El hombre y su temor por el futuro (9 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

La novena amenaza para las formas de vida que habitan nuestra gran casa global es una guerra nuclear mundial. A pesar del fin de la llamada Guerra Fría y de los tratados de reducción de armas nucleares firmados entre Estados Unidos y Rusia, las bombas atómicas que estas dos naciones todavía poseen son capaces, en caso de que se utilizaran, de acabar varias veces con la vida en la Tierra. Si estas se activaran, se desatarían violentas tormentas de fuego por todo el orbe que esparcirían por la atmósfera materiales que impedirían que el Sol bañara el planeta y le diera vida a la vegetación. El problema se agrava porque en la actualidad, gobiernos que tienen problemas graves entre ellos desde hace tiempo, como India y Pakistán, también tienen armas atómicas, aparte de que gobiernos más impredecibles que las potencias mundiales, como Corea del Norte e Irán, están tratando de producir lo suyo en materia de armas nucleares. China, Francia, Israel y Gran Bretaña también poseen armamento nuclear.

Wikipedia dice que algunos expertos opinan que un conflicto nuclear a gran escala sería el equivalente a un evento ligado a la extinción, y comenta que aunque no se llegue hasta ese punto, muy poca gente duda sobre su capacidad para aniquilar pueblos, naciones y modelos de civilización enteros, completos, “con cientos e incluso miles de millones de bajas”. Ahora, ¿qué es exactamente un arma nuclear? Es un artefacto explosivo de gran energía, que obtiene dicha energía mediante la fusión del núcleo atómico. Su principal característica estriba en que es posible que libere una potencia explosiva equivalente a millones de toneladas del explosivo TNT con un dispositivo de muy poco peso y, por lo tanto, de fácil uso militar. La enciclopedia de la cual acabo de citar dice que no existe en el universo absolutamente ningún material estructural que sea capaz de resistir el impacto radiológico, mecánico y térmico de un bombazo nuclear a corta distancia, además de que comenta que una bomba nuclear común y corriente que dé en el blanco hará pedazos cualquier objetivo militar o civil, y causará grandes daños y gran mortandad a kilómetros de distancia.

El gran científico Carl Sagan hizo unos cálculos que llevaron a la conclusión de que si Rusia y Estados Unidos algún día se llegaban a enfrentar nuclearmente, si la fuerza explosiva desatada llegara a 10.000 megatones, la temperatura se desplomaría inmediatamente después de la explosión. Además, entre los 30 y los 60 grados de latitud norte la oscuridad sería casi total. Las cenizas, el humo y otras partículas producidas por los incendios y explosiones impedirían que durante meses la luz del sol calentara el planeta. La fotosíntesis no se produciría y, como consecuencia, la vegetación no tardaría en morir, y, luego de ello, los animales que se alimentan de ella. También desaparecería el 50% de la capa de ozono planetaria. La vida en los océanos también saldría afectada, y en los primeros dos días después de la explosión se produciría una lluvia radiactiva que acabaría con la vida de la mitad de los adultos sanos del planeta. En otras palabras, una guerra nuclear mundial desataría una verdadera locura sobre el planeta Tierra.

Como dice al final de este artículo, una guerra nuclear mundial desataría una verdadera locura sobre el planeta Tierra. Ilustración: Internet.

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