El hombre y su temor por el futuro (6 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

La sexta cosa que puede hacer que dentro de poco el ser humano desaparezca de la faz de la Tierra es lo que se conoce como la “pesadilla matrix”. Rosa Gil dijo a mediados de 2004 que, hasta ese momento, el hombre no se había visto en la necesidad de enfrentar a una especie superior a él aquí en el planeta, pero que en muchísimos laboratorios se estaban creando robots con inteligencia artificial que podían caminar, comunicarse, efectuar tareas hogareñas, sobrevivir en otros planetas, aguantar las enormes presiones del fondo oceánico y hacer otras cosas.

Estamos ya en marzo de 2020 y aún no aparece en el planeta una especie superior al ser humano como tal, pero se comenta que, con el tiempo, los robots serán tan sofisticados que comenzarán a organizarse y reproducirse sin ayuda del hombre y, al verse tan capaces, empezarán a preguntarse lo siguiente: ¿Para qué necesitamos a los seres humanos? Luego, entonces, se darán a la tarea de aniquilarnos.

Algunas películas de ciencia ficción reflejan el temor que muchos tienen de que en un día cercano las máquinas pueden volverse en contra de sus creadores. Foto: Internet.

El hombre y su temor por el futuro (5 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

¡Qué cosas tiene esta vida!: corresponde esta semana escribir acerca de la quinta amenaza que la comunidad científica mundial tiene años vislumbrando en el horizonte para la existencia de la raza humana en el planeta Tierra –me refiero a una plaga mundial o a varias de estas–, justamente cuando los efectos de la pandemia del coronavirus han llegado acá, a Trujillo, la provincia venezolana en la que vivo. ¡Qué cosas tiene esta vida!

En la horrible Edad Media, la peste bubónica acabó con una cuarta parte de la población humana del continente europeo. En 1918, la gripe española segó por lo menos veintiún millones de vidas, aunque en los últimos años se ha dicho que la cifra real de muertos producto de esa fulminante enfermedad fue de cien millones, pues desde la India, país en el que hizo desastres dicha gripe, no llegaron informes confiables acerca de la cantidad de muertos que dejó allí. A.A. Hoehling, en el libro La gran epidemia, escribió que “jamás en la historia había sufrido el mundo los estragos de un asesino que matara a tantos seres humanos tan deprisa”.

Según el libro El conocimiento que lleva a vida eterna, para 1995 causaban estragos otras plagas. Para ese año, anualmente el cáncer estaba matando a 5 millones de personas, la diarrea a más de 3 millones de niños y 3 millones de personas morían de tuberculosis. La neumonía y otros problemas respiratorios acababan con 3 millones y medio de niños menores de cinco años. Y unos dos mil quinientos millones de personas padecían enfermedades causadas por la poca agua, o por la contaminación de esta, y por “instalaciones sanitarias deficientes”. Como ya lo dejé ver, estas cifras datan de hace unos 25 años atrás. Hoy, la situación es peor; a pesar de los avances en el campo de la medicina, la situación hoy es mucho peor. Con el sida está ocurriendo lo mismo. Hace unos días, el canal alemán DW hizo público un reporte que indicó que entre los warao, un pueblo aborigen que desde tiempos inmemoriales habita lo que hoy es el estado venezolano de Delta Amacuro, el sida causa actualmente estragos, pues, que se sepa, alrededor de doscientas cincuenta personas de esta etnia en esa provincia venezolana sufren por causa de dicha enfermedad. En la vecina Colombia, desde hace días el dengue está matando cualquier cantidad de personas. Y acá, en la misma Venezuela, desde hace bastante tiempo la fiebre amarilla, la tuberculosis y la neumonía se están llevando gente a la tumba.

Además, es tristemente interesante recordar que el diario venezolano Últimas Noticias, en su edición del viernes 17 de diciembre de 2004, publicó la noticia de que, en Ginebra, Klaus Stoehr, experto en gripe de la Organización Mundial de la Salud, advirtió de que alrededor del 20% de la población del mundo podría verse perjudicada por una ola de gripe aviaria que podría matar al 0.5% de ellas. Se dijo que existía la posibilidad de que esta ola de gripe pudiera extenderse en pocas semanas y convertirse en una pandemia. ¡Véase bien esto!: se anunciaron estas cosas hace poco más de 15 años atrás.

