El porvenir que le aguarda a la biodiversidad planetaria

ARTÍCULO EXTRAESPECIAL

Como resultado de un trabajo de acumulación de datos de varios años de duración hecho con los métodos tradicionales de investigación, es decir, sin acudir ni una sola vez al moderno recurso de Internet, se presenta acá hoy, en la celebración del Día de la Tierra de este año dos mil veinte y del primer aniversario de la creación de la plataforma periodística del Proyecto Caminos de América, un reportaje sobre el alarmante estado en el que se encuentra la biodiversidad planetaria. ¿Será demasiado tarde para esta?

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

La guía mundial Almanaque Anual 2002, de Editora Cinco, dice que con el concepto biodiversidad se “designa la diversidad genética y de hábitat de los seres vivos (animales, vegetales y microorganismos)” de todo el planeta Tierra. La misma publicación dice que el concepto “adquiere importancia luego de 1980, con la discusión acerca del riesgo de extinción de las especies y la necesidad de preservar el mayor número de ellas como condición” para “la supervivencia humana”. La revista ¡Despertad! está muy de acuerdo con la forma como define el Almanaque Anual 2002 la biodiversidad, pues dice que con las “expresiones diversidad biológica o biodiversidad se alude a todas las especies del planeta: desde la bacteria más diminuta hasta las secuoyas gigantes” (árboles), “desde las lombrices hasta las águilas”. Además agrega que “toda esta variedad de seres vivos forma parte de un gran ecosistema mundial cuyos componentes dependen unos de otros, incluidos los inorgánicos, a saber, la atmósfera, los océanos, el agua dulce, las rocas y el suelo, los cuales son esenciales para la vida”. Dicho sistema, también integrado por el ser humano, recibe el nombre de biosfera.

EN PELIGRO LA BIODIVERSIDAD

Un gran número de científicos opinan que la biodiversidad es de capital importancia para la vida en nuestro planeta. Predican que esta es esencial no solo para la fauna, los insectos y los peces, sino también, para las plantas destinadas a alimento y para las que crecen en estado silvestre en zonas forestales y pastizales, además de que es vital dentro de las especies.

El rinoceronte, uno de los fabulosos mamíferos africanos golpeados hasta la saciedad por la cruel mano del hombre. Este ejemplar pertenece a la colección de animales del zoológico Bararida, ciudad de Barquisimeto, Venezuela. Foto: José Isaac Valecillos. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Con todo y eso, la biodiversidad se enfrenta actualmente a una severa crisis de proporciones mundiales ocasionada por el ser humano, a quien ¡Despertad! dice que algunos han denominado “la especie exterminadora”. Por ejemplo, un informe que llegó desde Madrid, España, hace ya varios años, a través del periódico venezolano Diario de Los Andes, afirmó que para cierta época pasada anualmente estaban desapareciendo más de 17 millones de hectáreas de bosque, se estaban extinguiendo unas 6.000 especies de animales y se ponían en peligro de desaparición el 13 por ciento de las aves, el 25 por ciento de los mamíferos, el 34 por ciento de los peces y el 9 por ciento de los árboles. Cifras ciertamente escalofriantes. Hoy, en pleno año 2020, las cosas han empeorado.

El biólogo Edward O. Wilson, de la Universidad de Harvard, dijo hace un tiempo que 27.000 especies vegetales y animales se perdían cada año, lo que representaba 3 por hora. Entre los fáunicos seriamente amenazados se hallaban el tigre, el oso panda, la ballena y el rinoceronte negro africano, cuyos ejemplares habían mermado drásticamente de 65.000 a 2.500 en menos de 20 años debido a la caza furtiva. Años atrás, el lince ibérico se encontraba en todo Portugal, en España y en algunos parajes de los Pirineos franceses. En determinado momento se llegó a calcular que la cantidad de linces ibéricos había bajado a menos de 200, de los que solo quedaban entre 22 y 32 hembras reproductoras. Las 70 especies animales del nordeste de la India también están corriendo grave peligro. Es más, el delicado ecosistema del estado de Meghalaya, en la frontera india con Bangladesh, ha entrado en el grupo de las 18 zonas problemáticas del mundo en las que está en riesgo la biodiversidad.

Hermoso hipopótamo del zoológico Bararida, ciudad de Barquisimeto, Venezuela. Entre 1979 y 1990, los hipopótamos fueron exterminados casi por completo en Mozambique. Foto: José Isaac Valecillos. Archivo de Proyecto Caminos de América.

La revista African Wildlife de marzo-abril de 1992 dijo que en el delta de Marromeu, región de Mozambique, entre 1979 y 1990, los búfalos habían disminuido de 55.000 a menos de 4.000; los antílopes acuáticos, de 45.000 a menos de 5.000; las cebras, de 2.720 a unas 1.000, y los hipopótamos habían pasado de 1.770 a unos 260. La misma revista dijo que en Togo (África Occidental), específicamente en la Reserva Natural de Fosseaux  Lions, entre marzo de 1991 y marzo de 1992, la cifra de elefantes africanos de selva había descendido de 130 animales a 25. La revista Getaway de noviembre de 1992 comentó que de las 45.000 cebras que migraron a través de los prados y las selvas del norte de Botswana en 1981, solo unas 7.000 habían completado el viaje 10 años después.

Cóndor andino en el refugio del cóndor de Mifafí, Mérida, Andes venezolanos. Este valioso carroñero y el cóndor de California están en peligro de extinción. Foto: John Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Además de todo esto, en octubre de 2012 National Geographic informó que cada año estaban muriendo a manos de cazadores 25.000 elefantes con el propósito de utilizar el marfil de sus colmillos para fabricar objetos religiosos, así como también informó que para ese año un colmillo grande de esos magníficos animales podía llegar a valer hasta 6.000 dólares en el mercado negro, dinero suficiente para mantener durante 10 años a un obrero de Kenia mal calificado. ¡Hay más todavía! En Camerún, más concretamente en el Parque Nacional Bouba Ndjidah, unos 100 cazadores furtivos montados a caballo procedentes de Chad –unos verdaderos criminales– masacraron, valiéndose de granadas y de fusiles de asalto AK-47, más de 300 elefantes, considerándose esa matanza por los expertos en una de las mayores ocurridas en todo el planeta en las últimas décadas. En 2008, China compró, aunque legalmente, casi 66 toneladas de marfil africano, compra que ha contribuido, desde entonces, a que se desaten aún más la caza furtiva y el posterior contrabando. Por eso es que la edición de octubre de 2012 de National Geographic dice que muchos consideran que “China es el peor villano en el contrabando de marfil y, de hecho, en los últimos años se ha visto implicada en más decomisos importantes que cualquier otra nación no africana”.

Hay otros países en los cuales se hacen locuras con el comercio del marfil de los colmillos que se les arrancan a los pobres elefantes. Filipinas y Tailandia son dos de ellos. En Filipinas, traficantes intentaron introducir en el año 2005 7 toneladas de marfil, en 2006, provenientes de Taiwan, 5 toneladas y media; mientras que en 2009, el cargamento fue de casi 5 toneladas, cargamentos que fueron confiscados todos por la aduana de la ciudad capital de ese país, Manila. Expertos dicen que esa impresionante carga de colmillos de marfil representó la muerte de unos 1.745 elefantes. ¡Qué desastre! Se dice que allá, en Manila, hasta un sacerdote católico, el monseñor Cristóbal García, sacerdote que anteriormente prestaba servicio en una parroquia de Los Ángeles, California, Estados Unidos, pero que fue expulsado de allí por abusar sexualmente de un menor de edad, está implicado en el comercio ilegal del marfil, pues es hasta conocedor de ciertas técnicas que le permiten a cualquier delincuente meter de contrabando marfil en territorio estadounidense. En Tailandia, otro líder religioso está implicado hasta la médula en esta actividad criminal. Se trata del monje budista Kruba Dharmamuni, tristemente llamado por algunos el “Monje Elefante”. Su ingreso principal de dinero, dice National Geographic, es la venta de amuletos hechos con marfil, lo que incluye imágenes talladas de él mismo y de Buda. La revista dice que su negocio es tan lucrativo que de ahí estaba sacando fondos para “construir un nuevo templo inspirado en los populares parques de tigres de Tailandia que, en opinión de los críticos, no son sino organizaciones pantalla para el tráfico ilegal de grandes felinos”. El budismo le ha metido tanto a la gente en la mente y el corazón las ideas equivocadas de que los amuletos de marfil pueden atraer la suerte y proteger contra la magia negra y el mal –y tristemente los elefantes pagan las consecuencias de ello–, que en Bangkok, la capital tailandesa, la venta de esas piezas es un negocio muy lucrativo, al punto de que, los de mayor calidad, se pueden vender fácilmente en más de cien mil dólares. El “Monje Elefante”, de quien se dice que hace unos años percibía mensualmente unos 32.000 dólares con su sucio negocio de venta de piezas religiosas hechas con marfil –hasta una tienda de regalos tiene–, fue acusado en una ocasión en un reportaje para la televisión de haber matado de hambre a un elefante para apropiarse con fines comerciales de sus colmillos y su piel, aunque él lo negó.

Los países africanos de Zimbabue, Botsuana, Namibia, Zambia y Malawi también son responsables de lo que le está pasando a los elefantes. Se informó que en Zimbabue, su presidente de aquellos años, el señor Robert Mugabe, fue el primero en pasar por encima de los compromisos internacionales que buscaban frenar el comercio ilegal de marfil. Se comenta que llegó a decir la locura de que los elefantes “ocupaban mucho espacio y bebían mucha agua, así que debían pagar su alojamiento y sustento con colmillos”. ¡Qué les parece! ¡Y todavía hay gente que me critica cuando yo digo que los políticos en el mundo entero tienen que desaparecer, pues están entre los principales responsables de la crisis ecológica planetaria, entre otras cosas!

Tengo por acá a la mano algunas otras horribles cifras y datos que no puedo pasar por alto publicar de la porquería que el ser humano está haciendo con las diferentes especies de elefantes de todo el mundo. Kenneth Burnham, científico de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), considera que en el año 2011 los cazadores furtivos mataron más de 25.000 elefantes; ya lo escribí por allí. En 2011 también, se incautaron en todo el mundo cerca de treinta y un toneladas y media de marfil ilegal, lo que representó la vida sacrificada de 31.500 elefantes. Para no alertar a los guardabosques con sus disparos, en Kenia y Tanzania los cazadores de elefantes están utilizando sandías envenenadas –acá en Venezuela le decimos a la sandía patilla– para matar elefantes. En la década de los pasados años ochenta un elefante moría asesinado cada 10 minutos. En el Congo, entre 2006 y 2011, cerca de 5.000 elefantes fueron cazados en los alrededores del Parque Nacional Nouabalé-Ndoki. En 2011, funcionarios tailandeses ayudados por el recurso de los rayos X detectaron escondidos en un contenedor 247 colmillos de elefante valorados en 3 millones de dólares. Uno espera que esos funcionarios no se hayan apropiado, como lo han hecho muchos de sus corruptos colegas de la misma nacionalidad, del decomiso para su propio provecho económico. El cargamento provenía de Kenia. En Malasia, también en 2011, fue incautada otra carga de colmillos –700, esta vez– que iban desde Tanzania hacia China. Un par de años antes, en China, en la provincia de Guangdong, se encontraron en un barco pesquero que venía de Filipinas 770 colmillos que venían escondidos en contenedores de madera. En 1979, la población del elefante africano estaba representada por un millón trescientos mil ejemplares. Para el año 2007 había disminuido a entre 472 mil y 690 mil ejemplares. Aunque la caza furtiva también está afectando al elefante asiático, para 2012 era la pérdida de su hábitat lo que estaba amenazando principalmente a los 40.000 especímenes de esta especie que todavía vivían en estado salvaje.

