Después de todo no me equivoqué: ¡esto se cae a pedazos!

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

El pasado 21 de abril escribí que era triste para mí, en un día que tantos buenos recuerdos me trae, hablar de las noticias horribles con las que habíamos comenzado ese día en el mundo entero. Me refería a que, preparándome en casa ese domingo para ir a la parte norte del municipio en el que vivo, aquí en Trujillo, en los Andes venezolanos, a dar la conferencia La vida sí tiene propósito, me enteré a través del canal alemán de noticias que vemos en la casa que en Colombo, la capital de Sri Lanka, unos terroristas, aprovechándose de lo que muchos hacen en ese país en un día así –descansar e ir a los templos para los ritos propios de la celebración católica conocida como Domingo de Resurrección–, habían hecho explotar casi de manera simultánea en algunos de esos templos, en 3 hoteles cinco estrellas y en lo que aquí en Venezuela llamamos una posada, una serie de bombas que habían dejado como horrendo resultado 180 muertos y una cantidad impresionante de heridos, muchos de los cuales se encontraban en un estado tan grave que uno sabía que en las siguientes horas varios de ellos fallecerían. Entre los muertos había 35 turistas extranjeros. Cuando salí de la casa ya iba enterado de la gran cantidad de mensajes de condolencia que empezaban a llegar de todos lados dirigido a las autoridades y a los pueblos de ese país en vista de la tragedia que acababan de vivir.

También dije ese día –el artículo fue publicado en la noche del lunes veintidós de abril– que lo que acababa de ocurrir en Sri Lanka hacía imposible que yo me retractara de lo que había estado diciéndole a muchos últimamente respecto a que la sociedad humana, tal como la conocemos hoy, estaba llegando a un punto de no retorno por parte de ella, que ya había colapsado, que no estaba en el borde del desastre sino en el medio de este, que la gente tenía que terminar de convencerse de que no era normal lo que estaba pasando en el mundo entero. De hecho, en vista del rumbo que habían seguido tomando los acontecimientos, meses después volví a pronunciarme sobre la situación mundial en un artículo breve al cual titulé justamente así: No es normal lo que está pasando en el mundo. El tiempo ha pasado, estimado lector, y, lamentablemente, se ha probado que yo no estaba equivocado.

En el artículo al cual estoy haciendo referencia –lo titulé ¡Se cae a pedazos esta civilización!– hablé, como una de las muchas pruebas que tenemos a la mano que indican que nuestros tiempos y nuestro mundo son tenebrosamente especiales, del espantoso genocidio de Ruanda en el año 1994. Hacía unos días que se habían cumplido 25 años del comienzo de esa tragedia humana –ya estamos a punto de que se cumplan 26–, pues fue a partir de la trágica muerte del presidente en funciones de ese país en un accidente de aviación el 6 de abril que comenzó la pesadilla que dejó como resultado la muerte en 100 días, mayormente a garrotazos y a machetazos, de un millón de personas, entre ellas, 11 soldados belgas, muchos hutus moderados y cientos de miles de indefensos tutsis –incluidos muchísimos bebés–. Hasta sectores de la población civil de ese país que siempre habían evitado tomar parte en los conflictos entre hutus y tutsis, como el neutral grupo religioso conocido como los testigos de Jehová, fueron golpeados duramente en esa horrenda carnicería humana, pues cerca de 460 de sus miembros, entre hombres, mujeres y niños, también fueron asesinados sistemáticamente. Familias enteras, completas, de esa organización, desaparecieron. ¡Cómo las potencias mundiales, Rusia incluida, o la hipócrita Organización de Naciones Unidas, no hicieron nada para evitar esa tragedia cuando ya se olía que esta venía en camino! Porque no pueden decir los organismos mundiales de inteligencia que a nadie le pareció raro que poco tiempo antes de que la tragedia comenzara alguien desde Kigali, la capital ruandesa, mandara a pedir a China quinientos mil machetes “para arar la tierra”. Si para arar la tierra lo que se necesitan son tractores u otras herramientas, no tantos machetes. Claro, como en el subsuelo ruandés no hay grandes reservas de gas y petróleo, no era problema de ellos que esos “negritos” se mataran como lo hicieron hasta que el Frente Patriótico Ruandés tomó el control de Kigali. Dirían que no era problema de ellos.

