuvieran moviendo por el planeta en busca de lugares en los que se pudiera vivir en mejores circunstancias que las que los rodeaban en sus países de origen. Y por último, me referí a la guerra en Yemen y al peligro de que en ese país 5 millones de niños puedan morir de hambre por culpa del bloqueo al cual lo han sometido por razones políticas Arabia Saudita y sus aliados y, por supuesto, entre otras indeseables cosas, hablé de la anormalidad de los incendios que estaban asolando desde hacía unos años para acá grandes regiones de los Estados Unidos de América, de España y de Portugal.

¡Cuánto se ha agravado la situación mundial en el último año! ¿No les pareció extremadamente raro el incendio de la Catedral de Notre Dame? ¡Cuántas cosas aún más raras han estado pasando en el mundo últimamente! ¿Y el aumento de los desastres llamados naturales? En el artículo que escribí posteriormente al de abril, y al cual titulé No es normal lo que está pasando en el mundo, hablé de los voraces incendios que estaban consumiendo la selva amazónica y que, aparte del incalculable daño ecológico que estaban ocasionando, habían generado una grave crisis política en Brasil. También me referí a los impresionantes incendios en las Canarias, en España, que estaban arrasando con cientos de hectáreas de valiosos y hermosos bosques y ocasionando la evacuación de miles de personas, a pesar de que se les estaba combatiendo con cientos de bomberos y con varios hidroaviones. Además, hice referencia al sangriento bombazo de Afganistán de mediados del pasado agosto y a los tiroteos ocurridos en varios lugares de los Estados Unidos que se llevaron por delante la vida de varias personas.

Pero el colmo es lo que se nos ha venido encima últimamente. Asombra lo de la conmoción social en Ecuador, Bolivia, Colombia, Chile, París, Irak y el Líbano. No puedo creer lo de la horrenda magnitud de los incendios en Australia. ¡No lo puedo creer! Hace unos días expertos dijeron que esa locura de fuego que ha estado asolando ese hermoso país había acabado con la vida de mil millones de animalitos, entre silvestres y domésticos, y con la de casi 30 personas. También impresiona muchísimo lo de la última crisis entre Irán y Estados Unidos. La forma en la que el presidente estadounidense Donald Trump ordenó sin consultarle al Congreso de su país la muerte en Irak de un poderoso general iraní, el derribo de un avión ucraniano en el cielo de Teherán por militares iraníes con dos misiles tierra-aire que fueron lanzados por accidente, el retiro del apoyo que el pueblo iraní le estaba dando a su gobierno en el conflicto con Estados Unidos cuando se dieron cuenta de que dicho gobierno les estaba mintiendo en cuanto a la tragedia del avión, tragedia en la que murieron 176 personas, y pare de contar, es una muestra de que no exagero cuando le grito al mundo entero que esto se cae a pedazos, que esto no tiene vuelta atrás, que no pudo el ser humano con sus problemas de siempre, que esto se fue a pique, que están orinando donde no se debe los que siguen gastando dinero en foros y reuniones de todo tipo pensando que el ser humano va a revertir el problema del cambio climático, el de la despiadada competencia comercial entre las potencias y el de las estúpidas guerras como las que se pelean en el norte de Siria y en Libia, entre otras tragedias que por sí solos los miopes y egoístas seres humanos no vamos a resolver. Solo Dios puede con esto. El sistema tiene los días contados. ¡Vienen tiempos mejores!   

Impresionante fotografía que ilustra muy bien la increíble magnitud de los incendios ocurridos en las Canarias, España. Foto: Internet.
Según los expertos, mil millones de animales, entre domésticos y silvestres, murieron en los devastadores incendios de Australia. Foto: Internet.
La voracidad de los incendios en Australia es una clara prueba de que no es normal lo que ha estado pasando en el mundo entero. Foto: Internet.