Finalmente con respecto al elefante, National Geographic  dice que “la población de elefantes de una región puede declinar si 50 por ciento o más animales son abatidos ilegalmente, umbral que rebasaron todas las regiones durante 2011”. Con la expresión “todas las regiones” la revista se refería a los lugares donde se protegía la vida silvestre y en los que se monitoreaba la matanza ilegal de esos hermosos animales. Leamos, entonces, lo siguiente: En África occidental, el 84 por ciento de las muertes reportadas fueron matanzas ilegales; en África central, 90 por ciento; en África oriental, 59 por ciento, y 51 por ciento en África meridional. Ahora voy con las 10 naciones asiáticas con mayores decomisos de marfil entre los años 1989 y 2011: India, 6.759 kilos, lo que representó la vida de unos 630 elefantes; Singapur, 8.029 kilos, la vida de unos 810 elefantes; Malasia, 8.528 kilos, más de 810 elefantes; Japón, 8.618 kilos, 900 elefantes; Filipinas, 10.659 kilos, 1.080 elefantes; Vietnam, 13.426 kilos, 1.350 elefantes; Taiwan, 18.370 kilos, 1.800 elefantes; Hong Kong, 20.638 kilos, 2.070 elefantes; Tailandia, 21.364 kilos, 2.160 elefantes, mientras que China quedó a la cabeza, con 41.095 kilos, que representaban la vida de unos 3.650 elefantes.   

Hermoso elefante del zoológico venezolano Bararida. Es una porquería lo que el ser humano, la especie exterminadora, le ha hecho al elefante en estado silvestre en el mundo entero. Foto: José Isaac Valecillos. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Dejamos por ahora atrás el triste tema de la matanza de los elefantes y seguimos viajando. Llegó un momento en el que en las reducidas selvas de Borneo y Sumatra vivían menos de 5.000 ejemplares de orangután. Del delfín lacustre chino del río Yangtse se llegó a decir que podía desaparecer en un lapso de solo 10 años. La última paloma migratoria murió en Cincinnati, Estados Unidos, en 1914, aunque nadie pensó nunca en que cosas como la desaparición de los bosques de los que ella dependía y la caza iban a acabar en un lapso de pocos años con una especie de ave de la que una sola bandada podía cubrir el cielo por completo.  Además, se calcula que en ese mismo país, en el siglo 19, vagaban por su territorio, desde California hasta las grandes planicies, unos 50.000 osos pardos. Hoy, la caza los ha diezmado tanto que para cierto año pasado quedaban apenas unos 1.200 ejemplares en pequeñas áreas de 4 estados.

En Oceanía, el fabuloso animal silvestre conocido como tilacino, marsupial parecido al lobo y llamado por muchos tigre de Tasmania, se extinguió en la década de los años 30 del siglo pasado a consecuencia de la cacería. En Europa, la población de la cabra montés del Pirineo, también llamada bucardo, un animal hermoso en extremo que podía llegar a pesar casi 100 kilos y que habitó desde tiempos inmemoriales las montañas pirenaicas de los límites entre Francia y España, fue siendo diezmada paulatinamente por culpa de la cacería indiscriminada. En 1989 se descubrió que sobrevivían poco más de 12 ejemplares de este magnífico animal. La última de esas cabras murió aplastada por un árbol en el año 2000.

Basándose en relatos tergiversados sobre su voraz apetito de salmones vivos y animales pequeños, en 1917, la Asamblea Legislativa del territorio de Alaska decidió ofrecer gratificaciones monetarias por la caza de las majestuosas águilas de cabeza blanca. Estudios posteriores demostraron que se había exagerado por mucho el peligro que representaban las águilas para los salmones, pues estas solo comen salmones muertos, y en 1953 se dejó de ofrecer recompensas por su caza. Pero para entonces ya se habían matado más de 128.000 ejemplares de esta hermosa y valiosa ave. Con el decreto de la Reserva Chilkat de Águilas de Cabeza Blanca de Alaska en el sudeste de esa región y de 19.000 hectáreas de extensión se revertió el problema, pero se hubiera ahorrado mucho sufrimiento para esta especie con un poquito más de información sobre ella.

Para el año 2002, Australia había perdido 19 especies de mamíferos, y estaban en peligro para ese año debido a los violentos incendios forestales que se desataban allí el koala y el oposum. Eso es muy preocupante, pues ya en 1990 el periódico The New York Times había dicho que el koala corría peligro de extinción por culpa, principalmente, del ser humano, quien se había dedicado a talar a todo lo largo de la costa oriental australiana miles de árboles de los llamados eucaliptos para dedicar el espacio que estos ocupaban a la agricultura, y a la construcción de casas y centros turísticos. El eucalipto es la vivienda del koala, además de que este bonito animal se alimenta de sus hojas y brotes. Producto de esta situación –se había eliminado el 80 por ciento “del suministro de alimento y hábitat natural del koala”– y de que muchos koalas estaban siendo atropellados por automóviles en las carreteras australianas, el número de estos había disminuido de varios millones en 1939 a unos 400.000 para 1989, y seguían acabándose. La cosa en ese país hoy es mucho peor para el koala y para sus vecinos, pues la reciente pavorosa ola de incendios que arrasó con buena parte del sudeste de ese gran país se calcula que mató, entre domésticos y silvestres, incluidos muchísimos canguros, a unos mil millones de animalitos: ¡una verdadera tragedia!

Hace poco más de 15 años escribí en mi libro Idilio con el valle del río Jiménez que, debido a la caza, en Grecia, cada año morían a tiros 700.000 aves “protegidas”. En el mismo lapso, en Malta fueron 3 millones, mientras que Italia poseía la oprobiosa marca de 50 millones de aves muertas y consumidas, casi todas ellas aves canoras. El problema fue empeorando, pues, a mediados del año 2013, National Geographic asombró al mundo cuando, en el artículo titulado El último canto, de la edición del mes de julio de esa famosa revista, se informó que en los alrededores del mar Mediterráneo se estaban matando como nunca antes diferentes clases de valiosas aves migratorias con diferentes métodos, con muy pocas personas tratando de hacer algo por detener un fenómeno que podía afectar ecológicamente a todo el planeta. El reporte indicó que en Chipre, una pequeña pero muy eficiente organización ecologista había desmantelado en el año 2012 casi 9.000 trampas –pegamento en las ramas de los arbustos, entre otras– que muchas personas, entre ellos, granjeros, habían colocado para atrapar aves migratorias, entre estas, currucas zarceras. En territorio italiano, en 2013, hasta trampas parecidas a ratoneras estaban siendo utilizadas por cazadores furtivos en los bosques del norte para capturar aves, aunque se había decretado la ilegalidad de estas por el gran sufrimiento físico al cual sometían a los pobres pájaros que quedaban atrapados en estas, entre ellos, el hermoso petirrojo europeo.  En Brescia, en un solo operativo llevado a cabo en el otoño de 2012, se llevó a prisión a 46 personas por dedicarse a la caza ilegal de aves. También se dijo en el artículo en cuestión que en febrero de 2012 un tiempo inusualmente frío aun para Europa del este hizo que gansos que habitualmente invernan en el valle del río Danubio se fueran al sur buscando regiones menos frías. “Hambrientos y agotados”, 50.000 de ellos aterrizaron en las llanuras de Albania. Todos fueron exterminados por cazadores armados hasta los dientes, al tiempo que cualquier cantidad de mujeres y niños se llevaron los cadáveres para venderlos en los restaurantes de los pueblos cercanos al lugar de la matanza.

National Geographic, en el artículo del cual estoy hablando, dice textualmente lo siguiente: “La más oriental de las rutas migratorias de Europa pasa por los Balcanes, y en Albania y la costa adriática se abre un sistema de humedales, lagos y llanuras costeras. Por milenios, las aves en su tránsito hacia el norte desde África pudieron descansar y reabastecerse antes de su paso atropellado por los Alpes dináricos hacia sus hábitats de reproducción, y detenerse de nueva cuenta ahí en el otoño, antes de cruzar otra vez el Mediterráneo”. Algunos dicen que ahora “da miedo”, pues, debido a la caza indiscriminada, prácticamente no hay aves en esos lugares. Dice el artículo que en 2007 se cerró una zona para proteger las aves y, sin embargo, 400 cazadores aparecieron como de la nada para dispararle a todo lo que tenía plumas. Los cazadores italianos en ese país –en Albania– y que son los peores, pues cazan hasta fuera de temporada y utilizan sofisticados equipos para reproducir los sonidos de las aves y así hacerlas más vulnerables para sus armas, además de que sobornan a los encargados de los parques para que estos les concedan permisos para cazar en ellos. En fin, Albania, país con poco más de 3 millones de habitantes pero que tienen en sus manos unas 100.000 escopetas y muchas otras armas de tiro, se ha convertido “en un hoyo negro para la biomasa migratoria del este europeo: millones de aves entran en él y muy pocas salen vivas”. Así se expresa de esta nación National Geographic, añadiendo de ella que es un cementerio anual para las grullas jóvenes y para las bandadas del ave conocida como cerceta carretona.

