El hombre… y la Luna

Hace más de medio siglo que el ser humano pisó por primera vez la superficie del satélite natural de la Tierra. ¿Cómo le ha ido desde aquel histórico acontecimiento hasta nuestros días ?

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Estamos en los días en los que se cumplen cincuenta y un años de la llegada del hombre a la Luna. El 16 de julio de 1969, el Apolo 11 fue enviado al espacio desde territorio estadounidense con el claro objetivo de hacer que un ser humano caminara por primera vez sobre la superficie lunar. 600 millones de personas vieron a través de la televisión cómo el 20 de julio el modulo lunar, denominado Eagle, tocó la superficie del satélite, y cómo poco más de seis horas después Neil Armstrong, el gran comandante de la misión, y luego, Edwin Aldring, salieron al exterior de la nave y comenzaron, al sur del llamado mar de la Tranquilidad, el histórico primer paseo lunar de seres humanos (un tercer astronauta, Michael Collins, se había quedado en el módulo de mando, denominado por el mismo Armstrong Columbia). ¡Qué gran hazaña! ¡Qué gran logro alcanzó la humanidad ese histórico e inolvidable día! ¡Pisar respetuosamente la superficie de un cuerpo celeste que representa tanto para el planeta y para la entera raza humana! ¡Qué gran hazaña! Cierto, de eso hace ya poco más de medio siglo.

Luna en cuarto menguante poco antes del amanecer del 16 de julio, vista desde Carvajal, Trujillo, Andes venezolanos. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América
Otra toma de la Luna en cuarto menguante hecha en las primeras horas de la mañana unos días antes de la anterior. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América

¡Cuánto ha avanzado en el campo de la tecnología el ser humano desde esos gloriosos días de julio de 1969! Hoy se ha podido llegar a la superficie del planeta Marte con naves no tripuladas por seres humanos. Internet, la superautopista de la información, ha terminado de convertir al mundo entero en una aldea global. Se ha avanzado muchísimo en los campos de la medicina, la agricultura mecanizada, el transporte y los derechos humanos. Sí, se pudo alcanzar en 1969 la superficie de la Luna y se ha progresado mucho desde esos días para acá. Lo paradójico es que la humanidad no ha podido progresar en el campo del saber vivir como sí lo ha hecho en las cosas que la llevaron a la Luna a finales de la década de los pasados años sesenta. Y eso es muy preocupante.


Luna en cuarto creciente vista desde el Alto de la Cruz, Carvajal, en el atardecer del pasado viernes 3 de enero. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América

¿Cuál es la razón de ser de la afirmación anterior? Esto que viene a continuación. El hombre ha podido llevar a semejantes suyos a la Luna –ya lo dije–, pero no ha aprendido a llevarse bien con su mujer dentro de las cuatro paredes de su alcoba matrimonial. El hombre ha aprendido a colocar objetos hechos con sus manos en la superficie del llamado planeta rojo, pero no ha entendido que mientras existan sobre la superficie de la Tierra políticos no dispuestos a ningún acuerdo las cosas en el mundo van a ir de mal en peor. El hombre tuvo la capacidad mental de crear Internet, pero no ha llegado a comprender cuán importante es esforzarse por vivir en paz con sus vecinos. Se sueña con explorar otros mundos y colonizarlos, mientras se avanza a pasos agigantados en el arruinamiento de la Tierra, esta hermosura de casa global que el Creador nos dio para vivir. ¡Cuánto se ha avanzado en algunos campos y cuánto se ha retrocedido en otros que son de capital importancia para la existencia del ser humano sobre este golpeado planeta! ¿Cuándo cambiará esta situación? Pronto, más pronto de lo que muchos piensan, cuando el Creador del ser humano y del entero planeta Tierra y… por supuesto, de su hermoso satélite natural, dé por terminadas ciertas concesiones que hizo en el pasado y retome el control de los asuntos acá abajo. Eso se va a dar… antes de lo que muchos piensan.

Otra hermosa vista desde el Alto de la Cruz de la Luna en cuarto creciente en las últimas horas de la tarde del viernes 3 de enero. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.  Archivo de Proyecto Caminos de América

Fondo sucio

¿Cuál es el efecto sobre los mares y océanos de la gran cantidad de desechos sólidos que la gente arroja en las corrientes de agua que desembocan en ellos? ¿Estarán condenados a la ruina los fabulosos cuerpos de agua del planeta Tierra por el irresponsable estilo de vida del ser humano?

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Yo… vivo en el centro de la provincia venezolana llamada Trujillo, en la baja montaña del norte de los Andes venezolanos, más concretamente, en un municipio de unos 80 kilómetros cuadrados de extensión llamado San Rafael de Carvajal. La sección urbana de este municipio, en el que estoy residenciado desde que mis padres me sacaron del hospital en el que nací, en la vecina ciudad de Valera, está asentada sobre una terraza llamada también Carvajal, que ocupa buena parte de su territorio, terraza formada con el paso de los años por el milenario fluir de los ríos Motatán y Jiménez. Bien, en el corazón de dicha terraza, más exactamente en un sitio conocido como La Horqueta, nace o… nacía, mejor dicho, una quebrada –por aquí les llamamos a los riachuelos quebradas– llamada El Chama. En ese lugar todavía hay algunas cosas que nos hablan de la antigua gloria de ese cuerpo de agua y de su fuente: algunos árboles autóctonos preciosos y un minúsculo pero muy hermoso bosque de bambú, al cual siempre la naturaleza se encarga de hacer revivir después de que algún irresponsable le prende fuego en la época seca del año. Tan silvestre debió haber sido ese paraje en el pasado que, respecto a él, el geógrafo trujillano Américo Briceño Valero, en su legendario libro Geografía del estado Trujillo, hace cerca de cien años escribió que el nacimiento de El Chama estaba “en las montañas de El Amparo”, palabras que dejan ver lo diferente que era en esos tiempos el paraje en cuestión, cuyo paisaje hoy ha sido modificado por la abusiva ocupación de su territorio con viviendas unifamiliares y cualquier cantidad de conjuntos residenciales.

Hace unos decenios, El Chama era una corriente de agua tan limpia y de caudal tan regular, que en su niñez, varios amigos míos, hoy de edad madura, se zambullían en sus aguas especialmente cuando el riachuelo crecía por causa de las lluvias, así como también cuentan de las muchísimas tortugas que se conseguían en él, además de la gran cantidad de peces de diferentes tamaños y colores que se veían en un permanente ir y venir en casi todas sus pozas. Pero hoy, en las postrimerías del primer semestre de este año 2020, El Chama no es ni la sombra de lo que era antes, pues desde hace unos años para acá se ha ido convirtiendo en una vía de transporte de las aguas cloacales sin tratar altamente malolientes de varios barrios y urbanizaciones del centro del municipio, y de las aguas de escorrentía de varios tramos carreteros asfaltados que, como casi todos sabemos, transportan sustancias químicas y aceites de motor que degradan enormemente los recursos hidráulicos. Pero por el cauce de esta corriente no solo bajan ahora grandes cantidades de agua contaminada con desechos cloacales y otras cosas indeseables, ya que, además, se ha convertido El Chama en la vía de transporte de buena parte de la basura doméstica sólida de la mitad del Carvajal urbano, problema que ha tomado visos de extrema gravedad cuando, a la inconsciencia de la gente y su falta de aprecio por nuestro entorno natural, se le ha juntado la forma tan irregular como se presta el servicio de aseo urbano en la zona. Y tan grande es la cantidad de basura sólida que se arroja a esta quebrada que, varias veces, cuando he salido a correr un rato al norte y atravieso el tramo vial por debajo del cual pasan las aguas de El Chama buscando desembocar en el punto en el que se encuentran los ríos Motatán y Jiménez –allí ya se le llama al riachuelo con el nombre El Carachito–, he tenido que parar allí por el asombro que me produce la descomunal cantidad de botellas plásticas de refrescos y productos de limpieza que alguna crecida de la quebrada ha arrastrado desde la parte alta de la terraza carvajalense, y de algunas de sus terrazas y mesetas satélites, y que quedan acumuladas en la boca del túnel por el que esta discurre. Alguien a quien le preocupa lo afeado que se ve el lugar en el que El Chama-El Carachito ha ido acumulando poco a poco las botellas de plástico que la gente le arroja en la parte alta, pudiera respirar aliviado cuando alguna crecida aún más violenta de la quebrada saca las botellas de la entrada del túnel y las transporta a otro lugar. Quien se alegra por eso es porque no ha entendido que la basura de cualquier tipo que se arroja a las corrientes fluviales, con el paso del tiempo termina en el fondo de los océanos, contaminándolos, afeándolos y perjudicando a las criaturas que los habitan, una triste muestra de que una irresponsable acción humana de un lugar en concreto, termina generando consecuencias con el paso del tiempo en lugares de la Tierra lejanos al sitio en el que el problema comenzó. En el caso de los que arrojan basura doméstica sólida a las aguas de El Chama, estos inconscientes no saben que con esa práctica están contribuyendo al posible desborde de la quebrada y sus afluentes cuando llueve, pues las embravecidas aguas ven interrumpido su libre fluir porque su cauce ya se encuentra ocupado por la basura, y, además, así hacen que vayan a parar al Jiménez –el río al cual fluye El Chama-El Carachito–, al Motatán –el río en el que desemboca el Jiménez–, al lago de Maracaibo –cuenca a la cual alimenta el Motatán– y quién sabe si más lejos –al mar Caribe o al océano Atlántico–, botellas de vidrio que tardan mil años en descomponerse, pañuelos desechables que tardan tres meses, colillas de cigarrillo que contaminan el mar por cinco años, bolsas de plástico que lo contaminan de diez a veinte años, productos de nailon de treinta a cuarenta, latas que lo ensucian durante quinientos años y productos de poliestireno que lo hacen durante mil años. ¡Casi nada! Tanto se sabe ahora de la gran cantidad de años que tienen que transcurrir para que el planeta descomponga los plásticos y los desaparezca, que se han atrevido con preocupación algunos a decir que la existencia del plástico desechable no parece tener fin, desechos, por cierto, producidos por una sociedad de consumo, “generadora de productos desechables” –como la define la revista ¡Despertad!–, de la que no se va a erradicar pronto por iniciativas humanas los hábitos que la han convertido en una sociedad de ese tipo, aficionada de manera casi obsesiva a los productos de usar y tirar, tanto, que la misma revista ¡Despertad! dice que es posible “que algunos lectores se pregunten cómo podía funcionar el mundo antes de la era del plástico”.

Hace unos días me enteré, viendo un breve documental en el canal alemán DW, que el 90 por ciento de los nidos del pingüino de Magallanes, en el extremo sur del continente americano, están contaminados con plásticos que los vientos y las corrientes oceánicas han transportado hasta el lugar en el que habitan estas fabulosas criaturas, basura que proviene casi toda de la austral ciudad argentina de Usuaia. ¡Qué lamentable! Una triste muestra, como pasa en la microcuenca de El Chama-El Carachito, como pasa en todo el planeta Tierra, de que, como ya dije, una acción humana irresponsable llevada a cabo en un lugar en concreto, genera graves consecuencias posteriormente en parajes muy lejanos al sitio en el que el problema comenzó, en vista de que todo en el planeta está interconectado, estrechamente interconectado. Y eso que no he hablado acá hasta ahora de la gran cantidad de criaturas marinas que mueren ahogadas, o con las vías gástricas obstruidas, cuando han consumido desechos plásticos que han confundido con cosas con las que ellas regularmente se alimentan. Por supuesto que no pensaba en eso la inconsciente bañista a la cual le llamé la atención en el río Jiménez hace cosa de unos veinte años por dejar abandonada sobre una roca del cauce del río una bolsa plástica transparente en la que ella y sus compañeros habían llevado hasta el lugar hielo para enfriar las bebidas alcohólicas que habían estado consumiendo –¡adónde hubiera ido a parar esa bolsa cuando alguna de las crecidas del río o el viento la hubiera movido de allí!–. La mujer no solo se negó a llevarse la bolsa cuando respetuosamente se lo pedí –otra persona sí la retiró–, sino que también me dijo, aludiendo a mi preocupación por lo que su grupo estaba dejando atrás, esto: “¡Qué! ¿El río este es tuyo?” ¡Así me contestó! Un lamentable ejemplo de que a la mayor parte de la gente no le preocupa en absoluto el efecto de nuestro estilo de vida sobre nuestros ríos, mares y océanos, y sobre todo el planeta que el Creador nos ha dado para vivir. ¡Qué bueno que vienen tiempos mejores! Porque pronto se va a cumplir la profecía bíblica de que Dios va a arruinar a los que están arruinando la Tierra, y de que él dejará viviendo sobre el planeta solo a las personas que se comprometan de corazón a darle a nuestra gigantesca casa global el respetuoso trato que sus mares, océanos y toda ella se merecen. ¡Vienen tiempos mejores!

Según el informe Plastic waste inputs from land into the ocean, anualmente pueden llegar al océano entre 5 y 13 millones de toneladas métricas de plástico . Foto: renovablesverdes.com

Cuando el Diablo se sentó en Ruanda

ARTÍCULO EXTRAESPECIAL

Hace unas semanas se estuvieron cumpliendo 26 años del comienzo del genocidio en Ruanda, el de más violento desarrollo en la convulsa historia del ser humano sobre este planeta. ¿Cuáles fueron las causas de esa tragedia? ¿Hay alguna razón para pensar que catástrofes como aquella no se repetirán en el futuro ni en Ruanda ni en ninguna otra parte de la Tierra?

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Avanzaba la segunda parte del primer semestre del año 1994. Yo estaba por cumplir 22 años de edad. Como amante del fútbol que soy, mis pensamientos en aquellos días estaban ocupados en el cercano Mundial de Fútbol de Estados Unidos y en el equipo de fútbol aficionado que dirigía aquí, en el municipio trujillano de Carvajal en el que aún vivo, en los Andes venezolanos, aunque también en mi trabajo como recepcionista en el hotel de la ciudad de Valera conocido como Aurora y en el cumplimiento de otros deberes. Fueron quizás esas las razones por las que me parecieron lejanas, muy lejanas, algunas noticias que llegaban desde cierto país africano respecto a una guerra civil y un espantoso genocidio que habían empezado a ocurrir en ese país después de la muerte del político que lo presidía. El país se llamaba Ruanda. Hasta que cierta noche pasó algo que hizo que, a partir de ese momento, yo me conectara profundamente con la pesadilla que en esos días se vivía en aquella lejana nación.

En una oportunidad, después de atender las obligaciones propias del cambio de guardia en mi puesto de trabajo en el Aurora, enciendo un televisor que estaba cerca de la recepción y sintonizo, para matar el tiempo viendo noticias, un canal internacional cuya señal en esos tiempos llegaba a acá a Trujillo. Si todavía existe, ese canal se llama Univisión. ¡Tamaña sorpresa me llevé! Estaban hablando de la guerra en Ruanda y, como parte del reportaje, se permitió que el mundo entero viera unas imágenes que un periodista con su videograbadora había captado desde el edificio de apartamentos en el que estaba escondido, en las que se observaba cómo unos hombres armados con garrotes al fondo de una calle estrecha empujaban a unas personas a las que llevaban amarradas, las sentaban en una de las aceras de la calle y luego comenzaban a golpearlas con los garrotes que empuñaban. Claro, se veía que cuando las personas eran golpeadas en el cráneo con el primer garrotazo se iban de espaldas al suelo, donde sus verdugos seguían apaleándolas hasta que, por supuesto, las víctimas morían. Mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo. ¡Verdad! ¡No lo podía creer! Yo nunca había presenciado escenas de la vida real en las que se viera a un ser humano matando a otro, menos de esa manera. ¡Hasta aquel momento! Aunque me horrorizó ver aquello, en los días siguientes estuve pendiente del desarrollo de los acontecimientos en aquel lugar, y las cosas que seguí observando y escuchando respecto a lo que estaba pasando allí me impactaron tanto que, después de que terminó el conflicto, siempre que se presentaba la oportunidad le conversaba a otros acerca de este. Cuando a partir de 1998, ya con 26 años cumplidos, empecé a dar conferencias, no desperdiciaba chance para hablarles a los auditorios que se sentaban frente a mí de la tragedia de Ruanda y de las lecciones que le debió haber dejado a la raza humana dicha tragedia. Hoy, a escasas semanas de haberse cumplido el vigésimo sexto aniversario del comienzo de aquel genocidio, la oportunidad es propicia para escribirle al mundo entero acerca de mi percepción de lo que allí ocurrió y de la enseñanza que aquella extremadamente espantosa guerra debe haberle dejado al ser humano, que enfrenta ahora, esta vez en el mundo entero, tiempos cada vez más convulsos, tiempos que nos muestran que algo muy grande está por ocurrir pronto en todo el planeta. ¡Yo que se los digo!

LA SUIZA DE ÁFRICA

Ruanda es un pequeño país ubicado un poco por debajo de la línea ecuatorial, entre el centro y el oriente del continente africano. Limita con las naciones de Uganda, la República Democrática del Congo, Burundi y Tanzania. Su capital es la ciudad de Kigali, mientras que otros de sus centros urbanos importantes son Kanombe, Masaka, Bugesera, Muhanga, anteriormente llamada Gitarama; Nyanza, anteriormente llamada Nyabisindu; Save, Huye, antes denominada Butare; Musanze, antes Ruhengeri, y Rubavu, la anterior Gisenyi, ubicada cerca del lago Kivu y de la ciudad congolesa de Goma, justamente allí, en los límites noroccidentales con la República Democrática del Congo. Está considerado Ruanda como el país más densamente poblado de África, pues sus aproximadamente 11 millones de habitantes viven en un territorio que mide solo unos 180 kilómetros de norte a sur y 230 kilómetros de este a oeste.

Aspecto de una parte de la ciudad de Kigali, la capital de Ruanda. Foto: Internet.

Su población está compuesta de los grupos étnicos twa, hutu y tutsi, aunque también viven allí muchos europeos y asiáticos. Los twa son una especie de grupo pigmeo que entró hace siglos a lo que hoy es Ruanda. Se establecieron en las montañas, en donde conseguían su sustento en base a la caza, la pesca y la recolección de productos vegetales en los bosques. Después llegaron los hutus y los tutsis, dedicándose los primeros a la agricultura y los otros al pastoreo. Más de la mitad de los ruandeses son católicos –62,6 por ciento de su población–, poco más de la cuarta parte son protestantes –18,8 por ciento–, incluido un gran número de adventistas –8,4 por ciento–; además de que también hay musulmanes –1,2 por ciento– y practicantes de varias religiones tradicionales –1 por ciento–. También hay algunos miles de testigos de Jehová. El idioma principal es el kiniaruanda, aunque para el comercio con los países vecinos se habla el suajili. El francés y el inglés también se escuchan allí. La vida económica de Ruanda gira en torno al cultivo del café, el te y el pelitre, producto este último que posee propiedades insecticidas. Además se cultivan frijoles, papas y plátanos, aunque la producción de estos rubros se utiliza solo para el consumo interno.

Uno de los impresionantes paisajes de montaña que son comunes en Ruanda. Foto: Internet.

El clima de este país, aunque obviamente tropical, es muy agradable, pues Ruanda es montañoso, con una temperatura media anual en el interior de 20 grados centígrados. Las lluvias les proveen cada año a los ruandeses unos 1.100 milímetros de agua. Es precioso Ruanda, uno de los países más bellos del continente africano. En una oportunidad leí que algunos le decían –así de hermoso es– la Suiza de África, porque no solamente hay en Ruanda montañas hermosas, no; también hay allí lagos por todas partes –el más famoso es el lago Kivu, que comparte con el Congo–, además de bosques y bonitas cascadas. Su punto más alto es el volcán dormido Karisimbi, ubicado en el noroeste, en los límites con el Congo, cuya cumbre nevada alcanza los 4.480 metros de altitud, y que forma parte de la cordillera conocida como los montes Virunga. Entre la abundante vegetación ruandesa viven el gorila de montaña, llamado por una publicación “uno de los más preciados tesoros de Ruanda”; los monos dorados, alrededor de trescientas especies de aves, cualquier cantidad de mariposas, chimpancés, el colobo blanco y negro y 70 especies de mamíferos más. El bambú y las orquídeas medran por todos lados. En el Parque Nacional Nyungwe nace un riachuelo que fluye hacia el este y que a medida que desciende desde sus fuentes es alimentado por otras corrientes que, por supuesto, aumentan su caudal, hasta que desemboca en el famoso lago Victoria. Luego salen de allí, se hacen fuertes más allá de Etiopía, salen de Sudán, entran en Egipto y luego de atravesar este país desembocan en el mar Mediterráneo. Es el río Nilo, uno de los más largos de la Tierra. Sí, el gran río Nilo nace en Ruanda. ¡Casi nada!

TRAGEDIA EN EL HORIZONTE

Hace muchísimos años, Ruanda fue colonia primero de Alemania y luego de Bélgica. A partir del siglo 19, al gobierno colonial belga le dio por ‘establecer allí un sistema social racista utilizando una distinción antigua dentro de la etnia banyaruanda del pueblo bantú, a la que pertenecía casi toda la población, organizándola institucionalmente como castas, aun cuando no había ningún rasgo que diferenciara’ a las personas, es decir, que las diferenciara por color de piel. Así describe el sitio Wikipedia aquel invento loco de la Bélgica colonialista. A partir del comienzo de la ejecución de ese proyecto sin sentido, la minoría tutsi, que componía el 15 por ciento de la población –los tutsis son altos y esbeltos–, quedó establecida como la casta dominante, la casta feudal, mientras que la mayoría hutu, que componía el 85 por ciento de la población –los hutus son de baja estatura pero musculosos–, pasó a ser la casta subordinada, dice Wikipedia que “incluso sometida a trabajos forzados”. El monstruo comenzaba a gestarse.

En 1961 Ruanda consigue independizarse de Bélgica, quedando abolida, por lo tanto, la monarquía, y abonado el terreno para que se declarara la república. Pero automáticamente también comenzaron los problemas porque, mal que bien, los belgas habían estado controlando el resentimiento de la mayoría hutu hacia los tutsis por la ya larga dominación feudal de estos sobre aquellos, situación que, como ya dije, los mismos belgas habían creado para su propio beneficio colonial. Pero ida Bélgica formalmente de territorio ruandés, llegaron los días para el ajuste de cuentas, ajuste que no se hizo esperar y que fue in crescendo, como bien lo reconoce la revista Selecciones en su número de enero de 1995, en el artículo firmado por Malcolm McConnell titulado Pesadilla en Ruanda, que dice más o menos esto en uno de sus párrafos: ‘En los 30 años transcurridos desde su independencia de Bélgica, este país centroafricano había vivido desgarrado por los conflictos étnicos y políticos surgidos entre los hutus y los tutsis’. Aunque, por supuesto, ya no con la influencia de antes, la misma Bélgica había contribuido a esa situación fomentando la creación de partidos políticos sobre bases étnicas. Misioneros católicos europeos también habían aportado para eso.

En 1972 –por cierto, el año de mi nacimiento–, en el vecino país de Burundi 350.000 hutus fueron asesinados por tutsis –la población de esa nación es de composición similar a la ruandesa–. Y en julio de 1973, un militar de nombre Juvénal Habyarimana le da un golpe de Estado al gobierno ruandés en funciones, instalándose él en el poder y, como dice Wikipedia, comenzando a levantar el país con el apoyo de Francia. Este señor había entrado a formar parte de la Guardia Nacional en 1960, ganándose la admiración de muchos por haber reprimido, a pesar de ser él hutu también, a los insurgentes de esa etnia que querían asirse del poder en aquel entonces. No obstante, el panorama político siguió siendo inestable. En octubre de 1990, fuerzas del grupo rebelde Frente Patriótico Ruandés, fundado, entre otros, por Paul Kagame, y compuesto mayormente por tutsis, entra desde Uganda e invade todo el norte del país. La comunidad internacional interviene y cesa la entrada de tropas rebeldes desde territorio ugandés. Cierto libro confiable dice que en 1991 “se tomaron medidas para establecer una estructura multipartidista en el país. Surgieron partidos grandes y pequeños, lo cual dio lugar al tribalismo y al regionalismo. Algunos eran de posturas moderadas, mientras que otros eran extremistas”. Seguía aumentando la presión en la olla.

En 1992 se convoca a elecciones y las gana Juvénal Habyarimana, quien, interesado en la reconciliación entre hutus y tutsis, nombra a un tutsi primer ministro, pero los rebeldes invaden una vez más los territorios del norte del país, provocando la huida de cerca de un millón de personas y estacionándose para 1993 a escasos kilómetros de Kigali. Negociaciones entre las partes en conflicto y mediadores internacionales llevadas a cabo en la vecina Tanzania permiten un temporal cese al fuego, el establecimiento de una zona desmilitarizada y que el gobierno hutu de Habyarimana acceda a que tengan parte en dicho gobierno el Frente Patriótico Ruandés y diferentes partidos políticos, es decir, a formar lo que se conoce como un gobierno de coalición.

El presidente de Ruanda para 1994, señor Juvénal Habyarimana. Foto: Wikipedia

Pero, entonces, ocurrió la tragedia. En las primeras horas de la noche del miércoles 6 de abril de 1994 –fecha aciaga para la entera raza humana–, mientras se acercaba al aeropuerto de Kigali el avión que traía al presidente Juvénal Habyarimana y al presidente de Burundi, el señor Cyprien Ntaryamira, de una conferencia de paz en Tanzania, en momentos en que el presidente ruandés quizá venía pensando en cómo convencer a los funcionarios hutus intolerantes de su gabinete para que “aceptaran compartir el poder con los tutsis”, dos misiles tierra-aire impactaron el avión presidencial, derribándolo y haciendo que estallara en llamas. Aparte de los presidentes y su personal de confianza, varios ciudadanos franceses venían en el vuelo. ¡Nadie sobrevivió! Desde que supe de eso, por allá por 1994, siempre creí que el tutsi Frente Patriótico Ruandés había estado detrás de ese magnicidio, pero como muchos, ahora creo que los hutus extremistas del gobierno de Habyarimana que no estaban de acuerdo con la reconciliación con los tutsis fueron los que tumbaron el avión de su presidente, hutu como ellos. ¡Así es la política! Sí, mueren el presidente Habyarimana y el presidente de Burundi y… estalla la locura, se sueltan los demonios, porque eso fue lo que literalmente ocurrió en la Suiza de África: se soltaron los demonios tras la muerte de Juvénal Habyarimana.

