El año pasado Flamengo me hizo un favor

Por Oswaldo de Jesús Briceño Abreu, periodista ciudadano

Sábado 23 de noviembre. Acabo de llegar a casa. Estaba con un grupo de amigos en San Pablo de Jiménez, aquí en el rural centro del estado Trujillo, Venezuela, participando en una obra educativa casa por casa a favor de la comunidad. Me siento a almorzar frente al televisor que acabo de encender para ver cualquier cosa mientras como. De repente, se anuncia por el canal deportivo que he sintonizado que en unos minutos comienza la final del año en curso de la Copa de Fútbol Libertadores de América, el torneo de clubes más importante del continente americano. Menos mal que me fui a ese canal, pues se me había olvidado que ese día por la tarde jugaban Flamengo de Brasil y River Plate de Argentina para ver cuál de los dos se erigía como el mejor club de América este año. Rápidamente cambio de canal para ir al que estaba autorizado para transmitir el juego y me encuentro con que estaba comenzando la ceremonia de apertura del evento. ¡Qué bueno que fue breve! De allí a la acción. El estadio de Lima al que se fue a jugar la final de la Libertadores por los problemas que hay en Chile estaba a reventar de cualquier cantidad de aficionados que habían viajado desde Brasil y Argentina para ver el partido. ¡Y comenzó la fiesta! River, desde el principio, supo controlar el juego de Flamengo y, de paso, logró irse arriba en el marcador en los primeros minutos del compromiso con gol del colombiano Rafael Santos Borré. Así fue pasando el tiempo. Ahora bien, cuando ya parecía que se consumaba la victoria del equipo de Gallardo, y que este se llevaba para Argentina su segunda Libertadores seguida, en una fracción de tiempo muy pequeña, jugadas que nacieron cerca del arco brasileño terminaron en las dos pelotas que mandó al fondo del arco de Armani el delantero Gabriel Barboza, por cierto, en dos jugadas muy feas, muy poco propias de un equipo brasileño. ¡La hecatombe! ¡Yo no lo podía creer! Gallardo tampoco. Medio estadio… menos. En muy poco tiempo, Flamengo le había dado vuelta al marcador –¡increíble!– y, después del pitazo final, se llevaba a tierras brasileñas su segunda Copa Libertadores de América.

El lector quizá se esté preguntando en este punto del artículo qué relación tiene esto que estoy contando de la victoria de Flamengo sobre River en la última final de la Libertadores con el título de dicho artículo, en el que digo que Flamengo me hizo un favor con su victoria, si es evidente que yo iba a River. Bien, les cuento. No tengo nada en contra del fútbol brasileño, al contrario, muchas veces, si el proyecto me gusta, he ido a equipos brasileños cuando estos se han enfrentado a los de las otras naciones sudamericanas en la Libertadores o en las otras competencias que organiza Conmebol, así como disfruté bastante las victorias consecutivas del Sao Paulo de Brasil sobre los poderosos Milan de Italia y Barcelona de España en la Copa Intercontinental de Clubes hace ya varios años. Entonces, ¿por qué iba a River y no a Flamengo en su enfrentamiento de aquella tarde en el estadio Nacional de Lima? Porque he llegado al punto de madurez en el que, por muy potente y vistoso que sea el juego de un equipo, si dicho equipo se ha armado en poco tiempo a punta de desembolsillar dinero, mucho dinero –y no estoy diciendo que en River no se gasta en la compra de buenos refuerzos–, mientras que el proceso de construcción de su oponente ha sido distinto, más a base de eso, de proceso, de proyecto, de escuela, de trabajo, de mucho trabajo –y Marcelo Gallardo, el joven técnico de River, trabaja, y bastante–, pues… voy al contrario.

Felicito a la afición de Flamengo de Brasil por la victoria del equipo de sus amores en la Libertadores. Me contenta que su director técnico, el portugués Jorge Jesus, haya ganado por fin una final importante con un club dirigido por él después de sus dos derrotas consecutivas, enfrentando al Chelsea de Inglaterra y al Sevilla de España, en finales de la Europa League con el Benfica de Lisboa. Me contenta porque a mí también la vida en este mundo, el paso por este sistema, me ha infligido varias derrotas –yo si sé de eso, de derrotas–, pero hinchaba por el club de Gallardo por el trabajo duro que se ha hecho allí, y que lo ha llevado a recuperarse de los golpes que lo llevaron, después de ser lo que era, a ir a jugar a la segunda división del fútbol de su país, desde donde regresó para volver a animar, junto a Boca y los otros grandes del fútbol argentino, el balompié de toda Sudamérica y del mundo entero.