En Egipto pasa lo mismo. Aunque este país es firmante de varios tratados internacionales que regulan la caza de aves, varios elementos se han conjugado para que allí, en el extremo norte del continente africano, las migratorias encuentren otro “hoyo negro” para ellas. Valiéndose de una mortal mezcla de los métodos tradicionales de cacería como poner pegamento en las ramas de los árboles, las redes hechas a mano y las trampas hechas de cañas, junto con los nuevos y más sofisticados, en ese país se eliminan sin que casi nadie pierda el sueño por ello una increíble cantidad del ave conocida como lavandera boyera, además de tórtolas, perlitas diminutas, papamoscas collarinos, papamoscas grises, alcaudones dorsirrojos, codornices, mosquiteros comunes, mosquiteros silvadores, currucas capirotadas, cisticólidos, chorlitejos, collalbas, patos  y oropéndolas. Las oropéndolas tienen fama en Egipto de servir para aumentar la potencia sexual masculina y ellas lo pagan muy caro. National Geographic dice que en los oasis (pequeñas agrupaciones de árboles) del desierto egipcio un solo cazador puede matar en un día 50 oropéndolas, y que en uno de los oasis más famosos de ese país en el que las cansadas y confiadas aves se posaban para descansar en su viaje migratorio podían cazarse en el transcurso de un solo año 5.0000 oropéndolas. Eso, sin duda, está perjudicando seriamente a la población europea de dichas aves, de la que se dijo hace unos pocos años que estaba compuesta por unas 2 o 3 millones nada más de parejas reproductoras. Se informó también que un solo cazador, en el transcurso de un mes, todos los años, en temporada de paso de aves migratorias, sacaba de circulación 600 oropéndolas, 250 tórtolas europeas, 200 abubillas y 4.500 pájaros más pequeños, aunque ese señor no tenía necesidad económica para hacer eso, pues su granja de olivos e higueras, entre otras cosas, le daba para vivir cómodamente él y su numerosa familia. El autor del artículo El último canto, del cual estoy hablando, el señor Jonathan Franzen, calcula que en una de las trampas que se utilizan en Egipto para atrapas aves migratorias –las llamadas redes de niebla– quedan atrapadas en las costas de ese país un mínimo de 100.000 codornices todos los años. Los halcones también son cazados bárbaramente en Egipto. Millonarios de Arabia Saudita interesados en el arte de la cetrería estaban dispuestos a pagar en 2013 35.000 dólares por un halcón sacre vivo y 15.000 por un halcón peregrino vivo. Eso hace que una gran cantidad de interesados en la recompensa se lancen al desierto en camionetas y pasen allí cualquier cantidad de tiempo en busca de la anhelada presa, sometiendo a las aves que utilizan como señuelos, entre ellas, tórtolas, palomas, codornices y halcones pequeños, como los cernícalos y los bornis, a crueldades imperdonables, como, en el caso de estos dos últimos, cocerles los párpados: ¡una verdadera locura!

Es lamentable que a pocos en el mundo nos importe lo que está pasando con las aves migratorias en el Mediterráneo y sus alrededores, pues National Geographic informa que unas tres mil millones de aves de 300 especies diferentes viajan miles de kilómetros para su reproducción veranera en Eurasia y luego regresan al continente africano alejándose del frío invernal de sus territorios de reproducción. Ese viaje lo realizan orientándose con el Sol, las estrellas, montañas y colinas, olores y hasta con el campo magnético del planeta. Como ya lo dejé ver, cientos de millones de estas aves son exterminadas todos los años por diferentes e injustificables motivos: diversión, comercio y su consumo, aunque no vale la pena quitarle la vida a un pájaro valioso por consumirle los poquitos gramos de carne que este le puede aportar al que se lo come. ¡No vale la pena! El alcaudón dorsirrojo de Gran Bretaña y la fabulosa ave llamada ibis eremita están que desaparecen por este fenómeno.

Pero las poblaciones mundiales de aves silvestres no solo están llevando duro por parte del ser humano, la “especie exterminadora”, porque se les caza como se les caza en el Mediterráneo, pues a todo esto que se acaba de considerar hay que agregarle lo del comercio ilegal de aves vivas. Observando el mundo, de la edición del 22 de mayo de 1990 de ¡Despertad!, también asombró al mundo cuando dijo, basándose en información de la revista sudafricana Personality, que ‘por cada ave silvestre que se vendía viva morían por lo menos cinco’, lo que había contribuido a que en un corto tiempo un total de cien millones de estas hubieran muerto. Se puede leer en ese número de ¡Despertad! que para capturar las aves los comerciantes, otros delincuentes más –y locos también–, cortaban los árboles donde estas anidaban y se apoderaban de los pichones que sobrevivían a la caída. También disparaban perdigones contra las bandadas de aves y atrapaban las que caían al suelo con heridas leves en las alas. Luego de tratar de mantenerlas vivas, las transportaban en aviones de carga a países lejanos, adonde muchas de ellas llegaban muertas. Se calcula que para finales de los pasados años 80 se vendían así 5 millones de aves silvestres por año, sin contar la descomunal cantidad de aves que se pasaban de un país a otro de contrabando, en un negocio que contactaba a coleccionistas y aficionados que estaban dispuestos a pagar hasta 250.000 dólares por ‘las especies protegidas que deseaban’. Hoy, en pleno año 2020, la situación no ha mejorado.

Hermosa rapaz nocturna de un zoológico venezolano. Todas las especies de rapaces nocturnas son sumamente importantes, tanto para el equilibrio ecológico de los lugares en los que medran, como para la salud y las cosechas del hombre. Foto: José Isaac Valecillos. Archivo de Proyecto Caminos de América

Me parece oportuno decir acá que todas las especies de aves del planeta le aportan cosas de capital importancia a los parajes naturales en los que medran, pero también a la salud del hombre y, en el caso de muchísimas de estas, a la salud de sus cosechas. Un ejemplo muy interesante de ello es el hecho de que en el continente asiático, específicamente en Malasia, los cultivadores de palma de aceite colocan en sus sembradíos pajareras para que las lechuzas nidifiquen. ¿Con qué fin lo hacen? Para que las parejas de esta rapaz que se instalen en ellas libren al agricultor cada año de hasta 3.000 ratas que, de otro modo, se comerían la cosecha. Es más, en varias partes del mundo hay agricultores que “invitan” a las lechuzas a que entren en sus graneros y demás instalaciones de sus granjas a través de unas “puertas para lechuzas” para que estas aves mantengan limpiecitas dichas instalaciones de roedores dañinos.

En cuanto a la región noreste de la India, 70 especies de animales están amenazadas, entre otros factores, debido a la caza furtiva. Volviendo a América, en Argentina, el periódico Clarín informó hace ya varios años, y las cosas para este año 2020 no han mejorado, que quinientas de las dos mil quinientas especies de animales autóctonos estaban amenazadas, entre ellas, variedades de cachicamos, jaguares, vicuñas y tortugas terrestres. Solo en Buenos Aires, la capital del país, se vendían ilegalmente para el tiempo en el que Clarín alertó sobre el fenómeno cerca de 100.000 tortugas por año. En esa misma nación, pero en este caso en el noroccidente, está ubicada la reserva selvática de Las Yungas, reserva que, según informó en una oportunidad la periodista Viviana Alonso en la página Tierramérica, que uno podía leer en el Diario de Los Andes, estaba siendo amenazada por la tala o desmontes de empresas que habían solicitado permisos para talar allí, entre las que se encontraban firmas azucareras y papeleras. También la estaba perjudicando el gasoducto Norandino, que la atraviesa, y durante cuya construcción se produjeron dos explosiones seguidas de incendios. En tan solo julio de 2003 se deforestaron mil hectáreas de bosques montanos, poniéndose en peligro la existencia de más de 300 especies de pájaros, además de roedores, murciélagos, osos hormigueros, tapires, monos, zorros y grandes felinos, entre ellos, el yaguareté o jaguar. Pablo Perovic, del Instituto de Biología de la Altura de la Universidad Nacional de Jujuy, dice que “en Las Yungas coexisten ocho especies de félidos, algo que no ocurre en ningún otro lugar del mundo”. De allí que la amenaza que se cierne sobre esta selva tenga preocupada a tantas personas, aunque parece que no a los diferentes gobiernos federales que han gobernado en los últimos años a la Argentina. Con respecto al jaguar, el mismo señor Perovic dice que antes, el mayor felino americano “habitaba desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de la (austral) Patagonia argentina, pero su distribución se redujo en 85 por ciento, y hoy se encuentra en peligro de extinción debido a la caza furtiva, la agricultura y la ganadería”. Los comentarios del señor Perovic sobre el peligro que se cierne sobre el jaguar son muy ciertos, pues varios años antes –en 1990–, organizaciones criminales para las que trabajaban los cazadores furtivos de Sudamérica y de otras partes del continente estaban enviando a Europa de contrabando grandes cantidades de pieles de jaguar en cajas que supuestamente contenían café. Para ese tiempo, año con año se mataba y se procesaba de esa manera a unos 6.000 jaguares. ¡Qué lástima! 

Roedor silvestre conocido en Venezuela como lapa. El exquisito sabor de su carne contribuyó a que en este país se le cazara de manera abusiva. Hoy ha desaparecido de muchos parajes en los que antes era abundante. Foto: Mario Araujo. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Saltando de un lado al otro del planeta pisamos Europa otra vez. Un periódico informó que de las 380 especies de mariposas conocidas de ese continente ‘casi todas habían disminuido drásticamente y varias estaban al borde de la extinción’. Todo esto debido al aumento en la producción agrícola, que ha conducido a la aniquilación de los hábitats naturales. En el continente africano de nuevo, la reducción del entorno por la construcción de carreteras y otras infraestructuras está haciendo que las poblaciones de grandes simios estén bajando de manera violenta. Hace poco más de cien años atrás vivían en África unos dos millones de chimpancés, mientras que para estos tiempos se calcula que solo existen unos 200.000. También quedan “solo unos cuantos miles de gorilas y otros cuantos centenares de gorilas de montaña”.

Los insectos alados, como esta criatura que se aventuró hasta las cercanías de una vivienda en Carvajal, Andes venezolanos, sufren mucho cuando se eliminan sus hábitats naturales. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Acá en Venezuela se encuentran en peligro de extinción animales tan valiosos como el caimán del Orinoco y el de la costa, la fabulosa águila harpía, el hermoso pájaro conocido como cardenalito, la cotorra cabeciamarilla, el oso frontino, el mismo jaguar y muchos otros. También se acaban en el mundo entero especies de animales domésticos. El Almanaque Anual 2002 anunció que ‘en los últimos cien años se habían perdido cerca de mil razas de animales domésticos’. De las cuatro mil que convivían con los humanos y eran usados por estos para principios de este siglo, 1.300 estaban en alto riesgo de desaparecer. También dijo el Almanaque Anual que ‘en Latinoamérica, cerca de un 20 por ciento de las razas domésticas estaban en peligro’.

Cuatro aspectos de la vida rural en Paramito, en el nordeste del municipio Carvajal, Trujillo, en la baja montaña de los Andes venezolanos, que muestran cuánto depende el ser humano de los animales domésticos. A pesar de ello, por su mala manera de administrar los recursos del planeta, cientos de especies de ese tipo de animales están desapareciendo progresivamente. Fotos: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

La vida marina también está siendo sobreaprovechada. ¡Despertad! declara que “al contrario de lo que se creía en el pasado, la riqueza oceánica no es inagotable”. Cita al paleontólogo Niles Eldredge, quien escribió lo siguiente en la revista Natural History acerca de la sobreexplotación del mundo acuático: “La tecnología moderna ha vuelto tan eficaces los métodos de pesca, que se están devastando grandes extensiones del lecho marino de una forma que recuerda a la tala de bosques. Dicha tecnología supone, además, un terrible derroche de recursos, pues numerosas tortugas marinas y focas, así como muchas especies de peces e invertebrados que no tienen salida en el mercado, perecen con cada tirón de las redes o con cada pasada de los barcos arrastreros”. En ese mismo número de ¡Despertad! se comenta que la famosa revista National Geographic explicó lo siguiente con relación a lo que tituló “la estela de desperdicios de los barcos camaroneros”: “A lo largo de la costa del Golfo de México (frente a Texas), se sacrifican hasta 12 kilos de organismos marinos –en su mayoría crías de peces– por cada kilo de camarones”. ¡Qué lástima! Un biólogo estadounidense lamentó “la cantidad de pescado y marisco inservible que se captura accidentalmente: la proporción media es de 4 por 1”.