COMIENZA LA LOCURA

En las últimas horas de la madrugada del jueves 7 de abril mucha gente despertó sobresaltada por los sonidos de disparos de ametralladoras y explosiones de granadas que llegaban hasta sus oídos. Seguidamente se supo que el ministro de Defensa había dado la advertencia de que la gente se mantuviera en sus casas. Pocos momentos después, medio mundo se enteró de que las explosiones y disparos que se escuchaban por todas partes no solamente provenían de los reanudados enfrentamientos entre las fuerzas del gobierno y el Frente Patriótico Ruandés, sino que también venían de las casas que habían invadido para saquearlas y matar a sus ocupantes, militares oficialistas hutus y el Interahamwe, como se denominaba a las diabólicas milicias juveniles entrenadas y controladas por radicales hutus. Emisiones radiofónicas de varias emisoras comunitarias, especialmente de la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas, fundada en 1993, y que había empezado a funcionar colocando música rock y pop, exhortaban, como dice el artículo de la Selecciones titulado Pesadilla en Ruanda que mencioné ya por allí, “a los leales hijos de Ruanda a ‘desterrar’ a los tutsis, y a tomar represalias contra los hutus moderados y los belgas, a quienes se acusaba de favorecer a los tutsis”. En otras palabras, se dedicaron estas emisoras radiales a, como dijo el Buenos Aires Herald, ‘aguijonear a civiles con propaganda que incitaba al odio’. Una de las primeras hutus moderadas caídas a manos de sus hermanos de etnia justamente aquel jueves 7 de abril fue la Primera Ministra de Ruanda, la señora Agathe Uwilingiyimana, que estaba, como el señor presidente Habyarimana, a favor de la reconciliación con la minoría tutsi. Se cuenta en Pesadilla en Ruanda que cerca de las 8 y 15 de la mañana llamó por teléfono a la residencia de al lado de donde ella vivía, ocupada por personal consular estadounidense, para pedir que la escondieran. La funcionaria que la atendió por supuesto que accedió a su petición, pero cuando un soldado desarmado de la ONU trató de ayudarla para que saltara al jardín de la casa de los diplomáticos, unos milicianos armados los vieron y les dispararon. No hirieron a ninguno de los dos pero sí hicieron que renunciaran a su intento de saltar la valla. La diplomática ocupante de la residencia consular cuenta que media hora después, el grupo de más o menos 10 milicianos fuertemente armados, y que minutos antes habían entrado a dicha residencia a revisarla para ver si ella había logrado esconder allí a la señora Uwilingiyimana, consiguieron entrar a la casa de la Primera Ministra y la mataron a tiros. Dice la funcionaria estadounidense que desde la residencia en la que estaba ella escuchó su último grito. Algunos cuentan que fue violada antes de que la mataran. Su esposo también fue asesinado, mientras que sus 5 hijos salieron ilesos del ataque porque previamente habían sido escondidos en una casa cercana, desde donde fueron movidos al seguro Hotel des Mille Collines por el valiente capitán senegalés Mbaye Diagne, integrante no armado de las fuerzas de paz de la ONU en Ruanda de 35 años de edad, del cual se dice que antes de morir el 31 de mayo alcanzado por fuego de artillería que no era para él le había salvado la vida a alrededor de 1.000 personas. Desde allí se logró sacarlos secretamente hacia Suiza

La señora Agathe Uwilingiyimana, aunque hutu, estaba a favor de la reconciliación con la minoría tutsi. Lamentablemente, lo pagó con su vida. El sitio electrónico de donde fue tomada esta fotografía también dice que su asesinato fue una reacción estratégica para crear un vacío de poder y evitar así que dicho poder cayera en manos de gente afín al Frente Patriótico Ruandés. Foto: mividaenmarcha.blogspot.com

Más o menos a las 10 y 30 minutos de la mañana de ese jueves se supo que un comando de 10 guardias de paz belgas de la ONU que tenía la misión de rescatar a la señora Uwilingiyimana había caído en una emboscada de tropas rebeldes ruandesas. Así se informó en Pesadilla en Ruanda. Después, en el sitio Wikipedia se reportaría que los que emboscaron a los llamados cascos azules belgas fueron hutus. Era lógico. Bien; en el tiroteo inicial entre unos y otros, 3 de los belgas fueron muertos o heridos. Los sobrevivientes piden por radio instrucciones, y sus superiores cometen el trágico error de ordenarles que entreguen sus armas “‘para evitar mayor derramamiento de sangre’”. Mala decisión –con fanáticos pasados de droga y de alcohol no se puede negociar–, pues en cuanto los guardias de paz se rindieron, sus atacantes se lanzaron sobre ellos, les cercenaron el tendón de Aquiles con machetes para que no pudieran correr y después los descuartizaron vivos uno por uno. Mientras, lo que hicieron las bandas de asesinos hutus con los belgas comenzó a hacerse común en las calles de Kigali y en toda Ruanda. Se informa que aquel mismo jueves, en su persecución de tutsis y de familias hutus adineradas, los milicianos hutus estaban acabando con la vida de grandes cantidades de personas, matanzas que se intensificarían todavía más en todo el país cuando, al paso de las semanas, el Interahamwe cayó en la desesperación al ver que el Frente Patriótico Ruandés ganaba terreno en la capital. Selecciones dice que les hacía gracia hacer caer a los niños tutsi que se habían encaramado en las vigas de los techos para esconderse de ellos. También comenta que entraron a la fuerza en un convento jesuita del norte de Kigali, mataron a unos sacerdotes tutsi y les cayeron a tiros a unas monjas “que les pedían clemencia de rodillas”.

Conforme fueron transcurriendo las horas, en todo el país empezaron a establecerse controles en las carreteras manejados por hutus extremistas armados sumamente violentos y bajo los efectos del alcohol y de sustancias psicotrópicas, controles en los que, tutsi que llegaba tratando de seguir su camino, tutsi que era asesinado. En un solo lugar a las afueras de un pueblo, el Interahamwe, después de haberlos dirigido hasta allí, ejecutó a más de dos mil tutsis. Casas de familias tutsis fueron totalmente incendiadas, seguro que con muchos de sus ocupantes adentro. La señora Joyce Leader, subjefa de la representación diplomática estadounidense en suelo ruandés, contó para Pesadilla en Ruanda que, cuando las potenciales víctimas trataban de huir por la parte de atrás de las casas invadidas por asesinos hutus sedientos de sangre, estos se lanzaban sobre ellas en los jardines “y las mataban de un tiro en la cabeza”. Testigos presenciales de esta horrenda carnicería que fue esa guerra civil dicen que vieron a madres con niños a la espalda –como se acostumbra en aquella tierra– asesinando personas a machetazos o a palazos; de hecho, la revista ¡Despertad! diría después, en abril de 1996, que la organización Derechos de África, con sede en Londres, exigía que ‘las mujeres asumieran el mismo grado de responsabilidad que los hombres por el genocidio en Ruanda durante 1994’. Según ¡Despertad!, la organización dijo: “Millares de mujeres fueron asesinadas por otras mujeres. Participaron a un grado sin precedentes en la masacre; no fue una situación imprevista. Los artífices del holocausto procuraron involucrar a la mayoría de la población: hombres, mujeres y hasta niños de ocho años. Se propusieron crear una nación de extremistas unidos por la sangre del genocidio”. ¡Despertad! remató diciendo que “muchas de las participantes ocupaban puestos de confianza: ministras del gabinete, administradoras regionales, monjas, maestras y enfermeras. Algunas se lanzaron directamente al degüello con machetes y pistolas, mientras que otras lo apoyaron incitando a los asesinos varones, permitiéndoles entrar en las casas y hospitales, y saqueando los hogares y los cadáveres”.

Mujeres cargando a sus hijos a la espalda, como la pobre madre a la cual se ve en la foto llorando de impotencia ante la tragedia que la rodea, fueron asesinadas a machetazos y a garrotazos por mujeres que también cargaban a sus hijos de similar forma. Foto: El Tiempo de Colombia.

Sí, hasta se vio a niños pequeños, niños de unos 8 años de edad, como ya se dijo, matando a otros niños. Vecinos mataron a sus vecinos de toda la vida, así como amigos mataron a amigos de toda la vida. En las calles y caminos empezaron a hacerse visibles montones de cadáveres humanos que comenzaban a descomponerse. Se cuenta de casos de personas que pagaron mucho dinero para que las mataran a tiros y no por tortura, para no sufrir tanto, porque matar a una persona a hachazos, a palazos o a machetazos es matarla por tortura, sin lugar a dudas. En algunas casas invadidas hubo tiroteos entre los mismos hutus mientras reñían por las cosas que encontraban. Hubo noches en las que, desde mi puesto de trabajo en el Aurora, vi en los noticieros escenas de cuerpos de gente asesinada arrastrados por las corrientes de los ríos, así como también vi escenas de pescadores tratando de sacar del lago Kivu en sus embarcaciones cadáveres humanos que habían llegado hasta dicho lago para que no lo contaminaran y, entonces, evitar que saliera perjudicado su medio de subsistencia.

Hasta cosas parecidas a cámaras de exterminio se instituyeron para acabar con la mayor cantidad posible de tutsis, pues veamos lo que al respecto se dijo en una publicación titulada en español Genocidio y cristianismo en Ruanda: “Aprovechándose del concepto histórico de que las iglesias son refugios santos, los autores del genocidio lograron que miles de tutsis acudieran a ellas con la falsa esperanza de que serían protegidos. A todos los que se refugiaban tanto en las iglesias como en las escuelas, la milicia hutu y los soldados los exterminaban sistemáticamente: les disparaban y les arrojaban granadas, y luego remataban a los sobrevivientes con machetes, hoces y cuchillos”. De 250.000 a 500.000 mujeres fueron violadas. Después de que terminó la guerra, cuando a mediados de julio el Frente Patriótico Ruandés terminó de tomar Kigali, la tragedia para Ruanda continuó, pues 5.000 bebés producto de aquellas violaciones fueron asesinados poco después de su nacimiento. El movimiento de desplazados huyéndole a aquella pesadilla también fue una cosa de locos. Sin contar al millón de personas que entraron en la clasificación de desplazados internos, se dice que para el fin del genocidio a Tanzania habían ido a dar 480.000 personas, a Burundi poco más de 200.000 y a Uganda unos 10.000, mientras que la increíble cantidad de 2 millones de personas habían ido a parar a la República Democrática del Congo –la anterior Zaire–, donde, tristemente para muchos de ellos, dice Wikipedia que el corrupto presidente Mobuto Sese Seko permitió a los extremistas hutus que llegaron a su territorio huyéndole al Frente, ocasionar algunos daños entre dichos refugiados.

Cerca de un millón de muertos en 100 días dejó el conflicto en suelo ruandés; es decir que tengo razón cuando digo que este genocidio superó a la porquería que hicieron en la Segunda Guerra Mundial los nazis contra los judíos y otras minorías, pues aunque esos otros locos mataron cerca de 11 millones de judíos durante el tiempo que duró ese conflicto, no llegaron a terminar con la vida de un millón de ellos en 100 días, como sí lo hicieron los radicales hutus con los tutsis y con muchos hutus moderados. Una enciclopedia sobre el tema de los genocidios dice: “La terrible matanza de Ruanda, que tuvo lugar en 1994, es uno de los casos más claros de genocidio de la historia moderna. Desde principios de abril hasta mediados de julio de aquel año, una enorme cantidad de tutsis, grupo étnico minoritario de esta pequeña nación de África central, fueron asesinados sistemáticamente por miembros del grupo étnico mayoritario: los hutus. Por temor a perder el poder debido a un movimiento democrático y una guerra civil, el gobierno extremista hutu organizó el exterminio de todo aquel que representara una amenaza, fuera tutsi o hutu moderado. El genocidio vio su fin cuando las fuerzas rebeldes, compuestas en su mayoría de tutsis, ocuparon el país y desterraron a los líderes del régimen. En tan solo cien días, el genocidio y la guerra cegaron la vida de un millón de personas, haciendo de aquella matanza una de las más sangrientas de toda la historia”.

LA RELIGIÓN EN RUANDA Y EL GENOCIDIO

Es moralmente necesario decir que muchísimos religiosos ruandeses tuvieron participación activa en aquel desastre. El sitio Wikipedia contiene una abrumadora lista de las “joyitas” esas que, o participaron activamente en el genocidio, o mostraron de una u otra manera que lo consentían. Uno de ellos fue el obispo católico de Gikongoro, monseñor Augustin Misago. Después del fin de la guerra fue acusado de participar en esta. Fue absuelto de los cargos en el año 2000, aunque, entre otras cosas, el 4 de mayo de 1994 se presentó junto con la policía extremista hutu ante un grupo de 90 niños tutsi que se encontraban retenidos. El tipo les dijo a los niños que no tenían nada de qué preocuparse, pues la policía cuidaría de ellos. Wikipedia dice que 3 días después esos policías colaboraron en la masacre de 82 de aquellos indefensos niños. Otro fue el sacerdote Wenceslas Munyeshyaka, líder de la parroquia Sainte-Famille de la ciudad de Kigali. De él se dice que participó activamente en la masacre, pero sacerdotes franceses lo ayudaron a escapar del país con rumbo a Francia. Allí fue arrestado y enjuiciado, pero lo declararon inocente. En 2006, el exsacerdote Athanase Seromba fue condenado a 15 años de prisión por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda –le dieron muy poco más bien, porque mínimo se merecía cadena perpetua sin derecho a libertad condicional– por invitar a muchos tutsis a que entraran a una iglesia para que no les pasara nada, y después de que estos habían entrado allí confiando en él, dio la señal para que extremistas hutus echaran abajo la iglesia con excavadoras, aplastando a los que se encontraban dentro. Si quedaron sobrevivientes, seguro que los remataron a tiros o a machetazos. Murieron 2.000 personas.

Otro de la lista de Wikipedia es el médico y pastor adventista Elizaphan Ntakirutimana, de 78 años. Él y un hijo suyo recibieron penas de cárcel por su participación activa en el genocidio. Otro es Francis Bazaramba, de 59 años, pastor de la Iglesia Bautista de Ruanda, quien fue condenado a cadena perpetua por un tribunal de Finlandia por ordenar el crimen de 5 tutsis. Esa condena fue resultado de una investigación policial de 2 años de duración por parte de agentes finlandeses, quienes visitaron Ruanda varias veces e interrogaron a más de 100 personas, según Wikipedia. Otro es Jean Bosco Uwinkindi, pastor de la Iglesia Pentecostal en la iglesia evangélica de Kanzenze, en la prefectura de Kigali Rural, quien cooperó para que una milicia antitutsi matara más de dos mil tutsis y hutus moderados. En Bélgica, 2 monjas fueron condenadas como cómplices de asesinato. Una de ellas es la monja Gertrude Mukangango, quien se metió en problemas con la justicia por su participación en la matanza de 7.000 personas que buscaban refugio en su convento. La otra es la monja María Kisito Mukabutera. Esta, junto con la monja Mukangango, suministró latas de combustible a las milicias hutus para que incendiaran un garaje dentro del cual se encontraban unas 500 personas. Obispos anglicanos también participaron en el genocidio, como Samuel Musabyimana. El obispo Aaron Ruhumuliza, jefe de la Iglesia Metodista Libre en Gikondo, Kigali, ayudó a que hubiera una matanza dentro de su propia iglesia. De otro, un tal Michel Twagirayesu, presidente de la Iglesia Presbiteriana de Ruanda y exvicepresidente del Consejo Mundial de Iglesias, dice Wikipedia que participó activamente en la matanza de feligreses y colegas suyos.

Tan abrumadora fue la participación de líderes religiosos católicos en las matanzas en Ruanda que el 20 de marzo de 1996 el papa Juan Pablo II admitió oficial y formalmente que decenas de sacerdotes, religiosos y monjas de las dos etnias habían tomado parte activa en la guerra. Admitió lo siguiente el Papa en la edición en español del periódico L’Osservatore Romano: “Se trata de un verdadero genocidio, en el que, por desgracia, también están implicados algunos católicos”.En esos días, el National Catholic Reporter dijo que al Papa “le causaban ‘inmenso dolor’ las recientes noticias sobre el conflicto existente en la pequeña nación africana de Burundi, de población predominantemente católica”. Esas declaraciones que el Papa hizo fueron muy interesantes, aunque, lamentablemente, después intentó absolver de la culpa a la Iglesia católica cuando afirmó que ‘a la Iglesia como tal no podía considerársele responsable de los hechos de sus miembros, que se comportaron contra la ley evangélica’. Aunque añadió: “Todos los miembros de la Iglesia que pecaron durante el genocidio han de tener la valentía de aceptar las consecuencias de los hechos que cometieron”. Luigi Accattoli, comentarista sobre asuntos vaticanos, le dijo al diario italiano Corriere della Sera, que la declaración del máximo líder católico en la que instaba a sus correligionarios a no eludir la acción de la justicia, ‘ponía el dedo en la llaga, pues entre los acusados de genocidio figuraban sacerdotes que se habían refugiado en el extranjero’.

Perdió mucha credibilidad la Iglesia católica por la participación de sus líderes ruandeses en el genocidio de 1994 en el país africano. The New York Times informó poco después de esa guerra que ‘las masacres de Ruanda habían hecho que muchos católicos de ese país se sintieran traicionados por la jerarquía eclesiástica’, y que la “Iglesia frecuentemente estaba dividida en bandos étnicos, entre hutus y tutsis”. Además publicó las palabras de un sacerdote de la Sociedad Misionera de Maryknoll, quien dijo: “La Iglesia fracasó de manera lamentable en Ruanda en 1994. En cierto sentido, muchos ruandeses dan a la Iglesia por perdida. Ya no tiene ninguna credibilidad”. También publicó The New York Times en su edición del 7 de julio de 1995 que la revista Golias, una publicación periódica de orientación católica laica y liberal con sede en Lyón, Francia, se había propuesto identificar a unos 26 sacerdotes y a 4 monjas ruandeses que, según Golias, o bien habían participado en las matanzas de Ruanda, o bien las habían incitado. Andaba Golias en la misma dirección que African Rights, organización con sede en Londres de donde salió la declaración con respecto al caso Ruanda de que ‘las iglesias debían responder, aún más que por su silencio, por la complicidad activa en el genocidio de algunos de sus sacerdotes, monjas y pastores’. Y el famoso exarzobispo anglicano Desmond Tutu dijo refiriéndose al tema que estamos tratando que “quienes lucharon unos contra otros en esta sangrienta locura pertenecían a la misma fe. La mayoría eran cristianos”.

Claro, a mucha gente informada no nos extrañó gran cosa que tantos líderes católicos ruandeses participaran en el genocidio. ¿Por qué lo digo? Por lo que viene a continuación. En el libro La naturaleza del prejuicio, Gordon W. Allport señala que, como promedio, los miembros de la Iglesia parecen ser más prejuiciosos que quienes no pertenecen a ella. Y justamente en parte por eso, por ser prejuiciosos en extremo, es que tantos católicos se dieron a la tarea de matar gente en Ruanda como lo hicieron. Cierta respetada revista de circulación mundial dice, además, que “el clero, por ejemplo, fomentó el antisemitismo durante siglos”, y cita de un libro titulado La historia del cristianismo en el que aparece la siguiente declaración que hizo en cierta ocasión Adolf Hitler: “Con respecto a los judíos, me limito a ejecutar la misma política que la Iglesia Católica ha adoptado durante 1.500 años”.Y la revista agrega que “la propia Iglesia católica ha reconocido su historial de intolerancia”, diciendo, además, que en una misa pública celebrada en Roma en el año 2000, el papa Juan Pablo II había pedido perdón por “las desviaciones del pasado”, por “la intolerancia religiosa y las injusticias de que fueron objeto judíos, mujeres, indígenas, inmigrantes, pobres y los no nacidos” por parte de la Iglesia.

La publicación Genocidio y cristianismo en Ruanda, de la cual cité unos párrafos atrás dice que “la participación de las iglesias no se limitó a permitir que sus edificios se convirtieran en cámaras de exterminio. Hubo miembros del clero, catequistas y otros empleados de las iglesias que delataron a los tutsis que había en su comunidad. En ocasiones, ellos mismos fueron los verdugos”. Y a esto, una enciclopedia sobre genocidios y otros crímenes contra la humanidad –ahora recuerdo que también cité de esta ya por allí– agrega: “A la Iglesia Católica se le acusa principalmente de haberse desvinculado de la élite tutsi para promover una revolución hutu y de propiciar la ascensión al poder de Habyarimana en un gobierno de mayoría hutu”. Eso hace que me acuerde ahorita de que Wikipedia dice que el obispo de Kigali, el sacerdote Vincent Nsengiyumba, era miembro del comité central del partido único de Habyarimana. La citada enciclopedia finaliza su comentario así: “Con respecto al genocidio, los críticos responsabilizan una vez más a la Iglesia por incitar al odio, proteger a los culpables y traicionar a los que se refugiaron en sus recintos. Y hay quienes piensan que la Iglesia, guía espiritual de la mayoría de los ruandeses, no cumplió con su deber moral de hacer todo lo posible por detener la matanza”.

También con respecto a la participación de la religión católica en el genocidio ruandés en el que, un tercio de los masacrados fueron indefensos niños, el escritor canadiense Hugh McCullum dijo desde Ruanda poco después del fin del conflicto esto: “En Kigali, un sacerdote hutu señala que es inexplicable el fracaso de la Iglesia a la hora de brindar orientación moral. El lugar que ocupan los obispos en la sociedad ruandesa tendría que haber representado un papel de gran trascendencia. Sabían que se avecinaba la catástrofe mucho antes de desencadenarse las matanzas. Si los púlpitos hubieran difundido a casi toda la población un mensaje firme, tal vez se hubiera evitado el genocidio. Pero la jerarquía se quedó muda”. Y con referencia a la participación en el conflicto de la mayoría de los grupos religiosos ruandeses llamados cristianos, también después de terminar la matanza de 1994, Justin Hakizimana, anciano de una Iglesia, comentó en una pequeña reunión celebrada en una iglesia presbiteriana de Kigali que ‘la Iglesia había secundado la política de Habyarimana’, y agregó: “No condenamos lo que ocurría porque estábamos corrompidos. Ninguna de nuestras iglesias –y la católica menos que ninguna– condenó las matanzas”. Otro que al respecto se pronunció en Ruanda después del fin de la guerra fue Aaron Mugemera, pastor eclesiástico, quien, entre otras cosas, dijo: “La Iglesia ha caído en vergüenza. Hemos padecido masacres desde 1959. Nadie las condenó. No hablamos porque teníamos miedo y porque estábamos a gusto”.

Gente que decía ser cristiana mató salvajemente a gente que decía profesar la misma fe. El genocidio en Ruanda dejó en evidencia a las religiones mal llamadas cristianas. Foto: Internet.

Claro, hubo excepciones en la participación de los grupos religiosos ruandeses en la catástrofe de 1994, muy contadas, por supuesto, pero las hubo, porque el sitio Wikipedia dice textualmente esto: “Sin embargo, Human Rights Watch también informa de otros que fueron mártires por defender a las víctimas del genocidio. Hubo mártires católicos como Fr. Georges Gashugi, Fr. Vjeko Curic y Sor Felicitas Niyitegeka, más muchos miembros del Camino Neocatecumenal, que se negaron a participar en los asesinatos o a entregar a sus hermanos, resultando varios de ellos mártires. Los musulmanes defendieron con éxito los barrios musulmanes negándose a entregar a sus hermanos tutsi; en ninguna mezquita hubo masacres como en los templos cristianos. Ningún musulmán fue condenado por complicidad en el genocidio. También entre los testigos de Jehová hubo víctimas, alrededor de 400, que fallecieron al negarse a matar o al descubrirse que ocultaban a sus hermanos y vecinos tutsi, y fueron especialmente perseguidos por el régimen al negarse a portar armas y participar en las ceremonias de adoctrinamiento colectivo. Lamentablemente todos estos casos resultaron una excepción respecto al total de la población”.

El periódico Intaremara felicitó luego de la guerra a un testigo de Jehová hutu llamado Gaspard Rwakabubu, quien después de trabajar varios años como mecánico para una compañía minera que explotaba cobre en el Congo, había regresado con su familia a su natal Ruanda para ayudar en la obra educativa que su religión efectuaba casa por casa en ese país. Lo felicitó Intaremara porque, a pesar de ser hutu, protegió a todos los compañeros de creencia tutsis suyos que pudo. Textualmente, ese periódico dijo esto de él: “Escondió aquí y allá a sus hermanos (así es como ellos se llaman unos a otros). Solía pasar todo el día llevándoles alimento y agua potable, aunque padece de asma. Pero Dios lo hizo extraordinariamente fuerte”. El 7 de abril de 1994 el señor Rwakabubu y su familia se salvaron de milagro de que 6 soldados oficialistas, hutus como ellos, bajo los efectos de droga y alcohol, los mataran dentro de su casa, pues sabedores de su neutralidad, entraron a la vivienda, golpearon con palos al matrimonio, llevaron a toda la familia a una habitación, los envolvieron con las sábanas que le habían quitado a una cama y cuando estaban a punto de hacer estallar unas granadas en esa habitación, una oración en voz alta que hizo la inocente hija menor del matrimonio –quien para ese tiempo tenía solo 6 años–, pidiéndole ayuda a Dios, hizo que los soldados desistieran de su cometido y se retiraran de la casa, no sin antes decirle a la atribulada familia Rwakabubu que si otros hutus pasaban por allá, les dijeran que ellos ya habían estado allí.