La periodista Rosa Gil dijo, a mediados de 2004, que diversos virus aparecieron en los años 80 del siglo 20 debido a que los seres humanos comenzaron a incursionar en territorios que antes se hallaban deshabitados. Es, quizá, lo que ha ocurrido con la fulminante enfermedad del ébola africano. No quiero ni pensar en lo que veríamos o experimentaríamos si un virus como el del ébola, u otro desconocido, se expandiera por la Tierra por vía aérea; o que los terroristas se valieran de la biotecnología, como lo dijo Rosa Gil en 2004 también, para modificar virus o para crear otros sumamente letales.

El coronavirus se extiende rápidamente por todo el planeta, haciendo recordar lo que en la Biblia se había anunciado hace casi dos milenios que ocurriría en la Tierra para el tiempo del fin. Foto: elsevier.com

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El hombre y su temor por el futuro (4 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

La comunidad científica mundial cree que hay una cuarta amenaza para el planeta Tierra o la vida que hay sobre este. Se refieren a que lo que los puede hacer desaparecer es una explosión de rayos gamma. Por qué tienen lugar, no se sabe, pero de vez en cuando una estrella lejana o desconocida explota con tanta potencia que momentáneamente “eclipsa el resto del universo”… a su alrededor, obviamente.

Si una de estas explosiones de rayos gamma se produjera a una distancia de mil años luz de nosotros –recordemos que un año luz es la distancia que recorre la luz en un año viajando a 300.000 kilómetros por segundo– “su luminosidad sería 10 veces mayor que la del sol a mediodía”, lo que haría arder nuestra atmósfera y destruiría la capa de ozono, permitiendo que la dañina luz ultravioleta del Sol cayera con toda su intensidad sobre el planeta. Rosa Gil agrega que estos fenómenos se producen en galaxias lejanas, pero… como se sabe poco de ellos, no se puede descartar que ocurran cerca de nosotros.

Ilustración de explosión rayos gamma. Crédito: ESO

El hombre y su temor por el futuro (3 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

La tercera amenaza para la existencia del planeta Tierra, según muchos científicos, es un encuentro con un agujero negro errante.  Pero, ¿qué es un agujero negro errante? Los agujeros negros son estrellas que han colapsado, gravitatorialmente hablando, o sea, cuya energía se ha extinguido totalmente. Wikipedia los define como una “región finita del espacio en cuyo interior existe una concentración de masa lo suficientemente elevada y densa como para generar un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar de ella”. Se ha descubierto que en la Vía Láctea, nuestra galaxia, podría haber millones de dichos agujeros, cuya fuerza de gravedad se traga todo lo que encuentra en su camino; de hecho, leí hace poco en Wikipedia que se dice que en el centro de dicha galaxia hay presencia de lo que se conoce como agujeros negros supermasivos, que son agujeros negros “con una masa del orden de millones o decenas de miles de millones de masas solares”.

En el año 2016, más concretamente el 11 de febrero, los astrónomos informaron que se habían detectado por primera vez ondas gravitacionales producidas porque se habían fusionado dos agujeros negros a unos 1.337 millones de años luz –mega-años luz o Mal– del planeta. La enciclopedia que acabo de citar comenta que “la gravedad de un agujero negro puede atraer el gas que se encuentra a su alrededor, que se arremolina y calienta a temperaturas de hasta 12 millones de grados centígrados”, es decir, dos mil veces más calor que el que hay en la superficie del Sol. 

Si uno de estos gigantes invisibles se acercara a la Tierra, los astrónomos verían como se iría tragando los asteroides, los planetas lejanos y Marte, para absorber luego nuestro planeta o desplazarlo de su órbita, alejándonos del Sol o acercándonos a este, con los resultados que ya nos imaginamos.

Agujero negro supermasivo ubicado en el centro de la galaxia M87. Esta fotografía fue presentada al público el 10 de abril de 2019 por el consorcio internacional Telescopio del Horizonte de Sucesos.

El hombre y su temor por el futuro (2 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Fortísima ola de calor mató en la India más de 70 seres humanos el año pasado. Terremoto en China le quitó la vida a varias personas. Terremoto en Japón y posterior tsunami provocado por este lesionó a cerca de 28 residentes de la zona afectada. Noticias como estas son algunas de las cosas que hacen temer a muchos con respecto a la futura existencia del ser humano en la Tierra, de la vida terrestre en todos sus aspectos y hasta del planeta mismo.