¡Despertad! del 8 de marzo de 2001  advierte que en la actualidad se cree que solo quedan en el mar Mediterráneo entre 379 y 530 ejemplares de foca monje, “lo que tal vez las sitúe a un paso de la extinción”. A este mamífero acuático se le cazó por miles entre los siglos 18 y 19 para apropiarse de su pelaje, grasa y carne, pero su principal enemigo en la actualidad es la destrucción de gran parte de su hábitat natural por la contaminación, el turismo y la industria pesquera, o, mejor dicho, la sobrepesca, que ha mermado considerablemente la cantidad de alimento de que dispone esta valiosa especie de foca. La ¡Despertad! que acabo de citar publicó lo siguiente acerca de este animal: “Dado que esta foca es uno de los eslabones superiores de la cadena alimentaria, algunos científicos la consideran especie indicadora. En otras palabras, el hecho de que ella no esté bien constituye un buen indicador de que el resto de la cadena tampoco lo está. De ser esto así, no augura nada bueno para la preservación del ecosistema mediterráneo, pues es una de las especies más amenazadas de Europa”.

Quiero desahogarme con el lector al expresarle el sentimiento de impotencia y el de asombro que me invadieron cuando leí hace unos años dos reportes. El primero, del diario Últimas Noticias, habló de cómo al comienzo de la temporada de caza comercial de 2005, en dos semanas, casi 100 mil crías de foca arpa fueron asesinadas a garrotazos o a balazos en el golfo de San Lorenzo, al sudeste de Canadá. Y ello había sido solo el comienzo, pues se planeaba obtener un total de 319 mil ejemplares. Rebecca Aldworth, de la Sociedad Humana de los Estados Unidos, dijo que son inimaginables las crueldades que se llevan a cabo con las focas heridas, “que se ahogan en su propia sangre o son despellejadas vivas”. También destacó que “es la mayor matanza de animales marinos en el mundo” y que “las víctimas de la cacería son ejemplares destetados de 12 a 90 días de edad, que permanecen en las superficies heladas cercanas a su lugar de nacimiento hasta que son capaces de buscar alimento”.

Dibujo hecho a finales del año 2005 que denunció la cruel matanza de crías de foca arpa en la temporada de caza comercial de ese año en el Canadá oriental. Ilustración: John Briceño Abreu y Eli Daniel Sandrea. Archivo de la Fundación Río Jiménez.

El segundo, de la sección Observando el mundo de la revista ¡Despertad! del 22 de julio de 2003, en el que se dio aviso respecto a que, para ese tiempo, ‘pescadores del mundo entero se ganaban la vida surcando los mares en busca de tiburones, a los que mataban, cortaban las aletas y después arrojaban por la borda’. La revista Science News dice que la razón de estas horribles mutilaciones es tan solo satisfacer la demanda de una carísima sopa que se prepara con sus aletas. Se informó que en el mes de agosto del año 2002, los guardacostas estadounidenses confiscaron una embarcación de Hawai que navegaba cerca de la costa de México al descubrir en ella 32 toneladas, es decir, treinta y dos mil kilos, de aletas de tiburón, la única parte del escualo que se encontró a bordo. Science News afirma que esa horrible carga supone alrededor de 30.000 tiburones muertos y 580.000 kilos de pescado desperdiciado. También se mencionó que en todo el planeta las flotas pesqueras estaban matando todos los años unos cien millones de tiburones. Sí, nuestros magníficos océanos y mares se han convertido en campos de la muerte para muchas especies amenazadas.

No puedo pasar adelante sin hablar, aunque sea un poco, del negro historial que, con contadas excepciones, tiene China con su propia fauna silvestre. Y hablo de “contadas excepciones” porque, es verdad, en los últimos años se han hecho esfuerzos por salvar al oso panda y su hábitat, además de al caballo de Przewalski, al que se aniquiló en su propio hábitat natural a mediados del pasado siglo, así como a los gibones de cresta negra y a la preciosa ave conocida como grulla siberiana. Dichas diligencias a favor de estos valiosos animales son, por supuesto, muy loables, pero todavía queda mucho por hacer a favor de la fabulosa fauna silvestre de este bonito país. ¿Por qué lo digo? Porque ya mencioné por allí que en un tiempo se temía que el delfín lacustre del legendario río Yangtse desapareciera en un lapso de solo 10 años. Se tenía ese temor porque para 1992 solo quedaban en estado salvaje 300 ejemplares de esta fascinante criatura. Por otro lado, el rinoceronte de Sumatra se ha extinguido totalmente de territorio chino, mientras que del elefante selvático, antes muy abundante, hace unos años solo sobrevivían unos pocos en los bosques también escasos de la región llamada Yunnan. Una de las 5 subespecies de tigres del país hace rato que se extinguió, y las otras 4 parecía en cierta fecha en particular que iban por el mismo camino, al igual que la llamada gacela de papada, habitante desde tiempos antiquísimos de las montañas y desiertos chinos. Además, en 1992 vivían en estado silvestre solo 1.000 osos panda.

Hace unos años era normal que las peleterías en China vendieran pieles de monos dorados, del hermoso leopardo de las nieves y de panteras nebulosas, animales muy escasos. En los años 90 se le ofrecían a los cazadores 13.000 dólares por cada ciervo de cola blanca que mataran, majestuosa especie que supuestamente estaba protegida. En las farmacias se vendían sin necesidad cornamentas de venados –así se le llama también a los ciervos– y las escamas de un pequeño mamífero con caparazón llamado pangolín. En la región de Qinghai se estuvieron matando grandes cantidades del llamado borrego azul para, posteriormente, exportar su carne a Alemania. Al matar de esa manera al borrego no solo se perjudicaba a esa especie, sino también a las panteras, a las que se privaba de parte de su dieta principal.  En Gansu se llegaron a ofrecer hasta 23.000 dólares por cada oveja salvaje de cuernos largos tibetana que se cazara. Anualmente, los restaurantes de una ciudad llamada Harbin estaban vendiendo cerca de 2 toneladas métricas de zarpas de oso negro y oso pardo, y una tonelada métrica de narices de alce. ¿Podemos siquiera entender la cantidad de osos y alces que hay que matar para poder reunir esa enorme cantidad de zarpas y narices de unos y otros? ¡Qué abuso tan grande! Además, entre enero y mayo de 1987 se enviaron de contrabando a Japón 600 kilos de almizcle. Para que dichos envíos pudieran ser realidad los cazadores tuvieron que acabar con la vida de 100.000 machos de los llamados almizcleros. Aclaro que el almizcle es un líquido aromático más caro que el oro que se saca de la glándula abdominal del almizclero macho y que es la materia prima de más de un centenar de medicamentos. Por si fuera poco, en el invierno de finales de 1984 a principios de 1985, una cooperativa de una aldea cercana al lago Poyang, en la región de Jiangxi, acabó con la vida de unas 600 cigueñas blancas, cisnes de la tundra y grullas, para apoderarse de sus plumas con el fin de utilizarlas para fabricar abanicos. También se denuncia que en esos tiempos los cazadores comerciales llegaron a acabar con unas 200.000 aves. La cacería con diversos instrumentos ha continuado, al punto de que se le seguían causando graves diezmos a las poblaciones de aves, además de que se seguían sacando del país para utilizarlas como mascotas y como alimento a mucho más de 3 millones de ejemplares al año. Esas cifras hace rato que se quedaron cortas. El kylin, fabuloso y delicado mamífero parecido al venado, pero que tiene la cola larga y un solo cuerno, recto, y del que se dice que cuando se mueve no pisa la hierba ni ningún otro organismo vivo, ya casi no se deja ver, como se expresa de esta criatura el biólogo  George Schaller en un artículo de su autoría para la revista Selecciones titulado Peligra la fauna silvestre de China, y en el que me estoy apoyando para los datos de esta parte del artículo.

Una multiplicidad de factores colocaron a la fauna china en este estado, entre ellos, el constante crecimiento demográfico en ese país y la creencia falsa de que las partes del cuerpo de ciertos animales silvestres sirven para curar problemas de salud que las personas tienen. Pero como la pobreza también es una de las causas, no se puede dejar en la oscuridad la responsabilidad que el gobierno comunista de Mao Tse-tung tuvo en el asunto. Se verá como un error condujo al otro.

George Schaller dice que en 1958 los políticos instaron a los campesinos chinos a que se dedicaran a fundir hierro en los patios de las casas. La gente hizo caso y empezó a dedicarse exclusivamente a esa labor, descuidando las cosechas, que se perdieron totalmente. Por supuesto que se necesitaba mucha madera para poner a funcionar los hornos de cada vivienda, y para conseguirla, se llegaron a talar millones de árboles, el hábitat de muchísimos animales. Cuando la hambruna como resultado de aquellas desastrosas medidas barrió el país con toda su fuerza entre 1959 y 1961, las personas, para no seguir muriendo –15 millones fallecieron de hambre– empezaron a mirar hacia donde estaba la fauna silvestre, que en ese tiempo “aún prosperaba en el actual árido oeste chino”, y el resultado de aquella coyuntura fue fatal para la vida silvestre de todos esos territorios. Schaller contó al comienzo de los pasados noventa que “la gente empezó a sacrificar cantidades increíbles de animales para alimentarse”, y que “trenes cargados de bestias muertas iban traqueteando desde Xinjiang hasta los mercados de las ciudades del este”, región en la que, por cierto, es raro ver un pájaro. El conservacionista sigue contando que en 1961 se vuelve a errar cuando Mao Tse-tung anima a sus gobernados a que vieran “el cultivo de granos como su vínculo esencial”, y comenta que los campesinos, “temiendo que se les considerara ‘contrarrevolucionarios’ si cultivaban otra cosa que no fuera cereales, araron los frágiles pastizales, arrasaron los bosques e incluso tiraron árboles frutales. La extensión de los bosques en China disminuyó, de un 18 por ciento de las tierras en 1960, al 12,7 por ciento en 1980”. Y la fauna silvestre pagó el trágico precio de todo ello. El señor Schaller, quien para la época en que se publicó su artículo era director de ciencias de Wildlife Conservation International, remató su parte del informe sobre las metidas de pata de Mao Tse-tung diciendo que en 1958 el gobierno impulsó una campaña nacional contra lo que se llegó a llamar los Cuatro Males, es decir, moscas, mosquitos, ratas y… gorriones, campaña que “no solo acabó con los gorriones, a los que se culpaba de comerse los granos, sino también con otras aves”. ¡Una verdadera desgracia!    