Una pareja hutu –Nicodeme y Athanasie– que había empezado un curso de la Biblia con un testigo de Jehová tutsi de nombre Alphonse poco antes de que empezara la guerra, ocultó a su maestro en la casa de ellos a pesar de que sabían que estaban poniendo su vida en peligro por eso. En vista de que los vecinos hutus de ellos sospechaban que Alphonse estaba escondido allí, Nicodeme y Athanasie movieron al tutsi a un foso que estaba en el patio de su casa. Oportuna medida, porque durante los 28 días que el Testigo Alphonse pasó en dicho foso, los vecinos hutus de la pareja no dejaron de llegarse hasta allá interesados en ponerle las manos encima al tutsi si lo encontraban. ¡Se salvó Alphonse! A dos testigos de Jehová hutus llamados Leonard y Charles los mataron los milicianos hutus cuando descubrieron que estaban ayudando a tutsis. Un matrimonio de testigos de Jehová tutsis de apellido Mutezintare, que habían estado a punto de ser asesinados a golpes, tuvieron que encargarse después de la guerra, aunque ya tenían 2 niñas, de 6 huérfanos, pues muchos de sus familiares sí murieron en la masacre. Dos Testigos hutus más, hermanas de sangre entre ellas, y de apellidos Musabyimana y Musabwe, respectivamente, pudieron esconder y proteger a 9 tutsis en su casa, entre ellas, 2 mujeres embarazadas, a una de las cuales le habían asesinado los extremistas el esposo, porque los milicianos que querían que les entregaran a sus protegidos se enteraron de que la casa que ellas ocupaban era de un oficial del ejército. Otro testigo de Jehová tutsi llamado Alfred Semali cuenta que un compañero Testigo suyo de la etnia hutu de nombre Athanase los escondió a él, a otros tutsis y –cuando los combates arreciaron en la zona donde vivían– a su propia familia hutu, en una especie de sótano construido por él antes de que empezara la guerra a 3 metros de profundidad bajo tierra, dentro de su casa. Allí estuvieron esos 16 seres casi 2 semanas comiendo por persona una cucharada diaria de arroz crudo remojado en agua con azúcar. Los soldados del Frente Patriótico Ruandés no lo podían creer cuando, después de ellos haber tomado la zona, vieron salir de ese escondite tan minúsculo a todas esas personas, aunque más asombrados quedaron todavía cuando se dieron cuenta de que en el grupo había hutus y tutsis. Por supuesto que Alfred Semali intercedió exitosamente ante los soldados tutsis del Frente por Athanase y su familia. Semali cuenta que él sobrevivió también de milagro, pero que perdió a su hermano, su hermana, sus cuñados y todos sus sobrinos en la guerra –¡una locura!–, todos ellos testigos de Jehová.

Albert Bahati es el nombre de otro testigo de Jehová hutu que, a pesar de que sabía que estaba poniendo su propia vida en peligro, pues los milicianos del Interahamwe no le quitaban los ojos de encima, escondió y protegió en su casa a 20 personas, entre estas, a familiares suyos, vecinos y hermanos de religión: hombres, mujeres y niños. En un día que salió de su casa para acompañar hasta un camino seguro a unos Testigos tutsis que habían ido hasta allá a buscar algo de comer, recibió un impacto de metralla en un ojo. Aunque no perdió la vida, pues se le atendió en un hospital, nunca recuperó la visión de ese ojo. Apenas en octubre de ese año 94 fue que pudo reunirse con su familia. Por cierto, a este señor, el gobierno, hutu como él, lo había llevado a prisión en 1988, donde se le maltrató severamente, por rehusarse a portar en su ropa la insignia de metal del partido oficialista. A otro testigo de Jehová hutu llamado Gaspard Niyongira, un soldado, hutu también, le abrió la cara golpeándosela con la culata de su rifle cuando lo descubrieron buscando leche para un bebé tutsi. Después, varios de los tutsis que él salvó lo defendieron cuando efectivos del Frente estuvieron a punto de ejecutarlo por confundirlo con un miliciano del Interahamwe. Cuando la guerra comenzó ya tenía años de casado con una tutsi, con la cual había procreado dos niñas. Ellas tres también se salvaron.

Otro matrimonio de testigos de Jehová –tutsis los dos– que se salvó de broma –como decimos aquí en Venezuela– fueron Jean y Chantal Mugabo. El 7 de abril, los soldados y milicianos hutus que estaban asaltando los hogares tutsis encontraron a Jean, lo arrestaron y apalearon. Él logró escapárseles y se refugió con otro Testigo en un Salón del Reino, como se le conoce a los lugares de reunión de los testigos de Jehová, que antes había sido una panadería. Allí pasaron varias semanas escondidos mayormente entre las láminas metálicas del tejado y el falso techo, literalmente asándose por el calor en el día, y agachados en un agujero que le hicieron a la chimenea que había quedado de la panadería, hasta que el 16 de mayo, la Testigo hutu –su nombre es Charlotte– que a escondidas les llevó comida todo ese tiempo, aunque muy cerca había estado un control de carretera del Interahamwe, les dijo que ya podían salir porque el Frente Patriótico había tomado la zona. Mientras, Chantal, la esposa de Jean, que pudo escapar de su casa con su bebé sin ser vista el viernes 8 de abril, logró llegar con dos compañeras testigos de Jehová, una tutsi y la otra hutu –Suzanne e Immaculée–, a la casa de un familiar hutu de Immaculée, Testigo también, llamado Gahizi, quien vivía en una aldea a las afueras de Kigali. Chantal estaba tratando de llegar a Bugesera, un pueblo ubicado a cerca de 50 kilómetros de Kigali, donde vivían sus padres, con quienes estaban las otras 2 hijas del matrimonio. Cuando los soldados y el Interahamwe se enteraron de que Gahizi, aunque hutu, estaba protegiendo a tutsis, lo ejecutaron y se llevaron a Chantal y a las demás a un río para matarlas. De repente los soldados empezaron a discutir entre ellos, y se cuenta que uno le dijo a otro: “No mates mujeres, nos traerá mala suerte. Ahora solo hay que matar hombres”. Entonces, un Testigo hutu que los había seguido llamado André Twahirwa las rescató, las trasladó hasta su casa, las alojó, a pesar de las protestas de sus vecinos hutus, y al otro día, valiéndose de la ayuda que le proporcionaron otros 2 Testigos hutus –Simon y Mathias– las hizo pasar a través de varios controles carreteros hasta llevarlas a un lugar seguro de vuelta en Kigali. De allí fueron cambiadas a otro sitio más adecuado por un Testigo hutu llamado Védaste Bimenyimana, quien también había tenido que esconder a su familia, pues esta corría peligro por ser la esposa de él tutsi. Todo este grupo sobrevivió, pero tras el fin del genocidio, el matrimonio Mugabo se enteró de que más de 100 familiares suyos, entre ellos, los padres de los dos y sus dos hijitas, de solo 2 y 5 años de edad, habían sido asesinados. Hace unos años contaron que por Dios y por su esperanza para el futuro era que no habían perdido el juicio por la desgracia que les había tocado vivir.

Otro testigo de Jehová tutsi que vivió para contarlo fue Tharcisse Seminega, de Butare, a 120 kilómetros de Kigali, en el sur ruandés. Él cuenta que a poco de haber sido tumbado el avión del presidente Habyarimana y de haber comenzado el genocidio, unos Testigos hutus trataron de ayudarlos a huir por la frontera con Burundi, pero no se pudo porque el Interahamwe ya controlaba carreteras y caminos rurales, y porque 4 soldados fuertemente armados vigilaban su casa, aunque no se sabe por qué no habían atentado aún contra ellos. Temprano, en una de las primeras noches del conflicto, un Testigo hutu logró entrar a la casa del señor Seminega con un breve permiso de los militares, y logró llevarse a su casa a dos de los hijos de él. Más tarde, 2 Testigos hutus más, llamados Justin Rwagatore y Joseph Nduwayesu, lograron llevarse al resto de la familia a la vivienda de Justin. Pero como al otro día los vecinos hutus de Justin se enteraron de que el joven tenía tutsis dentro de su casa, hubo que sacarlos de allí, más cuando un amigo hutu de Justin llamado Vincent llegó a avisarles de que la milicia Interahamwe iba a asaltar la casa para matar a todos sus ocupantes. El hutu Vincent ayudó a ocultar a todos en la maleza de las cercanías y por la noche los llevó hasta su casa. Luego los ocultó durante un mes en una choza circular de barro y techo de paja y sin ventanas que tenía en su propiedad. Allí estuvieron todo ese tiempo, con Vincent llevándoles comida, callados, escuchando los comentarios de satisfacción que hacían los hutus que pasaban por un camino cercano acerca de las horrendas matanzas en las que estos estaban participando. Llegó un momento en que, debido a que a la zona llegaban cada vez más milicianos hutus que venían de Kigali huyéndole al Frente Patriótico Ruandés, se hizo necesario, cierta noche lluviosa, sacar a los Testigos tutsis de la choza y trasladarlos hasta la casa de otro Testigo hutu en la que había sido construida bajo el suelo una especie de bodega. A esa casa, en la que en la “bodega” ya había 3 refugiados tutsis, llegó el grupo después de una peligrosa caminata que duró 4 horas y media. En ese improvisado escondite, que medía solo 2 metros cuadrados, sin contar el estrecho túnel por el que se accedía gateando a este, estuvieron refugiados Seminega, su esposa, sus 5 hijos y 3 tutsis más –un total de 10 personas–, seis semanas, atendidos por los hutus, que les llevaban comida y medicinas. Salieron de allí el 5 de julio de 1994, cuando Vincent les avisó que el Frente había tomado control de Butare. El Testigo Seminega cuenta que salieron tan pálidos del escondite que algunos pensaron que eran extranjeros. Les tomó tiempo recuperarse emocionalmente.

Tres testigos de Jehová más, en este caso extranjeros, que se salvaron por muy poco de ser masacrados, fueron el holandés Henk van Bussel y el matrimonio compuesto por Godfrey y Jennie Bint. El también tristemente famoso jueves 7 de abril de 1994, por la mañana, después de entrar a la casa de un vecino, robar su auto y matar a su esposa, un grupo de soldados y civiles trató de entrar a la casa de los 3 Testigos extranjeros, pero al rato se retiraron sin forzar la puerta. Al otro día, viernes 8, regresaron –al grupo de saqueadores lo componían más de 40 personas, entre hombres, mujeres y niños–, y esta vez saltaron la cerca de la casa que daba hacia la calle, entraron a la vivienda haciendo pedazos puertas y ventanas, y mientras volcaban todo, empezaron a tratar de echar abajo la puerta del baño donde se habían escondido van Bussel y los Bint. Al ver que no tenían escapatoria ellos decidieron abrir la puerta y salir. Godfrey Bint relata en el Anuario para el año 2012 de los testigos de Jehová, que los hombres del grupo de saqueadores “actuaban como locos y estaban drogados”, y que los amenazaron con machetes y cuchillos. Uno de los hutus golpeó con el lado liso de su machete al holandés van Bussel en la nuca, haciéndolo caer dentro de la bañera. Otros le pidieron dinero al señor Bint, quien, después de dárselos, vio cómo se peleaban como lobos por este. Nos les hicieron más daño porque un joven que integraba el grupo parece que los reconoció –Bint cuenta que quizás ellos le habían predicado en el pasado–, los agarró, los llevó de regreso al baño y les pidió que cerraran la puerta, que él se encargaría de salvarlos. Cuando el saqueo de la vivienda terminó –luego como de media hora–, el muchacho volvió y los sacó de la casa. Después, unos soldados de la Guardia Presidencial los llevaron hasta la residencia de un oficial que vivía cerca. De allí el mismo militar los trasladó hasta un conocido hotel en el que ya estaban muchos otros refugiados, y el 11 de abril fueron movidos por una ruta alterna al aeropuerto de Kigali, desde donde volaron a Nairobi, Kenia. Por muy poco se salvó esta gente.

Pero los problemas para el grupo religioso de los testigos de Jehová no terminaron con el fin de la guerra en Ruanda. El Testigo Justin Rwagatore, uno de los hutus que ayudó a salvar a la familia tutsi Seminega, y quien había sido encarcelado en 1986 por el gobierno nacional hutu por negarse a participar en actividades políticas, fue arrestado por la misma razón, junto con dos Testigos más, por el gobierno nacional del tutsi Frente Patriótico Ruandés. ¡Qué locura! Una delegación de testigos de Jehová tutsis lo defendió y le hizo ver al nuevo gobierno el aporte del señor Justin para la salvación de varios tutsis durante el genocidio, consiguiendo así la liberación de él y de los demás presos. Otro par de testigos de Jehová más que se enfrentaron a situaciones peligrosas en el noroeste ruandés incluso después del fin del genocidio, fueron el hutu Theóbald Munyampundu y su esposa, hutu también, Berancille, y eso que en plena guerra le salvaron la vida a varios tutsis y que, antes de eso, por allá por 1986, funcionarios gubernamentales, hutus como él, habían encarcelado a Theóbald, junto a otros Testigos, por negarse a apoyarlos políticamente. Antes de liberarlo lo sometieron a fuertes golpizas. Otra cosa lamentable a este respecto que no puede dejar de publicarse es el hecho de que más o menos entre 1996 y 2011, cientos de testigos de Jehová fueron arrestados por las nuevas autoridades ruandesas por negarse a ser parte de patrullajes nocturnos dirigidos por el ejército, además de que poco antes del año 2011, 215 ruandeses testigos de Jehová que trabajaban como maestros fueron despedidos por no querer asistir a un seminario con tintes claramente políticos. Nos recuerda este último reporte que en 1986 el gobierno hutu destituyó al testigo de Jehová Augustin Murayi de su puesto como director general del Ministerio de Educación Primaria y Secundaria debido a su neutralidad cristiana, loable actitud de parte de él que lamentablemente fue fuertemente criticada por la prensa y la radio ruandeses. Y por allí por 2011, aunque después de muchos meses pudieron regresar a clases, 118 jóvenes estudiantes testigos de Jehová fueron expulsados de varias escuelas por rehusarse, aunque muy respetuosamente, a cantar el himno nacional ruandés.

Pero todavía hay más que decir en este sentido. El gobierno tutsi ruandés encarceló en 1997 y 1998 al testigo de Jehová Francois-Xavier Hakizimana por su neutralidad política, aunque el gobierno hutu también lo había encarcelado durante 18 meses por la misma razón en 1986. ¡Francamente! Cuando la violenta guerra civil que estalló en el Congo poco tiempo después del fin del genocidio en Ruanda obligó a cientos de miles de refugiados ruandeses a volver a su país natal, lamentablemente muchos milicianos del hutu Interahamwe aprovecharon y se colaron entre ellos. Ya de vuelta en Ruanda, tercamente hicieron nuevos intentos por desestabilizar al nuevo gobierno reagrupándose en el noroeste del país. El gobierno nacional tutsi envió tropas a combatirlos, y en dichos enfrentamientos, entre 1997 y 1998, justamente por no ponerse a favor ni de unos ni de otros, nada más y nada menos que 100 testigos de Jehová fueron ejecutados.

Pero no puedo seguir adelante en este viaje que he hecho al pasado, a la lóbrega Ruanda de 1994, sin contarle brevemente al mundo entero la historia del testigo de Jehová Eugène Ntabana y su familia, historia que, cuando supe de ella por primera vez, me conmovió profunda y perennemente. El tutsi Eugène Ntabana vivía con su familia –esposa y dos hijos– en Kigali. El número del 1 de noviembre de 1996 de la mundialmente conocida revista La Atalaya dice que cuando este Testigo explicaba el tema de la neutralidad cristiana propia de su religión a sus vecinos de siempre, les hablaba de la trepadora planta tropical conocida como bugambilla. “Aquí en Kigali –explicaba Eugène–, la bugambilla produce flores rojas, rosadas y, a veces, blancas. Sin embargo, todas pertenecen a la misma familia. Lo mismo sucede en el caso de los seres humanos. Aunque seamos diferentes en lo que respecta a raza, color de piel o antecedentes étnicos, todos pertenecemos a la misma familia, la familia humana”. La Atalaya termina diciendo que “pese a su naturaleza pacífica y postura neutral, la familia Ntabana fue asesinada trágicamente por una chusma sedienta de sangre. Pero murió fiel” a sus principios profunda y genuinamente cristianos.

Eugène Ntabana con su familia. Pese a ser personas pacíficas y políticamente neutrales, en pleno genocidio todos fueron masacrados en Kigali, la capital ruandesa. Foto: La Atalaya, 1 de noviembre de 1996.

LA RESPONSABILIDAD DE LOS POLÍTICOS EXTRANJEROS

¡Y los políticos extranjeros! ¡Cuánta responsabilidad tuvieron los políticos extranjeros en la catástrofe ruandesa! Wikipedia cita al general Roméo Dallaire, quien dio a entender muy acertadamente que ni Bélgica ni Francia ni Alemania, aunque eran países que tenían intereses en la zona, y que sabían lo que estaba pasando, hicieron algo ellos, ni dieron a la ONU la información necesaria respecto a lo que se veía venir en suelo ruandés ni respecto a lo que pasó después, aunque, en el caso de Francia, el país galo sí le había dado apoyo logístico y militar al gobierno de Habyarimana. Más bien, se informa que cuando el Frente Patriótico Ruandés comenzó a ganarle terreno a las fuerzas gubernamentales ruandesas, elementos del ejército francés acantonados en las cercanías permitieron que las milicias hutus y responsables de las primeras matanzas se refugiaran en lo que Wikipedia llama “zonas seguras” fronterizas para que no cayeran en manos del Frente, y permitiendo también –que fue lo que más me asombró y decepcionó– que dichos criminales “controlaran la gestión de la ayuda humanitaria”. ¡Tienen grado de responsabilidad! Hay más. Valiéndose de su puesto como ministro de asuntos exteriores de Egipto, antes de la masacre, un tipo proveyó de manera ilegal al gobierno ruandés de armas de manufactura egipcia que fueron utilizadas en dicha masacre. ¡Es responsable! Kofi Annan, quien después llegó a ser secretario general de esa cosa que no sirve para casi nada que es la ONU, y que para la época en la que ocurrió el genocidio ruandés era Coordinador de las Operaciones de las Fuerzas de Paz de esa organización, dice Wikipedia que le ordenó al oficial que dirigía la misión de pacificación en la zona de la ONU (la UNAMIR) y que quería hacer algo por salvar a la mayor cantidad de personas posible, que no, que se mantuviera al margen. ¡Tenía responsabilidad Kofi Annan también! El gobierno nacional chino, por, entre otras cosas, no averiguar si era verdad que los quinientos mil machetes que funcionarios del gobierno ruandés le estaban comprando a China –quizá con parte de los 134 millones de dólares que les habían dado tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional– iban a ser utilizados para arar la tierra y no para matar gente –cuándo es que se labra la tierra con machetes–, como, en efecto, para eso fueron utilizados, también tiene grado de responsabilidad.

El señor Kofi Annan, quien después llegó a ser secretario general de la ONU, le ordenó al oficial que dirigía la UNAMIR, y quien quería salvar a la mayor cantidad posible de personas, que se mantuviera al margen, que no interviniera. Foto: Internet

El expresidente estadounidense Bill Clinton también tiene responsabilidad, pues el genocidio en Ruanda ocurrió cuando él era el presidente de los Estados Unidos, y una fuente confiable comenta que este señor declaró que la nación que él gobernaba no iba a intervenir porque supuestamente ‘los intereses que estaban en juego no justificaban el empleo de la fuerza militar de su país’. ¡Es responsable! La ONU y su secretario general de aquel tiempo, el señor Boutros Boutros-Ghali, son también responsables. ¿Por qué lo digo? Porque refiriéndose a Ruanda, en cierto momento del conflicto, el señor este dijo: “No es solo un fracaso de las Naciones Unidas, sino también de la comunidad internacional, y todos compartimos la responsabilidad. Se ha cometido un genocidio. Más de doscientas mil personas han sido asesinadas y la comunidad internacional aún sigue discutiendo qué hacer”. El 26 de mayo de ese año –1994, en plena efervescencia de la guerra en Ruanda– se hizo público que, según Boutros Boutros-Ghali, se le había escrito desde el secretariado general de la ONU a más de 30 jefes de estado casi que suplicándoles que enviaran tropas, y que en persona él “había colaborado con diversas organizaciones en un esfuerzo por encontrar una solución”. Boutros-Ghali mismo comentó: “Por desgracia, he fracasado. Es una vergüenza. Soy el primero en reconocerlo”. Una revista dijo que ‘pocas naciones africanas podían costear el envío de tropas, sobre todo porque la ONU se había atrasado en el pago de los reembolsos debido a la crisis financiera por la que atravesaba’ en aquel tiempo. Y The New York Times agregó que el secretario general de la ONU le había echado la culpa a lo que se llamó “la fatiga del donante”, porque a los países que proporcionaban recursos financieros y personal ‘se les estaba pidiendo que donaran para diecisiete diferentes operaciones de dicha organización’. También tengo que decir que hasta después de que la guerra en Ruanda terminó oficialmente, a los políticos extranjeros se les siguieron viendo las costuras que dicha guerra sacó a relucir de estos, pues hace poco supe que el país al que fue a exilarse el depuesto gobierno hutu ruandés –¿sería Zaire, como anteriormente se llamaba a la República Democrática del Congo?– le permitió a ese gobierno desde su propio suelo, utilizar los campos de refugiados que se habían creado en países limítrofes para desestabilizar el nuevo gobierno del Frente Patriótico Ruandés al que, por cierto, mucha gente también le reclama por no actuar más decididamente cuando eran un cuerpo insurgente para prevenir el genocidio.

Bill Clinton. Era presidente de Estados Unidos cuando ocurrió el genocidio en Ruanda. En aquellos días dijo que Estados Unidos no iba a intervenir en el conflicto ruandés porque supuestamente ‘los intereses que estaban en juego no justificaban la intervención de fuerzas militares de su nación’. Foto: RT.
Boutros Boutros-Ghali, secretario general de la ONU en 1994. Fue este señor el que dijo, a poco de haber comenzado el genocidio ruandés, esto: “No es solo un fracaso de las Naciones Unidas, sino también de la comunidad internacional, y todos compartimos la responsabilidad. Se ha cometido un genocidio. Más de doscientas mil personas han sido asesinadas y la comunidad internacional aún sigue discutiendo qué hacer”. Foto: Internet.

CÓMO LE FUE A OTROS DE LOS CULPABLES

Una pregunta interesante que surge, entre tantas, es si, aparte de los religiosos que ya están en prisión, se juzgó a otros de los implicados en el genocidio de Ruanda en 1994.¡Sí! En noviembre de 1994, más exactamente el día 8 de ese mes, el Consejo de Seguridad de la ONU creó el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, y este tribunal, y varias cortes ruandesas, llegó un momento en que habían procesado a unos 700 responsables de la masacre. Jean Paul Akayesu, antiguo alcalde de un centro poblado llamado Taba, fue puesto bajo arresto en Zambia el 10 de octubre de 1995 por su presunta participación en la carnicería humana de su país. Se le juzgó, se le encontró culpable de genocidio y de crímenes contra la humanidad, y el 2 de octubre de 1998 fue sentenciado a cadena perpetua. Cumple su condena en el país africano de Malí. Un tal Theoneste Bagosora también fue juzgado y encontrado culpable de lo que se le acusaba. Recibió cadena perpetua. Fue esa bestia humana el responsable de la violenta muerte de opositores al gobierno hutu, del cobarde asesinato de la ministra hutu moderada Agathe Uwilingiyimana y del horrendo crimen de los 10 soldados belgas que habían sido enviados para rescatar a la señora Uwilingiyimana la mañana del jueves 7 de abril de 1994. Los militares Aloys Ntabakuze y Anatol Nsengiyumba también fueron procesados y condenados por su participación en el genocidio. Y el famoso cantante ruandés Simon Bikindi fue condenado merecidamente a 15 años de prisión por un discurso que dio en 1994 en el que instó a ruandeses hutus a matar tutsis.

Pero la noticia fresca que, al respecto, no puedo dejar de compartir con todo el que pueda –ya se lo conté a mamá y, por cierto, se alegró mucho– es que hace un par de días –hoy es 18 de mayo– @evtvmiami informó que en la madrugada de ese día sábado, cerca de París, Francia, lugar en el que residía con una identidad falsa, fue capturado el millonario ruandés Félicien Kabuga, considerado el principal financiador del genocidio de Ruanda y uno de los individuos más buscados del planeta por los organismos policiales, hoy con 84 años de edad. El Ministerio de Justicia de Francia fue quien dio el aviso de la detención. La cuenta de Instagram mencionada comenta que el fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, el señor Serge Brammertz, destacó que la detención el pasado sábado de Félicien Kabuga ‘era un recordatorio de que los responsables del genocidio debían rendir cuentas, incluso 26 años después de sus crímenes’.

Félicien Kabuga, el principal financiador del genocidio en Ruanda, capturado el pasado sábado 16 de mayo en su escondite cerca de París, Francia. Foto: Internet.