Y es que es cierto: parece que estuviéramos encaminados a una terrible colisión con algo que todavía no se sabe en concreto qué es, pero de la cual no vamos a salir bien librados. Me parece oportuno hablar, entonces, aquí, de la segunda manera en que muchos creen que el planeta Tierra entero o la vida que hay en él pueden desaparecer dentro de poco. Me refiero a erupciones solares gigantescas.

En el Sol se producen siempre impresionantes tormentas magnéticas. Cuando las ráfagas de partículas energéticas que dichas tormentas despiden hacia el sistema solar llegan a la Tierra, afectan algunas actividades humanas y ocasionan espectaculares auroras boreales. Un buen ejemplo de cuán vulnerables somos los seres humanos a esto es el famoso apagón ocurrido en Quebec, Canadá, que ocurrió en el mes de marzo del año 1989. El 10 de marzo de ese año, una descomunal llamarada solar llamada por los científicos X8-X15 generó lo que se conoce como una eyección de masa coronal que impactó la magnetosfera 54 horas después, es decir, la noche del 12 de marzo, y que a las 2 y 44 de la madrugada del día siguiente ocasionó uno de los mayores apagones de los que se tenga constancia, esta vez, en toda la provincia canadiense de Quebec, y que duró 12 horas. El portal nuevatribuna.es dice que todo pasó en menos de dos minutos y que las auroras boreales como consecuencia de dicha tormenta se vieron en latitudes tan al sur como Florida y Cuba. El portal en cuestión dice que tras el fenómeno nocturno gran cantidad de personas se despertaron sorprendidas “en casas heladas en pleno invierno canadiense, y desayunaron sin electricidad ni comunicaciones, desconcertadas” y ‘sin siquiera poder imaginar qué era lo que había ocurrido’. Por supuesto, esto de lo cual acabo de hablar ni siquiera se le acerca a la tormenta solar ocurrida en 1859 y a la que se le conoce como evento Carrington, tormenta solar que acabó con los sistemas de telégrafos en América del Norte y Europa, y que no trajo peores consecuencias para el ser humano porque aún no se dependía tanto de la tecnología como ahora.Ahora bien, las estrellas como el Sol “pueden aumentar su luminosidad en cuestión de horas en más de un cien por ciento. Los astrónomos dicen que eso se debe a erupciones fuera de lo normal millones de veces más intensas que las comunes”. El científico Michio Kaku comentó finalizando enero del pasado año que “una gran llamarada solar que termine golpeando la Tierra acabaría con satélites y paralizaría las centrales eléctricas”. Eso lo leí en nuevatribuna.es. Y Rosa Gil dijo en 2004 que una erupción solar gigantesca, impredecible e imposible de controlar, por supuesto, encendería la atmósfera terrestre como una bombilla fluorescente y, obviamente, liquidaría a la entera humanidad.

¡Cuán vulnerables somos los seres humanos a los efectos sobre el planeta Tierra de las tormentas solares! Foto: NASA.

El hombre y su temor por el futuro (1 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