También traje a colación, como pruebas de que lo que está pasando en el mundo entero no es normal, el derribo de las torres del Centro Mundial del Comercio en Nueva York en septiembre de 2001, lo embadurnadas de violencia que están la sociedad venezolana, las ciudades brasileñas, los pueblos centroamericanos, la sociedad mexicana. De este último país –México– nos llegó en esos días la noticia de que 40.000 personas no aparecían por ningún lado allí, y que en sus morgues se hallaban sin identificar 26.000 cuerpos humanos de los cuales aparentemente nadie se acordaba. Hablé, además, de los casos de Libia y Siria, naciones en las que bandos en conflicto están dispuestos a lo que sea con tal de aferrarse o asirse del poder, así ese “lo que sea” implique baños de sangre de dimensiones insospechadas en los que pierden la vida mucha gente inocente, entre ellos, muchísimos niños. Y dije que no era parte de un mundo normal que como nunca antes en la historia humana tantas personas se estuvieran moviendo por el planeta en busca de lugares en los que se pudiera vivir en mejores circunstancias que las que los rodeaban en sus países de origen. Y por último, me referí a la guerra en Yemen y al peligro de que en ese país 5 millones de niños puedan morir de hambre por culpa del bloqueo al cual lo han sometido por razones políticas Arabia Saudita y sus aliados y, por supuesto, entre otras indeseables cosas, hablé de la anormalidad de los incendios que estaban asolando desde hacía unos años para acá grandes regiones de los Estados Unidos de América, de España y de Portugal.

¡Cuánto se ha agravado la situación mundial en el último año! ¿No les pareció extremadamente raro el incendio de la Catedral de Notre Dame? ¡Cuántas cosas aún más raras han estado pasando en el mundo últimamente! ¿Y el aumento de los desastres llamados naturales? En el artículo que escribí posteriormente al de abril, y al cual titulé No es normal lo que está pasando en el mundo, hablé de los voraces incendios que estaban consumiendo la selva amazónica y que, aparte del incalculable daño ecológico que estaban ocasionando, habían generado una grave crisis política en Brasil. También me referí a los impresionantes incendios en las Canarias, en España, que estaban arrasando con cientos de hectáreas de valiosos y hermosos bosques y ocasionando la evacuación de miles de personas, a pesar de que se les estaba combatiendo con cientos de bomberos y con varios hidroaviones. Además, hice referencia al sangriento bombazo de Afganistán de mediados del pasado agosto y a los tiroteos ocurridos en varios lugares de los Estados Unidos que se llevaron por delante la vida de varias personas.

Pero el colmo es lo que se nos ha venido encima últimamente. Asombra lo de la conmoción social en Ecuador, Bolivia, Colombia, Chile, París, Irak y el Líbano. No puedo creer lo de la horrenda magnitud de los incendios en Australia. ¡No lo puedo creer! Hace unos días expertos dijeron que esa locura de fuego que ha estado asolando ese hermoso país había acabado con la vida de mil millones de animalitos, entre silvestres y domésticos, y con la de casi 30 personas. También impresiona muchísimo lo de la última crisis entre Irán y Estados Unidos. La forma en la que el presidente estadounidense Donald Trump ordenó sin consultarle al Congreso de su país la muerte en Irak de un poderoso general iraní, el derribo de un avión ucraniano en el cielo de Teherán por militares iraníes con dos misiles tierra-aire que fueron lanzados por accidente, el retiro del apoyo que el pueblo iraní le estaba dando a su gobierno en el conflicto con Estados Unidos cuando se dieron cuenta de que dicho gobierno les estaba mintiendo en cuanto a la tragedia del avión, tragedia en la que murieron 176 personas, y pare de contar, es una muestra de que no exagero cuando le grito al mundo entero que esto se cae a pedazos, que esto no tiene vuelta atrás, que no pudo el ser humano con sus problemas de siempre, que esto se fue a pique, que están orinando donde no se debe los que siguen gastando dinero en foros y reuniones de todo tipo pensando que el ser humano va a revertir el problema del cambio climático, el de la despiadada competencia comercial entre las potencias y el de las estúpidas guerras como las que se pelean en el norte de Siria y en Libia, entre otras tragedias que por sí solos los miopes y egoístas seres humanos no vamos a resolver. Solo Dios puede con esto. El sistema tiene los días contados. ¡Vienen tiempos mejores!   

Impresionante fotografía que ilustra muy bien la increíble magnitud de los incendios ocurridos en las Canarias, España. Foto: Internet.
Según los expertos, mil millones de animales, entre domésticos y silvestres, murieron en los devastadores incendios de Australia. Foto: Internet.
La voracidad de los incendios en Australia es una clara prueba de que no es normal lo que ha estado pasando en el mundo entero. Foto: Internet.

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