EFECTOS DE LA CATÁSTROFE SOBRE LA FAMILIA Y LA INFANCIA RUANDESAS

¡Qué consecuencias tan horribles ha dejado el genocidio de 1994 en la sociedad ruandesa! A propósito, la revista ¡Despertad! del 8 de febrero de 2005 define la palabra genocidio como “exterminación sistemática y organizada de todo un grupo nacional, racial, político o étnico”. El de Ruanda fue un genocidio político y étnico. Respecto al daño que supuso para los niños que sobrevivieron a esa catástrofe, el número de la revista ¡Despertad! del 22 de octubre de 1997 dice lo siguiente: “En un estudio de 3.000 niños ruandeses se descubrió que el 95% había presenciado actos de violencia y matanzas durante el genocidio y que cerca del 80% había perdido algún familiar. Casi una tercera parte de ellos habían sido testigos de alguna violación o ataque sexual y más de una tercera parte habían visto a otros niños colaborar en matanzas o palizas. Semejantes experiencias destrozan la mente y el corazón de los niños”. Ese número de ¡Despertad! cita de un informe sobre niños traumatizados por la guerra de la antigua Yugoslavia, que podemos tener la plena seguridad de que es un retrato perfecto de las consecuencias del genocidio de 1994 sobre la psique de los niños ruandeses. Dice el informe: “El recuerdo de los hechos permanece en ellos, provocando pesadillas extremas, representación diaria de escenas retrospectivas relativas a acontecimientos traumáticos, miedo, inseguridad y amargura”. Otro ejemplo más que está en esa revista que ilustra muy bien las desastrosas consecuencias emocionales sobre la infancia ruandesa superviviente de la guerra civil de 1994 –porque a relatos como ese se les encuentra por miles en Ruanda–, es lo que le pasó a Shabana, una niña de solo ocho años de edad de la India que “vio como una chusma mataba a golpes a su padre y luego decapitaba a su madre. Su mente y su corazón siguen sin reaccionar, ocultando el horror y la pérdida. ‘No echo de menos a mis padres –dice con voz apagada, impasible–. No pienso en ellos’”. ¡Despertad! termina diciendo que a poco de haber terminado el genocidio en Ruanda, un psicólogo del Centro Nacional de Recuperación de Traumas había emitido este informe: “Entre los síntomas que manifiestan los niños se encuentran las pesadillas, la dificultad de concentración, la depresión y un sentimiento de desesperanza para el futuro”.

Del millón de muertos que dejó como resultado la guerra civil y el genocidio en Ruanda, un tercio fueron niños. A los que sobrevivieron, la catástrofe los destrozó emocionalmente. Foto: Sopitas.com.

Sí, los niños y la familia ruandesa en general salieron muy golpeados del genocidio, en todo sentido. La guerra desgració la infancia ruandesa, como ya vimos, y separó a muchas familias. Algunas no se reencontraron. Para otras y los niños que las componían la historia tuvo un final feliz, pero fueron la excepción, no la norma. Y un caso de estos al cual quiero referirme es, por cierto, el de una pequeña familia de testigos de Jehová y su único hijo. Se trata de la familia Murinda. Cuando los combates entre el gobierno y el Frente Patriótico Ruandés se intensificaron en la capital, el caos reinante separó de su esposa al señor Oreste Murinda, quien logró huir a la ciudad de Gitarama –hoy Muhanga–, con el hijo de la pareja, de 2 años y medio de edad. Se cuenta que un día en el que Oreste salió a buscar algo de comer se desató en Gitarama un violento enfrentamiento que le hizo no poder hallar a su hijito. Cuando el conflicto en toda Ruanda terminó, los Murinda pudieron reencontrarse, pero el niño nunca apareció. En 1996, cuando la pareja ya había dado por fallecido a su hijo, llegó procedente del campo a Kigali por razones de trabajo un señor. Este les contó a unos compañeros de religión de los Murinda que vecinos suyos tenían en la fronteriza ciudad de Gisenyi –hoy Rubavu– unos parientes a los que les habían matado sus hijitos en el genocidio y estaban cuidando a un huerfanito. El Anuario para el año 2012 de los testigos de Jehová dice que “el niño recordaba el nombre de su padre y decía que sus papás eran testigos de Jehová”. Como los Testigos que escucharon la historia “conocían a los Murinda, se pusieron en contacto con ellos. La pareja le enseñó fotos de su hijo al hombre, y resultó que era el mismo niño. Oreste fue inmediatamente a buscarlo. Por fin, tras dos años y medio, su familia volvía a estar junta”. Da como una mezcla de tristeza con alegría saber que, como dice el Anuario, hubo testigos de Jehová “que incluso se encargaron de los huérfanos de sus vecinos, así como de sus parientes no Testigos. Una pareja que ya tenía diez hijos propios acabó cuidando a diez niños más”, así de duro golpeó a la familia y a la niñez ruandesa el genocidio de 1994.

¡POR QUÉ TUVO QUE PASAR ESO!

¡Por qué tuvo que ocurrir la catástrofe de Ruanda! ¿Qué explicación se le puede dar a esa porquería en sumo grado que barrió la hermosa geografía ruandesa en 1994? La revista inglesa The Economist se hizo, en el mismo año 94, una pregunta parecida: “¿Qué explicación puede haber para la espantosa sed de sangre que se ha despertado súbitamente en Ruanda?” Porque, como la misma revista dijo en aquella época, ‘ni siquiera las viejas hostilidades étnicas explicaban la matanza que se estaba llevando a cabo’ en un pequeño país en el que las diferencias entre las gentes de los dos principales grupos étnicos que lo componían eran solo unos centímetros de estatura –los tutsis son más altos que los hutus– o de músculo –los hutus son más musculosos que los tutsis–, porque en otros campos no había absolutamente ninguna otra diferencia. The Economist terminó diciendo –mucha atención con esto–: “Pero ahora se han vuelto unos contra otros, y no con morteros impersonales ni con rifles de largo alcance, sino con machetes, azadones, garrotes o a puñetazo limpio. Los vecinos se matan entre sí, incluso los amigos de toda la vida. Hombres, mujeres y niños han sido masacrados por igual. ¿Cuál es la causa? Nadie parece conocerla”.

Ahora miremos lo que conseguí en el número de la revista La Atalaya del 1 de septiembre del pasado año 2011, a poco más de 17 años de haber terminado el genocidio de Ruanda –leamos esto cuidadosamente, porque es interesante lo que se dice allí después del planteamiento de la pregunta “¿Hay alguien detrás de toda la maldad?”–: “Al recordar el genocidio que tuvo lugar en Ruanda en 1994 y el fracaso de las fuerzas de la ONU a la hora de detenerlo, el comandante en jefe de las tropas de ese organismo en dicho país dijo que fue como si le hubiera estrechado la mano al Diablo. Otro testigo de aquella masacre hizo un comentario similar: ‘Nadie que haya visto una fosa común en Ruanda se atrevería a negar la existencia de Satán’. Pues bien, ¿es el Diablo responsable de barbaries como esa?

”La mayoría de la gente no cree que estos casos de extrema violencia y crueldad sean obra de un espíritu maligno. Muchos piensan que la verdadera causa hay que buscarla en nuestra propia naturaleza, en nuestros instintos más oscuros. Otros le echan la culpa a un grupo exclusivo de ricos y poderosos que supuestamente llevan décadas conspirando en las sombras para dominar el mundo. Y también están los que achacan toda la injusticia y sufrimiento a los distintos gobiernos y dirigentes.

”Y usted, ¿qué piensa? ¿Por qué abundan tanto la maldad, la crueldad, el salvajismo y el sufrimiento a pesar de los esfuerzos por eliminarlos? ¿Por qué parece que los seres humanos, haciendo oídos sordos a las advertencias, siguen avanzando hacia su propio exterminio? ¿Hay algún responsable detrás? ¿Quién domina realmente el mundo? Es posible que la respuesta le sorprenda”.

EL GENOCIDIO DE RUANDA Y YO

A manera de resumen, hay que decir que una explosiva mezcla de varias cosas fue lo que ocasionó el holocausto ruandés. Por supuesto que el antagonismo étnico enquistado hasta la médula en la sociedad ruandesa jugó un papel muy importante. ¡Ya lo vimos! Y si a esto le agregamos la intromisión del elemento política…, bueno. Además hay que poner en la mesa –también hablamos de eso ya– la influencia, para que la catástrofe se diera, de las religiones supuestamente cristianas que nunca ayudaron a la sociedad ruandesa a quitarse de encima el horrible lastre del tribalismo, sino que, más bien, lo potenciaron hasta niveles estratosféricos. Y a todo este “envidiable” coctel hay que agregarle otro elemento no menos horrible: lo embadurnadas que están casi todas las sociedades nacionales africanas con las diferentes variantes de lo que se conoce como espiritismo u ocultismo, que, a propósito, hay que decir que es uno de los causales del fracaso como sociedad de países que tienen una gran influencia africana sobre sí mismos, como Haití, Brasil y Venezuela, entre otros.

El antagonismo por diferencias étnicas es una estupidez. Ya lo decía el señor Ntabana en la Kigali de antes del genocidio: aunque seamos un poco diferentes externamente, todos los seres humanos pertenecemos a la misma familia, la familia humana, porque descendemos de un tronco común. Eso está comprobado científicamente. De manera que sí, es estúpido, es un defecto moral, odiar a otros y pelearse con esos otros porque por fuera sean solo un poco diferentes a nosotros, ni mejores ni peores que nosotros, solo un poco diferentes. Con respecto a la intervención del elemento política en la catástrofe a la que estamos haciendo alusión, cómo no recordar que hasta la Biblia dice que la política, en todas sus formas y variantes, lo que ha servido es para hacer sufrir al ser humano. ¿No escribieron en el pasado el rey Salomón y el famoso profeta también hebreo llamado Jeremías que siempre, siempre, ‘el hombre había gobernado al hombre solo para perjuicio suyo, para su propio mal’, y que el ser humano ‘no era dueño siquiera de su camino’, que no sabía siquiera ‘dirigir su propio paso’? ¡Es verdad! Desde que el hombre apareció en el continente asiático –porque el ser humano no apareció en África; Asia es la verdadera cuna del hombre–, los esfuerzos que se han hecho para que unos gobiernen a otros, como ha sido buscando el beneficio egoísta de unos pocos, solo han servido para traer sufrimiento a la gran mayoría de la gente, porque si un ser humano no puede gobernar con éxito sus propias emociones, si un ser humano no puede gobernar con amor a su esposa y a sus hijos, que son su prójimo más cercano, ¿hay algo que nos garantice que va a gobernar exitosamente a otros, es decir, a millones de personas? ¡Por favor! Se apartó el ser humano de Dios, no quiso que él lo gobernara, y lo ha pagado muy caro. Por eso es que la gente que me lee sabe que yo estoy entre los millones de personas que anhelan que la política desaparezca pronto de la faz de la Tierra. Y lo bueno es que ese anhelado fin se acerca rápidamente.

¡Y las religiones supuestamente cristianas en Ruanda! Ve uno el trascendental papel que estas jugaron en el genocidio, y no puede evitar recordar que hace ya años el hindú Mohandas Gandhi dijo que él ‘amaba a Cristo’, pero que ‘despreciaba a los cristianos porque no vivían como vivió Cristo’. Y yo me pregunto si los líderes católicos y evangélicos y demás que participaron en las masacres en Ruanda se acordarían en esos tenebrosos momentos, o en los meses en los que se planificaba el genocidio, de todo lo que Jesús predicó respecto al tema del amor al prójimo –que abarcaba hasta el amor a los que lo odiaban a uno–, respecto al tema del perdón, del momento en que corrigió al apóstol Pedro diciéndole que ‘guardara la espada porque todos los que usaban la espada morirían por la espada’ y del momento en que le pidió a Dios –a poco de fallecer torturado–, que perdonara a los soldados romanos que lo acababan de fijar en el madero porque ellos no sabían lo que estaban haciendo. Sí, cuando a la “ensalada” del antagonismo étnico y de la política se le agrega el elemento religioso falso y el espiritismo, cosa asquerosa esta última que se llevaron a África las corrientes migratorias que fueron poblando ese continente procedentes de la cuna del ocultismo, la asiática ciudad de Babilonia, y que –ya lo dije– el falso cristianismo no ayudó a eliminar de esos pueblos –no hay muchas diferencias entre el cristianismo falso y el ocultismo–, pues… ahí tenemos el resultado.

Pero, tal como para que se deguste una buena ensalada se necesita que alguien con conocimientos de cocina sepa mezclar los ingredientes apropiados, igualmente, se necesitaba alguien que supiera mezclar la explosiva lista de ingredientes que ya mencioné, para que el resultado fuera el que vimos que se dio en la Ruanda de 1994. Y el comandante en jefe de las tropas de la ONU en Ruanda que dijo que estar en ese país en la época del genocidio y haber sobrevivido a ese desastre era como haberle dado la mano al Diablo, dio en el clavo con ese comentario porque, aunque a muchos todavía les cueste creerlo, es necesario que la gente termine de convencerse de que fuerzas extraterrestres invisibles y, por supuesto, muy poderosas, hace unos milenios invadieron el planeta, y son justamente esas entidades invisibles sumamente inteligentes, pero también sumamente malignas, sádicas en extremo, las que no solo han llevado al planeta al borde del colapso en sentido ecológico, sino que también han potenciado hasta niveles indecibles lo inclinada que está por naturaleza la sociedad humana apartada de Dios hacia lo que es malo. Como dice el refrán aquí en Venezuela: “El muchacho que es llorón y la mamá que lo pellizca”. El problema es que la mayoría de la gente piensa que es de ingenuos creer en la existencia de una entidad que, tras bastidores, ha movido sus hilos y a sus secuaces para hacerle desgraciada la vida al ser humano. Así, se le ha hecho un gran favor a dicha entidad, pues le permite seguir operando a sus anchas en el anonimato, en la sombras, tras bastidores –como ya dije–, en la oscuridad, y haciendo las cosas de una manera que, después de cada desgracia, Dios termine quedando como el culpable de hechos de los que son totalmente responsables esos seres y esta podrida sociedad humana mundial que ha permitido, como si fuera una marioneta, que se le mueva de allá para acá, a voluntad de sus odiosos titiriteros. Sí, el “inocentón” mundo entero –crédulo para lo que no debe ser crédulo; incrédulo para lo que no debe ser incrédulo–, sigue esperando una invasión extraterrestre que en el futuro venga a consumir los recursos naturales de la Tierra hasta hacerla inhabitable y que barra el suelo con la raza humana, cuando hace tiempo que esa invasión tuvo lugar –léanlo en el Génesis, si no me creen–, haciendo, desde hace rato, que los temores más espantosos y profundos del hombre se hayan hecho una macabra realidad.

Pero las cosas pronto van a cambiar. Lo vamos a ver en nuestra vida. Catástrofes como la del genocidio en Ruanda pronto ni siquiera serán recordadas, ni siquiera “subirán al corazón”. Al Diablo se le quitará el control que tiene actualmente del escenario terrestre. Vienen tiempos mejores. Lo dice la subestimada e infalible Palabra de Dios, y lo digo yo –con lujo de detalles también– en la parte final del capítulo final de mi novela Amanecer en la tierra de las montañas eternas. Espero, como lo digo en Amanecer, que Dios, en su gran misericordia, me permita estar allí, vivo en algún lugar de nuestro amado planeta Tierra, cuando se hagan una preciosa e increíble realidad nuestros sueños más descabellados. Sí, tal vez podamos ir a Ruanda en el porvenir, a mirar las bugamvillas y a tomarnos un cafecito con Eugène Ntabana. ¡Tal vez!

El porvenir que le aguarda a la biodiversidad planetaria

ARTÍCULO EXTRAESPECIAL

Como resultado de un trabajo de acumulación de datos de varios años de duración hecho con los métodos tradicionales de investigación, es decir, sin acudir ni una sola vez al moderno recurso de Internet, se presenta acá hoy, en la celebración del Día de la Tierra de este año dos mil veinte y del primer aniversario de la creación de la plataforma periodística del Proyecto Caminos de América, un reportaje sobre el alarmante estado en el que se encuentra la biodiversidad planetaria. ¿Será demasiado tarde para esta?

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

La guía mundial Almanaque Anual 2002, de Editora Cinco, dice que con el concepto biodiversidad se “designa la diversidad genética y de hábitat de los seres vivos (animales, vegetales y microorganismos)” de todo el planeta Tierra. La misma publicación dice que el concepto “adquiere importancia luego de 1980, con la discusión acerca del riesgo de extinción de las especies y la necesidad de preservar el mayor número de ellas como condición” para “la supervivencia humana”. La revista ¡Despertad! está muy de acuerdo con la forma como define el Almanaque Anual 2002 la biodiversidad, pues dice que con las “expresiones diversidad biológica o biodiversidad se alude a todas las especies del planeta: desde la bacteria más diminuta hasta las secuoyas gigantes” (árboles), “desde las lombrices hasta las águilas”. Además agrega que “toda esta variedad de seres vivos forma parte de un gran ecosistema mundial cuyos componentes dependen unos de otros, incluidos los inorgánicos, a saber, la atmósfera, los océanos, el agua dulce, las rocas y el suelo, los cuales son esenciales para la vida”. Dicho sistema, también integrado por el ser humano, recibe el nombre de biosfera.

EN PELIGRO LA BIODIVERSIDAD

Un gran número de científicos opinan que la biodiversidad es de capital importancia para la vida en nuestro planeta. Predican que esta es esencial no solo para la fauna, los insectos y los peces, sino también, para las plantas destinadas a alimento y para las que crecen en estado silvestre en zonas forestales y pastizales, además de que es vital dentro de las especies.

El rinoceronte, uno de los fabulosos mamíferos africanos golpeados hasta la saciedad por la cruel mano del hombre. Este ejemplar pertenece a la colección de animales del zoológico Bararida, ciudad de Barquisimeto, Venezuela. Foto: José Isaac Valecillos. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Con todo y eso, la biodiversidad se enfrenta actualmente a una severa crisis de proporciones mundiales ocasionada por el ser humano, a quien ¡Despertad! dice que algunos han denominado “la especie exterminadora”. Por ejemplo, un informe que llegó desde Madrid, España, hace ya varios años, a través del periódico venezolano Diario de Los Andes, afirmó que para cierta época pasada anualmente estaban desapareciendo más de 17 millones de hectáreas de bosque, se estaban extinguiendo unas 6.000 especies de animales y se ponían en peligro de desaparición el 13 por ciento de las aves, el 25 por ciento de los mamíferos, el 34 por ciento de los peces y el 9 por ciento de los árboles. Cifras ciertamente escalofriantes. Hoy, en pleno año 2020, las cosas han empeorado.

El biólogo Edward O. Wilson, de la Universidad de Harvard, dijo hace un tiempo que 27.000 especies vegetales y animales se perdían cada año, lo que representaba 3 por hora. Entre los fáunicos seriamente amenazados se hallaban el tigre, el oso panda, la ballena y el rinoceronte negro africano, cuyos ejemplares habían mermado drásticamente de 65.000 a 2.500 en menos de 20 años debido a la caza furtiva. Años atrás, el lince ibérico se encontraba en todo Portugal, en España y en algunos parajes de los Pirineos franceses. En determinado momento se llegó a calcular que la cantidad de linces ibéricos había bajado a menos de 200, de los que solo quedaban entre 22 y 32 hembras reproductoras. Las 70 especies animales del nordeste de la India también están corriendo grave peligro. Es más, el delicado ecosistema del estado de Meghalaya, en la frontera india con Bangladesh, ha entrado en el grupo de las 18 zonas problemáticas del mundo en las que está en riesgo la biodiversidad.

Hermoso hipopótamo del zoológico Bararida, ciudad de Barquisimeto, Venezuela. Entre 1979 y 1990, los hipopótamos fueron exterminados casi por completo en Mozambique. Foto: José Isaac Valecillos. Archivo de Proyecto Caminos de América.

La revista African Wildlife de marzo-abril de 1992 dijo que en el delta de Marromeu, región de Mozambique, entre 1979 y 1990, los búfalos habían disminuido de 55.000 a menos de 4.000; los antílopes acuáticos, de 45.000 a menos de 5.000; las cebras, de 2.720 a unas 1.000, y los hipopótamos habían pasado de 1.770 a unos 260. La misma revista dijo que en Togo (África Occidental), específicamente en la Reserva Natural de Fosseaux  Lions, entre marzo de 1991 y marzo de 1992, la cifra de elefantes africanos de selva había descendido de 130 animales a 25. La revista Getaway de noviembre de 1992 comentó que de las 45.000 cebras que migraron a través de los prados y las selvas del norte de Botswana en 1981, solo unas 7.000 habían completado el viaje 10 años después.

Cóndor andino en el refugio del cóndor de Mifafí, Mérida, Andes venezolanos. Este valioso carroñero y el cóndor de California están en peligro de extinción. Foto: John Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Además de todo esto, en octubre de 2012 National Geographic informó que cada año estaban muriendo a manos de cazadores 25.000 elefantes con el propósito de utilizar el marfil de sus colmillos para fabricar objetos religiosos, así como también informó que para ese año un colmillo grande de esos magníficos animales podía llegar a valer hasta 6.000 dólares en el mercado negro, dinero suficiente para mantener durante 10 años a un obrero de Kenia mal calificado. ¡Hay más todavía! En Camerún, más concretamente en el Parque Nacional Bouba Ndjidah, unos 100 cazadores furtivos montados a caballo procedentes de Chad –unos verdaderos criminales– masacraron, valiéndose de granadas y de fusiles de asalto AK-47, más de 300 elefantes, considerándose esa matanza por los expertos en una de las mayores ocurridas en todo el planeta en las últimas décadas. En 2008, China compró, aunque legalmente, casi 66 toneladas de marfil africano, compra que ha contribuido, desde entonces, a que se desaten aún más la caza furtiva y el posterior contrabando. Por eso es que la edición de octubre de 2012 de National Geographic dice que muchos consideran que “China es el peor villano en el contrabando de marfil y, de hecho, en los últimos años se ha visto implicada en más decomisos importantes que cualquier otra nación no africana”.

Hay otros países en los cuales se hacen locuras con el comercio del marfil de los colmillos que se les arrancan a los pobres elefantes. Filipinas y Tailandia son dos de ellos. En Filipinas, traficantes intentaron introducir en el año 2005 7 toneladas de marfil, en 2006, provenientes de Taiwan, 5 toneladas y media; mientras que en 2009, el cargamento fue de casi 5 toneladas, cargamentos que fueron confiscados todos por la aduana de la ciudad capital de ese país, Manila. Expertos dicen que esa impresionante carga de colmillos de marfil representó la muerte de unos 1.745 elefantes. ¡Qué desastre! Se dice que allá, en Manila, hasta un sacerdote católico, el monseñor Cristóbal García, sacerdote que anteriormente prestaba servicio en una parroquia de Los Ángeles, California, Estados Unidos, pero que fue expulsado de allí por abusar sexualmente de un menor de edad, está implicado en el comercio ilegal del marfil, pues es hasta conocedor de ciertas técnicas que le permiten a cualquier delincuente meter de contrabando marfil en territorio estadounidense. En Tailandia, otro líder religioso está implicado hasta la médula en esta actividad criminal. Se trata del monje budista Kruba Dharmamuni, tristemente llamado por algunos el “Monje Elefante”. Su ingreso principal de dinero, dice National Geographic, es la venta de amuletos hechos con marfil, lo que incluye imágenes talladas de él mismo y de Buda. La revista dice que su negocio es tan lucrativo que de ahí estaba sacando fondos para “construir un nuevo templo inspirado en los populares parques de tigres de Tailandia que, en opinión de los críticos, no son sino organizaciones pantalla para el tráfico ilegal de grandes felinos”. El budismo le ha metido tanto a la gente en la mente y el corazón las ideas equivocadas de que los amuletos de marfil pueden atraer la suerte y proteger contra la magia negra y el mal –y tristemente los elefantes pagan las consecuencias de ello–, que en Bangkok, la capital tailandesa, la venta de esas piezas es un negocio muy lucrativo, al punto de que, los de mayor calidad, se pueden vender fácilmente en más de cien mil dólares. El “Monje Elefante”, de quien se dice que hace unos años percibía mensualmente unos 32.000 dólares con su sucio negocio de venta de piezas religiosas hechas con marfil –hasta una tienda de regalos tiene–, fue acusado en una ocasión en un reportaje para la televisión de haber matado de hambre a un elefante para apropiarse con fines comerciales de sus colmillos y su piel, aunque él lo negó.

Los países africanos de Zimbabue, Botsuana, Namibia, Zambia y Malawi también son responsables de lo que le está pasando a los elefantes. Se informó que en Zimbabue, su presidente de aquellos años, el señor Robert Mugabe, fue el primero en pasar por encima de los compromisos internacionales que buscaban frenar el comercio ilegal de marfil. Se comenta que llegó a decir la locura de que los elefantes “ocupaban mucho espacio y bebían mucha agua, así que debían pagar su alojamiento y sustento con colmillos”. ¡Qué les parece! ¡Y todavía hay gente que me critica cuando yo digo que los políticos en el mundo entero tienen que desaparecer, pues están entre los principales responsables de la crisis ecológica planetaria, entre otras cosas!

Tengo por acá a la mano algunas otras horribles cifras y datos que no puedo pasar por alto publicar de la porquería que el ser humano está haciendo con las diferentes especies de elefantes de todo el mundo. Kenneth Burnham, científico de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), considera que en el año 2011 los cazadores furtivos mataron más de 25.000 elefantes; ya lo escribí por allí. En 2011 también, se incautaron en todo el mundo cerca de treinta y un toneladas y media de marfil ilegal, lo que representó la vida sacrificada de 31.500 elefantes. Para no alertar a los guardabosques con sus disparos, en Kenia y Tanzania los cazadores de elefantes están utilizando sandías envenenadas –acá en Venezuela le decimos a la sandía patilla– para matar elefantes. En la década de los pasados años ochenta un elefante moría asesinado cada 10 minutos. En el Congo, entre 2006 y 2011, cerca de 5.000 elefantes fueron cazados en los alrededores del Parque Nacional Nouabalé-Ndoki. En 2011, funcionarios tailandeses ayudados por el recurso de los rayos X detectaron escondidos en un contenedor 247 colmillos de elefante valorados en 3 millones de dólares. Uno espera que esos funcionarios no se hayan apropiado, como lo han hecho muchos de sus corruptos colegas de la misma nacionalidad, del decomiso para su propio provecho económico. El cargamento provenía de Kenia. En Malasia, también en 2011, fue incautada otra carga de colmillos –700, esta vez– que iban desde Tanzania hacia China. Un par de años antes, en China, en la provincia de Guangdong, se encontraron en un barco pesquero que venía de Filipinas 770 colmillos que venían escondidos en contenedores de madera. En 1979, la población del elefante africano estaba representada por un millón trescientos mil ejemplares. Para el año 2007 había disminuido a entre 472 mil y 690 mil ejemplares. Aunque la caza furtiva también está afectando al elefante asiático, para 2012 era la pérdida de su hábitat lo que estaba amenazando principalmente a los 40.000 especímenes de esta especie que todavía vivían en estado salvaje.