El daño que el ser humano se ha estado haciendo a sí mismo y el que le ha estado haciendo al planeta Tierra ha llegado a ser de tal gravedad que se ha vuelto a pensar en que, en el futuro cercano, nuestro hogar terrestre y la vida que este sustenta desaparecerán para siempre. Para muestra un botón: la película Un día después de mañana. Este excelente filme vuelve a tocar el delicado tema de la extinción humana por el pase de factura que la Tierra nos realiza por haber, nosotros, trastocado sus delicados procesos climáticos. Es más, ahora se habla hasta de las diez maneras en que los expertos creen que la Tierra y la vida que hay en ella pueden desaparecer. Hace ya varios años, la periodista Rosa Gil, utilizando como fuente un sitio llamado elmundo.es, hablo de ellas en un artículo que escribió para la revista Dominical del diario venezolano Últimas Noticias. Vamos a recordarlas leyendo de cosas que dicen al respecto artículos que conseguí en la revista La Atalaya del 15 de junio de 1998 y en la Selecciones del Reader’s Digest de febrero de 2001.
Rosa Gil dijo a mediados de 2004 –la época en la que escribió su artículo– que la primera manera en que los expertos creen que la Tierra y la vida que hay en ella pueden desaparecer es el impacto de un asteroide. El artículo de la Selecciones dice que hace ya unos años el astrónomo Dave Balam, cincuentón para la época, y miembro del departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Victoria, del Comité Consultivo Federal sobre Meteoritos e Impactos y de la Fundación Internacional de Vigilancia Espacial, se encontraba en el Observatorio Astrofísico Dominion de Victoria, Canadá, cuando recibió un mensaje urgente de su colega Jim Scotti, del equipo de detección de asteroides Vigías del Espacio, de la Universidad de Arizona en Tucson, Estados Unidos. El mensaje era referente a que se había descubierto un asteroide, el 1994XM1, del tamaño de una gran casa, que avanzaba a 108.000 kilómetros por hora y que podía chocar con la Tierra en Rusia o en Canadá en unas pocas horas. Aunque eso no ocurrió ni aquella noche del 8 de diciembre de 1994 ni al otro día, pues el objeto errante pasó a más de cien mil kilómetros del planeta, los científicos dicen que el peligro de los llamados Objetos Cercanos a la Tierra es real, pues desde 1980 hasta el año 2000, el equipo de Vigías del Espacio había ubicado más de 30.000 asteroides y cometas desconocidos, de los cuales 211 son considerados Objetos Cercanos a la Tierra.
Rosa Gil cuenta que hay pruebas científicas de que grandísimos asteroides bombardearon la Tierra y la Luna hace cientos de miles de millones de años, evaporando los océanos y creando cráteres inmensos, además de que hace menos años, un choque similar desapareció casi todas las especies planetarias. Ella dice que un encuentro con un solo asteroide de entre 10 y 15 kilómetros de diámetro nos metería en un enorme problema. De hecho, leí en alguna parte que el aerolito que hace miles de años chocó con la Tierra en el desierto de Arizona era de solo 30 metros de diámetro y, con todo y eso, formó un cráter de 1,2 kilómetros de diámetro. ¡Impresionante! En este mismo orden de ideas, La Atalaya dice que en 1994, Paul Davies, científico que para ese año ejercía como profesor de la Universidad de Adelaida, Australia, escribió Los últimos tres minutos. En el primer capítulo de este libro, titulado El fin del mundo, describió un panorama de lo que sucedería si un cometa colisionara con la Tierra. Miren esto:
“Una fuerza equivalente a 10.000 terremotos sacude el planeta. La onda expansiva de aire desplazado barre la superficie del globo, aplastando los edificios y pulverizando todo lo que encuentra a su paso. El terreno llano que hay alrededor del punto de impacto se eleva en un anillo de montañas líquidas de varios kilómetros de altura, dejando al descubierto las entrañas de la Tierra en un cráter de 150 kilómetros de ancho. […] Una enorme columna de detritos polvorientos se extiende en abanico hacia la atmósfera y oculta la luz del sol por todo el planeta. Sustituye la luz solar el siniestro y parpadeante resplandor de mil millones de meteoritos, cuyo calor abrasa el terreno, al caer del espacio a la atmósfera el material desplazado”.
¡Qué les parece! La Atalaya sigue comentando que Paul Davies enlaza luego este panorama imaginario con lo que se ha predicho de que el cometa Swift-Tuttle chocará con nuestro planeta, y advierte de que si bien no es probable que eso ocurra pronto, opina que tarde o temprano este cuerpo viajero o un objeto similar se encontrará con la Tierra. Concluye de esta manera por los cálculos que muestran que existen unos 10.000 objetos de un tamaño de 500 metros o más cuyas órbitas cruzan el camino de nuestro hogar planetario.

Una fuerza equivalente a 10.000 terremotos sacudiría el planeta Tierra si un cometa colisionara con él. Ilustración: Internet.

Se murió Brown

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Ayer miércoles 12 de febrero se estuvieron cumpliendo 6 meses del día en el que el mundo del fútbol mundial recibió con enorme tristeza la noticia de que había fallecido el exfutbolista argentino José Luis Brown. El “Tata”, como cariñosamente se le conocía, fue el autor del primer gol que el seleccionado argentino de fútbol marcó en la final del Mundial de Fútbol de México 86. Mayormente se le conocía por eso. Había nacido en Ranchos, Buenos Aires, el 11 de noviembre de 1956. Siempre se destacó por ser un defensa central que entregaba todo en la cancha. Así se le recuerda. Tenía 62 años cuando falleció.