También hay serios problemas con especies vegetales que forman parte de nuestro suministro de alimento. Uno quizá dé por sentado que es muy fácil comprar una manzana, pero la diversidad actual de esta exquisita y saludable fruta es exageradamente menor que la que había hace un poco más de cien años. ¡Despertad! informa que entre los años de 1804 y 1905 se cultivaban en los Estados Unidos 7.098 clases de manzanas, de las cuales 6.121, o sea, el 86 por ciento ya han desaparecido. Igual destino han tenido 2.361  de los 2.683 tipos de peras. En cuanto a las hortalizas, las cifras son aún más alarmantes, pues solo en Estados Unidos la diversidad de ellas ha disminuido en un sorprendente 97 por ciento en menos de 80 años. Hay más todavía. Se calcula que en los albores del siglo veinte se conocían más de 100.000 tipos de arroz en el continente asiático. De estos, al menos 30.000 se hallaban en la India; sin embargo, en la actualidad el 75 por ciento de la producción arrocera de esta nación comprende solo 10 variedades. Sri Lanka era “dueña” en una época de 2.000 diferentes clases de arroz, pero ahora solo cultiva cinco. México, la cuna del maíz, tiene apenas el 20 por ciento de las variedades que poseía en la década de 1930. En China se empleaban casi 10.000 variedades de trigo en 1949. Hoy día solo se cultivan menos de 1.000.

En cuanto a los productos farmacéuticos se refiere, alrededor del 25 por ciento de las medicinas comercializadas se obtienen de la flora planetaria, y no cesa de descubrirse nuevas plantas medicinales. Se ha calculado que 120 de los 150 medicamentos principales que se prescriben en Estados Unidos se extraen de compuestos naturales. No obstante, estos también se extinguen progresivamente, con lo que, ¡Despertad! afirma, “perdemos también la oportunidad de encontrar nuevos remedios y compuestos químicos”. Atención con esto: uno de los muchísimos medicamentos elaborados con materia prima de las plantas de las pluviselvas permitió aumentar el nivel de remisión de la leucemia infantil de un 20 por ciento en la década de 1960 a un 80 por ciento en 1985. Por ello preocupa que en el nordeste indio estén amenazadas 650 especies de plantas, que en Italia, para el ya un poco lejano año de 1997, estuvieran en peligro de desaparecer 1.011 especies (allí se extinguió una planta porque el único lugar donde crecía fue convertido en un campo de fútbol), y que, para cierta época, en el transcurso de 13 años se hubieran destruido en Brasil 23 millones de hectáreas de bosques –y no estoy tomando en cuenta aquí todas las que fueron destruidas en los pasados incendios que se desataron en ese país–, en México, 6 millones trescientas mil, y en Haití, El Salvador y Santa Lucía, entre el 46 y el 49 por ciento de sus áreas boscosas.

MÁS SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA BIODIVERSIDAD

Ahora, ¿de verdad es tan importante para el hombre y la vida en general la biodiversidad? Por supuesto que sí, y para una muestra de ello –aparte de lo que ya he dicho– un botón. A principios de la década de 1840 Irlanda era la nación europea de mayor densidad poblacional, pues vivían allí más de 8 millones de personas. El alimento principal de esta gran masa humana lo conformaban las papas, especialmente la llamada lumper, la variedad más cultivada. Pues bien, en 1845 los agricultores irlandeses la sembraron como de costumbre, pero un fulminante hongo llamado mildíu terminó con casi toda la cosecha. El señor Paul Raeburn escribió en un libro suyo que la mayor parte de Irlanda superó aquel año difícil, pero que el verdadero desastre azotó el año siguiente, ya que, debido a que no disponían de otra variedad, los agricultores volvieron a recurrir a la lumper, por lo que el mildíu –una verdadera maldición–atacó de nuevo, esta vez con una fuerza aplastante. El señor Raeburn cuenta que “el sufrimiento fue indescriptible”. Un millón de irlandeses murieron de hambre, y otro millón y medio emigró, muchos de ellos a la costa este de los Estados Unidos, principalmente a Boston, desde donde buena parte se desplazó al territorio de lo que hoy es el estado de Oklahoma. Hasta películas se han filmado acerca de esta epopeya, como una de mis favoritas: Un horizonte lejano. Mientras esta cosa horrible ocurría en Irlanda, en los Andes, Sudamérica, los agricultores cultivaban muchas clases de papas, por lo que el hongo atacó solo unas cuantas. No hubo epidemia. “Es evidente, pues, que la diversidad de especies y de variedades dentro de la especie, es una protección”. Así lo dice cierta publicación.

En ¡Despertad! del 22 de enero de 1993 leí que la revista Discover había publicado a fines del año 1992 un extracto del libro del biólogo Edward O. Wilson titulado La diversidad de la vida, en el que él elevó  su voz de protesta ante la extinción de miles de especies de aves, peces e insectos, así como de otras formas de vida a las que generalmente no se toma en cuenta por considerarse insignificantes. Dijo el señor Wilson: “Muchas de las especies desaparecidas son hongos micorrizantes, hongos que por unión simbiótica acrecientan la absorción de nutrientes por parte del sistema de raíces de ciertas plantas. Los ecologistas se han preguntado por mucho tiempo qué les sucedería a los ecosistemas terrestres si estos hongos desaparecieran y pronto lo descubriremos”.

Estas palabras del señor Wilson me recuerdan algo que escribí hace años en mi libro Idilio con el valle del río Jiménez sobre algunos pequeños animales silvestres que son aliados, por donde se les mire, del ser humano. Hablé allí del sapo, amigo de los huertos, pues puede comerse más de 10.000 insectos dañinos en un lapso de 3 meses, entre los que se incluyen grillos, la chinche de la calabaza o auyama, el gusano soldado, la oruga sedosa del manzano, la polilla lagarta y la babosa. Además hablé seguidamente de pájaros insectívoros que son también muy buenos en controlar plagas, pues el libro Horticultura sin venenos dice que una vez se vio a un chochín doméstico alimentar a sus hijitos con 500 arañas y orugas en una sola tarde veranera. Y la mantis religiosa, o cerbatana, como se le llama acá en Venezuela, también es una buena devoradora de insectos indeseables.  

En esta misma publicación el biólogo formuló y respondió la siguiente interrogante acerca de la urgencia y la importancia de salvar las especies: “¿Qué importa que algunas especies se extingan, que hasta desaparezca la mitad de todas las especies de la Tierra? Déjenme enumerar las pérdidas. Se pierden nuevas fuentes de información científica. Se acaba con un vasto potencial de riqueza biológica. Medicinas, cosechas, fármacos, madera, fibra, pasta papelera, vegetación que restaura el suelo, sustitutivos del petróleo y cosas que aún están sin explotar nunca se descubrirán. En algunos ámbitos está de moda desechar lo pequeño y desconocido, los insectos y la hierba, olvidando que una mariposa de América Latina casi desconocida salvó los pastos de Australia de una invasión de cactos, que la Vinca rosea suministró el remedio para la enfermedad de Hodgkin y la leucemia linfocítica infantil, que la corteza del tejo Taxus brevifolia ofrece esperanza a las mujeres que padecen cáncer de ovario y de mama, que una sustancia química de la saliva de las sanguijuelas disuelve coágulos de sangre durante operaciones quirúrgicas…, y la lista seguiría, una lista bastante larga e ilustre a pesar de la poca investigación que se efectúa en este campo”. Agregó: “Con una mente amnésica también es fácil pasar por alto los servicios que proporcionan a la humanidad los ecosistemas. Enriquecen el suelo y crean el aire que respiramos. Sin estos factores, la existencia futura de la humanidad en la Tierra sería desagradable y breve”.

Zarigüeya o rabipelado en las cercanías de una granja del municipio Carvajal, Trujillo, Andes venezolanos. Odiado por muchos por su afición a atacar gallineros, este animal nocturno también cumple un papel importante en los ecosistemas. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Aparte de esto, la revista National Geographic, en su número de febrero de 2013, en el artículo titulado La mordedura que sana, cuya autora es Jennifer S. Holland, habla del gran y perfectamente justificado entusiasmo que hay porque se ha terminado de determinar –y valga esta especie de pequeño juego de palabras– el enorme potencial que hay en el veneno de muchísimas criaturas silvestres para seguir creando fármacos que combatan eficientemente los crecientes problemas de salud de la gente. Jennifer S. Holland escribió en ese artículo que “las propiedades que hacen mortal el veneno son también las que lo hacen valioso para la medicina”. Ella se refería a las proteínas y péptidos que componen esos venenos, y que al entrar en el cuerpo de la víctima del animal ponzoñoso, en el caso de algunos, como el de la víbora de cascabel, atacan el sistema nervioso y lo paralizan al cortar la comunicación entre los nervios y el músculo, lo que hace que generalmente la víctima muera por asfixia. En el caso de otros, consumen las moléculas de tal forma que “las células y los tejidos colapsan”. Pueden matar al coagular la sangre y parar el corazón, o evitando la coagulación, haciendo que la víctima muera por graves hemorragias internas. ¡Así lo entendí yo!

Entonces, ¿por qué es que Jennifer Holland dice que “las propiedades que hacen mortal el veneno son también las que lo hacen valioso para la medicina”? Porque “muchas toxinas del veneno tienen como objetivo las mismas moléculas que necesitan ser controladas para tratar enfermedades”. Ella cuenta que el veneno trabaja a gran velocidad, y que los componentes activos de este, “los péptidos y proteínas que actúan como toxinas y enzimas, tienen como objetivo moléculas particulares y encajan en ellas como llaves en cerradura. La mayoría de los medicamentos actúan de la misma manera, al encajar y controlar las cerraduras moleculares para disminuir sus efectos nocivos”. Agrega que el reto consiste en conseguir la toxina que ataque cierto objetivo, pero que algunos medicamentos sumamente importantes en el tratamiento de cardiopatías y diabetes fueron creados a partir de venenos, además de que para el año 2023 nuevos tratamientos desarrollados a partir de venenos podrían usarse para combatir el dolor, las enfermedades autoinmunes y el cáncer. Citado por ella en el mismo artículo, Zoltan Takaks, biólogo toxicólogo, herpetólogo y explorador emergente de National Geographic Society, declara que ‘no se está hablando solo de unos cuantos fármacos novedosos, sino de clases completas de fármacos’. Y agrega: “Podría haber más de 20 millones de toxinas de veneno en espera de análisis. Es extraordinario. El veneno ha abierto caminos completamente nuevos para la farmacología”. Él tiene toda la razón del mundo para sentirse entusiasmado, pues el mismo artículo dice que aunque solo se han examinado poco menos de 1.000 toxinas por su valor medicinal, provenientes de ello, 12 medicamentos importantes han llegado al mercado.

