El hombre y su temor por el futuro (1 de 10)

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

El daño que el ser humano se ha estado haciendo a sí mismo y el que le ha estado haciendo al planeta Tierra ha llegado a ser de tal gravedad que se ha vuelto a pensar en que, en el futuro cercano, nuestro hogar terrestre y la vida que este sustenta desaparecerán para siempre. Para muestra un botón: la película Un día después de mañana. Este excelente filme vuelve a tocar el delicado tema de la extinción humana por el pase de factura que la Tierra nos realiza por haber, nosotros, trastocado sus delicados procesos climáticos. Es más, ahora se habla hasta de las diez maneras en que los expertos creen que la Tierra y la vida que hay en ella pueden desaparecer. Hace ya varios años, la periodista Rosa Gil, utilizando como fuente un sitio llamado elmundo.es, hablo de ellas en un artículo que escribió para la revista Dominical del diario venezolano Últimas Noticias. Vamos a recordarlas leyendo de cosas que dicen al respecto artículos que conseguí en la revista La Atalaya del 15 de junio de 1998 y en la Selecciones del Reader’s Digest de febrero de 2001.
Rosa Gil dijo a mediados de 2004 –la época en la que escribió su artículo– que la primera manera en que los expertos creen que la Tierra y la vida que hay en ella pueden desaparecer es el impacto de un asteroide. El artículo de la Selecciones dice que hace ya unos años el astrónomo Dave Balam, cincuentón para la época, y miembro del departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Victoria, del Comité Consultivo Federal sobre Meteoritos e Impactos y de la Fundación Internacional de Vigilancia Espacial, se encontraba en el Observatorio Astrofísico Dominion de Victoria, Canadá, cuando recibió un mensaje urgente de su colega Jim Scotti, del equipo de detección de asteroides Vigías del Espacio, de la Universidad de Arizona en Tucson, Estados Unidos. El mensaje era referente a que se había descubierto un asteroide, el 1994XM1, del tamaño de una gran casa, que avanzaba a 108.000 kilómetros por hora y que podía chocar con la Tierra en Rusia o en Canadá en unas pocas horas. Aunque eso no ocurrió ni aquella noche del 8 de diciembre de 1994 ni al otro día, pues el objeto errante pasó a más de cien mil kilómetros del planeta, los científicos dicen que el peligro de los llamados Objetos Cercanos a la Tierra es real, pues desde 1980 hasta el año 2000, el equipo de Vigías del Espacio había ubicado más de 30.000 asteroides y cometas desconocidos, de los cuales 211 son considerados Objetos Cercanos a la Tierra.
Rosa Gil cuenta que hay pruebas científicas de que grandísimos asteroides bombardearon la Tierra y la Luna hace cientos de miles de millones de años, evaporando los océanos y creando cráteres inmensos, además de que hace menos años, un choque similar desapareció casi todas las especies planetarias. Ella dice que un encuentro con un solo asteroide de entre 10 y 15 kilómetros de diámetro nos metería en un enorme problema. De hecho, leí en alguna parte que el aerolito que hace miles de años chocó con la Tierra en el desierto de Arizona era de solo 30 metros de diámetro y, con todo y eso, formó un cráter de 1,2 kilómetros de diámetro. ¡Impresionante! En este mismo orden de ideas, La Atalaya dice que en 1994, Paul Davies, científico que para ese año ejercía como profesor de la Universidad de Adelaida, Australia, escribió Los últimos tres minutos. En el primer capítulo de este libro, titulado El fin del mundo, describió un panorama de lo que sucedería si un cometa colisionara con la Tierra. Miren esto:
“Una fuerza equivalente a 10.000 terremotos sacude el planeta. La onda expansiva de aire desplazado barre la superficie del globo, aplastando los edificios y pulverizando todo lo que encuentra a su paso. El terreno llano que hay alrededor del punto de impacto se eleva en un anillo de montañas líquidas de varios kilómetros de altura, dejando al descubierto las entrañas de la Tierra en un cráter de 150 kilómetros de ancho. […] Una enorme columna de detritos polvorientos se extiende en abanico hacia la atmósfera y oculta la luz del sol por todo el planeta. Sustituye la luz solar el siniestro y parpadeante resplandor de mil millones de meteoritos, cuyo calor abrasa el terreno, al caer del espacio a la atmósfera el material desplazado”.
¡Qué les parece! La Atalaya sigue comentando que Paul Davies enlaza luego este panorama imaginario con lo que se ha predicho de que el cometa Swift-Tuttle chocará con nuestro planeta, y advierte de que si bien no es probable que eso ocurra pronto, opina que tarde o temprano este cuerpo viajero o un objeto similar se encontrará con la Tierra. Concluye de esta manera por los cálculos que muestran que existen unos 10.000 objetos de un tamaño de 500 metros o más cuyas órbitas cruzan el camino de nuestro hogar planetario.

Una fuerza equivalente a 10.000 terremotos sacudiría el planeta Tierra si un cometa colisionara con él. Ilustración: Internet.

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