José Luis Brown hizo su debut deportivo en la máxima categoría del fútbol argentino en 1975 con el club Estudiantes de La Plata. Para este tiempo hacía rato que jugaba en las divisiones inferiores de ese equipo. Llegó a alcanzar el rango de capitán de Estudiantes, y con ese club logró ganar el Torneo Metropolitano de 1982 y el Torneo Nacional de 1983. En este último año firma con el club Atlético Nacional de Medellín, que para ese tiempo era dirigido por el uruguayo Luis Cubilla, y allí, en Colombia, juega hasta su regreso a las pampas argentinas en 1984. Un año después comienza a jugar en Boca Juniors, y un año más adelante pasa un corto tiempo en el Deportivo Español, desde donde viaja a Francia para jugar en el fútbol de ese país. Luego emigra al fútbol español para jugar con el Real Murcia. En 1989 regresa a Argentina para jugar en ese año y en el siguiente con el Racing Club de Avellaneda. Con el equipo nacional de su país jugó un total de 36 partidos. Su logro deportivo más grande fue justamente ganar con su selección, dirigida por Carlos Salvador Bilardo –el técnico del cual Brown llegó a decir que era un obsesionado con que sus jugadores se apegaran al pie de la letra a su libreto– el Mundial de Fútbol de México 86, marcando, como ya se dijo, el primer gol de dicho juego, en el que Argentina finalmente se impondría a Alemania Federal 3 a 2. Como técnico estuvo en varios clubes: en algunos, como el primer director, y en otros, como auxiliar del primer entrenador. Algunos de ellos fueron Los Andes, Boca, Almagro y Nueva Chicago. También dirigió al Atlético Rafaela, al Ben Hur de Rafaela, a las divisiones menores de Estudiantes de La Plata, al Ferrocarril Oeste, al seleccionado argentino de fútbol de 17 años y, en el extranjero, al Blooming de Bolivia.

José Luis Brown, con la camiseta de su club más querido: Estudiantes de La Plata. Foto: Internet.

Brown jugó en el Mundial de México porque le tocó ser el sustituto del lesionado defensor Daniel Alberto Passarela, titular indiscutible del puesto. El “Tata” contó no hace mucho tiempo que la mañana del día en que su selección jugaba contra Corea del Sur –dos de junio– él venía del restaurant en el que le tocaba ir a desayunar al plantel cuando se cruzó en el camino a su habitación con Bilardo. Se dieron los buenos días y cada quien siguió su camino. Segundos después Bilardo se para y lo llama. Cuando Brown se da la vuelta Bilardo le dijo: “Brown: hoy jugás”. Y siguió adelante. El jugador, sorprendido por aquello, continuó hacia su habitación, se lanzó a la cama, abrazó la foto que tenía cerca de sí de sus hijos y rompió a llorar. ¡Había llegado su momento! En la final de esa Copa del Mundo no solo marcó el primer gol, sino que jugó buena parte del partido con una grave lesión en el hombro. Yo, que estaba por cumplir 14 años de edad cuando el Mundial comenzó, lo recuerdo claramente. Son famosas las palabras que le dirigió al médico del seleccionado de su país cuando se discutía lo de su salida del juego: “Ni se te ocurra sacarme. No salgo ni muerto”. Con respeto, pero también con mucha decisión. Los que lo conocieron dicen que así era Brown. Diego Armando Maradona siempre se ha prodigado en loas acerca del papel que jugó el “Tata” Brown en el gran Mundial que hizo Argentina en México. Cuando él ya estaba enfermo le escribió, entre otras cosas, esto, según lo dio a conocer el diario deportivo Clarín: “Vos nunca te quejabas de nada. Aunque sabías que no ibas a ser titular en México, te entrenabas durante los viajes, en los pasillos de los aviones, para recuperar tu rodilla. Pero eras vos el que nos dabas fuerzas a todos nosotros, y no al revés. ¿Te acordás lo que te decía antes de cada partido? `Dale, que si vos jugás bien, yo juego bien´”.

Brown, a punto de marcar el gol más importante de su vida, flanqueado por algunos de sus compañeros: Diego Armando Maradona, Sergio Batista y Oscar Ruggeri. Foto: Internet.