Finalmente con respecto al elefante, National Geographic  dice que “la población de elefantes de una región puede declinar si 50 por ciento o más animales son abatidos ilegalmente, umbral que rebasaron todas las regiones durante 2011”. Con la expresión “todas las regiones” la revista se refería a los lugares donde se protegía la vida silvestre y en los que se monitoreaba la matanza ilegal de esos hermosos animales. Leamos, entonces, lo siguiente: En África occidental, el 84 por ciento de las muertes reportadas fueron matanzas ilegales; en África central, 90 por ciento; en África oriental, 59 por ciento, y 51 por ciento en África meridional. Ahora voy con las 10 naciones asiáticas con mayores decomisos de marfil entre los años 1989 y 2011: India, 6.759 kilos, lo que representó la vida de unos 630 elefantes; Singapur, 8.029 kilos, la vida de unos 810 elefantes; Malasia, 8.528 kilos, más de 810 elefantes; Japón, 8.618 kilos, 900 elefantes; Filipinas, 10.659 kilos, 1.080 elefantes; Vietnam, 13.426 kilos, 1.350 elefantes; Taiwan, 18.370 kilos, 1.800 elefantes; Hong Kong, 20.638 kilos, 2.070 elefantes; Tailandia, 21.364 kilos, 2.160 elefantes, mientras que China quedó a la cabeza, con 41.095 kilos, que representaban la vida de unos 3.650 elefantes.   

Hermoso elefante del zoológico venezolano Bararida. Es una porquería lo que el ser humano, la especie exterminadora, le ha hecho al elefante en estado silvestre en el mundo entero. Foto: José Isaac Valecillos. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Dejamos por ahora atrás el triste tema de la matanza de los elefantes y seguimos viajando. Llegó un momento en el que en las reducidas selvas de Borneo y Sumatra vivían menos de 5.000 ejemplares de orangután. Del delfín lacustre chino del río Yangtse se llegó a decir que podía desaparecer en un lapso de solo 10 años. La última paloma migratoria murió en Cincinnati, Estados Unidos, en 1914, aunque nadie pensó nunca en que cosas como la desaparición de los bosques de los que ella dependía y la caza iban a acabar en un lapso de pocos años con una especie de ave de la que una sola bandada podía cubrir el cielo por completo.  Además, se calcula que en ese mismo país, en el siglo 19, vagaban por su territorio, desde California hasta las grandes planicies, unos 50.000 osos pardos. Hoy, la caza los ha diezmado tanto que para cierto año pasado quedaban apenas unos 1.200 ejemplares en pequeñas áreas de 4 estados.

En Oceanía, el fabuloso animal silvestre conocido como tilacino, marsupial parecido al lobo y llamado por muchos tigre de Tasmania, se extinguió en la década de los años 30 del siglo pasado a consecuencia de la cacería. En Europa, la población de la cabra montés del Pirineo, también llamada bucardo, un animal hermoso en extremo que podía llegar a pesar casi 100 kilos y que habitó desde tiempos inmemoriales las montañas pirenaicas de los límites entre Francia y España, fue siendo diezmada paulatinamente por culpa de la cacería indiscriminada. En 1989 se descubrió que sobrevivían poco más de 12 ejemplares de este magnífico animal. La última de esas cabras murió aplastada por un árbol en el año 2000.

Basándose en relatos tergiversados sobre su voraz apetito de salmones vivos y animales pequeños, en 1917, la Asamblea Legislativa del territorio de Alaska decidió ofrecer gratificaciones monetarias por la caza de las majestuosas águilas de cabeza blanca. Estudios posteriores demostraron que se había exagerado por mucho el peligro que representaban las águilas para los salmones, pues estas solo comen salmones muertos, y en 1953 se dejó de ofrecer recompensas por su caza. Pero para entonces ya se habían matado más de 128.000 ejemplares de esta hermosa y valiosa ave. Con el decreto de la Reserva Chilkat de Águilas de Cabeza Blanca de Alaska en el sudeste de esa región y de 19.000 hectáreas de extensión se revertió el problema, pero se hubiera ahorrado mucho sufrimiento para esta especie con un poquito más de información sobre ella.

Para el año 2002, Australia había perdido 19 especies de mamíferos, y estaban en peligro para ese año debido a los violentos incendios forestales que se desataban allí el koala y el oposum. Eso es muy preocupante, pues ya en 1990 el periódico The New York Times había dicho que el koala corría peligro de extinción por culpa, principalmente, del ser humano, quien se había dedicado a talar a todo lo largo de la costa oriental australiana miles de árboles de los llamados eucaliptos para dedicar el espacio que estos ocupaban a la agricultura, y a la construcción de casas y centros turísticos. El eucalipto es la vivienda del koala, además de que este bonito animal se alimenta de sus hojas y brotes. Producto de esta situación –se había eliminado el 80 por ciento “del suministro de alimento y hábitat natural del koala”– y de que muchos koalas estaban siendo atropellados por automóviles en las carreteras australianas, el número de estos había disminuido de varios millones en 1939 a unos 400.000 para 1989, y seguían acabándose. La cosa en ese país hoy es mucho peor para el koala y para sus vecinos, pues la reciente pavorosa ola de incendios que arrasó con buena parte del sudeste de ese gran país se calcula que mató, entre domésticos y silvestres, incluidos muchísimos canguros, a unos mil millones de animalitos: ¡una verdadera tragedia!

Hace poco más de 15 años escribí en mi libro Idilio con el valle del río Jiménez que, debido a la caza, en Grecia, cada año morían a tiros 700.000 aves “protegidas”. En el mismo lapso, en Malta fueron 3 millones, mientras que Italia poseía la oprobiosa marca de 50 millones de aves muertas y consumidas, casi todas ellas aves canoras. El problema fue empeorando, pues, a mediados del año 2013, National Geographic asombró al mundo cuando, en el artículo titulado El último canto, de la edición del mes de julio de esa famosa revista, se informó que en los alrededores del mar Mediterráneo se estaban matando como nunca antes diferentes clases de valiosas aves migratorias con diferentes métodos, con muy pocas personas tratando de hacer algo por detener un fenómeno que podía afectar ecológicamente a todo el planeta. El reporte indicó que en Chipre, una pequeña pero muy eficiente organización ecologista había desmantelado en el año 2012 casi 9.000 trampas –pegamento en las ramas de los arbustos, entre otras– que muchas personas, entre ellos, granjeros, habían colocado para atrapar aves migratorias, entre estas, currucas zarceras. En territorio italiano, en 2013, hasta trampas parecidas a ratoneras estaban siendo utilizadas por cazadores furtivos en los bosques del norte para capturar aves, aunque se había decretado la ilegalidad de estas por el gran sufrimiento físico al cual sometían a los pobres pájaros que quedaban atrapados en estas, entre ellos, el hermoso petirrojo europeo.  En Brescia, en un solo operativo llevado a cabo en el otoño de 2012, se llevó a prisión a 46 personas por dedicarse a la caza ilegal de aves. También se dijo en el artículo en cuestión que en febrero de 2012 un tiempo inusualmente frío aun para Europa del este hizo que gansos que habitualmente invernan en el valle del río Danubio se fueran al sur buscando regiones menos frías. “Hambrientos y agotados”, 50.000 de ellos aterrizaron en las llanuras de Albania. Todos fueron exterminados por cazadores armados hasta los dientes, al tiempo que cualquier cantidad de mujeres y niños se llevaron los cadáveres para venderlos en los restaurantes de los pueblos cercanos al lugar de la matanza.

National Geographic, en el artículo del cual estoy hablando, dice textualmente lo siguiente: “La más oriental de las rutas migratorias de Europa pasa por los Balcanes, y en Albania y la costa adriática se abre un sistema de humedales, lagos y llanuras costeras. Por milenios, las aves en su tránsito hacia el norte desde África pudieron descansar y reabastecerse antes de su paso atropellado por los Alpes dináricos hacia sus hábitats de reproducción, y detenerse de nueva cuenta ahí en el otoño, antes de cruzar otra vez el Mediterráneo”. Algunos dicen que ahora “da miedo”, pues, debido a la caza indiscriminada, prácticamente no hay aves en esos lugares. Dice el artículo que en 2007 se cerró una zona para proteger las aves y, sin embargo, 400 cazadores aparecieron como de la nada para dispararle a todo lo que tenía plumas. Los cazadores italianos en ese país –en Albania– y que son los peores, pues cazan hasta fuera de temporada y utilizan sofisticados equipos para reproducir los sonidos de las aves y así hacerlas más vulnerables para sus armas, además de que sobornan a los encargados de los parques para que estos les concedan permisos para cazar en ellos. En fin, Albania, país con poco más de 3 millones de habitantes pero que tienen en sus manos unas 100.000 escopetas y muchas otras armas de tiro, se ha convertido “en un hoyo negro para la biomasa migratoria del este europeo: millones de aves entran en él y muy pocas salen vivas”. Así se expresa de esta nación National Geographic, añadiendo de ella que es un cementerio anual para las grullas jóvenes y para las bandadas del ave conocida como cerceta carretona.

En Egipto pasa lo mismo. Aunque este país es firmante de varios tratados internacionales que regulan la caza de aves, varios elementos se han conjugado para que allí, en el extremo norte del continente africano, las migratorias encuentren otro “hoyo negro” para ellas. Valiéndose de una mortal mezcla de los métodos tradicionales de cacería como poner pegamento en las ramas de los árboles, las redes hechas a mano y las trampas hechas de cañas, junto con los nuevos y más sofisticados, en ese país se eliminan sin que casi nadie pierda el sueño por ello una increíble cantidad del ave conocida como lavandera boyera, además de tórtolas, perlitas diminutas, papamoscas collarinos, papamoscas grises, alcaudones dorsirrojos, codornices, mosquiteros comunes, mosquiteros silvadores, currucas capirotadas, cisticólidos, chorlitejos, collalbas, patos  y oropéndolas. Las oropéndolas tienen fama en Egipto de servir para aumentar la potencia sexual masculina y ellas lo pagan muy caro. National Geographic dice que en los oasis (pequeñas agrupaciones de árboles) del desierto egipcio un solo cazador puede matar en un día 50 oropéndolas, y que en uno de los oasis más famosos de ese país en el que las cansadas y confiadas aves se posaban para descansar en su viaje migratorio podían cazarse en el transcurso de un solo año 5.0000 oropéndolas. Eso, sin duda, está perjudicando seriamente a la población europea de dichas aves, de la que se dijo hace unos pocos años que estaba compuesta por unas 2 o 3 millones nada más de parejas reproductoras. Se informó también que un solo cazador, en el transcurso de un mes, todos los años, en temporada de paso de aves migratorias, sacaba de circulación 600 oropéndolas, 250 tórtolas europeas, 200 abubillas y 4.500 pájaros más pequeños, aunque ese señor no tenía necesidad económica para hacer eso, pues su granja de olivos e higueras, entre otras cosas, le daba para vivir cómodamente él y su numerosa familia. El autor del artículo El último canto, del cual estoy hablando, el señor Jonathan Franzen, calcula que en una de las trampas que se utilizan en Egipto para atrapas aves migratorias –las llamadas redes de niebla– quedan atrapadas en las costas de ese país un mínimo de 100.000 codornices todos los años. Los halcones también son cazados bárbaramente en Egipto. Millonarios de Arabia Saudita interesados en el arte de la cetrería estaban dispuestos a pagar en 2013 35.000 dólares por un halcón sacre vivo y 15.000 por un halcón peregrino vivo. Eso hace que una gran cantidad de interesados en la recompensa se lancen al desierto en camionetas y pasen allí cualquier cantidad de tiempo en busca de la anhelada presa, sometiendo a las aves que utilizan como señuelos, entre ellas, tórtolas, palomas, codornices y halcones pequeños, como los cernícalos y los bornis, a crueldades imperdonables, como, en el caso de estos dos últimos, cocerles los párpados: ¡una verdadera locura!

Es lamentable que a pocos en el mundo nos importe lo que está pasando con las aves migratorias en el Mediterráneo y sus alrededores, pues National Geographic informa que unas tres mil millones de aves de 300 especies diferentes viajan miles de kilómetros para su reproducción veranera en Eurasia y luego regresan al continente africano alejándose del frío invernal de sus territorios de reproducción. Ese viaje lo realizan orientándose con el Sol, las estrellas, montañas y colinas, olores y hasta con el campo magnético del planeta. Como ya lo dejé ver, cientos de millones de estas aves son exterminadas todos los años por diferentes e injustificables motivos: diversión, comercio y su consumo, aunque no vale la pena quitarle la vida a un pájaro valioso por consumirle los poquitos gramos de carne que este le puede aportar al que se lo come. ¡No vale la pena! El alcaudón dorsirrojo de Gran Bretaña y la fabulosa ave llamada ibis eremita están que desaparecen por este fenómeno.

Pero las poblaciones mundiales de aves silvestres no solo están llevando duro por parte del ser humano, la “especie exterminadora”, porque se les caza como se les caza en el Mediterráneo, pues a todo esto que se acaba de considerar hay que agregarle lo del comercio ilegal de aves vivas. Observando el mundo, de la edición del 22 de mayo de 1990 de ¡Despertad!, también asombró al mundo cuando dijo, basándose en información de la revista sudafricana Personality, que ‘por cada ave silvestre que se vendía viva morían por lo menos cinco’, lo que había contribuido a que en un corto tiempo un total de cien millones de estas hubieran muerto. Se puede leer en ese número de ¡Despertad! que para capturar las aves los comerciantes, otros delincuentes más –y locos también–, cortaban los árboles donde estas anidaban y se apoderaban de los pichones que sobrevivían a la caída. También disparaban perdigones contra las bandadas de aves y atrapaban las que caían al suelo con heridas leves en las alas. Luego de tratar de mantenerlas vivas, las transportaban en aviones de carga a países lejanos, adonde muchas de ellas llegaban muertas. Se calcula que para finales de los pasados años 80 se vendían así 5 millones de aves silvestres por año, sin contar la descomunal cantidad de aves que se pasaban de un país a otro de contrabando, en un negocio que contactaba a coleccionistas y aficionados que estaban dispuestos a pagar hasta 250.000 dólares por ‘las especies protegidas que deseaban’. Hoy, en pleno año 2020, la situación no ha mejorado.

Hermosa rapaz nocturna de un zoológico venezolano. Todas las especies de rapaces nocturnas son sumamente importantes, tanto para el equilibrio ecológico de los lugares en los que medran, como para la salud y las cosechas del hombre. Foto: José Isaac Valecillos. Archivo de Proyecto Caminos de América

Me parece oportuno decir acá que todas las especies de aves del planeta le aportan cosas de capital importancia a los parajes naturales en los que medran, pero también a la salud del hombre y, en el caso de muchísimas de estas, a la salud de sus cosechas. Un ejemplo muy interesante de ello es el hecho de que en el continente asiático, específicamente en Malasia, los cultivadores de palma de aceite colocan en sus sembradíos pajareras para que las lechuzas nidifiquen. ¿Con qué fin lo hacen? Para que las parejas de esta rapaz que se instalen en ellas libren al agricultor cada año de hasta 3.000 ratas que, de otro modo, se comerían la cosecha. Es más, en varias partes del mundo hay agricultores que “invitan” a las lechuzas a que entren en sus graneros y demás instalaciones de sus granjas a través de unas “puertas para lechuzas” para que estas aves mantengan limpiecitas dichas instalaciones de roedores dañinos.

En cuanto a la región noreste de la India, 70 especies de animales están amenazadas, entre otros factores, debido a la caza furtiva. Volviendo a América, en Argentina, el periódico Clarín informó hace ya varios años, y las cosas para este año 2020 no han mejorado, que quinientas de las dos mil quinientas especies de animales autóctonos estaban amenazadas, entre ellas, variedades de cachicamos, jaguares, vicuñas y tortugas terrestres. Solo en Buenos Aires, la capital del país, se vendían ilegalmente para el tiempo en el que Clarín alertó sobre el fenómeno cerca de 100.000 tortugas por año. En esa misma nación, pero en este caso en el noroccidente, está ubicada la reserva selvática de Las Yungas, reserva que, según informó en una oportunidad la periodista Viviana Alonso en la página Tierramérica, que uno podía leer en el Diario de Los Andes, estaba siendo amenazada por la tala o desmontes de empresas que habían solicitado permisos para talar allí, entre las que se encontraban firmas azucareras y papeleras. También la estaba perjudicando el gasoducto Norandino, que la atraviesa, y durante cuya construcción se produjeron dos explosiones seguidas de incendios. En tan solo julio de 2003 se deforestaron mil hectáreas de bosques montanos, poniéndose en peligro la existencia de más de 300 especies de pájaros, además de roedores, murciélagos, osos hormigueros, tapires, monos, zorros y grandes felinos, entre ellos, el yaguareté o jaguar. Pablo Perovic, del Instituto de Biología de la Altura de la Universidad Nacional de Jujuy, dice que “en Las Yungas coexisten ocho especies de félidos, algo que no ocurre en ningún otro lugar del mundo”. De allí que la amenaza que se cierne sobre esta selva tenga preocupada a tantas personas, aunque parece que no a los diferentes gobiernos federales que han gobernado en los últimos años a la Argentina. Con respecto al jaguar, el mismo señor Perovic dice que antes, el mayor felino americano “habitaba desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de la (austral) Patagonia argentina, pero su distribución se redujo en 85 por ciento, y hoy se encuentra en peligro de extinción debido a la caza furtiva, la agricultura y la ganadería”. Los comentarios del señor Perovic sobre el peligro que se cierne sobre el jaguar son muy ciertos, pues varios años antes –en 1990–, organizaciones criminales para las que trabajaban los cazadores furtivos de Sudamérica y de otras partes del continente estaban enviando a Europa de contrabando grandes cantidades de pieles de jaguar en cajas que supuestamente contenían café. Para ese tiempo, año con año se mataba y se procesaba de esa manera a unos 6.000 jaguares. ¡Qué lástima! 

Roedor silvestre conocido en Venezuela como lapa. El exquisito sabor de su carne contribuyó a que en este país se le cazara de manera abusiva. Hoy ha desaparecido de muchos parajes en los que antes era abundante. Foto: Mario Araujo. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Saltando de un lado al otro del planeta pisamos Europa otra vez. Un periódico informó que de las 380 especies de mariposas conocidas de ese continente ‘casi todas habían disminuido drásticamente y varias estaban al borde de la extinción’. Todo esto debido al aumento en la producción agrícola, que ha conducido a la aniquilación de los hábitats naturales. En el continente africano de nuevo, la reducción del entorno por la construcción de carreteras y otras infraestructuras está haciendo que las poblaciones de grandes simios estén bajando de manera violenta. Hace poco más de cien años atrás vivían en África unos dos millones de chimpancés, mientras que para estos tiempos se calcula que solo existen unos 200.000. También quedan “solo unos cuantos miles de gorilas y otros cuantos centenares de gorilas de montaña”.

Los insectos alados, como esta criatura que se aventuró hasta las cercanías de una vivienda en Carvajal, Andes venezolanos, sufren mucho cuando se eliminan sus hábitats naturales. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Acá en Venezuela se encuentran en peligro de extinción animales tan valiosos como el caimán del Orinoco y el de la costa, la fabulosa águila harpía, el hermoso pájaro conocido como cardenalito, la cotorra cabeciamarilla, el oso frontino, el mismo jaguar y muchos otros. También se acaban en el mundo entero especies de animales domésticos. El Almanaque Anual 2002 anunció que ‘en los últimos cien años se habían perdido cerca de mil razas de animales domésticos’. De las cuatro mil que convivían con los humanos y eran usados por estos para principios de este siglo, 1.300 estaban en alto riesgo de desaparecer. También dijo el Almanaque Anual que ‘en Latinoamérica, cerca de un 20 por ciento de las razas domésticas estaban en peligro’.

Cuatro aspectos de la vida rural en Paramito, en el nordeste del municipio Carvajal, Trujillo, en la baja montaña de los Andes venezolanos, que muestran cuánto depende el ser humano de los animales domésticos. A pesar de ello, por su mala manera de administrar los recursos del planeta, cientos de especies de ese tipo de animales están desapareciendo progresivamente. Fotos: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

La vida marina también está siendo sobreaprovechada. ¡Despertad! declara que “al contrario de lo que se creía en el pasado, la riqueza oceánica no es inagotable”. Cita al paleontólogo Niles Eldredge, quien escribió lo siguiente en la revista Natural History acerca de la sobreexplotación del mundo acuático: “La tecnología moderna ha vuelto tan eficaces los métodos de pesca, que se están devastando grandes extensiones del lecho marino de una forma que recuerda a la tala de bosques. Dicha tecnología supone, además, un terrible derroche de recursos, pues numerosas tortugas marinas y focas, así como muchas especies de peces e invertebrados que no tienen salida en el mercado, perecen con cada tirón de las redes o con cada pasada de los barcos arrastreros”. En ese mismo número de ¡Despertad! se comenta que la famosa revista National Geographic explicó lo siguiente con relación a lo que tituló “la estela de desperdicios de los barcos camaroneros”: “A lo largo de la costa del Golfo de México (frente a Texas), se sacrifican hasta 12 kilos de organismos marinos –en su mayoría crías de peces– por cada kilo de camarones”. ¡Qué lástima! Un biólogo estadounidense lamentó “la cantidad de pescado y marisco inservible que se captura accidentalmente: la proporción media es de 4 por 1”.

¡Despertad! del 8 de marzo de 2001  advierte que en la actualidad se cree que solo quedan en el mar Mediterráneo entre 379 y 530 ejemplares de foca monje, “lo que tal vez las sitúe a un paso de la extinción”. A este mamífero acuático se le cazó por miles entre los siglos 18 y 19 para apropiarse de su pelaje, grasa y carne, pero su principal enemigo en la actualidad es la destrucción de gran parte de su hábitat natural por la contaminación, el turismo y la industria pesquera, o, mejor dicho, la sobrepesca, que ha mermado considerablemente la cantidad de alimento de que dispone esta valiosa especie de foca. La ¡Despertad! que acabo de citar publicó lo siguiente acerca de este animal: “Dado que esta foca es uno de los eslabones superiores de la cadena alimentaria, algunos científicos la consideran especie indicadora. En otras palabras, el hecho de que ella no esté bien constituye un buen indicador de que el resto de la cadena tampoco lo está. De ser esto así, no augura nada bueno para la preservación del ecosistema mediterráneo, pues es una de las especies más amenazadas de Europa”.

Quiero desahogarme con el lector al expresarle el sentimiento de impotencia y el de asombro que me invadieron cuando leí hace unos años dos reportes. El primero, del diario Últimas Noticias, habló de cómo al comienzo de la temporada de caza comercial de 2005, en dos semanas, casi 100 mil crías de foca arpa fueron asesinadas a garrotazos o a balazos en el golfo de San Lorenzo, al sudeste de Canadá. Y ello había sido solo el comienzo, pues se planeaba obtener un total de 319 mil ejemplares. Rebecca Aldworth, de la Sociedad Humana de los Estados Unidos, dijo que son inimaginables las crueldades que se llevan a cabo con las focas heridas, “que se ahogan en su propia sangre o son despellejadas vivas”. También destacó que “es la mayor matanza de animales marinos en el mundo” y que “las víctimas de la cacería son ejemplares destetados de 12 a 90 días de edad, que permanecen en las superficies heladas cercanas a su lugar de nacimiento hasta que son capaces de buscar alimento”.

Dibujo hecho a finales del año 2005 que denunció la cruel matanza de crías de foca arpa en la temporada de caza comercial de ese año en el Canadá oriental. Ilustración: John Briceño Abreu y Eli Daniel Sandrea. Archivo de la Fundación Río Jiménez.

El segundo, de la sección Observando el mundo de la revista ¡Despertad! del 22 de julio de 2003, en el que se dio aviso respecto a que, para ese tiempo, ‘pescadores del mundo entero se ganaban la vida surcando los mares en busca de tiburones, a los que mataban, cortaban las aletas y después arrojaban por la borda’. La revista Science News dice que la razón de estas horribles mutilaciones es tan solo satisfacer la demanda de una carísima sopa que se prepara con sus aletas. Se informó que en el mes de agosto del año 2002, los guardacostas estadounidenses confiscaron una embarcación de Hawai que navegaba cerca de la costa de México al descubrir en ella 32 toneladas, es decir, treinta y dos mil kilos, de aletas de tiburón, la única parte del escualo que se encontró a bordo. Science News afirma que esa horrible carga supone alrededor de 30.000 tiburones muertos y 580.000 kilos de pescado desperdiciado. También se mencionó que en todo el planeta las flotas pesqueras estaban matando todos los años unos cien millones de tiburones. Sí, nuestros magníficos océanos y mares se han convertido en campos de la muerte para muchas especies amenazadas.

No puedo pasar adelante sin hablar, aunque sea un poco, del negro historial que, con contadas excepciones, tiene China con su propia fauna silvestre. Y hablo de “contadas excepciones” porque, es verdad, en los últimos años se han hecho esfuerzos por salvar al oso panda y su hábitat, además de al caballo de Przewalski, al que se aniquiló en su propio hábitat natural a mediados del pasado siglo, así como a los gibones de cresta negra y a la preciosa ave conocida como grulla siberiana. Dichas diligencias a favor de estos valiosos animales son, por supuesto, muy loables, pero todavía queda mucho por hacer a favor de la fabulosa fauna silvestre de este bonito país. ¿Por qué lo digo? Porque ya mencioné por allí que en un tiempo se temía que el delfín lacustre del legendario río Yangtse desapareciera en un lapso de solo 10 años. Se tenía ese temor porque para 1992 solo quedaban en estado salvaje 300 ejemplares de esta fascinante criatura. Por otro lado, el rinoceronte de Sumatra se ha extinguido totalmente de territorio chino, mientras que del elefante selvático, antes muy abundante, hace unos años solo sobrevivían unos pocos en los bosques también escasos de la región llamada Yunnan. Una de las 5 subespecies de tigres del país hace rato que se extinguió, y las otras 4 parecía en cierta fecha en particular que iban por el mismo camino, al igual que la llamada gacela de papada, habitante desde tiempos antiquísimos de las montañas y desiertos chinos. Además, en 1992 vivían en estado silvestre solo 1.000 osos panda.