El año pasado Flamengo me hizo un favor

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Sábado 23 de noviembre. Acabo de llegar a casa. Estaba con un grupo de amigos en San Pablo de Jiménez, aquí en el rural centro del estado Trujillo, Venezuela, participando en una obra educativa casa por casa a favor de la comunidad. Me siento a almorzar frente al televisor que acabo de encender para ver cualquier cosa mientras como. De repente, se anuncia por el canal deportivo que he sintonizado que en unos minutos comienza la final del año en curso de la Copa de Fútbol Libertadores de América, el torneo de clubes más importante del continente americano. Menos mal que me fui a ese canal, pues se me había olvidado que ese día por la tarde jugaban Flamengo de Brasil y River Plate de Argentina para ver cuál de los dos se erigía como el mejor club de América este año. Rápidamente cambio de canal para ir al que estaba autorizado para transmitir el juego y me encuentro con que estaba comenzando la ceremonia de apertura del evento. ¡Qué bueno que fue breve! De allí a la acción. El estadio de Lima al que se fue a jugar la final de la Libertadores por los problemas que hay en Chile estaba a reventar de cualquier cantidad de aficionados que habían viajado desde Brasil y Argentina para ver el partido. ¡Y comenzó la fiesta! River, desde el principio, supo controlar el juego de Flamengo y, de paso, logró irse arriba en el marcador en los primeros minutos del compromiso con gol del colombiano Rafael Santos Borré. Así fue pasando el tiempo. Ahora bien, cuando ya parecía que se consumaba la victoria del equipo de Gallardo, y que este se llevaba para Argentina su segunda Libertadores seguida, en una fracción de tiempo muy pequeña, jugadas que nacieron cerca del arco brasileño terminaron en las dos pelotas que mandó al fondo del arco de Armani el delantero Gabriel Barboza, por cierto, en dos jugadas muy feas, muy poco propias de un equipo brasileño. ¡La hecatombe! ¡Yo no lo podía creer! Gallardo tampoco. Medio estadio… menos. En muy poco tiempo, Flamengo le había dado vuelta al marcador –¡increíble!– y, después del pitazo final, se llevaba a tierras brasileñas su segunda Copa Libertadores de América.

El lector quizá se esté preguntando en este punto del artículo qué relación tiene esto que estoy contando de la victoria de Flamengo sobre River en la última final de la Libertadores con el título de dicho artículo, en el que digo que Flamengo me hizo un favor con su victoria, si es evidente que yo iba a River. Bien, les cuento. No tengo nada en contra del fútbol brasileño, al contrario, muchas veces, si el proyecto me gusta, he ido a equipos brasileños cuando estos se han enfrentado a los de las otras naciones sudamericanas en la Libertadores o en las otras competencias que organiza Conmebol, así como disfruté bastante las victorias consecutivas del Sao Paulo de Brasil sobre los poderosos Milan de Italia y Barcelona de España en la Copa Intercontinental de Clubes hace ya varios años. Entonces, ¿por qué iba a River y no a Flamengo en su enfrentamiento de aquella tarde en el estadio Nacional de Lima? Porque he llegado al punto de madurez en el que, por muy potente y vistoso que sea el juego de un equipo, si dicho equipo se ha armado en poco tiempo a punta de desembolsillar dinero, mucho dinero –y no estoy diciendo que en River no se gasta en la compra de buenos refuerzos–, mientras que el proceso de construcción de su oponente ha sido distinto, más a base de eso, de proceso, de proyecto, de escuela, de trabajo, de mucho trabajo –y Marcelo Gallardo, el joven técnico de River, trabaja, y bastante–, pues… voy al contrario.