El “Tata” Brown había estado hospitalizado desde el 25 de diciembre de 2018 producto de una enfermedad degenerativa que hizo estragos muy rápidamente en él y de la cual nunca se recuperó. Desde aquí, desde este lugar de los Andes venezolanos, enviamos nuestras condolencias a toda su familia y amigos. Escuché en los días en los que murió Brown unas palabras que dijo Oscar Ruggeri respecto a la muerte de su amigo. Evidentemente muy entristecido por lo que había pasado con el “Tata”, declaró para la televisión en esos días que a él le consolaba pensar en que tanto Brown como José Luis Cuciuffo –compañero de ellos en el seleccionado campeón en México, muerto en un accidente de caza en diciembre de 2004– estaban en el cielo. Queremos decirle al señor Ruggeri con todo respeto, y con las mejores intenciones del mundo, que no, que los que mueren no van a ningún otro lugar a seguir viviendo como espíritus allí. Los escritos sagrados dicen que los muertos se sumen en un estado de inconsciencia absoluto, total, que se sumen como en un sueño muy profundo, que están descansando, pero que podemos tener esperanza con respecto a ellos, porque dicen aquellos escritos que los que se nos fueron no se nos fueron para siempre, que aunque a muchos les cueste creerlo, al debido tiempo de Dios –y ese tiempo está muy cerca– ellos van a volver a vivir. ¡Que esa esperanza les dé el consuelo que tanto todos ellos necesitan en estos momentos!   

62 años de edad tenía el “Tata” Brown para
el momento de su fallecimiento. Foto: Internet.

Se acerca el fin de la política mundial

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Dentro de poco menos de 4 meses –el próximo 8 de mayo– se estarán cumpliendo 75 años del fin de esa cosa horrenda que se conoce como el Holocausto, y hace unos días, el 27 de enero, se cumplieron 75 del día en que las tropas soviéticas liberaron a los prisioneros que los nazis tenían confinados en el campo de concentración que habían construido en el municipio polaco de Auschwitz. En el momento en que los soviéticos llegaron a ese horrendo lugar, se puede decir que los 7.500 prisioneros que estaban allí se estaban preparando para morir, pues esa hubiera sido su triste suerte de no haber sido por el arribo de estos.

Con la palabra holocausto se define al genocidio que se llevó a cabo en Europa en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial por el régimen nazi de Alemania. Se tiene como época de su inicio oficial el otoño del año 1941, mientras que se dice que alcanzó su punto máximo en la primavera de 1942. Siempre se ha escuchado que en el tiempo que duró se asesinó sistemáticamente a 6 millones de judíos, aunque ahora se sabe que esa es una cifra simbólica, pues parece que en esa porquería que inventaron los políticos nacionalsocialistas alemanes de la época realmente murieron 11 millones de judíos, entre ellos, un millón de niños, de los cuales se dice que 4 millones fueron exterminados en Auschwitz. ¡Qué desastre!

¿Quiénes eran realmente los que estuvieron detrás de esta locura? El nazismo era el fascismo como lo practicaba el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes bajo el mando de Adolf Hitler, y fascismo no es otra cosa que la forma de gobierno dictatorial caracterizada por el intervencionismo de la economía, la regimentación social y una forma de nacionalismo agresivo. El fascismo fue una forma de hacer política que tomó fuerza en Europa –más concretamente en Hungría y en Rumania– y en Japón en la década de los años treinta del siglo pasado. Entre otras cosas, del fascismo se pudiera decir que eleva al Estado por encima de toda autoridad; de hecho, un filósofo alemán de apellido Hegel llegó a enseñar que el Estado ocupaba una posición de supremacía tal, que se esperaba que cada individuo entendiera que era su deber supremo convertirse en su leal apoyador. También es necesario decir que el fascismo es una forma de gobernación humana que glorifica la guerra. Otro filósofo alemán –Heinrich von Treitschke– llegó a decir que la guerra era una necesidad y que eliminarla del mundo, “además de ser profundamente inmoral” –cita que se toma de una revista confiable–, implicaba quitarle fuerza al alma humana. ¡Qué locura!

Otro filósofo alemán, Friedrich Nietzsche, que contribuyó grandemente en crear una variante de fascismo netamente alemana, habló de crear una élite de superhombres. Algunos ideólogos nacionalsocialistas le tomaron la palabra y entonces tomaron fuerza de manera definitiva el racismo y el sentimiento antijudío propios del fascismo alemán que desembocó en la tragedia de la cual se acaba de hablar. ¿Qué elementos adicionales hicieron surgir el nazismo alemán? Sin duda alguna, la derrota militar que sufrió Alemania en la Primera Guerra Mundial y el colapso económico que experimentó como consecuencia de esta, además de las ideas de Charles Darwin sobre la evolución y la supervivencia del más apto. Esto último contribuyó mucho a la manera de pensar de los nazis con respecto a la eliminación de los seres humanos que ellos consideraban débiles, inferiores, un obstáculo para el avance de su propia sociedad; de hecho, en esa espantosa máquina de la muerte que era el campo de Auschwitz –algunos dicen que era una cosa difícil de describir con palabras– a partir del 20 de mayo de 1941 los niños y mujeres débiles que llegaban allí –según los nazis, materia inútil– eran enviados de una vez a las cámaras de gas, o les inyectaban fenol o los incineraban vivos. En cambio, las personas que ellos consideraban feas, los gemelos y los enanos, eran destinados a ir a las manos del macabro científico nazi Josef Mengele, para que él los sometiera a dolorosos experimentos buscando el perfeccionamiento de la raza aria.   