Hace unos años era normal que las peleterías en China vendieran pieles de monos dorados, del hermoso leopardo de las nieves y de panteras nebulosas, animales muy escasos. En los años 90 se le ofrecían a los cazadores 13.000 dólares por cada ciervo de cola blanca que mataran, majestuosa especie que supuestamente estaba protegida. En las farmacias se vendían sin necesidad cornamentas de venados –así se le llama también a los ciervos– y las escamas de un pequeño mamífero con caparazón llamado pangolín. En la región de Qinghai se estuvieron matando grandes cantidades del llamado borrego azul para, posteriormente, exportar su carne a Alemania. Al matar de esa manera al borrego no solo se perjudicaba a esa especie, sino también a las panteras, a las que se privaba de parte de su dieta principal.  En Gansu se llegaron a ofrecer hasta 23.000 dólares por cada oveja salvaje de cuernos largos tibetana que se cazara. Anualmente, los restaurantes de una ciudad llamada Harbin estaban vendiendo cerca de 2 toneladas métricas de zarpas de oso negro y oso pardo, y una tonelada métrica de narices de alce. ¿Podemos siquiera entender la cantidad de osos y alces que hay que matar para poder reunir esa enorme cantidad de zarpas y narices de unos y otros? ¡Qué abuso tan grande! Además, entre enero y mayo de 1987 se enviaron de contrabando a Japón 600 kilos de almizcle. Para que dichos envíos pudieran ser realidad los cazadores tuvieron que acabar con la vida de 100.000 machos de los llamados almizcleros. Aclaro que el almizcle es un líquido aromático más caro que el oro que se saca de la glándula abdominal del almizclero macho y que es la materia prima de más de un centenar de medicamentos. Por si fuera poco, en el invierno de finales de 1984 a principios de 1985, una cooperativa de una aldea cercana al lago Poyang, en la región de Jiangxi, acabó con la vida de unas 600 cigueñas blancas, cisnes de la tundra y grullas, para apoderarse de sus plumas con el fin de utilizarlas para fabricar abanicos. También se denuncia que en esos tiempos los cazadores comerciales llegaron a acabar con unas 200.000 aves. La cacería con diversos instrumentos ha continuado, al punto de que se le seguían causando graves diezmos a las poblaciones de aves, además de que se seguían sacando del país para utilizarlas como mascotas y como alimento a mucho más de 3 millones de ejemplares al año. Esas cifras hace rato que se quedaron cortas. El kylin, fabuloso y delicado mamífero parecido al venado, pero que tiene la cola larga y un solo cuerno, recto, y del que se dice que cuando se mueve no pisa la hierba ni ningún otro organismo vivo, ya casi no se deja ver, como se expresa de esta criatura el biólogo  George Schaller en un artículo de su autoría para la revista Selecciones titulado Peligra la fauna silvestre de China, y en el que me estoy apoyando para los datos de esta parte del artículo.

Una multiplicidad de factores colocaron a la fauna china en este estado, entre ellos, el constante crecimiento demográfico en ese país y la creencia falsa de que las partes del cuerpo de ciertos animales silvestres sirven para curar problemas de salud que las personas tienen. Pero como la pobreza también es una de las causas, no se puede dejar en la oscuridad la responsabilidad que el gobierno comunista de Mao Tse-tung tuvo en el asunto. Se verá como un error condujo al otro.

George Schaller dice que en 1958 los políticos instaron a los campesinos chinos a que se dedicaran a fundir hierro en los patios de las casas. La gente hizo caso y empezó a dedicarse exclusivamente a esa labor, descuidando las cosechas, que se perdieron totalmente. Por supuesto que se necesitaba mucha madera para poner a funcionar los hornos de cada vivienda, y para conseguirla, se llegaron a talar millones de árboles, el hábitat de muchísimos animales. Cuando la hambruna como resultado de aquellas desastrosas medidas barrió el país con toda su fuerza entre 1959 y 1961, las personas, para no seguir muriendo –15 millones fallecieron de hambre– empezaron a mirar hacia donde estaba la fauna silvestre, que en ese tiempo “aún prosperaba en el actual árido oeste chino”, y el resultado de aquella coyuntura fue fatal para la vida silvestre de todos esos territorios. Schaller contó al comienzo de los pasados noventa que “la gente empezó a sacrificar cantidades increíbles de animales para alimentarse”, y que “trenes cargados de bestias muertas iban traqueteando desde Xinjiang hasta los mercados de las ciudades del este”, región en la que, por cierto, es raro ver un pájaro. El conservacionista sigue contando que en 1961 se vuelve a errar cuando Mao Tse-tung anima a sus gobernados a que vieran “el cultivo de granos como su vínculo esencial”, y comenta que los campesinos, “temiendo que se les considerara ‘contrarrevolucionarios’ si cultivaban otra cosa que no fuera cereales, araron los frágiles pastizales, arrasaron los bosques e incluso tiraron árboles frutales. La extensión de los bosques en China disminuyó, de un 18 por ciento de las tierras en 1960, al 12,7 por ciento en 1980”. Y la fauna silvestre pagó el trágico precio de todo ello. El señor Schaller, quien para la época en que se publicó su artículo era director de ciencias de Wildlife Conservation International, remató su parte del informe sobre las metidas de pata de Mao Tse-tung diciendo que en 1958 el gobierno impulsó una campaña nacional contra lo que se llegó a llamar los Cuatro Males, es decir, moscas, mosquitos, ratas y… gorriones, campaña que “no solo acabó con los gorriones, a los que se culpaba de comerse los granos, sino también con otras aves”. ¡Una verdadera desgracia!    

También hay serios problemas con especies vegetales que forman parte de nuestro suministro de alimento. Uno quizá dé por sentado que es muy fácil comprar una manzana, pero la diversidad actual de esta exquisita y saludable fruta es exageradamente menor que la que había hace un poco más de cien años. ¡Despertad! informa que entre los años de 1804 y 1905 se cultivaban en los Estados Unidos 7.098 clases de manzanas, de las cuales 6.121, o sea, el 86 por ciento ya han desaparecido. Igual destino han tenido 2.361  de los 2.683 tipos de peras. En cuanto a las hortalizas, las cifras son aún más alarmantes, pues solo en Estados Unidos la diversidad de ellas ha disminuido en un sorprendente 97 por ciento en menos de 80 años. Hay más todavía. Se calcula que en los albores del siglo veinte se conocían más de 100.000 tipos de arroz en el continente asiático. De estos, al menos 30.000 se hallaban en la India; sin embargo, en la actualidad el 75 por ciento de la producción arrocera de esta nación comprende solo 10 variedades. Sri Lanka era “dueña” en una época de 2.000 diferentes clases de arroz, pero ahora solo cultiva cinco. México, la cuna del maíz, tiene apenas el 20 por ciento de las variedades que poseía en la década de 1930. En China se empleaban casi 10.000 variedades de trigo en 1949. Hoy día solo se cultivan menos de 1.000.

En cuanto a los productos farmacéuticos se refiere, alrededor del 25 por ciento de las medicinas comercializadas se obtienen de la flora planetaria, y no cesa de descubrirse nuevas plantas medicinales. Se ha calculado que 120 de los 150 medicamentos principales que se prescriben en Estados Unidos se extraen de compuestos naturales. No obstante, estos también se extinguen progresivamente, con lo que, ¡Despertad! afirma, “perdemos también la oportunidad de encontrar nuevos remedios y compuestos químicos”. Atención con esto: uno de los muchísimos medicamentos elaborados con materia prima de las plantas de las pluviselvas permitió aumentar el nivel de remisión de la leucemia infantil de un 20 por ciento en la década de 1960 a un 80 por ciento en 1985. Por ello preocupa que en el nordeste indio estén amenazadas 650 especies de plantas, que en Italia, para el ya un poco lejano año de 1997, estuvieran en peligro de desaparecer 1.011 especies (allí se extinguió una planta porque el único lugar donde crecía fue convertido en un campo de fútbol), y que, para cierta época, en el transcurso de 13 años se hubieran destruido en Brasil 23 millones de hectáreas de bosques –y no estoy tomando en cuenta aquí todas las que fueron destruidas en los pasados incendios que se desataron en ese país–, en México, 6 millones trescientas mil, y en Haití, El Salvador y Santa Lucía, entre el 46 y el 49 por ciento de sus áreas boscosas.

MÁS SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA BIODIVERSIDAD

Ahora, ¿de verdad es tan importante para el hombre y la vida en general la biodiversidad? Por supuesto que sí, y para una muestra de ello –aparte de lo que ya he dicho– un botón. A principios de la década de 1840 Irlanda era la nación europea de mayor densidad poblacional, pues vivían allí más de 8 millones de personas. El alimento principal de esta gran masa humana lo conformaban las papas, especialmente la llamada lumper, la variedad más cultivada. Pues bien, en 1845 los agricultores irlandeses la sembraron como de costumbre, pero un fulminante hongo llamado mildíu terminó con casi toda la cosecha. El señor Paul Raeburn escribió en un libro suyo que la mayor parte de Irlanda superó aquel año difícil, pero que el verdadero desastre azotó el año siguiente, ya que, debido a que no disponían de otra variedad, los agricultores volvieron a recurrir a la lumper, por lo que el mildíu –una verdadera maldición–atacó de nuevo, esta vez con una fuerza aplastante. El señor Raeburn cuenta que “el sufrimiento fue indescriptible”. Un millón de irlandeses murieron de hambre, y otro millón y medio emigró, muchos de ellos a la costa este de los Estados Unidos, principalmente a Boston, desde donde buena parte se desplazó al territorio de lo que hoy es el estado de Oklahoma. Hasta películas se han filmado acerca de esta epopeya, como una de mis favoritas: Un horizonte lejano. Mientras esta cosa horrible ocurría en Irlanda, en los Andes, Sudamérica, los agricultores cultivaban muchas clases de papas, por lo que el hongo atacó solo unas cuantas. No hubo epidemia. “Es evidente, pues, que la diversidad de especies y de variedades dentro de la especie, es una protección”. Así lo dice cierta publicación.

En ¡Despertad! del 22 de enero de 1993 leí que la revista Discover había publicado a fines del año 1992 un extracto del libro del biólogo Edward O. Wilson titulado La diversidad de la vida, en el que él elevó  su voz de protesta ante la extinción de miles de especies de aves, peces e insectos, así como de otras formas de vida a las que generalmente no se toma en cuenta por considerarse insignificantes. Dijo el señor Wilson: “Muchas de las especies desaparecidas son hongos micorrizantes, hongos que por unión simbiótica acrecientan la absorción de nutrientes por parte del sistema de raíces de ciertas plantas. Los ecologistas se han preguntado por mucho tiempo qué les sucedería a los ecosistemas terrestres si estos hongos desaparecieran y pronto lo descubriremos”.

Estas palabras del señor Wilson me recuerdan algo que escribí hace años en mi libro Idilio con el valle del río Jiménez sobre algunos pequeños animales silvestres que son aliados, por donde se les mire, del ser humano. Hablé allí del sapo, amigo de los huertos, pues puede comerse más de 10.000 insectos dañinos en un lapso de 3 meses, entre los que se incluyen grillos, la chinche de la calabaza o auyama, el gusano soldado, la oruga sedosa del manzano, la polilla lagarta y la babosa. Además hablé seguidamente de pájaros insectívoros que son también muy buenos en controlar plagas, pues el libro Horticultura sin venenos dice que una vez se vio a un chochín doméstico alimentar a sus hijitos con 500 arañas y orugas en una sola tarde veranera. Y la mantis religiosa, o cerbatana, como se le llama acá en Venezuela, también es una buena devoradora de insectos indeseables.  

En esta misma publicación el biólogo formuló y respondió la siguiente interrogante acerca de la urgencia y la importancia de salvar las especies: “¿Qué importa que algunas especies se extingan, que hasta desaparezca la mitad de todas las especies de la Tierra? Déjenme enumerar las pérdidas. Se pierden nuevas fuentes de información científica. Se acaba con un vasto potencial de riqueza biológica. Medicinas, cosechas, fármacos, madera, fibra, pasta papelera, vegetación que restaura el suelo, sustitutivos del petróleo y cosas que aún están sin explotar nunca se descubrirán. En algunos ámbitos está de moda desechar lo pequeño y desconocido, los insectos y la hierba, olvidando que una mariposa de América Latina casi desconocida salvó los pastos de Australia de una invasión de cactos, que la Vinca rosea suministró el remedio para la enfermedad de Hodgkin y la leucemia linfocítica infantil, que la corteza del tejo Taxus brevifolia ofrece esperanza a las mujeres que padecen cáncer de ovario y de mama, que una sustancia química de la saliva de las sanguijuelas disuelve coágulos de sangre durante operaciones quirúrgicas…, y la lista seguiría, una lista bastante larga e ilustre a pesar de la poca investigación que se efectúa en este campo”. Agregó: “Con una mente amnésica también es fácil pasar por alto los servicios que proporcionan a la humanidad los ecosistemas. Enriquecen el suelo y crean el aire que respiramos. Sin estos factores, la existencia futura de la humanidad en la Tierra sería desagradable y breve”.

Zarigüeya o rabipelado en las cercanías de una granja del municipio Carvajal, Trujillo, Andes venezolanos. Odiado por muchos por su afición a atacar gallineros, este animal nocturno también cumple un papel importante en los ecosistemas. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Aparte de esto, la revista National Geographic, en su número de febrero de 2013, en el artículo titulado La mordedura que sana, cuya autora es Jennifer S. Holland, habla del gran y perfectamente justificado entusiasmo que hay porque se ha terminado de determinar –y valga esta especie de pequeño juego de palabras– el enorme potencial que hay en el veneno de muchísimas criaturas silvestres para seguir creando fármacos que combatan eficientemente los crecientes problemas de salud de la gente. Jennifer S. Holland escribió en ese artículo que “las propiedades que hacen mortal el veneno son también las que lo hacen valioso para la medicina”. Ella se refería a las proteínas y péptidos que componen esos venenos, y que al entrar en el cuerpo de la víctima del animal ponzoñoso, en el caso de algunos, como el de la víbora de cascabel, atacan el sistema nervioso y lo paralizan al cortar la comunicación entre los nervios y el músculo, lo que hace que generalmente la víctima muera por asfixia. En el caso de otros, consumen las moléculas de tal forma que “las células y los tejidos colapsan”. Pueden matar al coagular la sangre y parar el corazón, o evitando la coagulación, haciendo que la víctima muera por graves hemorragias internas. ¡Así lo entendí yo!

Entonces, ¿por qué es que Jennifer Holland dice que “las propiedades que hacen mortal el veneno son también las que lo hacen valioso para la medicina”? Porque “muchas toxinas del veneno tienen como objetivo las mismas moléculas que necesitan ser controladas para tratar enfermedades”. Ella cuenta que el veneno trabaja a gran velocidad, y que los componentes activos de este, “los péptidos y proteínas que actúan como toxinas y enzimas, tienen como objetivo moléculas particulares y encajan en ellas como llaves en cerradura. La mayoría de los medicamentos actúan de la misma manera, al encajar y controlar las cerraduras moleculares para disminuir sus efectos nocivos”. Agrega que el reto consiste en conseguir la toxina que ataque cierto objetivo, pero que algunos medicamentos sumamente importantes en el tratamiento de cardiopatías y diabetes fueron creados a partir de venenos, además de que para el año 2023 nuevos tratamientos desarrollados a partir de venenos podrían usarse para combatir el dolor, las enfermedades autoinmunes y el cáncer. Citado por ella en el mismo artículo, Zoltan Takaks, biólogo toxicólogo, herpetólogo y explorador emergente de National Geographic Society, declara que ‘no se está hablando solo de unos cuantos fármacos novedosos, sino de clases completas de fármacos’. Y agrega: “Podría haber más de 20 millones de toxinas de veneno en espera de análisis. Es extraordinario. El veneno ha abierto caminos completamente nuevos para la farmacología”. Él tiene toda la razón del mundo para sentirse entusiasmado, pues el mismo artículo dice que aunque solo se han examinado poco menos de 1.000 toxinas por su valor medicinal, provenientes de ello, 12 medicamentos importantes han llegado al mercado.

Ejemplos muy interesantes que muestran que lo anterior es muy cierto son los que describo a partir del siguiente punto. Una de las toxinas del veneno de una víbora posee una proteína que fue la base de un medicamento que se usó contra la trombosis venosa profunda. El veneno de la serpiente brasileña conocida como yarará contiene un componente que, alterándolo a nivel molecular, sirvió para fabricar potentes antihipertensivos. El veneno de la mamba verde oriental estaba siendo estudiado porque podría llegar a ser la base de medicamentos que sirvan para reducir la presión arterial y la fibrosis, y que protejan los riñones. El veneno de la temible mamba negra posee una toxina “con un enorme potencial para ser un nuevo y potente analgésico”. El veneno de un lagarto que vive en desiertos de Norteamérica, al que se conoce como monstruo de Gila, tiene un componente que mantiene bajo control la glucosa y reduce el apetito. Es la base del fármaco llamado exenatida. El reportaje de Holland dice que ‘ayuda a los diabéticos a producir su propia insulina y a bajar de peso’. Un medicamento con base en una toxina anticoagulante de la saliva del murciélago vampiro estaba hace un tiempo siendo estudiado para utilizarlo en el combate de la trombosis isquémica. Una toxina combinada presente en los venenos de 3 especies diferentes de alacranes estaba siendo investigada hace unos años por su potencial para combatir enfermedades autoinmunes. Una neurotoxina del alacrán dorado sirve para el combate del cáncer cerebral. También se estaban estudiando las toxinas del alacrán por su potencial para combatir el cáncer de próstata, el colorrectal, el de pulmón, el de mama, el pancreático, el de piel, la malaria, el glioma, la epilepsia, los problemas cardiacos, el dolor y hasta las plagas, pues parece que una de dichas toxinas tiene potencial como pesticida. El poderoso veneno del caracol cónico tiene gran potencial para la producción de medicamentos con base en este: analgésico para enfermos de cáncer terminal, además de fármacos preventivos contra la depresión y la adicción a la nicotina, más los males de Parkinson y de Alzheimer. Un animal marino conocido como anémona sol tiene un veneno que contiene elementos que pueden servir para el tratamiento de la esclerosis múltiple, la psoriasis, el lupus y la artritis reumatoide. El veneno de acción rápida de la víbora rinoceronte de Camerún contiene toxinas que ya en 2013 se pensaba que podían ser utilizadas para fabricar fármacos que controlaran el sangrado en las cirugías. El veneno de una serpiente marrón oriental ha estado siendo estudiado para ver si se saca de este un aerosol que sirva para detener sangrados en los lugares de los accidentes. Y así sucesivamente.

El penúltimo párrafo del increíble artículo del cual estoy citando dice: “Zoltan Takacs no se cansa de decir que el potencial medicinal de los venenos es ‘alucinante’, pero estamos en riesgo de perder las fuentes de ese potencial más rápidamente de lo que podemos identificar los dones de sus toxinas. Las serpientes, al adaptarse para llenar varios nichos en todo el mundo, han desarrollado un rango sorprendente de compuestos venenosos, pero sus poblaciones están disminuyendo al igual que las de muchos otros animales. Los océanos también están bajo presión: su química cambiante podría eliminar fuentes de veneno promisorias, desde los caracoles cónicos hasta los pulpos”. Y el último dice: “’Al conservar la biodiversidad del mundo –advierte Takaks– deberíamos apreciar mejor la biodiversidad molecular’. Eso pondría a las moléculas de los venenos más mortales de la naturaleza en una posición alta en la agenda cuando se tomaran las decisiones sobre conservación. Y eso salvaría muchas vidas”.

Avispa de las llamadas caza tarántulas, insecto de la familia pompilidae, fotografiada en un camino rural del nordeste del municipio Carvajal, Trujillo, Andes venezolanos, acabando de inmovilizar con su veneno neurotóxico a una araña común en la zona. Después de que la oculte en su madriguera pondrá un huevo en su abdomen y saldrá, dejando dicha madriguera sellada. Cuando la larva salga del huevo comenzará a alimentarse de la araña, que está inmovilizada pero no muerta. Luego, en su fase final, sí matará a la araña porque comenzará a alimentarse con los órganos vitales de esta. Seguidamente tejerá en torno a sí un capullo de seda, completará la metamorfosis y saldrá de la madriguera. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Voy a aprovechar para hablar aquí de un pequeño animal al cual hice recientemente breve alusión en mi novela Amanecer en la tierra de las montañas eternas, un animalito que le provoca a muchas personas cierta repulsión: el humilde escarabajo pelotero. Este pequeño coleóptero, que vive en muchas regiones del planeta, incluyendo a Trujillo, el andino estado venezolano en el que vivo, pero que abunda especialmente en África, es un eficiente trabajador sanitario, como lo conté en la novela. A las heces de elefantes y del ganado vacuno, por ejemplo, que caen al suelo, las cortan en trocitos y con sus patas delanteras les van dando formas de pelotas, a las que trasladan dándole vueltas hasta sus nidos bajo la superficie del suelo, donde servirán de alimento para ellos y para sus crías. Cumpliendo deberes educativos religiosos con algunos amigos como Juan Carlos Sandrea y Félix Guzmán, he visto escarabajos de esta especie haciendo rodar bolitas de excremento a través de los caminos de Santa Rita de Jiménez, en los límites entre los municipios Carvajal y Pampanito, en el rural centro de Trujillo. Al enterrar el excremento, el pelotero no solo se provee de una buena despensa de comida, sino que también abona el suelo y aumenta su porosidad, lo que repercute en un mejor desarrollo de la vegetación. De este modo, también se limita el número de moscas dañinas y se destruyen los huevecillos de los parásitos, lo que frena la propagación de enfermedades bacterianas. En algunas zonas del continente africano abunda tanto este coleóptero y es tan voraz, que se han visto grandes cantidades de peloteros pegados al pelaje del trasero de los elefantes, esperando que estos evacúen para lanzarse al estiércol, si es posible, antes de que este llegue al suelo, donde se lo despacharán en cuestión de segundos. Es cierto, sí es importante, sumamente importante, la biodiversidad, tanto para el hombre como para la vida en general.

¡Cuánta importancia tienen para la salud del planeta y del ser humano las aves carroñeras! Las que se ven aquí, llamadas en Venezuela zamuros, fueron fotografiadas en Carvajal, en el centro de la provincia de Trujillo. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Además, la biodiversidad tiene valor para el ser humano no solo porque satisface una necesidad física, pues vea lo que declaró a ¡Despertad! el paleontólogo Niles Eldredge: “Los seres humanos apreciamos la vida que nos rodea (especies de llamativa belleza, lugares salvajes esplendorosos) también por su valor intrínseco. Algo en nuestro interior reconoce nuestra conexión con este mundo natural y la paz y placer que nos proporciona”. Una cosa que ilustra la certeza de estos comentarios es lo que escribió el corresponsal de ¡Despertad! en Sudáfrica sobre los excelentes artífices del cambiante desierto de Namibia, en el África suroccidental, estética pura en todo el sentido de la palabra. Él cuenta de los escarabajos, formadores de noche con sus huellas de largas, delicadas y zigzagueantes cadenas en la arena de las dunas; de filas simétricas de agujeritos que eran en realidad pisadas de una musaraña de trompa que marchaba saltando hacia su destino, y de la excéntrica y peculiar víbora bufadora de Peringuey, cuyos movimientos característicos en base a suaves ondulaciones laterales “imprimen en la arena un diseño que evoca una sucesión de bastones torcidos”. Allí está: un ser humano apreciando la vida que lo rodea por su valor intrínseco.

La perfección hecha telaraña en Paramito, en el rural nordeste del municipio Carvajal, Trujillo, Andes venezolanos. Tenía razón el filósofo chino Lin Yutang cuando dijo, refiriéndose a la telaraña, que “cuando algo está en su lugar y cumple con su función es hermoso”. Foto: Daily Delphin Godoy. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Otro ejemplo más de esto, al cual, por cierto, también hice alusión en Amanecer en la tierra de las montañas eternas, es el que menciona la revista ¡Despertad! del 22 de julio de 1996. La revista habló de un ave que habita los bosques templados de la Tierra: el ruiseñor. Esta dice que solo una de cada 10 personas ven al ruiseñor cuando canta, pero que una vez que lo escuchan jamás olvidan su canto. “Es pura música, una melodía completa y refinada”, comenta la ¡Despertad! que escribió Simon –así, sin acento en la o– Jenkins en el diario londinense The Times. El pájaro con frecuencia canta sin interrupción durante un periodo largo. De hecho, hay constancia de un ruiseñor de los campos ingleses que cantó durante 5 horas y 25 minutos corridos. ¡Imaginémonos eso! ¡5 horas y 25 minutos cantando sin parar, sin interrupción! ¿Por qué es único su canto? La laringe del ruiseñor puede emitir 4 notas diferentes a la vez, produciendo, dice ¡Despertad!, acordes musicalmente perfectos. Y puede hacerlo, incluso, con el pico cerrado o con la boca llena de comida para sus crías. La citada publicación pregunta que cuál es la razón por la que canta con tanta intensidad. Por puro placer, según ciertos observadores; aunque algunos ornitólogos dicen que parece que las aves canoras como el ruiseñor supieran que su canto también le causa placer a los seres humanos que lo escuchan. Simon Jenkins concluye su artículo en The Times con la siguiente pregunta: “¿Hay en toda la naturaleza alguna creación más asombrosa que la laringe del ruiseñor?”