Felicito a la afición de Flamengo de Brasil por la victoria del equipo de sus amores en la Libertadores. Me contenta que su director técnico, el portugués Jorge Jesus, haya ganado por fin una final importante con un club dirigido por él después de sus dos derrotas consecutivas, enfrentando al Chelsea de Inglaterra y al Sevilla de España, en finales de la Europa League con el Benfica de Lisboa. Me contenta porque a mí también la vida en este mundo, el paso por este sistema, me ha infligido varias derrotas –yo si sé de eso, de derrotas–, pero hinchaba por el club de Gallardo por el trabajo duro que se ha hecho allí, y que lo ha llevado a recuperarse de los golpes que lo llevaron, después de ser lo que era, a ir a jugar a la segunda división del fútbol de su país, desde donde regresó para volver a animar, junto a Boca y los otros grandes del fútbol argentino, el balompié de toda Sudamérica y del mundo entero.

 Entonces, definitivamente cuál es el por qué de eso de que Flamengo me hizo un favor con su victoria sobre River el otro día. Porque la forma como quedé de desolado en la silla en la que estaba sentado viendo el juego cuando Flamengo le dio la vuelta al marcador, porque todas las veces que me agarré la cabeza diciéndome a mí mismo y a mamá que no podía ser, que no podía creer lo que estaba viendo, me mostraron que en aquel juego y por su resultado final, empecé a recuperar la pasión que siempre había sentido por el fútbol sudamericano, y que había ido perdiendo por el pésimo nivel de juego mostrado en los últimos años por prácticamente todos los equipos de esta parte del continente. Eso lo agradezco… y mucho. Pero también agradezco las lecciones de vida que saqué de ese partido o, mejor dicho, la forma cómo ese juego y su resultado final me ayudaron a terminar de convencerme de lo claro que estoy en esta etapa de mi vida respecto a que, en esta vida y en este mundo, no siempre gana el que mejor hace las cosas, el que más trabaja, no, no siempre, no siempre.

“El fútbol es como la vida”, dicen muchos. “El fútbol es como la vida”, decía Benedetti. Tantos pensamientos bíblicos que recordé en ese momento –porque me gusta, y mucho, leer la Biblia–. “He visto a siervos a caballo y a príncipes a pie”. “No tienen los veloces la carrera ni los poderosos la batalla”. “Y he visto cuánto esfuerzo y trabajo hábil resulta de la rivalidad entre las personas. Eso también es en vano, es perseguir el viento”. “¿Qué gana una persona con todo su duro trabajo, en el que tanto se esfuerza bajo el sol?” “¿Qué gana en realidad el hombre con todo su duro trabajo y con la ambición que lo empuja a trabajar duro bajo el sol?” Y como esos, muchos otros, tantos otros. Proverbios todos que me motivan a seguir haciendo las cosas como he tratado de hacerlo últimamente, a seguir trabajando duro en las cosas en las que he estado ocupado –la Biblia no avala la pereza; al contrario, pondera de gran forma el placer de comerse el pan que uno se ha ganado honradamente–, pero con los pies bien puestos sobre la tierra, sin expectativas muy altas, con mucha humildad y modestia, recordando siempre que, mientras estemos viviendo en esta sociedad, a los pobres siempre se nos hará todo más difícil, que no siempre ganaremos aunque nos lo merezcamos, y dejando el alcance de muchas metas para tiempos futuros, para mejores épocas por venir –si el Creador me permite verlas–, para cuando dejemos de arar en el mar y de perseguir el viento, para cuando todos puedan hacer realidad sus sueños. ¡Qué poco!, ¡qué poco hizo Flamengo en la pasada final de la Libertadores y tanto que se llevó a su tierra!; pero… así es la vida, no, corrijo, así es esta vida, así es esta vida. Cierto, el año pasado… Flamengo me hizo un favor.

Flamengo de Brasil celebrando el título conseguido ante River en la pasada final de la Copa Libertadores de América jugada en Lima, Perú. Foto: Internet.