Es muy lamentable que hayan pasado los años y que, con todo y eso, la humanidad haya demostrado que no ha aprendido las lecciones que nos deben haber dejado tragedias como esta que nos ocupa en este momento. El hombre no ha terminado de entender que la política, en todas sus formas y variantes, en vez de ser la solución a los problemas de siempre del ser humano, lo que ha hecho es potenciarlos. Ningún proyecto político tiene en sus manos la solución de tales problemas, como sí tiene entre ellas el enorme poder de magnificarlos hasta niveles indecibles. La gente sincera, que anhela que se viva distinto aquí en la Tierra, entiende que toda forma de hacer política debe ser arrancada de raíz de la faz del planeta para que ese sueño pueda ser realidad. ¡Se espera con anhelo ese cercano día!   

Los políticos nazis no tuvieron escrúpulos en matar en campos de exterminio como el de Auschwitz, y de otras maneras, a cerca de un millón de niños. Foto: Internet.

Esplendorosos días de junio y julio

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Hoy es domingo 2 de febrero. Hace unas semanas finalizó un año más y… comenzó uno nuevo. Por estos lados del planeta, Andes venezolanos, se anda quejando mucho la gente en estos días porque nos quedamos esperando la agradable temperatura propia de estos lugares en esta época. Calor es lo que ha estado haciendo por acá por la baja montaña de esta parte del occidente de Venezuela. ¡Y lo que nos espera! Estamos en los meses secos, pero en el horizonte se vislumbran la humedad y el calor sofocantes propios de mediados de año, una época de intensa radiación solar y de los dos periodos lluviosos que se dan por estos predios. Pero… aunque mediados de año es una época muy calurosa aquí en Venezuela y en muchas otras regiones del planeta, también es una época de amaneceres y atardeceres esplendorosos, de cielos despejados, de días ventosos, así como también de mucho deporte y de buenos recuerdos. Y uno se concentra en eso, en lo bueno de esos meses, que incluye, por supuesto, eso, mucho y muy buen deporte, para sobrellevarlos año tras año, como lo hicimos el pasado 2019. Sí, hace rato que se fueron junio y julio de 2019, pero, en el caso de los que nos gusta el deporte, dejaron en la mente de uno recuerdos muy buenos, razones para esperar con gran expectación los acontecimientos deportivos que se celebrarán en el siguiente verano estival, que se acerca rápidamente.

El pasado dos de junio, el ecuatoriano Richard Carapaz, corredor del equipo de ciclismo Movistar, se convirtió en el segundo ciclista latinoamericano y primero de nacionalidad ecuatoriana en  ganar con todas las de la ley el Giro de Italia, una de las tres más grandes carreras de ciclismo del mundo entero –las otras son el Tour de France, o como se le dice comúnmente en español, Tour de Francia, y la Vuelta a España–. ¡Qué gran alegría para toda Latinoamérica y, sobre todo, para Ecuador! Carapaz, de 26 años de edad, y conocido en su país como la “Locomotora del Carchi”, había ganado en Colombia en 2015 la Vuelta de la Juventud, y ahora da en la mesa un golpe de autoridad, pues gana el Giro apenas en la segunda oportunidad que tiene de participar en esta importante prueba. Es cierto que todos los países del continente americano están muy lejos de alcanzar el nivel que tiene actualmente el ciclismo colombiano, el cual de la mano de hombres como Nairo Quintana, Egan Bernal, Fernando Gaviria, Rigoberto Urán, Sergio Higuita, Darwin Atapuma, los dos Henao y Chávez ha vuelto a la cima del ciclismo mundial, pero el triunfo de Carapaz en Italia, y los que él va alcanzar en los meses y años por venir, son una muestra del gran potencial de crecimiento que tiene el ciclismo ecuatoriano, en un país con una topografía similar a la de su vecino Colombia, ideal para que se formen en él grandes escaladores.

