Carvajal así no era

¿Es la clase política mundial la única responsable de que el hombre esté perdiendo en todo el planeta la guerra contra la crisis ecológica que él mismo ha generado? Aquí, una breve respuesta a esa importante pregunta.

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Hace unos 30 años, varias publicaciones prestigiosas expresaron de diversas formas la creciente preocupación mundial por el agravamiento del problema de la generación de desechos sólidos. Una de dichas publicaciones fue la revista Newsweek. En una de sus portadas apareció por esos días el titular “Enterrados vivos”. Y en la parte de adentro la revista declaró: “Exceso de basura. Nos encontramos a las puertas de una crisis ecológica”. Por su parte, la revista U.S.News & World Report tituló un artículo similar así: “Toneladas y toneladas de desechos y ningún lugar donde echarlos”. Por su parte, la revista Time anunció en negrita: “Basura, basura por todas partes. Los basureros están repletos, y hay pocas alternativas”. Y uno de los titulares de una de las ediciones del periódico francés International Herald Tribune de aquella época decía: “La basura de Occidente: una carga cada vez mayor para el Tercer Mundo”.

Como ya dije, todo eso era un perfecto reflejo de que muchos estaban en 1990 convencidos de que el hombre estaba perdiendo la guerra contra el exceso de basura que, obviamente, él mismo estaba produciendo. Y aquí están algunas pruebas de que estaban perfectamente justificadas esas publicaciones para estar así de alarmadas con el creciente problema de la generación mundial de basura. En los Estados Unidos, para el año 1990, se calculaba que el californiano de término medio tiraba unos 1.100 kilos de desperdicios al año; la ciudad de Chicago se enfrentaba al colapso de sus 33 vertederos, y diariamente se transportaban por las autopistas de ese país unas 28.000 toneladas de basura, la mayoría procedente de los estados de Nueva Jersey, Nueva York y Pensilvania, que sacaban cada año de sus límites unas ocho millones de toneladas de desperdicios. ¿Qué les parece?

Pasaron los años y el problema continuó creciendo. Se dice que para el año 2002 Estados Unidos producía en basura el equivalente en peso al agua que se necesitaba para llenar 68.000 piscinas olímpicas. ¡Una locura! Es más, se calculó en aquellos días que con solo la basura generada por la gente de Nueva York durante un año, se podrían enterrar bajo 4 metros de desperdicios las 341 hectáreas de Central Park. También se llegó a calcular, empezando los años dos mil, que Alemania producía en basura todos los años como para llenar un tren de carga de unos 1.800 kilómetros de longitud. Y se dijo que una familia británica promedio consumía al año el equivalente en papel a 6 árboles. De Japón también se llegó a decir en esos tiempos que para el año 2005, su capital, Tokio, y 3 ciudades vecinas, tendrían un excedente de basura de tres millones cuatrocientas mil toneladas.

Los años han seguido transcurriendo y es obvio que el problema ha alcanzado en todo el planeta niveles estratosféricos. Y una triste prueba de la certeza de esta declaración es lo que ocurre con el problema de la generación de basura, y su posterior colocación final, en Carvajal, el municipio en el que vivo, aquí en Trujillo de Venezuela. Reconozco que el fenómeno ambiental este no es un problema nuevo en el Carvajal de hoy. Y una prueba de que eso es así es lo que escribí hace unos 15 años en la primera edición de mi libro Idilio con el valle del río Jiménez. Dije respetuosamente en una de sus páginas que la Alcaldía de Carvajal debía buscarle solución al problema que se suscitaba en la forma como las personas que vivían cerca de Puente Chama, en la vía de El Amparo a Campo Alegre, sacaban la basura que producían a la calle para que después se la llevara el camión del aseo urbano. Dije también que el panorama allí no era nada atractivo, ni para los que habitábamos en Carvajal, mucho menos para los que nos visitaban. Y hasta hice referencia a la mala costumbre que tenía mucha gente de lanzar basura a las quebradas –así les decimos por aquí a los riachuelos–, como ocurría con la llamada El Chama-El Carachito y con la que bajaba entre los sectores semiurbanos de La Matera y Cuba. También escribí en Idilio con el valle del río Jiménez, un poco para hablar de la responsabilidad compartida de varios sectores de la sociedad venezolana en el desastre ambiental que para esos años ya se nos había venido encima en toda la nación, de que a mediados de diciembre de 2004 fui testigo de cómo el chofer de un camión de basura de la Alcaldía de Pampán vaciaba todo el contenido de dicho camión en una de las carreteras de acceso al mal llamado relleno sanitario de Jiménez, cuando se le impidió la entrada a ese “relleno” por no estar al día esa municipalidad con el pago del respectivo impuesto.

Sí, están puestas por escrito en el párrafo anterior pruebas de que hace varios lustros ya teníamos aquí en Trujillo problemas con nuestros desechos. Ahora bien, dejé ver por allí que lo que hemos estado viendo a nuestro alrededor últimamente es una prueba clara de que el problema ya se salió de control por estos predios también. ¿Cómo están exactamente las cosas en ese sentido acá en estos días en los que empieza a despedirse este convulso año 2020? Dense ustedes mismos la respuesta a esa pregunta, estimados lectores, viendo el documental que recientemente la fotoperiodista Daily Delphin Godoy y yo preparamos al respecto, y cuyas fotos pertenecen al banco de imágenes de Caminos de América. Verán entonces la relación entre lo que están leyendo y el título del artículo. Siento que no pueda decirles que lo disfruten. Hasta pronto. No lo olviden: ¡vienen tiempos mejores!