La biodiversidad planetaria es útil hasta para que uno como ser humano se acerque a Dios, pues mire lo que escribí en mi libro Idilio con el valle del río Jiménez hace ya años a este respecto: “Marcy Cottrell Houle es una bióloga estadounidense que a principios de los años 90 fue contratada por la Dirección de la Flora y la Fauna Silvestre del estado de Colorado para observar durante un tiempo a una de las pocas parejas de halcones peregrinos que para ese tiempo sobrevivían en ese estado y luego recomendar técnicas para protegerla. Al final de su experiencia con estas fabulosas aves escribió para la revista Selecciones de octubre de 1995 lo siguiente: ‘Me di cuenta de cuánto apreciaba lo que le había dado a mi espíritu la observación de aquellos halcones. El peregrino es una criatura de Dios, y el hecho de haber entendido su belleza y sus funciones me había llevado a amar cada día más a mi Creador’”. ¡Qué les parece!

MÁS ACERCA DE LAS CAUSAS DE LA DESAPARICIÓN DE LA BIODIVERSIDAD

Bien; ¿de qué maneras exactamente está ocasionando el hombre, la “especie exterminadora”, la pérdida de la biodiversidad? En estas formas de las que hablo a partir del siguiente punto y seguido. Una, es la explosión demográfica y el proceso de acelerado y desordenado desarrollo urbanístico que va de la mano con ella en el mundo entero. La población humana mundial de hoy es de más de ocho mil millones de personas, masa humana abusadora, en su mayoría, de los recursos del planeta. Otras son la sobreexplotación –ya me referí a esta por allí; es el problema de China–, el calentamiento del planeta y la destrucción del hábitat. Merece que se resalte la noticia de que es precisamente la reducción del hábitat por la tala ilegal de árboles lo que está atentando contra la existencia de la hermosa mariposa monarca, que vive entre México y los Estados Unidos, y que recibió un fuerte golpe cuando el 13 de enero de 2002 una tormenta mató a unos 500 millones de ejemplares de dicha mariposa.

Otra causa más es la introducción en determinados ecosistemas de especies vegetales o animales ajenas a ellos. Cuando esto ocurre, las especies extrañas se apropian de los sectores de los ecosistemas ocupados por las especies autóctonas. También puede que traigan enfermedades contra las que estas últimas no puedan luchar. Además, la revista ¡Despertad! declara que pueden alterar “el ecosistema lo suficiente como para causar la extinción de la fauna y la flora” típicas. Dos ejemplos de esto los tenemos, uno, en una especie de alga asesina que, introducida accidentalmente en las costas de Mónaco, estaba hace unos años aniquilando otras especies del mar Mediterráneo y se estaba propagando por el lecho marino. El otro, una especie australiana de serpiente arborícola venenosa de color marrón que ha estado colonizando las islas del océano Pacífico viajando a escondidas en los aviones. ¡Despertad! alerta con respecto a que, para cierta fecha pasada, había exterminado casi por completo las aves de los bosques de Guam.  

En el caso de la impresionante fauna africana, aparte de la explosión demográfica y la sobreexplotación, también ha estado contribuyendo a su disminución las enfermedades, las sequías devastadoras, el estado de abandono en el que se hallan los habitantes de las regiones rurales y las guerras civiles que han armado a la gente, predisponiéndola a que practiquen la caza furtiva. África tiene un historial negro en cuanto a la fauna silvestre se refiere. Por ejemplo, ¡Despertad! dice que cuando se estableció el primer hombre blanco en la colonia británica de Natal (ahora parte de Sudáfrica), en 1824, había muchísimos animales. Pero, para 1878, casi toda la fauna había sido aniquilada. Se informa que en un solo año se exportaron desde el puerto de Durban hasta 62.000 pieles de ñu y de cebra, y en otro año se exportaron más de 19 toneladas de marfil. En 1950, cuando Angola aún pertenecía a Portugal, se autorizó, para abrir un distrito a la ganadería, la caza no restringida de animales silvestres, lo que ocasionó en casi dos años y medio la lamentable matanza de 1.000 rinocerontes negros, varios miles de jirafas y decenas de miles de ñus, cebras y búfalos cafres: ¡una verdadera locura!

Y dónde dejamos la ignorancia, la “miopía”, la estrechez de miras del ser humano, como causantes de lo que ocurre actualmente con la biodiversidad planetaria. Miremos lo que pasa con los pobres murciélagos. Creo que fue en ¡Despertad! donde leí hace ya muchos años que los murciélagos están entre los animales más perseguidos injustamente, incomprendidos y subestimados de toda la naturaleza. Se les teme sin necesidad, pues se cree que atacan a la gente, que transmiten la rabia y que están ligados con el Diablo. Nada de eso es cierto, pues rara vez son estos animales portadores de enfermedades, así como tampoco atacan a la gente y absolutamente nada tienen que ver con el Diablo. Pocas especies de murciélagos son carnívoras –hay murciélagos pescadores– y solo 3 se alimentan de sangre, los llamados vampiros, que hasta ahora se han encontrado solo en algunas regiones de Latinoamérica. De paso, los vampiros no atacan a los seres humanos, pues solo se alimentan de la sangre de ciertos animales, entre ellos, el ganado vacuno, como se observa mucho en los Llanos de Venezuela.

Al contrario de lo que muchos creen, se ha descubierto que son claves en el mantenimiento del equilibrio ecológico en todo el planeta y aliados del hombre en muchos sentidos. Hay pruebas de que un solo murciélago insectívoro puede capturar hasta 600 mosquitos en una sola hora y comer hasta 3.000 insectos dañinos para el hombre en una sola noche. En Arizona, Estados Unidos, una colonia de murciélagos insectívoros devoraba hace ya tiempo cada noche unos 160.000 kilogramos de insectos, o lo que es lo mismo, el equivalente en peso a 34 elefantes. En Adelaida, Australia, se descubrió que otra colonia de insectívoros de solo 150 ejemplares consumía por noche más de 10.000 insectos. Al sudeste de allí, en la llamada Cueva del Murciélago, cerca de un lugar llamado Naracoorte, otra colonia de murciélagos insectívoros, pero grande, de unos 250.000 ejemplares, eliminaba hasta 500 kilos de insectos por noche, convirtiéndose en la mejor aliada de los granjeros locales.

En el caso de los murciélagos que se alimentan de flores, los llamados florífagos –yo los he visto en el sembradío de bananos del patio de la casa de mis padres–, estos rinden un gran servicio para que se dé la polinización cruzada de los árboles frutales. De hecho, hay prueba de que sin la acción de los murciélagos florífagos la producción de alimentos como los plátanos, los higos, los aguacates y muchos otros disminuiría a niveles alarmantes. Es más, el agave, que es la materia prima del tequila mexicano, depende en gran parte de los murciélagos florífagos para su reproducción, al igual que muchas variedades del eucalipto. En el caso de los murciélagos frugívoros, dije en la primera edición de mi libro Idilio con el valle del río Jiménez que su dieta principal depende de las frutas de los bosques naturales, no las de los frutales sembrados por el hombre. Debido a que los jugos gástricos de estas criaturas no dañan la capacidad de germinar de las semillas de las frutas que estos consumen, cuando las defecan lejos de donde se las han comido contribuyen a la supervivencia de los bosques pluviales. Recuerdo que leí en un número ya lejano de ¡Despertad! sobre el tema que la polinización y dispersión de semillas que efectúan los murciélagos florífagos y frugívoros son vitales para la producción de cosechas que valen millones de dólares anualmente, así como también para la existencia de más de quinientas especies de árboles y otras plantas.

Tristemente, nada de lo ya dicho ha servido para que a estos asombrosos seres se les trate como se merecen. New Scientist de septiembre de 1988 dijo que los granjeros matan a los murciélagos frugívoros porque los consideran plagas, pero que haciendo eso dichos granjeros pueden sufrir todavía mayores pérdidas, porque, como ya vimos, los murciélagos son sus aliados, no sus enemigos. Es oportuno decir que los murciélagos solo se comen la fruta madura que no se ha recolectado, la que ya no tiene valor comercial para los agricultores. Yo vi muchas veces eso en el árbol de la fruta llamada aquí en Venezuela mamón que sombreaba antes el patio de la casa de mis padres. Muchos murciélagos frugívoros de regular tamaño comenzaban a hacer ruidosas incursiones en dicho árbol para comerse la fruta que no se había recogido, la que había comenzado a dañarse sin desprenderse aún del inmenso árbol. Mientras las pequeñas frutas estaban madurando y cuando ya estaban en su punto para el consumo humano, los murciélagos ni las miraban. Repito, los murciélagos solo entraban en la escena cuando los mamones habían perdido valor para nosotros los humanos. ¡El Creador todo lo hace perfecto!

Murciélagos de nariz puntiaguda, posiblemente del género phyllostomidae, fotografiados el 5 de enero de 2020 en el patio de una casa en Carvajal, Trujillo, Andes venezolanos. Los grandes beneficios que le aportan estas criaturas al ser humano no han servido de mucho para que la gente las trate con la consideración que se merecen. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Escribí en Idilio con el valle del río Jiménez, basándome en aquella un poco lejana ¡Despertad!,que el que los granjeros siguieran matando murciélagos porque los consideraban plagas, aunado a la pérdida de sus hábitats causada por la deforestación y el uso indiscriminado de los pesticidas, había contribuido a que todas las especies de murciélagos del mundo estuvieran sufriendo graves disminuciones. En cierto año también un poco lejano se llegó a decir que en Europa habían mermado hasta en un 90 por ciento, lo cual había provocado que insectos dañinos proliferaran hasta el punto de que se tuvo que recurrir a peligrosos agentes químicos para frenar su crecimiento. En Israel se envenenó a los murciélagos insectívoros buscando eliminar especialmente a los frugívoros. En Estados Unidos, el murciélago es el mamífero que se encuentra en mayor peligro de extinción. Y en toda Latinoamérica, buscando controlar al vampiro, se ha matado sin discriminación a otras especies de murciélagos que son muy beneficiosas para esta zona del planeta. Y acá en Trujillo, el estado venezolano en el que vivo, los altísimos niveles de deforestación han contribuido a que, con el transcurrir del tiempo, las diferentes especies de murciélagos hayan disminuido paulatinamente, hasta el punto de que, como he escrito en el pasado, su silueta y su alocado vuelo se han hecho cada vez más extraños en el cielo crepuscular.

Murciélago de los llamados nariz de cerdo, fotografiado cerca del lugar en el que se hizo la foto anterior. Los murciélagos componen casi una cuarta parte de todas las especies de mamíferos planetarios. Foto: Daily Delphin Godoy. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Merlin Tuttle, presidente de la Bat Conservations International, y una autoridad en materia de murciélagos del cual citan las revistas que he consultado para esta parte del artículo –¡Despertad! y Selecciones del Reader’s Digest–,  dice que “la presencia de murciélagos es señal inconfundible de un ambiente saludable”. Y un artículo de Science Year de 1985 sobre estos impresionantes animales fue resumido por la misma publicación así: “Desgraciadamente, a medida que crece la lista de contribuciones útiles de los murciélagos, también crecen las amenazas a la existencia de estas criaturas. Hasta que un mayor número de personas llegue a reconocer el valor de los murciélagos y la necesidad de protegerlos, el futuro de estos importantes animales permanece incierto”. Merlin Tuttle dijo en una oportunidad que obligatoriamente tenía que comenzar a extinguirse ‘la oleada de miedo y prejuicios que había llevado a los murciélagos al borde de la extinción’. Y concluyó sus palabras así: “No hemos profundizado en lo que realmente puede hacerse para que sobrevivan grandes poblaciones de murciélagos. Para algunos, ya es demasiado tarde, y para otros el tiempo se está acabando. El que desaparezcan grandes poblaciones de murciélagos puede tener consecuencias serias, potencialmente irreversibles para el medio ambiente que todos debemos compartir”.

En cuanto a los vegetales que forman parte de nuestro suministro de alimentos, el problema que afecta a estos es el monocultivo, es decir, el cultivo de un solo vegetal, que se popularizó como consecuencia de la llamada revolución verde y de su sucesora, la revolución genética. La revolución verde consistió en la campaña que lanzaron los gobiernos y empresas de países con hambrunas para que los agricultores reemplazaran sus siembras variadas por plantaciones uniformes sumamente productivas, especialmente de arroz y de trigo. Con los subsidios gubernamentales, esta revolución salvó momentáneamente la vida de millones de seres humanos, pero ahora, amenaza la seguridad alimentaria de todo el mundo. Sí, es cierto que los monocultivos permiten una recolección más fácil, un gran rendimiento y productos atractivos y que no se pudren fácilmente; sin embargo, van “en contra de la estrategia fundamental de supervivencia y exponen a las plantas a enfermedades o plagas que pueden diezmar la cosecha de toda una región”, o hasta de un país, como sucedió cuando el mildíu atacó los sembradíos de papas en la Irlanda de mediados del siglo 19. Gracias a esta revolución, el empleo intensivo de fertilizantes fomentó el crecimiento de mala hierba, y los pesticidas y fungicidas que se utilizaron para exterminar las plagas mataron insectos beneficiosos. “En los arrozales, los productos químicos tóxicos” acabaron con peces, camarones, cangrejos y ranas, así como con hierbas comestibles y plantas silvestres que, en su mayoría, eran valiosos alimentos complementarios. “También se dieron casos de envenenamiento entre los agricultores que habían estado en contacto con tales productos”, dice una de mis fuentes consultadas.

La doctora Mae-Wan Ho, del departamento de Biología de una universidad británica, escribió en una oportunidad que estaba comprobado que los monocultivos que se habían introducido tras la llamada revolución verde habían perjudicado seriamente la biodiversidad y la seguridad alimentaria de toda la Tierra. La oficina para asuntos agrícolas y alimentarios de la ONU reconoce que se ha extinguido, mayormente a consecuencia de la revolución verde, el 75 por ciento de la diversidad genética de los vegetales que se cultivaban hace unos 115 o 120 años. Y ¡Despertad! recuerda que la uniformidad genética fue uno de los factores que provocó que, en Estados Unidos, un hongo destrozara los maizales, y que en Indonesia se malograran en cierta oportunidad 200.000 hectáreas de arrozales.

¿Qué hay de la sucesora de la revolución verde: la revolución genética o biotecnología? En esta ciencia se unen, por decirlo así, la biología y la tecnología moderna mediante técnicas como la ingeniería genética. Empresas que trabajan con este tipo de tecnología patentan “simientes de alto rendimiento” que resisten heladas, sequías y plagas, y que su cultivo requiera el uso de menos químicos peligrosos. Un número de la revista ¡Despertad! titulado ¿Produciremos suficiente alimento? cita del libro La ingeniería genética, el alimento y el medio ambiente que indica que en la naturaleza, la diversidad genética tiene ciertos límites. El libro dice que se puede cruzar una rosa con otro tipo de rosa, pero que no se puede cruzar una rosa con una papa. Sin embargo, precisamente la razón de ser de la ingeniería genética es tomar genes de una especie e introducirlos en otra para transmitir la característica que se desea. La publicación citada pone un ejemplo de esto al decir que de un pez del océano Ártico conocido como platija se puede extraer un gen que estimule la producción de una sustancia anticongelante y posteriormente introducirlo en una papa o una fresa para que soporten las heladas típicas de los países de la zona templada. ¡Despertad! agrega que, en esencia, por tanto, “la biotecnología permite al hombre abrir una brecha en los muros genéticos que separan a las especies”.

Afortunadamente, esta magnífica revista presenta, como de costumbre, la otra cara de la moneda de la revolución genética o biotecnología, al comentar que esta rama de la ciencia también da pie para el problema del monocultivo, además de que no disipa las preocupaciones por el deterioro de la biodiversidad; más bien, plantea serias cuestiones sobre sus posibles consecuencias sobre los ecosistemas y la humanidad. En vista de todo esto, la revista en cuestión plantea dos preguntas vitales: “¿Somos capaces los seres humanos de resolver el problema? ¿Qué futuro le aguarda a la biodiversidad?”

EL PROMETEDOR PORVENIR QUE LE ESPERA A LA BIODIVERSIDAD

Anthony C. Janetos escribió lo siguiente en la revista Consequences: “Mucha gente concordará en que, como sociedad, tenemos la obligación ética de proteger la habitabilidad del planeta y de administrar de forma responsable su riqueza biológica para el bienestar presente y futuro del género humano. Si deseamos lograr este objetivo, tenemos que valorar la biodiversidad –tanto por lo que aporta al mundo natural, como a nosotros– y comprometernos a conservarla”. Este comentario indica que a muchísima gente le está embargando un hondo sentimiento de pérdida a medida que merma la biodiversidad planetaria. Dicha preocupación contribuyó a que, hace unos años, se formulara el Tratado de Biodiversidad, con el que se admitía que la preservación de la diversidad biológica es un asunto que compete a la humanidad entera. Otro paso que se dio fue declarar para el 2001-2002 el Año Internacional de la Observación de la Biodiversidad. ¡Despertad! citó a la bióloga de la Universidad de Colorado, la señora Diana Wall, quien dijo: “La investigación de la biodiversidad reportará muchos beneficios, como el descubrimiento de nuevos genes y sustancias químicas que puedan utilizarse para la elaboración de fármacos, la mejora de los cultivos o la recuperación de zonas contaminadas”. Añadió: “Y más importante aún, para tomar decisiones informadas acerca de la tierra, los ríos y los océanos es fundamental averiguar dónde habitan especies desconocidas, cómo ayudan estas a mantener los ecosistemas saludables y cómo podemos contribuir a su conservación”.

Preciosa cebra del zoológico de Barquisimeto, Venezuela. Esta especie y el resto de la valiosa fauna africana serán salvados en el futuro cercano. Foto: José Isaac Valecillos. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Con respecto al problema de la falta de biodiversidad alimentaria, muchos entes gubernamentales y organizaciones privadas han creado los bancos de semillas para fomentar en el futuro el cultivo de una gran variedad de semillas. Debe mencionarse, sin embargo, que la creación de estos bancos plantea serios y nuevos problemas, entre ellos, su costoso mantenimiento, lo perecedero de sus semillas, la pérdida progresiva de la capacidad de adaptación de estas al ambiente natural y lo susceptibles que son los bancos de semillas a las revueltas políticas, los problemas económicos y los desastres naturales. Más aun, muchos confían en estos bancos para detener el fenómeno.

Esta imagen de un abejorro alimentándose del polen de una flor de árnica en un camino rural de El Algarrobo, en el montañoso centro del estado venezolano de Trujillo, es un perfecto reflejo de la armonía y el equilibrio que el Creador puso en la naturaleza. Cuando el hombre irrespetuoso de su entorno entra en escena, todo se echa a perder. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Aquí surge, no obstante, un enorme pero, ya que, medidas como la formulación del Tratado de Biodiversidad, la declaración del Año Internacional de la Observación de la Biodiversidad y la creación de los bancos de semillas no atacan las causas o factores que están ocasionando la desaparición de la biodiversidad. Además, se está perdiendo tiempo muy valioso. ¡Despertad! pone el dedo en la herida con la siguiente declaración: “Para invertir el proceso de extinción los seres humanos hemos de cambiar de inmediato nuestro modo de tratar el planeta y las formas de vida que lo pueblan. No basta con que controlemos el daño que se les hace. La solución exige, sin duda, un cambio en la sociedad”. La doctora Jane Goodall comenta que la destrucción de los ecosistemas naturales casi siempre está vinculada al materialismo y la codicia del mundo en el que vivimos. Y el botánico Peter Raven advirtió que la avaricia, la indiferencia, la pobreza y la ignorancia estaban causando problemas que se interrelacionaban y que amenazaban con llevar a la ruina completa al planeta Tierra. Finalmente, la obra Cuidar la Tierra admite que para la correcta y responsable administración de nuestro querido y golpeado planeta se hace necesario el fomento de valores realmente morales y de que la economía y la sociedad sean distintas de las que prevalecen en este tiempo.

Garza blanca en las riberas del río Pagüey, Barinas, Llanos de Venezuela. La biodiversidad es de capital importancia para todo el planeta Tierra y la vida que este alberga. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Corpoestovacuy.

En su sección Observando el mundo, ¡Despertad! del 22 de febrero de 2003, con el título El ecosistema mundial al borde de la quiebra, dice que “los científicos creen que si seguimos consumiendo los recursos naturales de la Tierra al ritmo actual, el ecosistema mundial se declarará en quiebra”, según “observa el diario canadiense The Globe and Mail”. Un “estudio publicado por primera vez en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences”, mostró que en 1961 consumíamos el 70 por ciento de la producción biológica anual del planeta. En 1999, el consumo era de un 120 por ciento, mientras que unos pocos años después ya era de 125 por ciento. Se menciona que esto significa que a la Tierra le llevaría 15 meses “recuperar el capital natural que la humanidad consume al año entre la pesca, la ganadería, la agricultura, la minería y la quema de combustibles fósiles”. The Globe and Mail afirma que “el hecho de que la situación esté empeorando tanto y tan deprisa se debe, en parte, a que la capacidad biológica del planeta está disminuyendo, ya que algunas zonas se encuentran muy dañadas y ya no son cultivables. Por si fuera poco, como la población mundial va en aumento, la demanda es cada vez mayor”.

Como bien lo muestran estas estampas, depende el ser humano totalmente del planeta Tierra y de la vida que alberga. Cuando él golpea al planeta que le da todo para vivir, se golpea a sí mismo. Fotos: Daily Delphin y Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América

Verdad absoluta, por lo tanto, es la de que, para salvar la biodiversidad planetaria, deben extinguirse de los seres humanos el egoísmo, la codicia, la horrible ignorancia y la estrechez de miras. Pregunto, entonces: ¿Seremos los seres humanos capaces de resolver el problema? ¿Qué futuro le aguarda a la biodiversidad?

En el planeta Tierra, cada criatura, por muy pequeña que sea e insignificante que parezca, cumple un importantísimo papel en el mantenimiento del equilibrio ecológico, tal como se aprecia en el trabajo de polinización de las flores que hacen las abejas de estas fotografías. Foto: Daily Delphin Godoy. Archivo de Proyecto Caminos de América.

No, los seres humanos hemos demostrado que no somos capaces de resolver el problema. ¿Qué persona aquí en la Tierra se va a meter en el corazón de otros para eliminar de allí las malas cualidades que han hecho que el hombre se convierta en la especie exterminadora que ha llevado al planeta y a su vida silvestre al borde del colapso? Nadie aquí abajo puede. Pensar lo contrario es tan vano como pensar en sacarle algún beneficio a arar en el mar. Por eso es que es bueno que los ecologistas nos empecemos a meter en la cabeza que nosotros no vamos a solucionar los problemas que han hecho casi insostenible la vida en nuestro mundo. Este no es un punto de vista pesimista, no, es realista, dado que somos pocos los que estamos tratando de hacer cosas para el bien de nuestro entorno, mientras que miles de millones lo están degradando. Tampoco esto quiere decir que debemos bajar los brazos en esta lucha, pues es nuestra responsabilidad aportar algo para que se sobrelleve la situación. Pero los ecologistas que también estamos mirando hacia el cielo en busca de una fuente de ayuda superior creemos firmemente que, como lo dice la Biblia, el Creador de todas estas maravillas que nos rodean y que muchos nunca llegaron a apreciar en toda su justa dimensión, utilizará la predicha hecatombe conocida como Armagedón, que en pocos años vamos a ver hecha realidad –eso lo podemos escribir, así es de segura–, para poner acá abajo cada cosa en su lugar. Lo dicen las infalibles profecías de ese libro sagrado. Lo digo yo en la conclusión de mi novela Amanecer en la tierra de las montañas eternas. Sí, sí; Dios se encargará de que sea brillante el porvenir que le espera a la biodiversidad planetaria. Él le ha puesto su firma a ello. ¡Cuídense mucho!

Primer aniversario de la creación de la plataforma de comunicación social Caminos de América

Lean en este mes de abril, con motivo de la celebración del primer aniversario de la creación de la plataforma de comunicación social Caminos de América, los artículos especiales que estaremos publicando a medida que el mes transcurra, entre ellos, uno sobre el vigésimo sexto aniversario del comienzo del genocidio en Ruanda, una biografía del recientemente fallecido cantante mexicano José José y uno sobre las amenazas que se ciernen sobre la biodiversidad planetaria. Comenzaremos con un reportaje especial sobre las grandes bellezas naturales de las montañas altas de la provincia venezolana de Mérida. Esperamos que todos les sean de provecho. Hasta la próxima.

Los editores

¡Qué hermoso es el páramo merideño!

ARTÍCULO ESPECIAL

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Venezuela está considerado por muchos uno de los países con la geografía más hermosa de todo el planeta. ¡Eso es muy cierto! Y una de las regiones de esta nación que contribuye con sus grandes bellezas naturales a que a Venezuela se le considere como tal es el páramo merideño, tierra de alta montaña que, como su nombre lo muestra, está ubicada en el sur del estado Mérida, en el norte de los Andes americanos. Cuando se entra a esa región por el también andino estado Trujillo, mi provincia natal, y en la que aún vivo, lo primero con lo que el viajero se topa –de hecho, tiene que viajar por ella– es con la carretera Timotes-Mérida. Esta es una esplendorosa y angosta vía de montaña que enlaza a uno de los pueblos más pujantes del estado con la ciudad capital. Este tramo vial forma parte importante de la carretera Trasandina, que fue construida por presidiarios en plena dictadura del general Juan Vicente Gómez, y que comenzó a funcionar en el año 1925. Los paisajes montañosos que se observan desde esta vía son realmente impactantes.

Recorriéndola desde su extremo noreste, los turistas se encontrarán primero con Timotes, aldea progresista ubicada a 106 kilómetros de la ciudad de Mérida y enclavada a 2.030 metros sobre el nivel del mar. Es el pueblo capital del municipio Miranda, uno de los mayores productores de hortalizas de toda Venezuela. Su clima es muy agradable, y el tranquilo ambiente de montaña permite el descanso, la meditación y la reflexión. Luego se encuentran Chachopo, La Venta y Cruz Chiquita, pequeñas y bonitas aldeas ubicadas en los márgenes del río Motatán. Desde este tramo de la vía se pueden observar las escarpadas montañas de la sierra llamada de la Culata y el cono de deyección que se encuentra entre Timotes y Chachopo. Es bueno recordar que un cono de deyección es una porción de tierra aluvional que parece un cono o, también, un abanico. Su formación se debe a la acción de los ríos en su salida hacia las zonas llanas, donde han depositado los materiales acarreados por la erosión, sobre todo en sus entradas. En las riberas del Motatán se pueden levantar campamentos, siempre y cuando, no esté en curso la temporada lluviosa.