Hace 30 años cayó el Muro

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

El pasado 9 de noviembre se cumplieron, como bien lo dice el título de este artículo, 30 años del momento en que comenzó la caída de esa vergüenza humana que ha llegado a conocerse como el Muro de Berlín, barrera llamada por los comunistas Muro de Protección Antifascista, y por sus contrarios, Muro de la Vergüenza. Y digo que se cumplen 3 décadas del momento en el que el Muro comenzó a caer porque así fue: el derribamiento de la sección que se echó abajo inicialmente comenzó la noche del jueves 9 de noviembre de 1989 y finalizó el viernes 10, 28 años después de ser construido el Muro. ¿Por qué se puede decir que la caída del Muro de Berlín a finales de 1989 fue un acontecimiento de gran trascendencia en la historia humana? Hay que hacer justamente un poco de eso, de historia, para encontrarle respuesta a esa importante pregunta.

En el transcurso de esa otra vergüenza humana conocida como la Segunda Guerra Mundial, tres de las potencias políticas “ganadoras” en esa espantosa contienda –Estados Unidos, la Unión Soviética y Gran Bretaña– unieron fuerzas para frenar el avance en el mundo entero de la Alemania gobernada por los nacionalsocialistas, cosa que en efecto consiguieron. Pero al término de ese conflicto bélico quedó en evidencia que, como ocurre a menudo en el sucio mundo de la política, la alianza a conveniencia no iba seguir tras la eliminación del enemigo en común, y comenzó a mirarse con malos ojos lo que se había convenido de dividir a la derrotada Alemania en varias zonas de ocupación, 4 exactamente, administradas militarmente por las tres potencias ya mencionadas más Francia, y en compartir su capital, Berlín. Los soviéticos pronto comenzaron a mostrarle al mundo su deseo de ver a todo Berlín gobernada a la manera comunista, mientras que los otros tres “aliados” querían un tipo de administración diferente. En 1948 se hizo evidente que no se iban a poner de acuerdo nunca en este tema –la Biblia dice que en el tiempo del fin los hombres serían no dispuestos a ningún acuerdo, y la clase política mundial es especialista en eso– y rompieron definitivamente. En ese año, en junio, los soviéticos comenzaron un bloqueo del tráfico terrestre de la parte occidental de Berlín para cortar el abastecimiento de ese sector de la ciudad y obligar a los países occidentales a renunciar a sus derechos políticos en esta. Para paliar las consecuencias del bloqueo soviético, Estados Unidos y Gran Bretaña crearon un puente aéreo con el que se transportó a la ciudad dos millones trescientas mil toneladas de carbón, alimento y otros suministros en 279.114 vuelos. Prácticamente así comenzó la Guerra Fría entre la Unión Soviética y la potencia mundial angloamericana.

Un año después, 1949, se fundaron dos Alemanias: la República Federal de Alemania, o Alemania del Oeste, y la República Democrática Alemana, o Alemania del Este, con administración comunista. Berlín ahora tenía dos gobiernos distintos y dos monedas, y la brecha económica entre los ciudadanos de los dos sectores se fue ensanchando notoriamente a favor de los que vivían en el sector occidental de la ciudad. En junio de 1953 estalló una huelga en Berlín oriental, seguida de manifestaciones en toda Alemania del Este, contra el sistema comunista de gobierno debido a la subida de los precios de muchos productos. Los soviéticos, a petición de las autoridades locales, enviaron tropas para reprimir las manifestaciones. Cierta revista dice que Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña se limitaron a proteger sus respectivos sectores y, entonces, “la frontera entre las anteriores zonas soviética y occidental se convirtió en una línea divisoria entre el Este y el Oeste”.