 Entonces, definitivamente cuál es el por qué de eso de que Flamengo me hizo un favor con su victoria sobre River el otro día. Porque la forma como quedé de desolado en la silla en la que estaba sentado viendo el juego cuando Flamengo le dio la vuelta al marcador, porque todas las veces que me agarré la cabeza diciéndome a mí mismo y a mamá que no podía ser, que no podía creer lo que estaba viendo, me mostraron que en aquel juego y por su resultado final, empecé a recuperar la pasión que siempre había sentido por el fútbol sudamericano, y que había ido perdiendo por el pésimo nivel de juego mostrado en los últimos años por prácticamente todos los equipos de esta parte del continente. Eso lo agradezco… y mucho. Pero también agradezco las lecciones de vida que saqué de ese partido o, mejor dicho, la forma cómo ese juego y su resultado final me ayudaron a terminar de convencerme de lo claro que estoy en esta etapa de mi vida respecto a que, en esta vida y en este mundo, no siempre gana el que mejor hace las cosas, el que más trabaja, no, no siempre, no siempre.

“El fútbol es como la vida”, dicen muchos. “El fútbol es como la vida”, decía Benedetti. Tantos pensamientos bíblicos que recordé en ese momento –porque me gusta, y mucho, leer la Biblia–. “He visto a siervos a caballo y a príncipes a pie”. “No tienen los veloces la carrera ni los poderosos la batalla”. “Y he visto cuánto esfuerzo y trabajo hábil resulta de la rivalidad entre las personas. Eso también es en vano, es perseguir el viento”. “¿Qué gana una persona con todo su duro trabajo, en el que tanto se esfuerza bajo el sol?” “¿Qué gana en realidad el hombre con todo su duro trabajo y con la ambición que lo empuja a trabajar duro bajo el sol?” Y como esos, muchos otros, tantos otros. Proverbios todos que me motivan a seguir haciendo las cosas como he tratado de hacerlo últimamente, a seguir trabajando duro en las cosas en las que he estado ocupado –la Biblia no avala la pereza; al contrario, pondera de gran forma el placer de comerse el pan que uno se ha ganado honradamente–, pero con los pies bien puestos sobre la tierra, sin expectativas muy altas, con mucha humildad y modestia, recordando siempre que, mientras estemos viviendo en esta sociedad, a los pobres siempre se nos hará todo más difícil, que no siempre ganaremos aunque nos lo merezcamos, y dejando el alcance de muchas metas para tiempos futuros, para mejores épocas por venir –si el Creador me permite verlas–, para cuando dejemos de arar en el mar y de perseguir el viento, para cuando todos puedan hacer realidad sus sueños. ¡Qué poco!, ¡qué poco hizo Flamengo en la pasada final de la Libertadores y tanto que se llevó a su tierra!; pero… así es la vida, no, corrijo, así es esta vida, así es esta vida. Cierto, el año pasado… Flamengo me hizo un favor.

Flamengo de Brasil celebrando el título conseguido ante River en la pasada final de la Copa Libertadores de América jugada en Lima, Perú. Foto: Internet.

4 comentarios sobre “El año pasado Flamengo me hizo un favor

  1. Muy cierto Amigo Oswaldo mis más cordiales saludos y a tu familia que excelente reportaje,resumen y enseñanzas de verdad que sí te felicito y espero que sigas Maximizando tu potencial periodístico

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    1. Buenas tardes, Jeremías. Espero que para ti y para tu esposa todo esté saliendo bien por allá. Salúdamela. Gracias por tus palabras de ánimo. Las necesitábamos mucho por acá. Espero que lo que vamos a publicar en los días por venir también les guste. Pronto volvemos a hablar. Qué Dios me los cuide.

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  2. Mi amigo Oswaldo, que bella reflexión de vida considerando como ejemplo una de nuestras grandes pasiones, el fútbol. Además demostrando el gran talento como escritor que posees. Éxitos y fuerzas para seguir adelante con tus proyectos. Un gran abrazo

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