Nevada en el collado del Cóndor, carretera Trasandina, Mérida, Andes venezolanos, a finales de julio del año 2019. Foto: Cortesía de la familia Lobo.

Mucho más arriba de Cruz Chiquita, sobrepasando ya los 4.000 metros de altura, se arriba al mal llamado Pico El Águila –el nombre correcto de ese lugar es collado del Cóndor–, tramo carretero más alto de Venezuela y uno de los más altos del mundo entero. Allí el frío cala hasta los huesos. Desde un mirador ubicado frente al parador turístico del paraje, se puede observar y fotografiar la sobrecogedora vista de la sierra Nevada y de su prolongación nororiental, conocida como la sierra de Santo Domingo. Después, la carretera desciende hacia Apartaderos, pintoresco pueblo de clima templado y facilidades turísticas. Desde allí se puede tomar una hermosa fotografía, especialmente si el cielo está despejado, del observatorio astronómico de Llano del Hato, al que se le puede hacer una interesante visita.

Ya entre Apartaderos y Mérida se suceden una detrás de la otra San Rafael, Mucuchíes, Mucurubá, Escagüey, Cacute y Tabay, aldeas hermosísimas, con vistas de montaña esplendorosas y ubicadas muy cerca de cuerpos de agua propicios para la pesca de la trucha.

Albeiro Lobo, profesor de Geografía y Ciencias de la Tierra e integrante del Proyecto Caminos de América, disfrutando en el collado del Cóndor, a cuatro mil metros de altitud, de la nevada caída a finales del pasado mes de julio de 2019. Foto: Cortesía de la familia Lobo.

Desde la carretera Trasandina se puede acceder al valle de Mifafí. Este es un hermoso paraje montañoso perteneciente al parque nacional Sierra de la Culata. Está ubicado aproximadamente a 3.600 metros sobre el nivel del mar. Uno de los principales atractivos de este lugar es su condición de refugio del majestuoso cóndor de los Andes, la mayor ave voladora del mundo que, de paso, se encuentra en peligro de extinción. Cuando se deja ver es posible detallar sus características: un máximo de 16 kilos de peso, una altura promedio de 1,10 metros, una envergadura con las alas abiertas de mucho más de tres metros, rugosidades en los ejemplares adultos, cuello totalmente desnudo, y pico recto, cortante y de color marfil. El cóndor, en su vuelo, puede remontarse hasta los 10.000 metros de altitud y planear hasta la asombrosa cifra de 200 kilómetros por día.

Hermoso cóndor de los Andes, refugio de Mifafí, parque nacional Sierra de la Culata. Foto: John Briceño Abreu.

Desde esta carretera también se puede ir hasta las orillas de las impresionantes lagunas que salpican esplendorosamente el páramo merideño. Una de ellas es la llamada Victoria. Se encuentra a un lado de la carretera que lleva del pueblo de Apartaderos hasta el de Santo Domingo, entre Los Frailes y Mucubají, a unos 15 minutos caminando desde la vía en cuestión. También se puede llegar a ella partiendo de la laguna llamada laguna de Mucubají, caminando por un sendero apto para todo tipo de público de unos 4,5 kilómetros de extensión que desciende entre hermosos bosquecillos de pinos.

Laguna de Mucubají con el macizo de Mucuñuque en el fondo. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Corpoestovacuy.

La laguna de Mucubají es la segunda de mayor tamaño del estado Mérida. Su belleza es majestuosa. A ella se accede por un desvío que parte de la carretera que lleva de Apartaderos a Santo Domingo. En sus alrededores se pueden hacer comidas campestres, caminatas suaves, observación de aves parameras, fotografías del paisaje lacustre y levantamiento de campamentos. También se puede practicar allí la pesca de la trucha, que en esta laguna es especialmente abundante. A unos 3.400 metros de la laguna de Mucubají se encuentra la laguna llamada Negra. Es preciosa, flanqueada por una de las formaciones boscosas situada a mayor altitud en el planeta. Alberga una de las mayores poblaciones de truchas de los sistemas lacustres merideños. La une a la de Mucubají una vereda apta para recorrerla a pie o a lomo de mulas. Otra hermosa laguna más ubicada por aquí cerca es la de los Patos. Es pequeña, y está ubicada en el lado norte del pico llamado Mucuñuque. Está unida con la Negra por un difícil sendero de unos 2.400 metros de extensión que atraviesa un bosque de coloradito, arbusto típico de las grandes alturas andinas.

Cerca de Mucubají se pueden visitar las Cascadas y subir al Mucuñuque. Las Cascadas son unas pequeñas pero muy hermosas caídas de agua del único riachuelo afluente de la laguna de Mucubají. Se hallan a 2.500 metros de esta laguna. El Mucuñuque es el pico más alto de la sierra de Santo Domingo. Está a 4.672 metros sobre el nivel del mar, separado de las Cascadas por un difícil sendero de 4.200 metros, recomendable solo para gente entrenada y bien equipada. Los paisajes que se divisan desde allí son realmente grandiosos.

Ahora bien; si se llega hasta el pueblo de San Rafael de Mucuchíes, el visitante puede aventurarse a subir hasta la laguna llamada del Hoyo, a dos horas en mula del pueblo, laguna que se halla ubicada a 3.500 metros de altitud. Sus alrededores son propicios para acampar en ellos.

¡Cuánta hermosura hay en el páramo merideño! Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Ya dije por allí que viajando desde la provincia de Trujillo hacia la capital del estado Mérida y viceversa, se llega al collado del Cóndor. También comenté que este paraje es mal llamado por muchos Pico El Águila, y digo “mal llamado” porque la escultura que adorna un sencillo monumento que hay en ese lugar es del majestuoso cóndor de los Andes, no de un águila. Es un lugar espectacular, y desde el que se divisan unos paisajes realmente impresionantes.

Monumento que adorna el collado del Cóndor, en la carretera Trasandina, el punto carretero más alto del estado Mérida y de toda Venezuela. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Ahora pregunto: ¿qué es exactamente un collado? Con la palabra collado se puede uno referir a una elevación natural del terreno, menos alta que una montaña y de suaves formas. Pero también se usa la palabra collado para hacer alusión a una depresión suave del terreno por donde se puede pasar con facilidad de un lado a otro de una sierra. El geógrafo trujillano Silvio Abreu Vázquez, gran conocedor de los Andes venezolanos, dice que la segunda definición es la que le aplica al collado del Cóndor: una depresión suave del terreno por la que se puede pasar fácilmente de un lado a otro de una misma sierra.

Es un lugar de impactante belleza el collado del Cóndor, un sitio en el que hace mucho frío, pero en el que, bien abrigado, el que lo visite puede aprovechar su altura para deleitarse con la belleza de los paisajes que se divisan desde él, si no es que corre con la suerte el visitante de que en los meses de mediados de año lo sorprenda alguna de las impresionantes nevadas que caen en ese lugar.

Desde el collado del Cóndor se puede viajar por una vía angosta y de curvas cerradas que lleva al pintoresco pueblecito de Piñango. Atraviesa una de las secciones de mayor hermosura del páramo de Mucuchíes, donde el frailejón es la especie vegetal que más destaca en el paisaje. La tranquilidad y quietud de las áreas que circundan la carretera son impresionantes. Los fotógrafos de paisajes se darán un festín allí, ya que, aparte del frailejón y de otros vegetales llamativos, se ven hermosas formaciones de niebla, majestuosos macizos de caprichosas formas, riachuelos que nacen en el corazón de las montañas cercanas y muchas aves de variadas tonalidades. Si se corre con suerte es posible ver en algunos recodos del camino al venado de montaña, una subespecie robusta y de bajísima estatura, muy difícil de ver por lo escasa y asustadiza que es. La zona también se presta para acampar. Ciertamente, ¡qué hermoso es el páramo merideño!

El frailejón, hermosa especie vegetal dueña y señora del páramo merideño. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Corpoestovacuy.
Hermosa vista desde el collado del Cóndor de la carretera que va del páramo merideño a los Llanos de Venezuela. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.
Paraje de gran belleza cercano al collado del Cóndor. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.
Uno de los increíbles paisajes de montaña que se divisan desde el collado del Cóndor. Foto: John Briceño Abreu.

Caminos de América

Haz tu pequeña donación, para ayudarnos a seguir trabajando en esta plataforma de comunicación social políticamente neutral.

$1.00

El problema global del recurso agua

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

¡Agua! En este querido y al mismo tiempo golpeado planeta hay tanta, que muchos opinan que en vez de llamarse Tierra, este debería, más bien, llamarse Agua. Es más, se dice que si toda el agua del globo cubriera uniformemente la superficie de la Tierra, formaría un gran océano de unos dos kilómetros y medio de profundidad, y que toda la tierra seca del planeta cabría con suma facilidad en una extensión como la del océano Pacífico. Por supuesto, la mayor parte de esta gran cantidad de agua es salada, por lo que se deduce fácilmente que no es útil para el consumo humano; tampoco para la agricultura y la industria. Hace unos años la revista ¡Despertad! informó que solo el 3 por ciento del agua del globo terráqueo es dulce y que, de paso, el 99 por ciento de esta se encuentra congelada en los glaciares y casquetes polares o se halla en capas subterráneas muy profundas. Es decir que el hombre tiene acceso fácil nada más que al 1 por ciento de esta.

Aunque en muchos países y regiones se abusa del agua dulce en vista de que es un recurso abundante, en otros lugares escasea a niveles sumamente preocupantes. Se espera, por ejemplo, que para el año 2025 Honduras tenga graves problemas con el agua en todas y cada una de sus 19 cuencas hidrográficas. Ya se sabe de algunas regiones de la Tierra que se encuentran en una permanente sequía. El hombre, con su mala manera de administrar el hogar que el Creador le concedió para vivir, está provocando cambios en el clima que tienen sus severas consecuencias en la formación de las lluvias. La horrible maldición en la cual se ha convertido la deforestación y la explotación abusiva de cultivos y zonas de pastoreo dejan el suelo, como dice la ¡Despertad!, pelado. El resultado de esto es que la superficie terrestre refleja más luz hacia la atmósfera, lo que aumenta su temperatura, dispersa las nubes y disminuye las lluvias. El Banco Mundial tiene años diciendo que el problema presenta una seria amenaza para la salud y la economía de unos 80 países. Para el año 1997 ya no tenían acceso a agua limpia unos dos mil millones de personas. Hoy es peor. En los países áridos el problema se ha agravado tanto, que es posible que dentro de poco se convierta en un motivo adicional para que se sigan peleando guerras.

Ahora bien; la ausencia de lluvias no es el único factor que ha contribuido a la crisis del agua, pues también está de por medio la contaminación de esta. Hace años el periódico Últimas Noticias alertó con respecto a que en los países en vías de desarrollo cerca del 95 por ciento de las aguas servidas y 75 por ciento de los desechos industriales se vertían en corrientes fluviales sin previo tratamiento. El crecimiento demográfico es el otro detonante de la crisis hídrica mundial dado que, crece la población, crece la demanda de agua. La periodista Gabriela Vázquez Bass, en un reportaje publicado hace ya varios años en Últimas Noticias, escribió que en Ciudad de México, la cantidad de agua extraída del fondo de sus cimientos estaba provocado su hundimiento. Con referencia a este problema hay que agregar que para sostener su gran crecimiento poblacional, esta ciudad, que es la segunda más grande del mundo, saca el 80 por ciento del agua que necesita de su nivel freático, que disminuye gravemente porque la extracción supera el reabastecimiento en más de un 50%. Pekín, la capital china, tiene un problema similar debido a que su acuífero desciende más de un metro al año, además de que una tercera parte de sus pozos se ha secado. En Egipto, sus casi 98 millones de habitantes tienen que satisfacer prácticamente todas sus necesidades hídricas con el mermado caudal del Nilo. En todo el mundo, en los pasados años 90 estuvieron necesitados de servicios sanitarios adecuados y agua potable la tremenda cantidad de 900 millones de personas. La situación ha empeorado. Para ese tiempo, más del 50% de las ciudades en Europa explotaron el recurso de manera insostenible. En Cataluña, la escasez de agua también ha estado afectando a millones. Y en Venezuela… bueno. Una prueba de que la sociedad venezolana también fracasó en la forma de manejar la descomunal fábrica de agua dulce que es el territorio que este país ocupa, es lo que se vive en el trujillano municipio de San Rafael de Carvajal. Aunque este municipio se ubica entre dos ríos por los que, a pesar de los altos niveles de deforestación a los que se han visto sometidas sus cuencas altas, todavía baja un caudal regular de agua –los dos ríos, el Motatán y el Jiménez, están a muy poca distancia el uno del otro–, en dicho municipio sus habitantes tienen que ingeniárselas para poder tener el agua que requieren para atender sus necesidades, pues por una razón u otra, esta puede llegar a sus casas cada cualquier cantidad de días, sin que se vislumbre en el horizonte cercano una solución al problema. Ahora, ¿hay razones para ser optimistas respecto a que en el futuro se pueda solucionar la crisis global del agua? ¿De qué depende el éxito en este sentido, si es posible conseguirlo? Sí hay razones para confiar en que este gran problema será solucionado, aunque dicha solución no la tiene la actual civilización humana entre sus manos. Cuando el Creador de este planeta tome dentro de poco pleno control de este, el problema global del recurso agua será solucionado para siempre. ¡Vienen tiempos mejores!  

Estampa del río Jiménez, estado Trujillo, Andes venezolanos, uno de los más hermosos cursos de agua de esa provincia. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de la Fundación Río Jiménez.

El hombre y su temor por el futuro (10 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Finalmente, la décima forma de cómo los científicos creen que nuestro amado planeta puede ser destruido es la conversión del Sol en supernova. Esto consiste en que la estrella sufre un colapso gravitatorio en su candente núcleo y luego explota, enviando sus partículas al espacio que la rodea a una velocidad que puede alcanzar los 50 millones de kilómetros por hora. La última de estas explosiones que se produjo en la Vía Láctea data de hace unos 415 años atrás. Ahora bien, los astrónomos dicen que es seguro que dentro de unos 5.000 millones de años nuestro sol agote su reserva de hidrógeno, su centro entonces colapse y una bola de fuego de gigantescas proporciones recorra el sistema solar arrasando con todo a su paso.

No obstante lo que acabamos de ver, usted, mi estimado lector, puede tener la plena seguridad de que la Tierra existirá para siempre, pues su Magnífico Creador se encargará de que sea así. La Biblia, un libro que lo que anuncia siempre se cumple, dice claramente que el Hacedor de este planeta que muchos amamos con increíble pasión se va a encargar de que este exista para siempre. Dice que Dios creó la Tierra para que sirviera de hogar eterno de la humanidad. Muestra claramente que la existencia de este planeta y la de todo el complejo y vasto universo que la rodea no es producto del azar. Presenta pruebas de sobra de que alguien muy inteligente los diseñó, y muchísimos hombres de ciencia reconocen eso, como lo hace, por ejemplo, Paul Davies en La mente de Dios, otro de sus famosos libros.

Mariantonietta Peru, representante de UNICEF, quien cruzó con su esposo, Michael Asher, escritor inglés experto en camellos, el desierto del Sahara en 1986, dijo, cuando iban por el Sahara Central lo siguiente: “Esta inmensidad te hace sentir humilde. Todo está tan bien equilibrado, que debe haber una mente rectora detrás de esto. En realidad, el desierto es el lugar apropiado para encontrar a Dios”. Uno de sus guías se expresó así: “¡Quienes crean que Alá no existe deben de estar ciegos! ¿Quién se imaginan que hizo todo esto?” Igualmente, Eugene Cernan, tripulante del Apolo 17, y el último hombre que hasta ahora ha pisado la Luna, dijo, cuando viajó por primera vez al espacio exterior y miró hacia la Tierra, que “nadie que en sus cinco sentidos pudiera contemplar aquel prodigio se atrevería a negar la existencia de un Ser Supremo. Algún poder puso el Sol, la Luna y nuestro pequeño mundo en medio de las tinieblas. Tan perfecto es el Universo que no puede existir por accidente”. De dos números distintos de Selecciones del Reader Digest tomé los comentarios anteriores.

Aparte de lo que dice el párrafo anterior, con respecto a la Tierra y la vida que la habita, la revista Scientific American se expresó así: “Cuando miramos el Universo e identificamos los muchos accidentes de física y astronomía que han colaborado para beneficio nuestro, casi parece que en algún sentido el Universo tenía que haber sabido que nos presentaríamos aquí”. Una de las hijas del famoso escritor chino Lin Yutang, la que de las tres se dedicó al periodismo, recuerda que cierta noche su sabio padre la llamó al jardín de su casa y le señaló una araña que tejía su tela en un rosal iluminado por la luz de la oficina del escritor. Yutang y que gritó: “¡Mira eso! ¿No es asombroso que una araña sepa tejer tan maravillosa red y atrapar su alimento en ella?” Luego le enseñó que, aunque algunos detestan la telaraña, cuando algo está en su lugar y cumple con su función es hermoso. Leí acerca de esto en Selecciones del Reader Digest de octubre de 1990

Al igual que la telaraña que observaron los Lin, la Tierra está en su lugar y cumple con su función, y los comentarios anteriores muestran que, al igual que yo, mucha gente informada está segura de que Dios la hizo, y la Biblia dice que él se encargará de que exista para siempre, pues, ¿parece lógico que un ser tan sabio haga una maravilla como esta para que dure solo unos cuantos años y después permita que se esfume del universo o la destruya él mismo? ¡No! Pero a quienes Dios sí va a desaparecer dentro de poco de la faz de la Tierra es a los que la han llevado al borde del colapso, y dentro de ese grupo se encuentran los políticos, los egoístas, irresponsables y codiciosos empresarios, y muchísimas otras personas que por su actitud hacia nuestro entorno muestran que hasta el mundo que legarán a sus hijos les importa un bledo.

Cierto, dentro de poco, Dios sacará de la escena terrestre, tal como el dueño de una casa le anula el contrato de arrendamiento a los inquilinos que le han dañado su propiedad, a los elementos visibles e invisibles que han saqueado y pisoteado la “joya del universo”. De paso, seguirá encargándose de que allá afuera todo esté en orden, de que Júpiter, por ejemplo, con su descomunal fuerza gravitatoria, desvíe hacia otros lugares del universo cualquier cuerpo errante que nos pudiera hacer daño. Amigos: ¡la Tierra existirá por siempre!   

Imagen del telescopio espacial Hubble mostrando la supernova 1994D abajo a la izquierda y la galaxia NGC 4526

El hombre y su temor por el futuro (9 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

La novena amenaza para las formas de vida que habitan nuestra gran casa global es una guerra nuclear mundial. A pesar del fin de la llamada Guerra Fría y de los tratados de reducción de armas nucleares firmados entre Estados Unidos y Rusia, las bombas atómicas que estas dos naciones todavía poseen son capaces, en caso de que se utilizaran, de acabar varias veces con la vida en la Tierra. Si estas se activaran, se desatarían violentas tormentas de fuego por todo el orbe que esparcirían por la atmósfera materiales que impedirían que el Sol bañara el planeta y le diera vida a la vegetación. El problema se agrava porque en la actualidad, gobiernos que tienen problemas graves entre ellos desde hace tiempo, como India y Pakistán, también tienen armas atómicas, aparte de que gobiernos más impredecibles que las potencias mundiales, como Corea del Norte e Irán, están tratando de producir lo suyo en materia de armas nucleares. China, Francia, Israel y Gran Bretaña también poseen armamento nuclear.

Wikipedia dice que algunos expertos opinan que un conflicto nuclear a gran escala sería el equivalente a un evento ligado a la extinción, y comenta que aunque no se llegue hasta ese punto, muy poca gente duda sobre su capacidad para aniquilar pueblos, naciones y modelos de civilización enteros, completos, “con cientos e incluso miles de millones de bajas”. Ahora, ¿qué es exactamente un arma nuclear? Es un artefacto explosivo de gran energía, que obtiene dicha energía mediante la fusión del núcleo atómico. Su principal característica estriba en que es posible que libere una potencia explosiva equivalente a millones de toneladas del explosivo TNT con un dispositivo de muy poco peso y, por lo tanto, de fácil uso militar. La enciclopedia de la cual acabo de citar dice que no existe en el universo absolutamente ningún material estructural que sea capaz de resistir el impacto radiológico, mecánico y térmico de un bombazo nuclear a corta distancia, además de que comenta que una bomba nuclear común y corriente que dé en el blanco hará pedazos cualquier objetivo militar o civil, y causará grandes daños y gran mortandad a kilómetros de distancia.

El gran científico Carl Sagan hizo unos cálculos que llevaron a la conclusión de que si Rusia y Estados Unidos algún día se llegaban a enfrentar nuclearmente, si la fuerza explosiva desatada llegara a 10.000 megatones, la temperatura se desplomaría inmediatamente después de la explosión. Además, entre los 30 y los 60 grados de latitud norte la oscuridad sería casi total. Las cenizas, el humo y otras partículas producidas por los incendios y explosiones impedirían que durante meses la luz del sol calentara el planeta. La fotosíntesis no se produciría y, como consecuencia, la vegetación no tardaría en morir, y, luego de ello, los animales que se alimentan de ella. También desaparecería el 50% de la capa de ozono planetaria. La vida en los océanos también saldría afectada, y en los primeros dos días después de la explosión se produciría una lluvia radiactiva que acabaría con la vida de la mitad de los adultos sanos del planeta. En otras palabras, una guerra nuclear mundial desataría una verdadera locura sobre el planeta Tierra.

Como dice al final de este artículo, una guerra nuclear mundial desataría una verdadera locura sobre el planeta Tierra. Ilustración: Internet.

El hombre y su temor por el futuro (8 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

La octava manera de cómo se cree que la vida en la Tierra puede desaparecer más adelante es el calentamiento terrestre. Rosa Gil escribió a mediados de 2004 que, aunque en lo inmediato el calentamiento global no es una amenaza directa para la humanidad, la combinación de la contaminación, las condiciones climáticas extremas, las inundaciones, el crecimiento de los desiertos o la formación de nuevos, los cultivos transgénicos, la destrucción de los ecosistemas y otros cambios provocados por el ser humano, convertirán a la Tierra en un lugar difícil de habitar.

Luego Rosa Gil dijo –y aquí sí me permito corregirla con todo respeto– que “nadie sabe cuáles pueden ser los efectos a largo plazo del recalentamiento del globo terráqueo” –sí lo sabemos Rosa–, pero puso como ejemplo a Venus, “donde un ‘descontrolado’ efecto invernadero ha producido una atmósfera ácida, elevando la temperatura en el suelo hasta los 500 grados”.

Como consecuencia del problema del cambio climático, los casquetes polares se han ido fundiendo poco a poco y, por supuesto, el nivel del mar ha ido subiendo. Es de lógica suponer que esto va a traer graves problemas para los asentamientos humanos ubicados cerca de las costas. También se sabe que las nieves eternas en los picos más altos de los Andes venezolanos desde hace ya años están retrocediendo. Otra cosa: hace casi unos 20 años se supo que Perú había perdido en los últimos 27 470 kilómetros cuadrados de glaciares, y 111 de esos 470 pertenecían a la llamada Cordillera Blanca. Actualmente la cosa es mucho peor.

El 5 de diciembre de 2004 el diario venezolano Últimas Noticias informó que un reporte de ocho países divulgado el mes anterior, es decir, en noviembre, mostró que la región del Ártico se estaba calentando al doble de la tasa para el resto del mundo, poniendo en peligro el medio de vida aborigen y quizá llevando a la extinción al oso polar. El mismo periódico informó un año antes que Sheila WattCloutier, presidenta de la Conferencia Esquimal Circumpolar –instituto que para esa época representaba a 155.000 esquimales de Rusia, Groenlandia, Canadá y Alaska–, advirtió a la agencia noticiosa Reuters que el aumento de la temperatura estaba minando el estilo de vida tradicional de los esquimales y que en los últimos años algunos cazadores se habían ahogado al romperse las delgadas capas de hielo, al mismo tiempo que el descongelamiento del permafrost (capa de suelo permanentemente congelado, pero no todo el tiempo cubierto de nieve o hielo) estaba desestabilizando las construcciones y provocando deslaves. Hoy –28 marzo de 2020–, el problema es peor. El venezolano Diario de Los Andes, en su edición trujillana del 14 de noviembre de 2004, también informó que de acuerdo a investigaciones que se habían hecho hacía poco tiempo, se había concluido que el océano Ártico estaría casi completamente descongelado para el verano del año 2100.

En el verano del pasado año, el calor se disparó en París hasta los 45 grados centígrados. ¡Una verdadera locura! Pero resulta que ya para los primeros doce días de agosto del año 2003 se habían alcanzado en Francia grandes e históricos máximos de temperaturas. Es más, en ese tiempo, en apenas dos meses, un glaciar de la cordillera de los Pirineos había retrocedido casi 50 metros, y el científico Pierre René afirmó en esos días que en 150 años, la superficie total de los glaciares de esa cordillera había pasado de 25 o 30 kilómetros cuadrados a nada más 5. No se puede dejar de reportar que allí mismo en Francia, la ola de calor del verano de 2003 dejó un saldo de cerca de 15.000 muertos. Finalmente por ahora, hay que dar a conocer que un estudio internacional reveló que el calentamiento global podría acabar con una cuarta parte de las especies de plantas y animales del planeta para el año 2050. Están bajo amenaza principalmente las mariposas australianas, el águila imperial española, el piquituerto escocés, el lagarto dragón del bosque de Boyds australiano y muchos árboles de la cuenca del río Amazonas. Tienen razón los que están preocupados por los efectos sobre el planeta y los seres que lo habitan de su recalentamiento.


Muchos temen que el cambio climático pueda llevar a la extinción al oso polar y a otras especies animales sumamente valiosas. Foto: Internet.