Richard Carapaz celebrando su triunfo en el pasado Giro de Italia. Foto: AFP.

Pasaron los días respecto a la fecha en la que Carapaz consolida su triunfo en Italia y llega el 9 de junio, día en que se jugó la final masculina del Roland Garros, el Abierto de Francia, uno de los cuatro torneos tenísticos más importantes del año y del mundo. El español Rafael Nadal le gana la final a Dominic Thiem y se lleva para su casa el triunfo suyo número 12 en este gran torneo que se juega en pistas de tierra batida (Ashleigh Barty había ganado en la rama femenina). ¡Qué impresionante! Final que juega Nadal en París… final que gana, aunque el mes siguiente no pudo hacer lo mismo en Wimbledon, en Inglaterra, otro de los cuatro grandes eventos del tenis mundial, pues perdió una de las semifinales con Roger Federer, quien posteriormente sería derrotado en la final por el serbio Novak Djokovic. En la rama femenina, Simona Halep haría que se quedara con el subcampeonato la gran tenista estadounidense Serena Williams. A propósito, acaban de ganar el Australian Open, en sus respectivas ramas, la joven tenista estadounidense Sofia Kenin y el servio Novak Djokovic.

Ashleigh Barty y el español Rafael Nadal con los trofeos que los acreditan como los campeones de la pasada edición del Roland Garros. Foto de Ashleigh Barty: Kai Pfaffenbach (Reuters).
Simona Halep y Novak Djokovic, campeones, en sus respectivas ramas, de la edición 2019 de Wimbledon, otro de los cuatro grandes torneos de tenis del año. Foto de Simona Halep: Andrew Couldridge (Reuters).

Mientras eso pasaba en el tenis, en Brasil se jugaba la Copa América de fútbol, el torneo de selecciones más antiguo del planeta. La selección nacional local se quedó con el primer lugar del evento derrotando en la final a Perú tres goles a uno. Sí, Brasil fue el campeón, pero dejaron muy buen sabor de boca el trabajo que sigue haciendo Oscar Washington Tabarez con la selección uruguaya de fútbol, el que está comenzando a hacer Carlos Queiroz con la selección Colombia, los progresos que ha conseguido la Argentina de Messi de la mano de Lionel Scaloni y, sobre todo, el gran proyecto del argentino Ricardo Gareca con  la gran selección peruana de fútbol. Es candidato firme Perú para el campeonato de la Copa América de este año 2020. ¡Escríbase eso! Es candidato firme Perú a salir campeón de la siguiente Copa América si se sigue trabajando como hasta ahora.

¡Qué gran trabajo está haciendo el director técnico argentino Ricardo Gareca con la selección peruana de fútbol! Foto: Internet.

Finalmente… el Tour. Estaba totalmente justificado el gran narrador de ciclismo argentino Mario Sabato para irse en llanto el pasado domingo 28 de julio cuando con una infinita emoción narraba el final de la última etapa del Tour de France, cuando narraba como Les Champs Elysées, la avenida principal de París, eran testigos del primer triunfo absoluto que un ciclista colombiano conseguía en la más importante prueba de ciclismo del mundo entero, el Tour, el Tour de France, la Vuelta a Francia en bicicleta. Sí, Egan Bernal se convertía en esa gran tarde parisina, con solo 22 años de edad, en el primer colombiano y primer latinoamericano en ganar esa prestigiosa prueba, escribiendo así uno de los capítulos más gloriosos de una vuelta ciclística de otro mundo que tiene mucho más de un siglo de existencia. Debe prepararse el mundo del ciclismo mundial para disfrutar de todos los emocionantes momentos que el ciclismo colombiano le va a prodigar en los tiempos que están por venir, porque lo que Bernal hizo en el Tour solo es un asomo de lo que él, Quintana y los demás están por hacer. ¿Fueron esplendorosos, entonces, los pasados días de junio y julio del año que recién acaba de finalizar? ¡Que saque el lector sus propias conclusiones!  

El ciclista colombiano Egan Bernal, a la izquierda de la foto, atraviesa la línea de meta de la última etapa del Tour de France de la mano de Geraint Thomas, campeón de la edición de 2018. Foto: Guillaume Horcajuelo (Efe).
La joven tenista estadounidense Sofia Kenin y el serbio Novak Djokovic, flamantes campeones del Australia Open de este año. Foto de Sofia Kenin: Getty Images.