Ejemplos muy interesantes que muestran que lo anterior es muy cierto son los que describo a partir del siguiente punto. Una de las toxinas del veneno de una víbora posee una proteína que fue la base de un medicamento que se usó contra la trombosis venosa profunda. El veneno de la serpiente brasileña conocida como yarará contiene un componente que, alterándolo a nivel molecular, sirvió para fabricar potentes antihipertensivos. El veneno de la mamba verde oriental estaba siendo estudiado porque podría llegar a ser la base de medicamentos que sirvan para reducir la presión arterial y la fibrosis, y que protejan los riñones. El veneno de la temible mamba negra posee una toxina “con un enorme potencial para ser un nuevo y potente analgésico”. El veneno de un lagarto que vive en desiertos de Norteamérica, al que se conoce como monstruo de Gila, tiene un componente que mantiene bajo control la glucosa y reduce el apetito. Es la base del fármaco llamado exenatida. El reportaje de Holland dice que ‘ayuda a los diabéticos a producir su propia insulina y a bajar de peso’. Un medicamento con base en una toxina anticoagulante de la saliva del murciélago vampiro estaba hace un tiempo siendo estudiado para utilizarlo en el combate de la trombosis isquémica. Una toxina combinada presente en los venenos de 3 especies diferentes de alacranes estaba siendo investigada hace unos años por su potencial para combatir enfermedades autoinmunes. Una neurotoxina del alacrán dorado sirve para el combate del cáncer cerebral. También se estaban estudiando las toxinas del alacrán por su potencial para combatir el cáncer de próstata, el colorrectal, el de pulmón, el de mama, el pancreático, el de piel, la malaria, el glioma, la epilepsia, los problemas cardiacos, el dolor y hasta las plagas, pues parece que una de dichas toxinas tiene potencial como pesticida. El poderoso veneno del caracol cónico tiene gran potencial para la producción de medicamentos con base en este: analgésico para enfermos de cáncer terminal, además de fármacos preventivos contra la depresión y la adicción a la nicotina, más los males de Parkinson y de Alzheimer. Un animal marino conocido como anémona sol tiene un veneno que contiene elementos que pueden servir para el tratamiento de la esclerosis múltiple, la psoriasis, el lupus y la artritis reumatoide. El veneno de acción rápida de la víbora rinoceronte de Camerún contiene toxinas que ya en 2013 se pensaba que podían ser utilizadas para fabricar fármacos que controlaran el sangrado en las cirugías. El veneno de una serpiente marrón oriental ha estado siendo estudiado para ver si se saca de este un aerosol que sirva para detener sangrados en los lugares de los accidentes. Y así sucesivamente.

El penúltimo párrafo del increíble artículo del cual estoy citando dice: “Zoltan Takacs no se cansa de decir que el potencial medicinal de los venenos es ‘alucinante’, pero estamos en riesgo de perder las fuentes de ese potencial más rápidamente de lo que podemos identificar los dones de sus toxinas. Las serpientes, al adaptarse para llenar varios nichos en todo el mundo, han desarrollado un rango sorprendente de compuestos venenosos, pero sus poblaciones están disminuyendo al igual que las de muchos otros animales. Los océanos también están bajo presión: su química cambiante podría eliminar fuentes de veneno promisorias, desde los caracoles cónicos hasta los pulpos”. Y el último dice: “’Al conservar la biodiversidad del mundo –advierte Takaks– deberíamos apreciar mejor la biodiversidad molecular’. Eso pondría a las moléculas de los venenos más mortales de la naturaleza en una posición alta en la agenda cuando se tomaran las decisiones sobre conservación. Y eso salvaría muchas vidas”.

Avispa de las llamadas caza tarántulas, insecto de la familia pompilidae, fotografiada en un camino rural del nordeste del municipio Carvajal, Trujillo, Andes venezolanos, acabando de inmovilizar con su veneno neurotóxico a una araña común en la zona. Después de que la oculte en su madriguera pondrá un huevo en su abdomen y saldrá, dejando dicha madriguera sellada. Cuando la larva salga del huevo comenzará a alimentarse de la araña, que está inmovilizada pero no muerta. Luego, en su fase final, sí matará a la araña porque comenzará a alimentarse con los órganos vitales de esta. Seguidamente tejerá en torno a sí un capullo de seda, completará la metamorfosis y saldrá de la madriguera. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Voy a aprovechar para hablar aquí de un pequeño animal al cual hice recientemente breve alusión en mi novela Amanecer en la tierra de las montañas eternas, un animalito que le provoca a muchas personas cierta repulsión: el humilde escarabajo pelotero. Este pequeño coleóptero, que vive en muchas regiones del planeta, incluyendo a Trujillo, el andino estado venezolano en el que vivo, pero que abunda especialmente en África, es un eficiente trabajador sanitario, como lo conté en la novela. A las heces de elefantes y del ganado vacuno, por ejemplo, que caen al suelo, las cortan en trocitos y con sus patas delanteras les van dando formas de pelotas, a las que trasladan dándole vueltas hasta sus nidos bajo la superficie del suelo, donde servirán de alimento para ellos y para sus crías. Cumpliendo deberes educativos religiosos con algunos amigos como Juan Carlos Sandrea y Félix Guzmán, he visto escarabajos de esta especie haciendo rodar bolitas de excremento a través de los caminos de Santa Rita de Jiménez, en los límites entre los municipios Carvajal y Pampanito, en el rural centro de Trujillo. Al enterrar el excremento, el pelotero no solo se provee de una buena despensa de comida, sino que también abona el suelo y aumenta su porosidad, lo que repercute en un mejor desarrollo de la vegetación. De este modo, también se limita el número de moscas dañinas y se destruyen los huevecillos de los parásitos, lo que frena la propagación de enfermedades bacterianas. En algunas zonas del continente africano abunda tanto este coleóptero y es tan voraz, que se han visto grandes cantidades de peloteros pegados al pelaje del trasero de los elefantes, esperando que estos evacúen para lanzarse al estiércol, si es posible, antes de que este llegue al suelo, donde se lo despacharán en cuestión de segundos. Es cierto, sí es importante, sumamente importante, la biodiversidad, tanto para el hombre como para la vida en general.

¡Cuánta importancia tienen para la salud del planeta y del ser humano las aves carroñeras! Las que se ven aquí, llamadas en Venezuela zamuros, fueron fotografiadas en Carvajal, en el centro de la provincia de Trujillo. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Además, la biodiversidad tiene valor para el ser humano no solo porque satisface una necesidad física, pues vea lo que declaró a ¡Despertad! el paleontólogo Niles Eldredge: “Los seres humanos apreciamos la vida que nos rodea (especies de llamativa belleza, lugares salvajes esplendorosos) también por su valor intrínseco. Algo en nuestro interior reconoce nuestra conexión con este mundo natural y la paz y placer que nos proporciona”. Una cosa que ilustra la certeza de estos comentarios es lo que escribió el corresponsal de ¡Despertad! en Sudáfrica sobre los excelentes artífices del cambiante desierto de Namibia, en el África suroccidental, estética pura en todo el sentido de la palabra. Él cuenta de los escarabajos, formadores de noche con sus huellas de largas, delicadas y zigzagueantes cadenas en la arena de las dunas; de filas simétricas de agujeritos que eran en realidad pisadas de una musaraña de trompa que marchaba saltando hacia su destino, y de la excéntrica y peculiar víbora bufadora de Peringuey, cuyos movimientos característicos en base a suaves ondulaciones laterales “imprimen en la arena un diseño que evoca una sucesión de bastones torcidos”. Allí está: un ser humano apreciando la vida que lo rodea por su valor intrínseco.

La perfección hecha telaraña en Paramito, en el rural nordeste del municipio Carvajal, Trujillo, Andes venezolanos. Tenía razón el filósofo chino Lin Yutang cuando dijo, refiriéndose a la telaraña, que “cuando algo está en su lugar y cumple con su función es hermoso”. Foto: Daily Delphin Godoy. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Otro ejemplo más de esto, al cual, por cierto, también hice alusión en Amanecer en la tierra de las montañas eternas, es el que menciona la revista ¡Despertad! del 22 de julio de 1996. La revista habló de un ave que habita los bosques templados de la Tierra: el ruiseñor. Esta dice que solo una de cada 10 personas ven al ruiseñor cuando canta, pero que una vez que lo escuchan jamás olvidan su canto. “Es pura música, una melodía completa y refinada”, comenta la ¡Despertad! que escribió Simon –así, sin acento en la o– Jenkins en el diario londinense The Times. El pájaro con frecuencia canta sin interrupción durante un periodo largo. De hecho, hay constancia de un ruiseñor de los campos ingleses que cantó durante 5 horas y 25 minutos corridos. ¡Imaginémonos eso! ¡5 horas y 25 minutos cantando sin parar, sin interrupción! ¿Por qué es único su canto? La laringe del ruiseñor puede emitir 4 notas diferentes a la vez, produciendo, dice ¡Despertad!, acordes musicalmente perfectos. Y puede hacerlo, incluso, con el pico cerrado o con la boca llena de comida para sus crías. La citada publicación pregunta que cuál es la razón por la que canta con tanta intensidad. Por puro placer, según ciertos observadores; aunque algunos ornitólogos dicen que parece que las aves canoras como el ruiseñor supieran que su canto también le causa placer a los seres humanos que lo escuchan. Simon Jenkins concluye su artículo en The Times con la siguiente pregunta: “¿Hay en toda la naturaleza alguna creación más asombrosa que la laringe del ruiseñor?”

La biodiversidad planetaria es útil hasta para que uno como ser humano se acerque a Dios, pues mire lo que escribí en mi libro Idilio con el valle del río Jiménez hace ya años a este respecto: “Marcy Cottrell Houle es una bióloga estadounidense que a principios de los años 90 fue contratada por la Dirección de la Flora y la Fauna Silvestre del estado de Colorado para observar durante un tiempo a una de las pocas parejas de halcones peregrinos que para ese tiempo sobrevivían en ese estado y luego recomendar técnicas para protegerla. Al final de su experiencia con estas fabulosas aves escribió para la revista Selecciones de octubre de 1995 lo siguiente: ‘Me di cuenta de cuánto apreciaba lo que le había dado a mi espíritu la observación de aquellos halcones. El peregrino es una criatura de Dios, y el hecho de haber entendido su belleza y sus funciones me había llevado a amar cada día más a mi Creador’”. ¡Qué les parece!

MÁS ACERCA DE LAS CAUSAS DE LA DESAPARICIÓN DE LA BIODIVERSIDAD

Bien; ¿de qué maneras exactamente está ocasionando el hombre, la “especie exterminadora”, la pérdida de la biodiversidad? En estas formas de las que hablo a partir del siguiente punto y seguido. Una, es la explosión demográfica y el proceso de acelerado y desordenado desarrollo urbanístico que va de la mano con ella en el mundo entero. La población humana mundial de hoy es de más de ocho mil millones de personas, masa humana abusadora, en su mayoría, de los recursos del planeta. Otras son la sobreexplotación –ya me referí a esta por allí; es el problema de China–, el calentamiento del planeta y la destrucción del hábitat. Merece que se resalte la noticia de que es precisamente la reducción del hábitat por la tala ilegal de árboles lo que está atentando contra la existencia de la hermosa mariposa monarca, que vive entre México y los Estados Unidos, y que recibió un fuerte golpe cuando el 13 de enero de 2002 una tormenta mató a unos 500 millones de ejemplares de dicha mariposa.