Motivados por el estilo de vida del que se disfrutaba en Berlín occidental, en 1960, unos 200.000 alemanes escaparon del Este al Oeste mayormente por Berlín occidental, cosa que provocó que la mañana del 13 de agosto de 1961 trabajadores y militares comenzaran a levantar un muro buscando dejar de perder gente valiosa que también hizo que, de repente –como está pasando aquí en Venezuela producto de la emigración causada por los problemas sociales y económicos del país–, familiares y amigos quedaran separados, solo que, en el caso de los berlineses, esa separación se dio a pesar de vivir a solo metros los unos de los otros. ¡Qué asquerosa es la política! Según cierta publicación, 80 personas perdieron la vida intentando cruzar ese muro en el tiempo en que este existió. Según otra, 192 fueron los fallecidos. La Fiscalía de Berlín dice que el saldo fue de más de 200 –allí se incluyen a los 33 que murieron al pisar las minas que se habían colocado cerca de la barrera–, mientras que el Centro de Estudios Históricos de Postdam dice que fueron 125 los muertos. Leí por allí que el intento fallido de cruzar el Muro más famoso del cual se tenga constancia es el de alguien llamado Peter Fetcher, quien llevó a cabo su intento con un tal Helmut Kulbeik. Este señor sí lo logró, pero Fetcher fue herido a disparos y murió desangrado a la vista de varios periodistas del lado occidental. Eso ocurrió el 17 de agosto de 1962. Algunos dicen que este lamentable episodio inspiró la canción Libre que tan famosa se hizo en la voz del gran cantante español Nino Bravo. Casi dos años y medio después de su construcción, a los habitantes del sector occidental se les dio un permiso de solo un día para visitar a sus familiares del sector oriental de la ciudad, y en los años setenta, producto de negociaciones entre la Unión Soviética y las potencias occidentales, se permitieron llamadas telefónicas y visitas entre uno y otro lado de la ciudad.

Las reformas que empezó a impulsar Mijail Gorbachov dentro de los límites de la Unión Soviética contribuyeron a que, a mediados de 1989, miles de ciudadanos de Alemania del Este se refugiaran en las embajadas de Alemania Federal en varias naciones del este de Europa, atestándolas y volviendo insostenible la situación, alcanzando esta su punto más álgido en septiembre de 1989. En octubre y noviembre más de un millón de ciudadanos de Alemania del Este llevaron a cabo manifestaciones en Berlín oriental, Leipzig y otras ciudades pidiendo que se les escuchara. Las autoridades ceden y… permiten que se derribe el muro. Die Zit, periódico alemán citado en la revista a la cual me acabo de referir, dijo esto: “En 1989 la historia del mundo fue sacudida hasta sus mismos cimientos; no fueron potencias las que la cambiaron, sino personas”. La demolición completa del Muro dio inicio en 1990.

Ciertamente, no puede el ser humano gobernarse a sí mismo con éxito, y la tragedia que significó la construcción del Muro de Berlín lo ilustra muy bien. Dice la Biblia que para que el transitar del hombre en la Tierra hubiera sido diferente a cómo ha sido todo este tiempo, él tenía que colgarse de su Creador, de alguien superior, para que las cosas fueran distintas a lo que han sido hasta ahora. Ya lo he escrito por allí: mientras no se destierren del corazón del ser humano la ambición, la estrechez de miras, el egoísmo y eso de gobernar a otros a cómo dé lugar para disfrutar de las ventajas que eso reporta, no será el mundo diferente a lo que ha sido hasta ahora. Ningún ente político, ninguna manera humana de gobernar va a hacer realidad nuestros sueños de ver al planeta convertido en un mundo mejor. Miremos lo que pasó en Berlín. En la parte que gobernaban los estadounidenses y sus aliados continuó habiendo problemas. Entre otros, una de mis revistas favoritas los alista así: “revueltas estudiantiles, terrorismo y escándalo político”. En la parte que gobernaban los comunistas, “problemas económicos”, y no de poca gravedad, y “una contaminación muy extendida”, otro fenómeno típico de los países gobernados de esa manera. ¡Vemos! Ni unos ni otros pueden, nadie puede, aquí abajo nadie puede. Seguimos soñando, entonces, con el día cercano en el que, quienes tienen todo el derecho de hacerlo, derriben todos los muros que en el mundo se han levantado, y que impiden que la gente pueda hermanarse definitiva y permanentemente. ¡Puede ser mañana!  

Noviembre de 1989. Feliz reencuentro frente a esa vergüenza humana que fue el Muro de Berlín. Foto: Internet.