Basurero en la avenida principal de Carvajal, frente al llamado cementerio viejo. Foto: Daily Delphin G.
Basurero en el sector La Horqueta de Carvajal formado, según algunos vecinos, por una parte de los ocupantes del conjunto residencial Mi Consuelo, al fondo de la fotografía. Foto: Daily Delphin G.
Basurero, formado también por buena parte de los vecinos del sector, en la parada de transporte público de La Horqueta de Carvajal. Foto: Daily Delphin G.
Como bien lo muestra esta fotografía, nada logró el que, de paso con letras en color verde, el color del movimiento ambientalista, y con todas las buenas intenciones del mundo, escribió en esta pared, cerca de la parada de La Horqueta, una advertencia para que no se echara basura en el lugar. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Basura abandonada a orillas de la carretera en la parte alta de El Amparo, cerca del sector La Horqueta, en uno de los tramos tradicionalmente más hermosos de la avenida principal de Carvajal. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Basurero formado por algunos de los residentes del sector El Amparo de Carvajal, en una de las esquinas de la plaza Negra Matea. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Esquina de la plaza Negra Matea, El Amparo. Poco después de que uno de los escasos camiones de aseo urbano que atiende el municipio retirara la basura que se vio en esa esquina en la foto anterior, ya la gente del sector había depositado allí la que se ve en esta fotografía. ¿Quiénes entonces son los principales responsables de este desastre ambiental que se vive en Carvajal? Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Basurero cerca del centro comercial de El Amparo, frente al llamado callejón Tres. Se ha visto hasta a vecinos de La Cejita, sector ubicado a varios kilómetros de aquí, venir en motos hasta este sitio a dejar basura abandonada allí. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Como no se retiró la basura que se ve en la fotografía anterior, un par de días después, al descomponerse los desechos orgánicos que eran parte de esta, este buitre, llamado en Venezuela zamuro, se acercó al sitio para ver qué se podía llevar al pico. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Aunque minúsculo en comparación con otros, este, ubicado en el otro extremo del centro comercial de El Amparo, diagonal a la sede de la Alcaldía de Carvajal, es uno de los basureros más malolientes del municipio. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Aunque saben que así obstruyen el paso peatonal por esta acera de El Amparo, frente a la estación de telefonía del lugar, y que para poder seguir adelante, los transeúntes tienen que abrirse hacia la carretera con el consecuente peligro de que algún vehículo los atropelle, algunos vecinos siguen empeñados en que esa esquina sea uno de los nuevos vertederos de basura del municipio. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Horrendo basurero en la parada de transporte público del emblemático sector Puente Chama, en la vía de El Amparo a Campo Alegre. A pesar de los esfuerzos de algunos de los residentes del lugar para mantenerlo limpio, muchos vecinos siguen lanzando basura de todo tipo allí. Arrojar basura en una parada es una manera de reflejar el profundo desprecio que se siente por el bienestar del semejante. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Ni siquiera porque el autor de la advertencia pintada en el portón que se observa en la fotografía cometió el error, quizá para acentuar la seriedad de dicha advertencia, de escribir la palabra botar con dos r, la gente de un sector de Campo Alegre desistió de la costumbre de abandonar basura aquí, diagonal al instituto de educación Rafael Quevedo Urbina. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Cerca del basurero que se ve en la foto anterior, los vecinos formaron este, entre la sede de Industrias Kel y la conocida urbanización Vista Alegre. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Se sigue en Carvajal con la costumbre de arrojar desechos sólidos al cauce de las corrientes de agua pluvial de la zona, como se ve aquí entre el llamado callejón El Limón, el barrio Aeropuerto y el sector conocido como La Vigorosa, sabiendo que así se contribuye al posible desborde de dichas corrientes cuando llueve torrencialmente. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Los basureros, como el que se ve en esta fotografía, de la carretera rural que lleva de Campo Alegre a San Pablo de Jiménez, atrás de la urbanización Bolivariana, le restan grados a la gran belleza natural de ese lugar. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Basurero cercano a una de las paradas de transporte público del sector Colón. Aunque los políticos en el mundo entero hace rato que vienen perdiendo la guerra contra el problema de la generación de todo tipo de desechos, la gente común, lo que se conoce ahora como sociedad civil, los pueblos, también tienen grado de culpabilidad de lo que está pasando aquí en Carvajal, y en el mundo entero. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Basurero en la llamada carretera vieja de Carvajal a Valera. Es lamentable que la inconsciencia de la gente le reste brillo a vías con un descomunal potencial turístico como esta. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu
Buitres dándose un festín en el basurero que la gente formó en el mirador de la carretera principal de Valera a Carvajal, en el lugar en el que se fracturó el muro tras el impresionante aguacero de la tarde-noche del martes 30 de noviembre de 2010, en plena vaguada atmosférica de ese año. Da la impresión de que la fractura de dicho muro, que nunca se reparó, le dio como una especie de permiso a la gente para convertir ese hermoso lugar en el asqueroso paraje que hoy es. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Basurero en la conocida bajada de Chimpire, corto tramo vial pero con gran potencial turístico, en el norte del municipio Carvajal, fotografiado en la lluviosa tarde del pasado sábado veintiséis de septiembre. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.
Uno de los horribles pequeños basureros que le restan brillo a la pintoresca belleza natural de la carretera rural de Mesa de Chipuén, en el nordeste del municipio Carvajal, fotografiado al anochecer del pasado sábado 26 de septiembre. Buena parte del pueblo carvajalense tiene que asumir su responsabilidad en haber convertido al municipio en lo que ambientalmente hoy es. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu.

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