Otra causa más es la introducción en determinados ecosistemas de especies vegetales o animales ajenas a ellos. Cuando esto ocurre, las especies extrañas se apropian de los sectores de los ecosistemas ocupados por las especies autóctonas. También puede que traigan enfermedades contra las que estas últimas no puedan luchar. Además, la revista ¡Despertad! declara que pueden alterar “el ecosistema lo suficiente como para causar la extinción de la fauna y la flora” típicas. Dos ejemplos de esto los tenemos, uno, en una especie de alga asesina que, introducida accidentalmente en las costas de Mónaco, estaba hace unos años aniquilando otras especies del mar Mediterráneo y se estaba propagando por el lecho marino. El otro, una especie australiana de serpiente arborícola venenosa de color marrón que ha estado colonizando las islas del océano Pacífico viajando a escondidas en los aviones. ¡Despertad! alerta con respecto a que, para cierta fecha pasada, había exterminado casi por completo las aves de los bosques de Guam.  

En el caso de la impresionante fauna africana, aparte de la explosión demográfica y la sobreexplotación, también ha estado contribuyendo a su disminución las enfermedades, las sequías devastadoras, el estado de abandono en el que se hallan los habitantes de las regiones rurales y las guerras civiles que han armado a la gente, predisponiéndola a que practiquen la caza furtiva. África tiene un historial negro en cuanto a la fauna silvestre se refiere. Por ejemplo, ¡Despertad! dice que cuando se estableció el primer hombre blanco en la colonia británica de Natal (ahora parte de Sudáfrica), en 1824, había muchísimos animales. Pero, para 1878, casi toda la fauna había sido aniquilada. Se informa que en un solo año se exportaron desde el puerto de Durban hasta 62.000 pieles de ñu y de cebra, y en otro año se exportaron más de 19 toneladas de marfil. En 1950, cuando Angola aún pertenecía a Portugal, se autorizó, para abrir un distrito a la ganadería, la caza no restringida de animales silvestres, lo que ocasionó en casi dos años y medio la lamentable matanza de 1.000 rinocerontes negros, varios miles de jirafas y decenas de miles de ñus, cebras y búfalos cafres: ¡una verdadera locura!

Y dónde dejamos la ignorancia, la “miopía”, la estrechez de miras del ser humano, como causantes de lo que ocurre actualmente con la biodiversidad planetaria. Miremos lo que pasa con los pobres murciélagos. Creo que fue en ¡Despertad! donde leí hace ya muchos años que los murciélagos están entre los animales más perseguidos injustamente, incomprendidos y subestimados de toda la naturaleza. Se les teme sin necesidad, pues se cree que atacan a la gente, que transmiten la rabia y que están ligados con el Diablo. Nada de eso es cierto, pues rara vez son estos animales portadores de enfermedades, así como tampoco atacan a la gente y absolutamente nada tienen que ver con el Diablo. Pocas especies de murciélagos son carnívoras –hay murciélagos pescadores– y solo 3 se alimentan de sangre, los llamados vampiros, que hasta ahora se han encontrado solo en algunas regiones de Latinoamérica. De paso, los vampiros no atacan a los seres humanos, pues solo se alimentan de la sangre de ciertos animales, entre ellos, el ganado vacuno, como se observa mucho en los Llanos de Venezuela.

Al contrario de lo que muchos creen, se ha descubierto que son claves en el mantenimiento del equilibrio ecológico en todo el planeta y aliados del hombre en muchos sentidos. Hay pruebas de que un solo murciélago insectívoro puede capturar hasta 600 mosquitos en una sola hora y comer hasta 3.000 insectos dañinos para el hombre en una sola noche. En Arizona, Estados Unidos, una colonia de murciélagos insectívoros devoraba hace ya tiempo cada noche unos 160.000 kilogramos de insectos, o lo que es lo mismo, el equivalente en peso a 34 elefantes. En Adelaida, Australia, se descubrió que otra colonia de insectívoros de solo 150 ejemplares consumía por noche más de 10.000 insectos. Al sudeste de allí, en la llamada Cueva del Murciélago, cerca de un lugar llamado Naracoorte, otra colonia de murciélagos insectívoros, pero grande, de unos 250.000 ejemplares, eliminaba hasta 500 kilos de insectos por noche, convirtiéndose en la mejor aliada de los granjeros locales.

En el caso de los murciélagos que se alimentan de flores, los llamados florífagos –yo los he visto en el sembradío de bananos del patio de la casa de mis padres–, estos rinden un gran servicio para que se dé la polinización cruzada de los árboles frutales. De hecho, hay prueba de que sin la acción de los murciélagos florífagos la producción de alimentos como los plátanos, los higos, los aguacates y muchos otros disminuiría a niveles alarmantes. Es más, el agave, que es la materia prima del tequila mexicano, depende en gran parte de los murciélagos florífagos para su reproducción, al igual que muchas variedades del eucalipto. En el caso de los murciélagos frugívoros, dije en la primera edición de mi libro Idilio con el valle del río Jiménez que su dieta principal depende de las frutas de los bosques naturales, no las de los frutales sembrados por el hombre. Debido a que los jugos gástricos de estas criaturas no dañan la capacidad de germinar de las semillas de las frutas que estos consumen, cuando las defecan lejos de donde se las han comido contribuyen a la supervivencia de los bosques pluviales. Recuerdo que leí en un número ya lejano de ¡Despertad! sobre el tema que la polinización y dispersión de semillas que efectúan los murciélagos florífagos y frugívoros son vitales para la producción de cosechas que valen millones de dólares anualmente, así como también para la existencia de más de quinientas especies de árboles y otras plantas.

Tristemente, nada de lo ya dicho ha servido para que a estos asombrosos seres se les trate como se merecen. New Scientist de septiembre de 1988 dijo que los granjeros matan a los murciélagos frugívoros porque los consideran plagas, pero que haciendo eso dichos granjeros pueden sufrir todavía mayores pérdidas, porque, como ya vimos, los murciélagos son sus aliados, no sus enemigos. Es oportuno decir que los murciélagos solo se comen la fruta madura que no se ha recolectado, la que ya no tiene valor comercial para los agricultores. Yo vi muchas veces eso en el árbol de la fruta llamada aquí en Venezuela mamón que sombreaba antes el patio de la casa de mis padres. Muchos murciélagos frugívoros de regular tamaño comenzaban a hacer ruidosas incursiones en dicho árbol para comerse la fruta que no se había recogido, la que había comenzado a dañarse sin desprenderse aún del inmenso árbol. Mientras las pequeñas frutas estaban madurando y cuando ya estaban en su punto para el consumo humano, los murciélagos ni las miraban. Repito, los murciélagos solo entraban en la escena cuando los mamones habían perdido valor para nosotros los humanos. ¡El Creador todo lo hace perfecto!

Murciélagos de nariz puntiaguda, posiblemente del género phyllostomidae, fotografiados el 5 de enero de 2020 en el patio de una casa en Carvajal, Trujillo, Andes venezolanos. Los grandes beneficios que le aportan estas criaturas al ser humano no han servido de mucho para que la gente las trate con la consideración que se merecen. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Escribí en Idilio con el valle del río Jiménez, basándome en aquella un poco lejana ¡Despertad!,que el que los granjeros siguieran matando murciélagos porque los consideraban plagas, aunado a la pérdida de sus hábitats causada por la deforestación y el uso indiscriminado de los pesticidas, había contribuido a que todas las especies de murciélagos del mundo estuvieran sufriendo graves disminuciones. En cierto año también un poco lejano se llegó a decir que en Europa habían mermado hasta en un 90 por ciento, lo cual había provocado que insectos dañinos proliferaran hasta el punto de que se tuvo que recurrir a peligrosos agentes químicos para frenar su crecimiento. En Israel se envenenó a los murciélagos insectívoros buscando eliminar especialmente a los frugívoros. En Estados Unidos, el murciélago es el mamífero que se encuentra en mayor peligro de extinción. Y en toda Latinoamérica, buscando controlar al vampiro, se ha matado sin discriminación a otras especies de murciélagos que son muy beneficiosas para esta zona del planeta. Y acá en Trujillo, el estado venezolano en el que vivo, los altísimos niveles de deforestación han contribuido a que, con el transcurrir del tiempo, las diferentes especies de murciélagos hayan disminuido paulatinamente, hasta el punto de que, como he escrito en el pasado, su silueta y su alocado vuelo se han hecho cada vez más extraños en el cielo crepuscular.

Murciélago de los llamados nariz de cerdo, fotografiado cerca del lugar en el que se hizo la foto anterior. Los murciélagos componen casi una cuarta parte de todas las especies de mamíferos planetarios. Foto: Daily Delphin Godoy. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Merlin Tuttle, presidente de la Bat Conservations International, y una autoridad en materia de murciélagos del cual citan las revistas que he consultado para esta parte del artículo –¡Despertad! y Selecciones del Reader’s Digest–,  dice que “la presencia de murciélagos es señal inconfundible de un ambiente saludable”. Y un artículo de Science Year de 1985 sobre estos impresionantes animales fue resumido por la misma publicación así: “Desgraciadamente, a medida que crece la lista de contribuciones útiles de los murciélagos, también crecen las amenazas a la existencia de estas criaturas. Hasta que un mayor número de personas llegue a reconocer el valor de los murciélagos y la necesidad de protegerlos, el futuro de estos importantes animales permanece incierto”. Merlin Tuttle dijo en una oportunidad que obligatoriamente tenía que comenzar a extinguirse ‘la oleada de miedo y prejuicios que había llevado a los murciélagos al borde de la extinción’. Y concluyó sus palabras así: “No hemos profundizado en lo que realmente puede hacerse para que sobrevivan grandes poblaciones de murciélagos. Para algunos, ya es demasiado tarde, y para otros el tiempo se está acabando. El que desaparezcan grandes poblaciones de murciélagos puede tener consecuencias serias, potencialmente irreversibles para el medio ambiente que todos debemos compartir”.

En cuanto a los vegetales que forman parte de nuestro suministro de alimentos, el problema que afecta a estos es el monocultivo, es decir, el cultivo de un solo vegetal, que se popularizó como consecuencia de la llamada revolución verde y de su sucesora, la revolución genética. La revolución verde consistió en la campaña que lanzaron los gobiernos y empresas de países con hambrunas para que los agricultores reemplazaran sus siembras variadas por plantaciones uniformes sumamente productivas, especialmente de arroz y de trigo. Con los subsidios gubernamentales, esta revolución salvó momentáneamente la vida de millones de seres humanos, pero ahora, amenaza la seguridad alimentaria de todo el mundo. Sí, es cierto que los monocultivos permiten una recolección más fácil, un gran rendimiento y productos atractivos y que no se pudren fácilmente; sin embargo, van “en contra de la estrategia fundamental de supervivencia y exponen a las plantas a enfermedades o plagas que pueden diezmar la cosecha de toda una región”, o hasta de un país, como sucedió cuando el mildíu atacó los sembradíos de papas en la Irlanda de mediados del siglo 19. Gracias a esta revolución, el empleo intensivo de fertilizantes fomentó el crecimiento de mala hierba, y los pesticidas y fungicidas que se utilizaron para exterminar las plagas mataron insectos beneficiosos. “En los arrozales, los productos químicos tóxicos” acabaron con peces, camarones, cangrejos y ranas, así como con hierbas comestibles y plantas silvestres que, en su mayoría, eran valiosos alimentos complementarios. “También se dieron casos de envenenamiento entre los agricultores que habían estado en contacto con tales productos”, dice una de mis fuentes consultadas.

La doctora Mae-Wan Ho, del departamento de Biología de una universidad británica, escribió en una oportunidad que estaba comprobado que los monocultivos que se habían introducido tras la llamada revolución verde habían perjudicado seriamente la biodiversidad y la seguridad alimentaria de toda la Tierra. La oficina para asuntos agrícolas y alimentarios de la ONU reconoce que se ha extinguido, mayormente a consecuencia de la revolución verde, el 75 por ciento de la diversidad genética de los vegetales que se cultivaban hace unos 115 o 120 años. Y ¡Despertad! recuerda que la uniformidad genética fue uno de los factores que provocó que, en Estados Unidos, un hongo destrozara los maizales, y que en Indonesia se malograran en cierta oportunidad 200.000 hectáreas de arrozales.

¿Qué hay de la sucesora de la revolución verde: la revolución genética o biotecnología? En esta ciencia se unen, por decirlo así, la biología y la tecnología moderna mediante técnicas como la ingeniería genética. Empresas que trabajan con este tipo de tecnología patentan “simientes de alto rendimiento” que resisten heladas, sequías y plagas, y que su cultivo requiera el uso de menos químicos peligrosos. Un número de la revista ¡Despertad! titulado ¿Produciremos suficiente alimento? cita del libro La ingeniería genética, el alimento y el medio ambiente que indica que en la naturaleza, la diversidad genética tiene ciertos límites. El libro dice que se puede cruzar una rosa con otro tipo de rosa, pero que no se puede cruzar una rosa con una papa. Sin embargo, precisamente la razón de ser de la ingeniería genética es tomar genes de una especie e introducirlos en otra para transmitir la característica que se desea. La publicación citada pone un ejemplo de esto al decir que de un pez del océano Ártico conocido como platija se puede extraer un gen que estimule la producción de una sustancia anticongelante y posteriormente introducirlo en una papa o una fresa para que soporten las heladas típicas de los países de la zona templada. ¡Despertad! agrega que, en esencia, por tanto, “la biotecnología permite al hombre abrir una brecha en los muros genéticos que separan a las especies”.

Afortunadamente, esta magnífica revista presenta, como de costumbre, la otra cara de la moneda de la revolución genética o biotecnología, al comentar que esta rama de la ciencia también da pie para el problema del monocultivo, además de que no disipa las preocupaciones por el deterioro de la biodiversidad; más bien, plantea serias cuestiones sobre sus posibles consecuencias sobre los ecosistemas y la humanidad. En vista de todo esto, la revista en cuestión plantea dos preguntas vitales: “¿Somos capaces los seres humanos de resolver el problema? ¿Qué futuro le aguarda a la biodiversidad?”

EL PROMETEDOR PORVENIR QUE LE ESPERA A LA BIODIVERSIDAD

Anthony C. Janetos escribió lo siguiente en la revista Consequences: “Mucha gente concordará en que, como sociedad, tenemos la obligación ética de proteger la habitabilidad del planeta y de administrar de forma responsable su riqueza biológica para el bienestar presente y futuro del género humano. Si deseamos lograr este objetivo, tenemos que valorar la biodiversidad –tanto por lo que aporta al mundo natural, como a nosotros– y comprometernos a conservarla”. Este comentario indica que a muchísima gente le está embargando un hondo sentimiento de pérdida a medida que merma la biodiversidad planetaria. Dicha preocupación contribuyó a que, hace unos años, se formulara el Tratado de Biodiversidad, con el que se admitía que la preservación de la diversidad biológica es un asunto que compete a la humanidad entera. Otro paso que se dio fue declarar para el 2001-2002 el Año Internacional de la Observación de la Biodiversidad. ¡Despertad! citó a la bióloga de la Universidad de Colorado, la señora Diana Wall, quien dijo: “La investigación de la biodiversidad reportará muchos beneficios, como el descubrimiento de nuevos genes y sustancias químicas que puedan utilizarse para la elaboración de fármacos, la mejora de los cultivos o la recuperación de zonas contaminadas”. Añadió: “Y más importante aún, para tomar decisiones informadas acerca de la tierra, los ríos y los océanos es fundamental averiguar dónde habitan especies desconocidas, cómo ayudan estas a mantener los ecosistemas saludables y cómo podemos contribuir a su conservación”.

Preciosa cebra del zoológico de Barquisimeto, Venezuela. Esta especie y el resto de la valiosa fauna africana serán salvados en el futuro cercano. Foto: José Isaac Valecillos. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Con respecto al problema de la falta de biodiversidad alimentaria, muchos entes gubernamentales y organizaciones privadas han creado los bancos de semillas para fomentar en el futuro el cultivo de una gran variedad de semillas. Debe mencionarse, sin embargo, que la creación de estos bancos plantea serios y nuevos problemas, entre ellos, su costoso mantenimiento, lo perecedero de sus semillas, la pérdida progresiva de la capacidad de adaptación de estas al ambiente natural y lo susceptibles que son los bancos de semillas a las revueltas políticas, los problemas económicos y los desastres naturales. Más aun, muchos confían en estos bancos para detener el fenómeno.

Esta imagen de un abejorro alimentándose del polen de una flor de árnica en un camino rural de El Algarrobo, en el montañoso centro del estado venezolano de Trujillo, es un perfecto reflejo de la armonía y el equilibrio que el Creador puso en la naturaleza. Cuando el hombre irrespetuoso de su entorno entra en escena, todo se echa a perder. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América.

Aquí surge, no obstante, un enorme pero, ya que, medidas como la formulación del Tratado de Biodiversidad, la declaración del Año Internacional de la Observación de la Biodiversidad y la creación de los bancos de semillas no atacan las causas o factores que están ocasionando la desaparición de la biodiversidad. Además, se está perdiendo tiempo muy valioso. ¡Despertad! pone el dedo en la herida con la siguiente declaración: “Para invertir el proceso de extinción los seres humanos hemos de cambiar de inmediato nuestro modo de tratar el planeta y las formas de vida que lo pueblan. No basta con que controlemos el daño que se les hace. La solución exige, sin duda, un cambio en la sociedad”. La doctora Jane Goodall comenta que la destrucción de los ecosistemas naturales casi siempre está vinculada al materialismo y la codicia del mundo en el que vivimos. Y el botánico Peter Raven advirtió que la avaricia, la indiferencia, la pobreza y la ignorancia estaban causando problemas que se interrelacionaban y que amenazaban con llevar a la ruina completa al planeta Tierra. Finalmente, la obra Cuidar la Tierra admite que para la correcta y responsable administración de nuestro querido y golpeado planeta se hace necesario el fomento de valores realmente morales y de que la economía y la sociedad sean distintas de las que prevalecen en este tiempo.

Garza blanca en las riberas del río Pagüey, Barinas, Llanos de Venezuela. La biodiversidad es de capital importancia para todo el planeta Tierra y la vida que este alberga. Foto: Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Corpoestovacuy.

En su sección Observando el mundo, ¡Despertad! del 22 de febrero de 2003, con el título El ecosistema mundial al borde de la quiebra, dice que “los científicos creen que si seguimos consumiendo los recursos naturales de la Tierra al ritmo actual, el ecosistema mundial se declarará en quiebra”, según “observa el diario canadiense The Globe and Mail”. Un “estudio publicado por primera vez en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences”, mostró que en 1961 consumíamos el 70 por ciento de la producción biológica anual del planeta. En 1999, el consumo era de un 120 por ciento, mientras que unos pocos años después ya era de 125 por ciento. Se menciona que esto significa que a la Tierra le llevaría 15 meses “recuperar el capital natural que la humanidad consume al año entre la pesca, la ganadería, la agricultura, la minería y la quema de combustibles fósiles”. The Globe and Mail afirma que “el hecho de que la situación esté empeorando tanto y tan deprisa se debe, en parte, a que la capacidad biológica del planeta está disminuyendo, ya que algunas zonas se encuentran muy dañadas y ya no son cultivables. Por si fuera poco, como la población mundial va en aumento, la demanda es cada vez mayor”.

Como bien lo muestran estas estampas, depende el ser humano totalmente del planeta Tierra y de la vida que alberga. Cuando él golpea al planeta que le da todo para vivir, se golpea a sí mismo. Fotos: Daily Delphin y Oswaldo de Jesús Briceño Abreu. Archivo de Proyecto Caminos de América

Verdad absoluta, por lo tanto, es la de que, para salvar la biodiversidad planetaria, deben extinguirse de los seres humanos el egoísmo, la codicia, la horrible ignorancia y la estrechez de miras. Pregunto, entonces: ¿Seremos los seres humanos capaces de resolver el problema? ¿Qué futuro le aguarda a la biodiversidad?

En el planeta Tierra, cada criatura, por muy pequeña que sea e insignificante que parezca, cumple un importantísimo papel en el mantenimiento del equilibrio ecológico, tal como se aprecia en el trabajo de polinización de las flores que hacen las abejas de estas fotografías. Foto: Daily Delphin Godoy. Archivo de Proyecto Caminos de América.

No, los seres humanos hemos demostrado que no somos capaces de resolver el problema. ¿Qué persona aquí en la Tierra se va a meter en el corazón de otros para eliminar de allí las malas cualidades que han hecho que el hombre se convierta en la especie exterminadora que ha llevado al planeta y a su vida silvestre al borde del colapso? Nadie aquí abajo puede. Pensar lo contrario es tan vano como pensar en sacarle algún beneficio a arar en el mar. Por eso es que es bueno que los ecologistas nos empecemos a meter en la cabeza que nosotros no vamos a solucionar los problemas que han hecho casi insostenible la vida en nuestro mundo. Este no es un punto de vista pesimista, no, es realista, dado que somos pocos los que estamos tratando de hacer cosas para el bien de nuestro entorno, mientras que miles de millones lo están degradando. Tampoco esto quiere decir que debemos bajar los brazos en esta lucha, pues es nuestra responsabilidad aportar algo para que se sobrelleve la situación. Pero los ecologistas que también estamos mirando hacia el cielo en busca de una fuente de ayuda superior creemos firmemente que, como lo dice la Biblia, el Creador de todas estas maravillas que nos rodean y que muchos nunca llegaron a apreciar en toda su justa dimensión, utilizará la predicha hecatombe conocida como Armagedón, que en pocos años vamos a ver hecha realidad –eso lo podemos escribir, así es de segura–, para poner acá abajo cada cosa en su lugar. Lo dicen las infalibles profecías de ese libro sagrado. Lo digo yo en la conclusión de mi novela Amanecer en la tierra de las montañas eternas. Sí, sí; Dios se encargará de que sea brillante el porvenir que le espera a la biodiversidad planetaria. Él le ha puesto su firma a ello. ¡Cuídense mucho!

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